• Lun. May 23rd, 2022

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

La inhabitación Trinitaria del alma

PorMarchando Religion

Ene 31, 2022
La inhabitación Trinitaria del alma-MarchandoReligion.es

En nuestra sección de Teología continuamos acercándonos a la Teología de Royo Marín. Hoy profundizamos en la inhabitación trinitaria del alma. Les animamos a leerlo y a difundir nuestros artículos

La inhabitación Trinitaria del alma. Teología de Royo Marín

La Inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma del justo. Del libro “Teología de la Perfección Cristiana” de A. Royo Marín O. P.

Preparación de los textos: Grupo Hijos de María.

La inhabitación Trinitaria del alma.

¡Oh almas criadas para estas grandezas y para ellas llamadas!, ¿Qué hacéis? ¿En qué os entretenéis?. Vuestras pretensiones son bajezas y vuestras posesiones miserias.¡Oh miserable ceguera de los ojos de vuestra alma, pues para tanta luz estáis ciegos, no viendo que en tanto que buscáis grandezas y gloria os quedáis miserables y bajos!”. San Juan de la Cruz.

Como nos explica el padre Royo Marín, en su maravillosa obra “Teología de la perfección cristiana”, la presencia de inhabitación es la presencia especial que establece Dios, uno y trino, en el alma justificada por la gracia. Es el gran don de Dios, el primero y el mayor de todos los dones posibles, puesto que nos da la posesión real y verdadera del mismo Ser infinito de Dios.

Nos recuerda este gran teólogo que nada debería llenar de tanto horror al cristiano como la posibilidad de perder este tesoro divino por el pecado mortal.

El influyente teólogo, citando la maravillosa obra “El Corazón de Jesús y la divinización del cristiano” del padre Enrique Ramière, nos explica esta increíble maravilla con gran sencillez:

Podemos imaginarnos a un hombre pobrísimo junto a un inmenso tesoro, sin que por estar próximo a él se haga rico, pues lo que hace la riqueza no es la proximidad, sino la posesión del oro. Tal es la diferencia entre el alma justa y el alma del pecador. El pecador tiene a su lado y en sí mismo el bien infinito, y, sin embargo, permanece en su indigencia, porque este tesoro no le pertenece; al paso que el cristiano en estado de gracia tiene en sí el Espíritu Santo, y con Él, la plenitud de las gracias celestiales como un tesoro que le pertenece en propiedad.

La presencia de inhabitación y la presencia general de inmensidad.

Uno de los atributos de Dios es su inmensidad, en virtud de la cual Dios está realmente presente en todas partes:

  • Por esencia, en cuanto que Dios está dando el ser a todo cuanto existe.
  • Por presencia, en cuanto que Dios tiene continuamente ante sus ojos todos los seres creados.
  • Y por potencia, en cuanto que Dios tiene sometidas a su poder a todas las criaturas. Con una sola palabra las creó y con una sola palabra podría aniquilarlas.

Y la presencia de inhabitación, que es la presencia especial que establece Dios, uno y trino, en el alma justificada por la gracia, supone y pre-exige la presencia general de inmensidad, sin la cual no sería posible. Pero añade a esta presencia general dos cosas fundamentales:

– La paternidad, fundada en la gracia santificante.

– Y la amistad divina, fundada en la caridad.

En virtud de la gracia santificante, que nos da una participación misteriosa, pero muy real y verdadera de la misma naturaleza divina, el alma justificada se hace verdaderamente hija de Dios. Y desde ese momento, Dios, que ya residía en el alma por su presencia general de inmensidad, comienza a estar en ella como Padre y a mirarla como verdadera hija suya.

La presencia general de inmensidad es común a todo cuando existe, la de inhabitación, en cambio, es propia y exclusiva de los hijos de Dios. Supone siempre la gracia santificante, que nunca va sola. Lleva consigo el maravilloso cortejo de las virtudes infusas, entre las que destaca, como la más importante y principal, la caridad sobrenatural. Por eso, al infundirse en el alma la caridad sobrenatural, juntamente con la gracia santificante, Dios empieza a estar en ella de una manera enteramente nueva: ya no está simplemente como autor, sino también comoverdadero amigo.

¡Presencia íntima de Dios, uno y trino, como Padre y como Amigo, Este es el hecho colosal, que constituye la esencia misma de la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma justificada por la gracia y la caridad!

Modo de vivir el misterio de la divina inhabitación.

Y puesto que está en mí el que ama mi alma, ¿cómo no le hallo ni le siento?»

La causa es porque está escondido, y tú no te escondes también para hallarle y sentirle; porque el que ha de hallar una cosa escondida, tan a lo escondido y hasta lo escondido donde ella está ha de entrar, y, cuando la halla, él también está escondido como ella…Convendrá que para que tú le halles, alejándote de todas las criaturas, te escondas y, cerrando la puerta sobre ti, es a saber, tu voluntad a todas las cosas, ores a tu Padre en escondido (Mt 6,6)”. San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual.

El padre Royo Marín citando el famoso libro del padre Philipon, “La doctrina espiritual de sor Isabel de la Trinidad”, nos señala la manera en que vivía este misterio la célebre carmelita. Nos explica que cuatro eran los rasgos esenciales con los cuáles vivía este gran misterio: fe viva, caridad ardiente, recogimiento profundo, y actos fervientes de adoración:

Fe viva.

Soy la pequeña reclusa de Dios. ¡Amo tanto la soledad con solo Él! También yo tengo necesidad de buscar a mi Maestro que se oculta muy bien. Pero entonces despierto mi fe y estoy muy contenta de no gozar de su presencia, para hacerle gozar a Él de mi amor” Santa Isabel de la Trinidad. Carta a su hermana.

Para avanzar con seguridad en “esta ruta magnífica de la Presencia de Dios”, la fe es el acto esencial, el único que nos da acceso al Dios vivo, pero oculto.

Esta fe viva nos ha de empujar incesantemente a recordar el gran misterio permanente en nuestras almas. Somos “templos de Dios”, el “Espíritu de Dios habita dentro de nosotros mismos”. Nos enseña Royo Marín que éste debería ser el pensamiento único, la idea fija y obsesionante de toda alma que aspire de verdad a santificarse. Todo lo que nos distraiga o aparte de este ejercicio fundamental representa para nosotros la disipación y el extravío de la ruta directa que conduce a Dios.

Caridad ardiente.

A la tarde te examinarán en el amor. Aprende a amar a Dios como Dios quiere ser amado y deja tu condición”. San Juan de la Cruz

El amor es formalmente la vida del alma, como el alma es la vida del cuerpo”. Santo Tomás de Aquino.

La caridad es la reina de todas las virtudes y va unida siempre a la divina gracia y a la presencia inhabitante de Dios. La caridad nos une más íntimamente a Dios que ninguna otra virtud. Es ella la única que tiene por objeto directo e indirecto al mismo Dios como fin último sobrenatural. La santidad es amor: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deut 6,4; Mc 12,30)

Nos recuerda Royo Marín que la santidad es para todos, y en todos los estados y modos de vida se puede alcanzar. La clave del secreto está en hacer todas las cosas por amor. En palabras del padre Philipon: “Aquí comienza la diferencia entre los santos y nosotros. En sus acciones, los santos buscan la gloria de Dios, mientras que muchas almas cristianas no saben encontrar a Dios ni siquiera en la oración, porque se imaginan que la vida espiritual está reservada a un pequeño número de almas privilegiadas, llamadas “místicas” y lo complican todo. La verdadera mística es la del bautismo, en vistas a la Trinidad y bajo el sello del Crucificado, esto es, en la trivialidad de todos los renunciamientos cotidianos”.

Recogimiento profundo.

Es preciso evitar la disipación del alma y el derramarse al exterior inútilmente. En cualquier género de vida en que la divina Providencia haya querido colocarnos, se impone siempre la necesidad de recogerse al interior de nuestra alma para entrar en contacto y conversación íntima con nuestros divinos huéspedes.

Es inútil tratar de santificarse en medio del bullicio del mundo, sin renunciar a la mayor parte de sus placeres y diversiones, por muy honestos e inocentes que sean. Sin recogimiento, sin vida de oración, sin trato íntimo con la Santísima Trinidad presente en el fondo de nuestras almas, nadie se santificará jamás, ni en el claustro, ni en el mundo.

Cristo se dirigió a todos los cristianos, y no solamente a los monjes, cuando pronunció aquellas palabras que no perderán jamás su actualidad: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz, y sígame” (Lc 9, 23).

Actos fervientes de adoración.

El recogimiento hacia el interior de nuestra alma ha de impulsarnos a practicar con frecuencia fervientes actos de adoración a nuestros divinos huéspedes. Como es sabido, el mérito sobrenatural no consiste en la mera posesión de los hábitos infusos, sino en su ejercicio o actualización. Y cada nuevo aumento de gracia santificante lleva consigo una nueva presencia de la Santísima Trinidad, o sea, una radicación más profunda en lo más hondo de nuestras almas.

Para ello, nuestro querido teólogo nos invita a practicar con ferviente espíritu nuestras devociones trinitarias:

– El “Gloria Patri et Filio” (¡que tantas veces rezamos distraídos!) es un excelente acto de adoración y alabanza de gloria de la Trinidad Beatísima. Nos recuerda Royo Marín que el beato Dom Columba Marmión tenía adquirida la hermosa costumbre de asociar a cada Gloria Patri del final de los salmos la petición de sentirse y vivir cada vez más intensamente su filiación adoptiva, práctica que considera excelente y altamente santificadora.

-El “Gloria in excelsis Deo” de la Misa es una magnífica plegaria trinitaria, impregnada de alabanza y de amor. Muchas almas hacen consistir su oración mental en irlo recorriendo lentamente, empapando su alma de los sublimes pensamientos que encierra, y dejando arder suavemente su corazón en el fuego de su amor.

– EL “Sanctus, Sanctus, Sanctus”, debería constituir para el cristiano, ya desde esta vida, su himno predilecto de alabanza y de gloria de la Trinidad Beatísima.

– Multiplicar los actos de adoración, reparación, petición y acción de gracias, que son los propios y específicos del Sacrificio como supremo acto de culto y veneración a Dios.

Lo importante para los cristianos es intensificar nuestro contacto íntimo con las Divinas Personas que están inhabitando con entrañas de amor en lo más hondo de nuestras almas.

¡Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme enteramente de mí para establecerme en Ti…Inunda mi alma de paz; haz de ella tu cielo, la morada de tu amor y el lugar de tu reposo! Sor Isabel de la Trinidad.

Preparación de los textos: Grupo Hijos María.

Les animamos a consultar nuestra sección de Teología

Nuestra recomendación para escuchar: Plegaria de María Stang


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor

Marchando Religion

Marchando Religion. Redacción