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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

II Domingo Cuaresma ciclo C Misa N.O

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Et transfiguratus est ante eos

II Domingo Cuaresma ciclo C Misa Novus Ordo. D. Vicente Ramón Escandell

1. Relato Evangélico (Lc 9, 28b-36)

Tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía.

Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube. Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

2. Comentario espiritual: Dom Prospero Guéranger, OSB (1805-1875)

Bondad de Jesús y flaqueza de los Apóstoles

De este modo acudía Jesús en ayuda de sus Apóstoles en vísperas de la prueba, y quería estampar profundamente su imagen gloriosa en sus almas, previendo el día en que el ojo carnal no vería en él más que flaqueza e ignominia.

¡Oh previsión de la gracia divina, que jamás falta al hombre y que justifica siempre la bondad y justicia de Dios! Hemos pecado como los Apóstoles, y como ellos hemos desaprovechado la ayuda que el cielo nos deparaba, hemos cerrado voluntariamente los ojos a la luz y olvidado el resplandor que nos había antes extasiado, y hemos caído de bruces. No hemos, pues, sido atentados por encima de nuestras fuerzas y nuestros pecados nos son en verdad cosa propia.

Los tres apóstoles se vieron expuestos a la tentación violenta el día en que su Maestro pareció haber perdido toda su grandeza, les era, no obstante, fácil fortalecerse con un recuerdo glorioso y reciente. Olvidados de esto se entregaron al desaliento, y no pensaron en reanimar su fortaleza con la oración; y los testigos afortunados del Tabor se mostraron cobardes y desleales en el Huerto de los Olivos. No les quedó más remedio que echar mano a la clemencia cuando triunfo de sus despreciables enemigos; y lograron el perdón del corazón generoso de su Maestro.

El Año litúrgico (Septuagésima, Cuaresma y Pasión)

3. Reflexión

Acuérdate, Señor, de tus bondades, y de tus eternas misericordias. Nunca nos dominen nuestros enemigos. Dios de Israel, líbranos de todas nuestras angustias. A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío en ti confío, no sea confundido.i

La liturgia de este Domingo esta iluminada por los resplandores de la transfiguración del Señor, preludio de su resurrección y garantía de la del cristiano.

A modo de introducción, la primera lectura narra la alianza de Dios con Abraham. Figura de la nueva y definitiva alianza que un día Dios establecerá sobre la sangre de Cristo, en virtud de la cual el género humano tendrá derecho no a una patria terrena sino a la patria celestial y eterna.

Sobre el Tabor ante Jesús transfigurado el Señor una vez más se compromete a favor de los hombres a quienes presenta a su Hijo muy amado: Este es mi Hijo, mi Elegido: escuchadleii; se lo entrega como Maestro; pero en el Calvario se lo entregará como víctima.

San Lucas precisa que la transfiguración aconteció sobre el monte, mientras Jesús oraba. Jesús permite que por un momento su divinidad resplandezca a través de las apariencias humanas, y así se presenta a los ojos estáticos de los discípulos como realmente es.

Contemplar el rostro de Dios fue siempre el anhelo de los justos del Antiguo Testamento y de los santos del Nuevo. Pero cuando Dios concede semejante gracia, no deja de ser más que un instante, que, lo mismo que en la visión del Tabor, esta ordenada a robustecer la fe y a infundir nuevo valor para llevar la cruz.

Junto al Señor transfigurado aparecen dos hombres: Moisés y Elías; el primero representa a la ley; y el segundo a los profetas; la ley que Cristo ha venido a perfeccionar, los profetas cuyas enseñanzas y vaticinios ha venido a completar y realizar respectivamente. La presencia de estos personajes históricos demuestra la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Su conversación se refería a la pasión de Jesús. Lo mismo que Moisés y Elías habían sufrido y habían sido perseguidos por causa de Dios, así también tendría que padecer Jesús. La Transfiguración es una visión de la gloria que se entrelaza con diálogos de pasión, de dolor; dos aspectos opuestos, pero no contrastantes del único misterio pascual de Cristo. Muerte y resurrección, cruz y gloria.

La segunda lectura es una fervorosa exhortación a llevar con amor la Cruz de Cristo, a fin de ser un día participes de su gloria. El Apóstol se queja de los cristianos que se entregan a los placeres terrenos, a las satisfacciones de la carne con el pensamiento preocupado solamente de las cosas de la tierra.

Y he aquí que el Apóstol toma el vuelo hacia la altura y nos recuerda la visión del Tabor: Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurara este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo.iii

La transfiguración cristiana será realmente plena sólo en la vida eterna, pero ya se inicia aquí abajo por medio del bautismo; la gracia de Cristo es la levadura que desde las entrañas nos transforma y transfigura en su imagen, si aceptamos llevar con Él nuestra cruz.

4. Oración

Señor y Dios nuestro, que revelaste la gloria de tu divinidad, oculta en la humildad de nuestra carne mortal; concédenos la gracia de que, por medio de las penitencias cuaresmales, purifiquemos nuestros cuerpos y almas, para ser merecedores de la vida eterna. Que vives y reinas. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

Rev. D. Vicente Ramón Escandell

*II Domingo Cuaresma ciclo C Misa N.O

i Sal 24, 6, 3, 22, 1-2

ii Lc 9, 35

iii Flp 3, 20-21

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna