• Dom. Ene 23rd, 2022

Marchando Religión

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I Domingo Adviento-MarchandoReligion.es

Videbunt Filium hominis venientem

Evangelio del día. I Domingo Adviento. Santa Misa Novus Ordo

1. Relato Evangélico (Lc 21, 25-28.34-36)

Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».

Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

2. Comentario al evangelio dominical: Dom Prospero Gueranger, OSB (1806-1875)

Debemos, por tanto, oh buen Jesús, esperar la repentina aparición de tu terrible Advenimiento. Pronto vas a venir en tu misericordia a cubrir nuestra desnudez con un vestido de gloria e inmortalidad; pero un día llegara en que vuelvas con una majestad tan deslumbradora, que los hombres quedarán secos de espanto.

¡Oh Cristo!, no quieras perderme en ese día de incendio universal. Visítame antes amorosamente: yo quiero prepararte mi alma. Quiero que en ella nazcas, para que el día en que las convulsiones de la naturaleza anuncien tu próxima llegada, pueda yo levantar la cabeza, como tus fieles discípulos, que, llevándote ya en sus corazones, no temerán tu ira.

El año litúrgico (Adviento y Navidad)

3. Reflexión

A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío en Ti confío; no se avergonzado, ni se burlen de mí mis enemigos; pues cuantos en ti esperan, no quedarán confundidos. Muéstrame, Señor, tus caminos, y enséñame tus sendas.1

La liturgia del Adviento se abre con un grito de llamada: ¡Ven! Es el grito de los profetas de Israel al Mesías Redentor, cuya venida esperan con ansiedad.

Dios no se hace el sordo la voz de su pueblo. Cumpliendo la promesa de salvación que hizo a nuestros primeros padres a raíz de su caída, envía a su Hijo al mundo. Y la aplicación a todas las generaciones humanas de la redención, que nos ha adquirido con su pasión el Hijo de Dios hecho hombre, continua hasta el fin de los tiempos; no se terminará sino con la consumación del mundo, cuando vuelva el Mesías para coronar su obra y trasladarnos a su reino. Así, pues, la historia de la Iglesia se sitúa entre estos dos grandes acontecimientos.

Vigilad, dice el Señor. Con ello, no quiere decir únicamente: estad atentos a las celadas que os preparan; guardad el recuerdo de mis palabras. Quiere decirnos, además: Organizad vuestra vida; ocupaos santamente; cumplid vuestros deberes de cada día; imprimid a vuestros actos una dirección firme. Poned en orden vuestros negocios y preparad las cuentas que habréis de rendir.El discípulo que espera a su Maestro: he aquí el predestinado.

Más esta espera no deber ser una espera ociosa y pasiva, debe ser activa y fecunda en santas acciones. Fijaos en la comparación que pone el Señor: Un hombre que salió para un largo viaje dejó su casa y señalo a cada uno de sus criados lo que debía hacer, y mandó al portero que velase. La casa de qué habla Jesús es nuestra alma. Vigilemos; demos nuestras disposiciones. Hagamos de manera que nada pase en ella que no sea digno del Señor. Que nada entre allí de cuanto le desagrada; que no salga de ella ninguna de las cosas que quiere encontrar en su venida. Preparémonos para su regreso; no volverá más que una vez.

Orad, añade el Salvador. Debemos comprender más que nunca el papel de la oración en la salvación eterna. La oración mantiene despierta el alma a través de los peligros; santifica las horas de espera y dispone al Señor a volver en el momento más favorable y con las disposiciones más misericordiosas. Un alma que ora esta al abrigo de las sorpresas.

Con el Evangelio de hoy nos hace la Iglesia recordar el comienzo al comienzo del Adviento la segunda venida del Señor, objeto de nuestra actual esperanza.

4. Oración

Señor y Dios nuestro, al iniciar hoy el tiempo de Adviento, que predispone nuestras almas para acoger el misterio de la Natividad de tu Hijo amado; concédenos la gracia de que, del mismo modo que preparamos con alegría su primer advenimiento, también nos dispongamos dignamente para el segundo. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Rev. D. Vicente Ramón Escandell

1 Salm 24, 1-4

Evangelio del domingo: I Domingo Adviento

Pueden consultar el Evangelio en nuestra sección: Evangelio del Domingo

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna