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III Viernes Cuaresma: Mujer, ahí tienes a tu hijo

PorMarchando Religion

Mar 18, 2022
III Viernes Cuaresma Mujer, ahí tienes a tu hijo-MarchandoReligion.es

Durante el tiempo de Cuaresma, en MR, les ofrecemos todos los viernes la meditación de la Pasión, hoy nos situamos en el III viernes de Cuaresma y centramos la meditación en este punto: «Mujer, ahí tienes a tu hijo…Ahí tienes a tu Madre»

Meditación de la Pasión: III Viernes Cuaresma: «Mujer, ahí tienes a tu hijo…Ahí tienes a tu Madre»

Mujer, ahí tienes a tu hijo…Ahí tienes a tu Madre.

Jn. 19, 26 27

Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo “(Mensaje de Fátima 1917)

El santo Rosario1, no es sólo una repetición de Padrenuestros y Avemarías, sino un compendio maravilloso de los Misterios de la Vida, Pasión, Muerte y Gloria de Jesús y de María…”

S Luis María Grignión de Montfort.…

Pequeño extracto de la Meditación del V. P. Luis de la Puente sobre la Tercera palabra que Cristo nuestro Señor habló en la cruz con su madre y con san Juan.2

Estaban cerca de la Cruz de Jesús, María, su Madre, con Juan, el discípulo amado y otras cuántas mujeres (Jn 19,25).

No hay mayor señal de amar a Cristo, que seguirle hasta la Cruz, compadeciéndose de sus dolores e ignonimias, y haciéndose participante de ellas.

Entre estas personas que estaban junto a la Cruz, la capitana fue la Virgen Sacratísima…Miraba la cabeza de su Hijo espinada, y quedaba la suya traspasada con espinas; miraba las manos enclavadas, y quedaban las suyas penetradas con los clavos; miraba los huesos desencajados, y los suyos se estremecían de dolor.

Oh Virgen de las Vírgenes, ¡con cuánta razón podemos llamaros hoy Mártir de los Mártires!

Y dijo nuestro Señor a su Madre: Mujer, ves ahí a tu hijo.

Después dijo al discípulo: Ves ahí a tu madre, y desde aquella hora la recibió el discípulo por suya…

Y pues esta palabra no se dijo sólo a san Juan, sino en él a todos sus semejantes…

He de imaginarme que Cristo nuestro Señor me dice: Ves ahí a tu Madre, ámala y venérala como a madre, obedécela y sírvela en cuanto pudieres, y acude a ella en todas tus necesidades:

Porque como te di a mi Padre por tuyo, así te doy a mi Madre por tuya:

Vive, pues, como hijo de tal Madre.

Dadme. Señor, espíritu de verdadero hijo, para que la sirva como merece tan gloriosa Madre. Amén

Pequeño extracto del Sermón sobre la Tercera Palabra que pronunció Cristo en la cruz, de Fr A. Royo Marín.3

La Santísima Virgen María, la Corredentora de la humanidad

Nos dice Royo Marín:

Estaba junto a la Cruz de Jesús, su Madre. Lo ha contemplado todo. Ha visto cómo desnudaban a su divino Hijo. Ha sentido en su carne virginal el dolor profundo del divino Mártir cuando le taladraban las manos y los pies para coserlos al madero de la cruz.

Ha escuchado su primera y segunda palabra, llenas de perdón, de amor y de misericordia.

Ve que se está muriendo de sed en medio de espantosos tormentos. La Santísima Virgen María tenía que ser la Corredentora de la humanidad y lo fue, contemplando el martirio inefable de nuestro Señor, mezclando las lágrimas virginales de sus ojos purísimos a las gotas de sangre que iban corriendo desde lo alto de la cruz.

La Virgen María es nuestra Corredentora, por eso permaneció de pie en lo alto de la colina del Calvario, junto a la cruz de Jesús.

Martirio inefable. Absolutamente indescriptible…

Imaginemos la escena,

Sería mejor que callásemos, que rompiésemos a llorar, que nos pusiéramos de rodillas.

Jesús estaría contemplando desde lo alto de la cruz, a través de sus ojos cargados de sangre, a la Virgen María, imagen viviente del dolor en su máxima expresión.

Allí estaba la Corredentora del mundo.

¡Cómo se aumentarían los dolores internos de Jesucristo viendo sufrir a su Madre santísima de manera tan espantosa! Pero Él tenía que permitir aquello. Tenía que permitirlo, porque estaba decretado por Dios. Una primera pareja, Adán y Eva, perdieron al mundo; una segunda pareja. Cristo y María, tenían que salvarlo.

Tenían que estar allí los dos, y Él, obediente a la voluntad de su Eterno Padre, consentía en el martirio de su Madre; y la Santísima Virgen María tenía que consentir y aceptar el martirio de Jesús, su Hijo inocente, para salvarnos a nosotros.

Pero Jesús la tenía muy cerquita, la miraba con inefable dulzura. ¡Cómo sería la última mirada que Nuestro Señor Jesucristo dirigió a su Madre queridísima!

Cosas inefables… Para caer de rodillas. Para callar. ¡Cómo la miraría!

Y le dijo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo…»,

Y fijándose en Juan, el discípulo amado: «Ahí tienes a tu Madre”

Esta fue la tercera palabra, la tercera frase que pronunció nuestro Señor Jesucristo en la cruz…

¿Por qué le dice «mujer» y no «madre»?…

Ah, qué maravilloso episodio. El Evangelio es divino, no sobra ni falta una sola palabra. ¿Por qué dijo mujer y no madre?

Dos son las interpretaciones principales que se pueden dar, y las dos son maravillosas.

En primer lugar, para no atormentarla más…Y Jesucristo, para no hacerla padecer más, para no atormentarla más con esa palabra tan dulce, tan tierna, tan delicada, para no destrozarle todavía más aquel corazón sangrante, renuncia a la dulzura de llamarla «Madre», y le dice: «Mujer».

Pero, además, Cristo pronunció esa palabra para darnos a entender a todos que Ella era la «mujer»

Y Nuestro Señor Jesucristo, desde lo alto de la cruz, replica: ¡Ahí tenéis a la mujer! Al prototipo, al ideal más sublime de la mujer.!

Era María la mujer anunciada en el libro del Génesis, en la aurora del mundo, en el primer día de la humanidad. ¡Ahí tenéis a la mujer!

La Santísima Virgen es nuestra Madre

«¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!». Juan será tu hijo. Él se encargará de tu sustento.

Yo me voy a mi Padre, pero no te dejaré huérfana en el mundo. Juan se encargará de ti. Y dirigiéndose con inefable ternura a Juan: «Hijo, ahí tienes a tu Madre»

¡Cómo la recibiría San Juan! Aquel joven apóstol, que ya la adoraba por ser la Madre de Jesús, cuando se sintió dueño de aquel tesoro que le había dejado en testamento su divino Maestro, ¡cómo la recibiría junto a su corazón de hijo

¡Cómo recibiría San Juan a la Santísima Virgen María, cómo se la llevaría a su casa, con qué cariño la trataría! ¡Cómo la mimaría, con una ternura más que filial! Son cosas inefables…

Pero, fijaos bien, el sentido pleno de esta palabra tiene un alcance mucho más grande.

Cuando Cristo nuestro Señor dijo a San Juan: «¡Ahí tienes a tu Madre!», nos lo dijo a todos y a cada uno de nosotros en particular.

Ella es la Madre de la Cabeza del Cuerpo Místico. Está revelado por Dios, consta expresamente en la Sagrada Escritura. Cristo es la Cabeza de un Cuerpo Místico y todos nosotros somos sus miembros. Y como Ella es Madre de este organismo viviente, como la cabeza no puede ser arrancada y separada de los miembros, desde el momento en que es Madre física según la naturaleza de la Cabeza, tiene que ser también forzosamente Madre espiritual de todos los miembros que están espiritualmente unidos a esa Cabeza.

¡Maravillosa teología! Jesucristo, en la cumbre del Calvario, no hizo más que promulgar solemnemente ante la faz del mundo la maternidad espiritual de María sobre nosotros.

La Santísima Virgen María es nuestra Madre, Madre queridísima de todos nosotros.

¡Qué modelo de Madre la Santísima Virgen María!

Modelo de Madre para Jesús, su divino Hijo…La Santísima Virgen fue una mártir toda su vida, supo respetar la voluntad de Dios sobre su Hijo. Subió Ella misma a la cumbre del Calvario sin pronunciar una sola palabra de queja. No interpuso su corazón de Madre para impedir los dolores al divino Crucificado. Tenía que ser así. Lo había dispuesto Dios y María lo aceptó con inefable resignación.

¡Oh vosotros todos los que sufrís, arrodillaos a los pies de la Virgen de los Dolores!

Esta tercera palabra de Jesús en la cruz nos recuerda que la Virgen es nuestra Madre. ¡Somos hijos de María, de la Reina y Soberana de los mártires! Unid vuestro dolor al dolor de la Virgen Santísima. Y, aunque sea a través del cristal de vuestras lágrimas, contemplad el cielo, invocad a la Virgen, y Ella calmará vuestro dolor.

¡Rezad el Santo Rosario!

¡Quiero daros a todos una consigna de vida eterna: ¡Rezad el Santo Rosario! Plegaria bellísima del hogar cristiano… Hay que restaurar la devoción del Rosario en familia!

Una familia que todas las noches invoca a la Santísima Virgen y le dice cincuenta veces: «Ruega por nosotros pecadores, ahora…», ahora que tanto lo necesitamos, en medio de nuestras tribulaciones, de los asaltos del mundo, del demonio y de la carne, «¡ruega por nosotros ahora!», pero, sobre todo, «en la hora de la muerte», esa familia, digo, es imposible que se pierda.”

¡Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo!

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.”

Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman”

Preparación de los textos: Grupo hijos de María.

1 Del libro “El secreto admirable del santísimo Rosario”.

2 Meditaciones espirituales, Tomo II Medit. XLVII

3 El texto completo se encuentra enLa pasión del Señor o Las Siete Palabras de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz.

Les animamos a consultar nuestra sección de Teología y Espiritualidad

Nuestra recomendación para escuchar en nuestro canal de Youtube : Plegaria de María Stang


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