• Lun. May 23rd, 2022

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

P. Justo Lofeudo: Misioneros de la Santísima Eucaristía

P. Justo Lofeudo Misioneros de la Santísima Eucaristía-MarchandoReligion.es

Nuestra compañera Gabriela nos trae a nuestra sección de Iglesia Misionera el testimonio del Padre Justo Lofeudo, misioneros de la Santísima Eucaristía cuya misión es abrir capillas de Adoración Perpetua a lo largo de todo el mundo

P. Justo Lofeudo: Misioneros de la Santísima Eucaristía. Una entrevista de Gabriela Gorkin

¿Habrá un apostolado más bello que ir abriendo Capillas de Adoración Perpetua por el mundo? ¿Capillas donde Nuestro Señor Jesucristo es adorado expuesto en la Custodia las 24hs, los 365 días del año? Dando lugar una milésima de segundo a ésta realidad en el pensamiento, el alma queda asombrada por el Amor Misericordioso de Todo un Dios. San Francisco de Asís decía que quería adorar a Jesús en todos los Sagrarios del mundo entero, así esté en una Catedral o en la Ermita más humilde y pequeña del mundo.

¡Dónde está Dios está el Cielo!

¡Vamos a hacerle buena, buenísima propaganda a Nuestro Señor Jesucristo, en el Santísimo Sacramento del Altar y para ello tengo la providencia de hacerle unas preguntas al Padre Justo Lofeudo, que pertenece a la Asociación Clerical: Misioneros de la Santísima Eucaristía.

Querido Padre Justo, gracias por conceder ésta entrevista a Marchando Religión, estoy escribiendo en la Adoración Perpetua de Valencia, creo que no hay lugar mejor para ello, así Nuestro Señor, presente aquí, nos ayuda.

Cuando pienso en las Misiones, me viene la labor de tantos sacerdotes, consagrados y laicos, en Asia, América, África, ganando almas, siendo pescadores de hombres ¿Cómo es que vuestro apostolado también es misionero? ¿Qué es ser Misionero de la Santísima Eucaristía? ¿Os sentís parte de la familia de los Misioneros que van a ganar almas para Dios? Explícanos por favor.

Al final de la Misa en latín las palabras de despedida son “Ite Missa est” se suele entender con idos que la Misa ha terminado, pero no es el sentido original. Id es el envío, “sois enviados», eso significa, hace alusión al envío, a ir al mundo, pero revestidos de Cristo, llevar al mundo el Tesoro recibido. En la Eucaristía reside la misión, ésta es la clave. Enseña el CV II que la Eucaristía es la fuente y el culmen de la vida y de la misión de la Iglesia, Fuente y Culmen. Todo parte de ella, porque todo parte de Cristo y todo regresa a Él, a la Eucaristía. Se ha dicho que la Iglesia debe ir a las periferias. Eso siempre lo ha hecho, aunque es cierto también que no con la fuerza, la convicción de la fe con que lo hacía en otros tiempos. Ahora, dicho así sin más puede inducir a algún error si no se agrega, aunque vaya implícito es necesario decirlo, que la Iglesia va a las periferias a llevar a Cristo, va a llevar la fe en Cristo como único Salvador. Porque, debemos convenir, que hay una parte importante, lamentablemente, de la Iglesia que ha perdido la fe católica y si esa parte va a las periferias irá no a llevar la Fe, si no a hacer asistencialismo, en el mejor de los casos, pero no a llevar a Cristo ni a atraer a Cristo. Porque el camino es de ida y de vuelta: llevar a Cristo, ir a la periferia, para que la periferia venga al centro que es Jesucristo.

Ahora, contestando más concretamente a tu pregunta (era necesaria esta introducción) siendo la Eucaristía el corazón de la misión y por lo mismo, siendo la misión por su naturaleza eucarística (la Eucaristía fuente y culmen de la misión de la Iglesia, o sea que todo parte de la Eucaristía y todo alcanza su máximo en Ella) entonces ser misionero de la Eucaristía es ser misionero por antonomasia, es absolutamente misionero, doblemente. Nosotros vamos hasta los confines geográficos y también nuestra Missio ad gentes es en los países que fueron cristianos y se han descristianizado. ¿Para qué? Para llevarles el Evangelio, la Buena Nueva del Dios con nosotros, del Emmanuel eucarístico, del Señor que permanece con nosotros, en su Iglesia, en la Eucaristía. La misión es para recordar esa verdad en tiempos en que, lo sabemos, lo vemos, han cosificado a la Eucaristía, que la tratan sacrílegamente como un objeto, cuando es la Persona Divina del Señor a quien recibimos en la comunión sacramental y por eso la adoramos. No hay que olvidar que la Misa es culto de adoración y la adoramos también fuera de la Misa.

Somos misioneros, somos enviados al mundo para que el mundo conozca al Señor, sepa de su don infinito, el don de Sí mismo y de su permanencia en la Eucaristía, lo sepa, lo ame y lo adore. La adoración es esa respuesta de agradecimiento, de fe y de amor a la Presencia verdadera, real de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre en la Eucaristía. Mira, Gabriela, en la Santa Misa hay distintas presencias del Señor. El Señor está en los fieles que Él convocó, “Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre,allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt 18, 20). Está en el sacerdote celebrante, es Cristo cuando consagra.. Está en la Palabra. Pero sólo la Eucaristía es Jesucristo vivo, en su gloria aunque oculto. Sólo ahí hay una presencia sustancial, en las demás no, son espirituales, pero sólo en la Eucaristía está Él sustancialmente, su Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad.

El último Canon del Derecho Canónico dice que la Ley suprema de la Iglesia es la salvación de las almas Salus animarum, suprema Ecclesiae lex (la ley suprema de la Iglesia, es la salvación de las almas). La misión, toda misión tiene su razón de ser en el mandato del Señor “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado” (Mc 16: 15-16).

La Misión, en nuestro caso, es ir a proclamar la Bellísima e Insuperable noticia que el Señor está vivo, resucitado y con nosotros en la Eucaristía y que Él permanece con nosotros para que nosotros estemos con Él. Él siempre con nosotros y la respuesta debe ser, nosotros siempre con Él.

Es llevar la fe de su presencia que salva, ésta es nuestra misión.. “El que crea se salvará”. Es decirles a todos que Jesucristo, desde su morada eucarística, nos llama, “»Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (San Mateo 11,25-30) y fatigados, agobiados, oprimidos, con mucho miedo, que Yo os restauraré, os sanaré. Es el llamado a la adoración, a permanecer ante Él y recibir las gracias que fluyen de Él, del Santísimo Sacramento. La misión eucarística, es llevar a las personas a adorar al Señor y a que como comunidad esa adoración sea reflejo de la celestial, sin interrupción. Tiene como propósito tributarle al Señor el más alto honor de la adoración, reconociendo su presencia eucarística; llevar a los fieles a agradecer por tan infinito don, a encontrarse con el Señor, a que el Señor los vaya transformando en cada hora de adoración, a que aumente la fe y el amor de quienes acuden al llamado y a hacer que otros alejados se puedan acercar al Salvador, a encontrar la salvación. Y esos vendrán porque el Señor los llama y porque las puertas de la capilla están abiertas, hemos quitado obstáculos y porque otros los han invitado también o han intercedido por ellos. En este tema a mi me gusta siempre mencionar una visión de Santa Faustina: ella estaba en la Adoración y veía que del Santísimo partían rayos de gracia y misericordia, que tocaban a los que estaban presentes, pero que iban más allá, llegaban a alcanzar personas muy lejos no sólo geográficamente, si no lejos de la fe, o sea el que está adorando está contribuyendo a eso. Toda misión, no debemos olvidarlo, tiene como fin la salvación de las almas, rescatarlas del dominio del Enemigo y de las propias malas inclinaciones y de la vida de pecado que las lleva a la muerte eterna. Lamentablemente, en muchos casos lo secundario se ha vuelto lo principal y las misiones se convirtieron en promoción social y en asistencia corporal. Eso siempre debe ser la consecuencia de lo principal que es la cura y salvación de las almas. Pero, cuando se hace asistencialismo se cambia el cuerpo mortal por el alma inmortal.

2- Me imagino la cantidad de testimonios que conoces, de personas que experimentaron a Jesús, Dios y Hombre verdadero y encontraron la paz. Pero ¿Qué nos puedes decir de ese permanente goteo de personas que van haciendo posible que las Capillas de Adoración Perpetua sigan abiertas?

A veces pienso, si las conversaciones que ahora hay entre Jesús y las almas se oyesen… ¿Qué nos puedes decir sobre ésto?

Es cierto eso que dices de encontrar la paz. Fíjate que el testimonio unánime de personas alejadas de la fe y que entraron en una CAEP ha sido siempre el mismo “Aquí encontré una paz desconocida para mí”. Claro, la paz de Cristo, no la del mundo. Sí, he conocido testimonios maravillosos, como personas que estaban determinadas a acabar con sus vidas, no uno, varios y terminaron no con su vida, sino frente a Aquel que es la Resurrección y la Vida.

Testimonios como en Rumanía, donde desde hace más de 15 años están adorando ortodoxos, greco católicos y romano católicos al Señor en una Iglesia greco católica y ésto es un ejemplo de verdadero ecumenismo. Todos centrados en el único Señor presente en la Eucaristía. Todo esto es posible por ese sucederse de personas que han dicho que sí al proyecto divino de ser eslabones de una cadena ininterrumpida de adoración. Porque son ellos, cada uno con su hora santa (una o más) que hora tras hora se van pasando la posta del testimonio, para adorar al Señor. Esta realidad silenciosa y potente me recuerda las palabras de Isaías: “Sobre tus murallas Jerusalén he colocado centinelas: Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor” (Is 62, 6). Por eso digo que los que adoran por la noche son los centinelas de la aurora, del nuevo despuntar del nuevo día “Nos visitará el sol que nace de lo alto” (Lc 1,78) Cada adorador es profeta de la Eucaristía, en el silencio de su adoración, de día y de noche, anuncia al mundo que Dios existe, que Dios está con nosotros, no nos abandona.

Hace ya muchos años, me contaba un arzobispo cardenal que su médico, que era ateo, supo de la AEP que acabábamos de poner en la ciudad y se preguntaba qué habría allí, porque sabía que iban personas de día y de noche, que todo era en silencio y que no daban nada. Se sintió interpelado y fue. Desde aquel día, le contaba al Cardenal, todas las mañanas se levantaba más temprano para ir a la capilla antes de ir al hospital.

Me preguntas sobre las conversaciones entre las almas y el Señor. Sólo Él las conoce y sabe de los gritos de auxilio, de las angustias, miserias que cada uno le presenta, también, creo yo, de los pocos agradecimientos (porque no somos agradecidos con el Señor. No tengas tu mano abierta para recibir y cerrada para dar, como dice Proverbios 4, 31. Pero, una cosa es segura, todos esos diálogos son de salvación. El Señor obra aunque no parezca notarse.

3- Yo creo que no hay mayor regalo, después de la Encarnación del Hijo de Dios y su Pasión, Muerte y Resurrección, que haberse quedado con nosotros, en la Capilla suena como el eco de sus palabras, suena en el alma: Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mt 18, 16-20)

Por supuesto, es un don infinito, es el don de Dios mismo, es el mismo Autor de la Vida que se da a nosotros y que permanece con nosotros. Como dije, es el Emanuel eucarístico, el Dios con nosotros y por nosotros.

4- Al hilo digamos de la anterior pregunta ¿Es que estáis preparando los caminos para el Reinado Eucarístico, junto a la Buena Madre de Dios y Nuestra, la Inmaculada Concepción, María Santísima?

Sí, estamos contribuyendo al Reino Eucarístico, claro, es justamente esa nuestra misión, que se establezca el Reino Eucarístico en la Tierra y eso coincidirá y será el triunfo del Inmaculado Corazón de María. Nosotros somos sus Misioneros, todos nosotros, mi Comunidad estamos a Ella consagrados, somos todos de Ella, para ser aún más todos de Cristo.

5- Háblanos sobre la oración frente al Sagrario, a veces me pregunto si la Exposición del Señor en la Custodia puede tener el peligro de que dejemos de acudir al Sagrario. Pues «tratar de amistad con quien sabemos nos ama» lo debemos hacer ya sea Jesús esté escondido dentro del Sagrario o expuesto en la Custodia ¿Qué nos puedes decir sobre ésto?

Obviamente, no es lo mismo que el Señor esté expuesto de que no lo esté. No es lo mismo para nosotros, el Señor desciende a nuestra sensibilidad, se adapta a nuestra sensibilidad. No es lo mismo que yo hable con alguien con una puerta de por medio de que yo lo esté viendo. La adoración es también un intercambio de miradas. Él está expuesto a mí y yo estoy a Él expuesto. Aquello de Él me mira y yo le miro, del hombre a quien san Juan María Vianney le había preguntado qué hacía tanto tiempo ante el Santísimo. Pero, cuando no está expuesto porque no lo exponen, porque no hay exposición del Santísimo, es muy importante acudir al Señor donde sabemos que está, en el Sagrario. Más oculto aún, porque la Eucaristía al mismo tiempo que señala la presencia de Jesucristo, la oculta. Pues, ante el Sagrario cerrado ni siquiera vemos la Sagrada Forma. Pero, está y es importante permanecer ahí, en silencio, ante Él que no tiene límites, que no conoce confines, y sus gracias atraviesan las puertas. Es el mismo Señor resucitado que se les aparecía a los discípulos con las puertas cerradas… “Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.

Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» (Jn 20,19). Pues, lo mismo. El Señor traspasa la puerta del Sagrario para verter la paz pascual, la paz del Resucitado, sobre la persona que está ahí en adoración.

Gracias Padre Justo, quiero dar gracias a Dios por ésta oportunidad, después de mi conversión y bautismo, fuiste el primer sacerdote argentino que conocí ¿allá por el 2011? cuando se abrió la Capilla de Adoración Perpetua de Valladolid.

Yo también tengo un recuerdo muy grato, me dice el Padre Justo, de nuestros primeros encuentros allá en Valladolid, la ciudad de la Gran Promesa del Corazón de Jesús.

AMGD

Gabriela Gorkin

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Gabriela Gorkin Klincovich

Conversa judía que halla el sentido de su vida, recibiendo el Bautismo en la Vigilia Pascual del 2001, en intentar darle gloria a Dios, con el auxilio de su gracia, la de la Santísima Virgen María Nuestra Madre y la intercesión de Todos los Santos y ángeles del Cielo.