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La humildad: Sólo la humildad puede encontrar la Verdad

PorMarchando Religion

Feb 11, 2022
La humildad Sólo la humildad puede encontrar la Verdad-MarchandoReligion.es

Una gran propuesta en nuestra sección de Teología, abrazar la humildad

Sólo la humildad puede encontrar la Verdad. Teología de Royo Marín

De libro de “Teología de la perfección cristiana” de A. Royo Marín.

Preparación de los textos: Grupo Hijos de María.

Un día, al volver San Francisco del bosque, donde había ido a orar, el hermano Maseo quiso probar hasta dónde llegaba su humildad; le salió al encuentro y le dijo en tono de reproche:

– Me pregunto, ¿por qué todo el mundo va detrás de ti y no parece sino que todos pugnan por verte, oírte y obedecerte? Tú no eres hermoso de cuerpo, no sobresales por la ciencia, no eres noble. Y entonces, ¿por qué todo el mundo va en pos de ti? Al oír esto, San Francisco sintió una gran alegría de espíritu, y estuvo por largo espacio vuelto el rostro al cielo y elevada la mente en Dios; después, con gran fervor de espíritu, se dirigió al hermano Maseo y le dijo:

¿Quieres saber por qué a mí viene todo el mundo? Esto me viene de los ojos del Dios altísimo, que miran en todas partes a buenos y malos, y esos ojos santísimos no han visto, entre los pecadores, ninguno más vil ni más inútil, ni más grande pecador que yo. Y como no ha hallado sobre la tierra otra criatura más vil para realizar la obra maravillosa que se había propuesto, me ha escogido a mí para confundir la nobleza, la grandeza, la fortaleza, la belleza, y la sabiduría del mundo, a fin de que quede patente que de Él, y no de criatura alguna, proviene toda virtud y todo bien, y nadie puede gloriarse en presencia de Él, sino que quien se gloría, ha de gloriarse en el Señor (1 Cor 27-31), a quien pertenece todo honor y toda gloria por siempre.”(De Las Florecillas de San Francisco de Asís).

La humildad

En su obra “Teología de la perfección cristiana” nos explica Royo Marín que la humildad es una virtud derivada de la templanza, que nos inclina a cohibir el desordenado apetito de la propia excelencia, dándonos el justo conocimiento de nuestra pequeñez y miseria principalmente con relación a Dios.

La humildad se funda en dos cosas principales: en la verdad y en la justicia.

La verdad nos da el conocimiento cabal de nosotros mismos: nada bueno tenemos sino lo que hemos recibido de Dios: “Qué cosa tienes que no la hayas recibido? Y si la has recibido, ¿Por qué te glorías como si no la hubieses recibido? (1 Cor 4,7). Y la justicia nos exige darle a Dios todo el honor y la gloria que exclusivamente a Él le pertenecen. (1 Tim 1, 17).

Los santos, a medida que van creciendo en perfección y santidad, van percibiendo con mayor claridad el abismo existente entre la grandeza de Dios y su propia pequeñez y miseria. El resultado es una humildad profundísima. Por eso María, la criatura más iluminada por Dios, fue también la más humilde. No hay peligro de que las luces de Dios envanezcan a un alma; si efectivamente proceden de Él, cada vez la sumergirán más hondamente en el abismo de la humildad.

Medios para llegar a la verdadera humildad de corazón.

Según Royo Marín, tres son los principales medios para llegar a la verdadera y auténtica humildad de corazón:

Pedirla incensantemente a Dios. Es una de las peticiones que con más frecuencia debiera brotar de nuestros labios y de nuestro corazón.

Poner los ojos en Jesucristo, modelo incomparable de humildad.

Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón (Mat 11,20).”

En su vida oculta:

-En su nacimiento: pobre, desconocido, un pesebre, unos pastores, unos animales…

-En Nazaret: vida oscura, obrero manual, obedeciendo a José y María, sin dejar traslucir un solo rayo de su divinidad…

En su vida pública:

-Escoge a sus discípulos entre los más ignorantes y rudos: pescadores y un publicano.

-Busca y prefiere a los pobres, pecadores, afligidos, niños…

-Vive pobremente, predica con sencillez…

-Hace milagros, pero sin ostentación alguna, y exige silencio, y huye cuando tratan de hacerle rey…

-Inculca continuamente la humildad: la sencillez de la paloma, el candor de los niños…”no busco mi propia gloria…” “ no he venido a ser servido, sino a servir…”

En su Pasión:

  • Un pobre borriquillo, unos ramos de olivo, gente humilde que le aclama…
  • Lavatorio de los pies, Getsemaní, abandonado de sus discípulos, atado como peligroso malhechor …
  • Barrabás preferido, bofetadas, burlas, insultos, salivazos, azotes, corona de espinas,…
  • En la Cruz: blasfemias, carcajadas: “¿Pues no eras el Hijo de Dios? Podía hacer que se abriera la tierra y se los tragase a todos, pero calla y acepta… Y llega a excusar a sus verdugos: “Padre, perdónales que no saben lo que hacen…”

En la Eucaristía:

  • A merced de la voluntad de sus ministros, expuesto, encerrado, visitado, olvidado…
  • Descortesías, afrentas, sacrilegios, profanaciones horrendas….

A pesar de todas las resistencias de nuestro amor propio desordenado, debemos meditar en los ejemplos sublimes de humildad que nos dejó el divino Maestro.

Esforzarse en imitar a María, reina de los humildes.

Después de Jesús, María es el modelo más sublime de humildad. Siempre vivió en la actitud de una pobre esclava del Señor. Apenas habla, no llama la atención en nada, se dedica a las tareas propias de una mujer en la pobre casita de Nazaret, vive desconocida bajo el cuidado de San Juan después de la ascensión del Señor, no hace ningún milagro…

Bajo su mirada maternal, el alma ha de practicar la humildad de corazón para con Dios, para con el prójimo y para consigo misma.

Para con Dios:

  • Espíritu de sometimiento y adoración.
  • De agradecimiento. Todo cuanto tenemos lo hemos recibido de Dios: “Te damos gracias, Omnipotente Dios…”
  • De dependencia absoluta de Dios, reconocimiento de nuestra nada…Estamos absolutamente necesitados de Dios, fuente de todo Bien.

Para con el prójimo:

  • Admirar en él, sin celos ni envidia, los dones que Dios le dio.
  • Excusarlos caritativamente… tomar el lado bueno de las intenciones de nuestro prójimo.

Nos explica el gran teólogo, que el hombre, por muy santo y perfecto que sea, siempre tiene motivos para humillarse profundamente. No solamente ante Dios, ya que todas las perfecciones creadas son como granos de polvo ante la perfección infinita de Dios, sino ante cualquier hombre por miserable que aparezca al exterior. Porque puede pensar que acaso ese hombre tenga alguna buena cualidad de la que él carece o acaso carezca de algún defecto que todavía hay en él. Y, en último término, siempre puede pensar que, si ese hombre hubiese recibido de Dios el cúmulo de gracias que a él le ha concedido, hubiese correspondido a la gracia mil veces mejor.

Para con nosotros mismos:

  • Aceptar la ingratitud, el olvido y el menosprecio por parte de los demás.
  • No hablar, ni mal ni bien, de nosotros mismos. Si hablamos mal, cabe el peligro de hipocresía (sólo los santos lo sabían hacer bien); si bien, cabe el de la vanidad. Lo mejor es callar. Como si no existiéramos en el mundo.

Pequeños extractos de los Escritos espirituales del siervo de Dios Rafael Merry del Val y Zulueta (1865-1930).

Considera que la Sagrada Familia se basó en la humildad. Por medio de la humildad en las relaciones con tu familia alcanzarás la paz. Nuestro Señor empleó treinta años de su vida en enseñarnos las humildes virtudes domésticas para hacernos comprender su importancia (…). Practica la humildad, no buscando las ocasiones, sino aceptando las que se presentan. Ofréceselas a nuestro Señor. Deja que tu opinión ceda ante los demás cuando el deber no lo prohíba”

Pídele a nuestro Señor dos cosas:

Primero, que te enseñe a conocerle. Pídele que te muestre su amorosa bondad, su infinita misericordia, su mortificación, su ternura.

Segundo, pídele que te enseñe a conocerte mejor, a ver más claramente tu pobreza y tu nada. Pídele a la Virgen que te ayude en este humilde conocimiento de ti mismo.”

Letanías de la humildad, escritas el 24 de febrero de 1895 por el cardenal, que las rezaba a diario después de la Misa.

Jesús, manso y humilde de corazón, óyeme!

Del deseo de ser estimado, Líbrame Señor.

Del deseo de ser respetado, Líbrame Señor.

Del deseo de ser preferido a otros, Líbrame Señor.

Del deseo de ser alabado, Líbrame Señor.

Del deseo de ser consultado, Líbrame Señor.

Del temor a ser humillado, Líbrame Señor.

Del temor a ser despreciado, Líbrame Señor

Del temor a ser reprendido, Líbrame Señor

Del temor a ser calumniado, Líbrame Señor

del temor a ser olvidado, Líbrame Señor

Del temor a ser ridiculizado, Líbrame Señor

Del temor a ser injuriado, Líbrame Señor

Del temor a ser rechazado, Líbrame Señor

Concédeme, Señor, la gracia de desear que otros sean más amados que yo.

Concédeme, Señor, la gracia de desear que otros sean más estimados que yo.

Concédeme, Señor, la gracia de desear que otros sean alabados y de mí no se haga caso.

Concédeme, Señor, la gracia de desear que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil.

Concédeme, Señor, la gracia de desear que otros sean preferidos a mí en todo.

Concédeme, Señor, la gracia de desear que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda.

¡Cambia mi corazón, oh, Jesús, tú que te vaciaste por amor a mí! Haz conocer a mi espíritu lo excelentes que fueron tus sagradas humillaciones. Haz que empiece hoy, iluminado por tu luz divina, a eliminar esa parte del hombre natural que todavía pervive en mí. ¡Esa es la principal fuente de mi miseria, esa es la barrera que constantemente opongo a tu amor!

Preparación de los textos: Grupo Hijos María.

Les animamos a consultar nuestra sección de Teología

Nuestra recomendación para escuchar en nuestro canal de Youtube : Plegaria de María Stang


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