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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

IV Domingo Cuaresma ciclo C Misa N.O

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HOMO QUIDAM DUOS FILIOS

IV Domingo Cuaresma ciclo C Misa Novus Ordo. D. Vicente Ramón Escandell

1. Relato Evangélico (Lc 15, 1-3.11-32)

Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

También les dijo:

«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.

Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.

Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

2. Comentario litúrgico: Dom Prospero Guéranger, OSB (1805-1875)

El domingo de la alegría

Este domingo, llamado Laetare, por comenzar así la primera palabra del Introito de la Misa, es uno de los más celebres del año. Este día, la Iglesia suspende las tristezas de Cuaresma; los cantos de la Misa sólo hablan de la alegría y el consuelo; el órgano, mudo en los tres domingos precedentes, se hace oír hoy; el diacono viste la dalmática, el subdiácono la túnica; y se permite sustituir los ornamentos de color morado por los de rosa.

Ya vimos, en el Adviento, practicar estos mismos ritos en el tercer domingo llamado Gaudete. Esta nota de alegría que la Iglesia pone hoy en su Liturgia tiene por fin felicitar a sus hijos por su celo. Han recorrido ya la mitad de la santa Cuaresma y quiere estimular sus energías para coronar la carrera1.

El Año litúrgico (Septuagésima, Cuaresma y Pasión)

3. Reflexión

Alégrate Jerusalén, y regocijaos con ella todos los que la amáis; regocijaos con ella, gozosos, cuantos por ella hacéis duelo; para que os saciéis del pecho de sus consuelos. Me alegré cuando se me dijo: Vamos a la casa del Señor.i

El pensamiento de la pascua antigua y nueva, rubricada por la reconciliación del hombre con Dios, se hace cada vez más presente en la liturgia cuaresmal.

La primera lectura presenta al pueblo elegido, el cual, tras una larga purificación sufrida durante cuarenta años de peregrinación en el desierto, entra finalmente en la tierra prometida, y en ella celebra jubiloso la primera pascua. Dios ha perdonado sus infidelidades y mantiene las antiguas promesas, dando a Israel una patria en la que podrá levantarle un templo.

Pero lo antiguo ha pasado – dice la segunda lectura – lo nuevo ha comenzadoii. La gran novedad es la Pascua cristiana que suple a la antigua, la Pascua en la que Cristo ha sido inmolado para reconciliar a los hombres con Dios.

Ya no es la sangre de un cordero lo que salva a los hombres, ni el rito de la circuncisión o la ofrenda de los frutos de la tierra los que les hacen agradables a Dios; es el mismo Dios, que se compromete personalmente en la salvación de la humanidad dando a su Unigénito.

Solo Dios podía tomar esta iniciativa, sólo su amor podía inspirarla, solo su misericordia era capaz de realizarla. Cristo inocente sustituye al hombre pecador; la humanidad se ve libre del enorme peso de sus culpas y estas caen sobre los hombros del que no había pecado y al que Dios hizo expiar nuestros pecados, para que nosotros, unidos a él, recibiéramos la salvación de Diosiii.

Una vez más, la Cuaresma invita a contemplar la misericordia divina revelada en el misterio pascual, por el que el hombre se hace en Cristo una criatura nueva, libre del pecado, reconciliado con Dios, de vuelta ya a la casa del Padre.

De retorno habla precisamente la parábola del hijo prodigo que abandona la casa del padre, exige la parte que le toca de la fortuna para vivir independiente y libre, y pierde, sin embargo, en el vicio y el dinero la libertad, viéndose reducido a ser esclavo de las pasiones y convirtiéndose en despreciable guardián de cerdos.

Los reproches de la conciencia, eco de la voz de Dios, provocan su retorno. Dios es el padre que espera sin cansarse a los hijos que le han abandonado y les incita a que vuelvan permitiendo que les hiera en aguijón de los desengaños y de los remordimientos. Y cuando les ve venir por el camino del arrepentimiento, corre a su encuentro para hacer más rápida la reconciliación, para ofrecerles el beso del perdón, para festejarles.

En esta fiesta deben participar también los hijos que quedaron en casa, fieles al deber, pero tal vez más por costumbre que por amor, por lo tanto, incapaces de comprender el amor del Padre para con los hermanos, de gozarlo y compartirlo.

Todos los hombres, por lo demás, aunque en medida y formas diversas, son pecadores; dichosos los que reconociéndolo humildemente sienten la necesidad de reconciliarse con Dios, de convertirse cada vez más a su amor y al amor de los hermanos.

4. Oración

Señor Jesucristo, que nos acompañas en el desierto cuaresmal a través de tu Palabra y tus sacramentos, que infunden en nosotros la alegría de tu gracia; concédenos que, constantes en las penitencias cuaresmales, podamos alcanzar la plenitud de la gracia pascual. Que vives y reinas. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

1 Como antiguamente la Cuaresma comenzaba no el miércoles de Ceniza, sino el primer domingo de Cuaresma, resultaba que el cuarto domingo fijaba exactamente la mitad del tiempo cuaresmal. Este era el domingo de la Media Cuaresma. Más tarde se adelantó la Cuaresma cuatro días, la Mitad de la Cuaresma se adelantó del domingo al jueves. De todo esto no tenemos indicios en los textos litúrgicos.

Rev. D. Vicente Ramón Escandell

*IV Domingo Cuaresma ciclo C Misa N.O

i Is 66, 10-11; Sal 121,1

ii 2 Cor 5,17

iii 2 Cor 5, 21

Pueden consultar el Evangelio en nuestra sección: Evangelio del Domingo

Nuestra sección destacada: A la luz de la Palabra

Nuestra recomendación externa: El Salvador de Toledo


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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna