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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Exorcismo: Lucha contra el demonio

PorMiguel Serafín

May 4, 2020
Exorcismo Lucha contra el demonio-MarchandoReligion.es

¿Recuerdan el exorcismo para liberar a Regan? De este tema y de otros relacionados nos habla esta semana nuestro articulista

Exorcismo: Lucha contra el demonio, un artículo de Miguel Serafín

El enemigo se encuentra a unos pocos metros arriba en la cima de la colina. Ha causado mucho daño y hay que acabar con él antes de que cause aún peores estragos. Estos dos soldados poseen la estrategia y dependen de su entrenamiento y del equipo con el que fueron adiestrados y que ahora han de utilizar: Una bayoneta de ataque, un par de granadas de fragmentación y de humo, un fusil y al cinto varios cargadores o magazines que insertarán en los fusiles cuando haya que reponer munición. Traen puestos la malla de camuflaje sobre sus cascos duros, pero no blindados para proteger sus cabezas. El de rango superior pide al otro ir por cargadores y por más granadas y una ametralladora que dejaron unos metros abajo de la escarpada y agrega: “pon la bayoneta en tu fusil porque tendremos lucha cuerpo a cuerpo.” Le pide que vaya por más armas de batalla.

Es una escena a la que estamos acostumbrados a ver en clásicos de batallas de la Segunda Guerra o Vietnam, protagonizados por estrellas conocidas como Clint Eastwood, John Wayne o el mismo Tom Hanks entre muchos otros.

Otra escena similar, pero en una batalla muy distinta se vio en El Exorcista (1973), cuando el padre Merrin (Max von Sydow) llega con su experiencia a ayudar al padre Karras (Jason Miller) para liberar a Regan (Linda Blair), una niña poseída por el demonio. La situación en mención se da en la noche, justo después de la escena que da origen a la famosa imagen publicitaria de la película, de la llegada del padre Merrin al pie de la casa que proyecta un fuerte halo de luz hacia la calle desde la ventana de Regan, considerando que la persiana de la ventana está cerrada.

El padre Merrin es recibido por la madre de Regan (Ellen Burstyn). El padre Karras sale semi encogido al vestíbulo al encuentro del padre Merrin cuando éste ya estaba preguntando por Karras. Los dos hombres se estrechan la mano; el padre Karras dice “es un honor conocerlo padre”, y mientras sus manos todavía se encuentran estrechadas, se escuchan espantosos gruñidos desde la planta superior procedente del demonio que posee a Regan alertando a estos dos soldados que la batalla no va a ser fácil porque el enemigo es muy fuerte y está dando su escalofriante grito de guerra.

Max von Sydow refleja en su expresión la preocupación del padre Merrin y la seriedad del caso. Sabe que tiene que actuar de inmediato. Interpelando al padre Karras le pregunta si está muy cansado. Karras contesta que no, y entonces Merrin le dice que vaya rápidamente a conseguirle una sotana, dos roquetes (sobrepellices), una estola morada, mucha agua bendita y el Ritual Romano. El veterano soldado envía al otro por las armas de batalla. Recordemos que la novela y el guion de la película El Exorcista escritos por Bill Peter Blatty están basados en hechos reales.

Ahora bien, regresemos a la situación original de los soldados que salen de su escondite y enfrentan al enemigo. Cuando entran en la contienda, sus fusiles se atascan, o los cargadores de balas no funcionan, ninguna de las granadas estalla o las bayonetas carecen de punta. Podemos decir que las armas fueron mal diseñadas, pero sobre todo podríamos decir que fueron diseñadas para el fracaso.

Es lo que Don Gabriele Amorth, el famoso y ya desaparecido (2016) exorcista del Vaticano decía refiriéndose al nuevo Ritual Romano de Exorcismos que fue dado a conocer en 1999, cuando se le preguntó:

Entonces, ¿quiere eso decir que el nuevo ritual es inutilizable en su lucha contra el demonio?

Sí, querían darnos un arma sin filo. Se han eliminado las oraciones eficaces, oraciones que tenían doce siglos de existencia fueron sustituidas por oraciones ineficaces”. (Enrevista de 30 Giorni, junio de 2000).

Don Amorth concedió esta entrevista a una publicación italiana llamada 30 Giorni que ya no está disponible, pero puede encontrarse la entrevista completa en varios medios.

El padre Amorth se quejaba de que cuando diseñaron el nuevo ritual, no consultaron a los exorcistas y que ninguno de los miembros de la comisión encargada de trabajar en el nuevo ritual era exorcista. Las quejas del padre Amorth fueron abundantes.

Ahora, lo que es necesario entender es si la comisión tenía algún interés de que su trabajo diera el mejor fruto contra el demonio, pues como dijo el propio padre Amorth “las comisiones han recibido con desdén las sugerencias que hemos dado. Todo este asunto es perverso”.

Pongámonos en perspectiva: El padre Amorth fue el más respetado y reconocido exorcista en todo el mundo por décadas. Se encontraba ubicado allí mismo en Roma y los encargados de producir un nuevo ritual de exorcismo no se toman la molestia de consultar ni al padre Amorth ni a ningún otro exorcista y nunca habían participado en exorcismos. Es como redactar un manual de auditoría en una compañía para evitar fraudes, y se lo encargan al jefe de recursos humanos. Y cuando el contable se da cuenta y hace sugerencias, el de recursos humanos le hace mala cara y lo ignora. Pero la cuestión es saber si alguien está planeando hacer un fraude, de tal modo que los procedimientos no detecten a tiempo los problemas, y todos se venga a descubrir cuando la empresa ya está hundida y los culpables se encuentren a miles de kilómetros con sus cuentas bancarias llenas en otros países.

A esta vida hemos venido a librar una batalla contra el demonio todos y cada uno de nosotros queramos o no admitirlo, desde el momento en que Adán y Eva decidieron desobedecer a Dios engañados por Satanás. Y es la Iglesia Católica la que está compuesta por soldados que deben ser activos en la lucha contra el demonio, aunque esa lucha no siempre se dé en el campo de las posesiones diabólicas y exorcismos. Entre más pronto aceptemos que existe esta lucha a muerte, mejor será para nosotros porque de nada valdrá decir yo no sabía.

Una de las estrategias más conocidas de los enemigos en una batalla es tratar de confundir al adversario con falsa información de su ubicación, haciéndolo sentir muy débil o por el contrario hacerlo ver muy superior para que baje la guardia y se descuide. También lo hace infiltrando y corrompiendo a los generales claves que toman decisiones de estrategia e incluso de diseño de armas. La Iglesia Católica se encuentra bajo dominio del enemigo. Entre más pronto lo aceptemos más pronto podremos decidir lo que debemos hacer buscando la ayuda directamente del cielo y teniendo mucho cuidado en seleccionar cuál es el sacerdote que nos puede guiar de verdad. Aquellos que nieguen la existencia del demonio, que eviten el tema o hablen con ambigüedades al respecto muy probablemente no serán buenos guías. Aquellos que cambien el sentido de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia cualquiera que sea, tampoco lo son.

Esta apostasía o negación de las verdades de fe está profetizada en la Biblia y en apariciones Marianas como las de Fátima en Portugal, La Salette en Francia y Akita en Japón (y muchas otras), las tres reconocidas por la Iglesia Católica. Ahora, preguntémonos qué dice el contenido de esas profecías y revelaciones de la Santísima Virgen; y si no lo sabemos es porque nuestros sacerdotes que cada año hacen peregrinaciones a Fátima no han hecho su trabajo. Sólo han ido de turismo, pero no cuentan claramente que la Virgen les enseñó a los tres pequeños pastores, la realidad del infierno que aterrorizó a los niños. Por lo tanto, el demonio sí existe porque infierno y demonio están asociados directamente. La misma Virgen da a los niños la jaculatoria tan conocida y que ahora rezamos después de cada misterio del Rosario “Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia”. Propongo como tarea averiguar sobre la profecía de La Salette, (repito aprobada por La Iglesia) que es muy dura y por eso no la mencionan, pero que San Juan Pablo II se refirió a ella, como “La Reina de las profecías”.

La apostasía, infiltración o mala formación de los líderes de la Iglesia es palpable en los cuatro puntos cardinales. Para la muestra, un botón: hace un par de días se hizo público la noticia de que fue elegido un nuevo arzobispo metropolitano y primado para Bogotá en Colombia, monseñor Luis José Rueda Aparicio. En entrevista con la cadena radial Caracol programa 6 a.m. un periodista le pregunta a monseñor Rueda refiriéndose a la pandemia por la que el mundo está pasando, que así como Dios está presente en la actividad humana ¿está el demonio también presente?; y monseñor responde con esta perla: “yo no es que crea mucho en el demonio, pero creo que la palabra demonio que viene de daimon [del griego] que son como esos dinamismos, esas fuerzas negativas existen…”. (Podcast Caracol 6 a.m., 27/04/2020, minuto 7:47).

Veamos como aborda el tema del demonio. Es evidente que no cree, pero no dice claramente “yo no creo”. Él no cree en el demonio, pero no está listo para decirlo abiertamente. Él “no cree mucho”, es decir el cree un poquito, cree a medias. Como en los viejos tiempos cuando se decía con humor sobre los embarazos, la chica llegaba a decirle a sus padres “estoy un poquito embarazada” queriendo decir no os preocupéis que es sólo un poquito. Se está o no se está embarazado, punto. Pues monseñor Rueda hace lo mismo, él no cree mucho, pero cree un poquito en el demonio. Él dice creer que el demonio son fuerzas negativas que “le quitan a uno el ánimo, que le quitan el buen genio, que le quitan la creatividad…” (minuto 8:15 de la misma entrevista).

Monseñor Rueda, tenga pantalones y sea claro, cree o no en algo tan importante como es el peor enemigo de la raza humana, y usted tiene un alto rango en la Iglesia Militante que Cristo fundó justo para defendernos de ese enemigo, así que por su rango las ambigüedades sobran. Los demonios no son simples fuerzas que quitan el buen genio y la creatividad.

Pero monseñor Rueda, muestra la verdadera cara tácitamente cuando sigue en su respuesta diciendo “…y no necesitamos exorcistas, necesitamos la decisión nuestra de decir yo camino con cristo…” (minuto 8:19).

Está claro que monseñor Rueda no cree en el enemigo, o el enemigo lo ha neutralizado cuando recibió su formación teológica-intelectual o trabaja para el enemigo.

Pero el caso de monseñor Rueda no es aislado; se da en todas partes del mundo y por eso es por lo que hoy no encontramos exorcistas en las diócesis, porque los obispos no creen necesario nombrarlos, porque no creen en el demonio o porque quieren dar vía libre a las fuerzas del mal para quienes trabajan, y por eso no es de extrañar que Don Gabriele Amorth haya hablado de perversidad cuando redactaron el Ritual de Exorcismo como arma sin filo. Si han sido capaces de crear armas ineficaces para la lucha cuerpo a cuerpo contra el maligno como es el caso de los exorcismos, imaginemos lo que han hecho en otros casos cuando la lucha no es tan frontal, sino que se presenta de manera más sutil, pues al demonio mismo no le interesa manifestarse frecuentemente en posesiones porque hace evidente su existencia.

Los cambios que hemos visto en los últimos cincuenta años han demostrado que no han venido a la Iglesia más fieles sino por el contrario los ha perdido bajo la bandera de hacer una Iglesia más cercana, en salida y menos rígida, y lo que han logrado es dar paso al modernismo que el papa Pío X temía y trató de prevenir con el juramento antimodernista, que fue anulado después del Concilio Vaticano II.

Y no solo eso cambió. Hemos notado cambios en las indulgencias, en las bendiciones, en los rituales o manuales, supresión de oraciones de exorcismo en el ritual de bautismo, nuevo código de derecho canónico, nuevo catecismo, cambios en las órdenes religiosas, pérdida en la devoción por la Virgen María (ni los curas rezan el Rosario), pérdida de devoción a los Santos, cambios del mobiliario en los templos, cruces modernas, cambio de misal, cambio de liturgia, desuso de la Plegaria Eucarística I (canon Romano), énfasis en el uso de la Plegaria Eucarística II que es más rápida, y más simple y a los curas les encanta porque terminan más pronto (tengo entendido que la Plegaria Eucarística II fue redactada en una Trattoria en Roma, pero no lo sé, si alguien me da una mano en esta investigación…), cambio en la música, cambio de orientación del sacerdote al celebrar, debilitamiento del papado haciendo énfasis en la colegialidad, exceso de uso de la misericordia y poco énfasis en la justicia y el esfuerzo, exceso de énfasis en la libertad y poco en la verdad, poca invitación a la penitencia, mortificación y arrepentimiento, y para no hacer más largo este rosario de cambios, podemos concluir con decir que ya no se habla en absoluto que nuestra vida es un combate espiritual contra las fuerzas del mal que nos atacan para aniquilar nuestras almas y llevarnos al infierno; y por ese combate espiritual que empieza al nacer, nos llamamos desde nuestro bautismo la IGLESIA MILITANTE. Pregunten a un católico promedio a ver que respuesta tiene con respecto a su misión militante de salvar su propia alma y la de otros.

Y todo este cambio ¿para qué?, para atraer menos.

El espíritu Santo no necesita guitarras y ablandamiento en las formas. Se ha demostrado que cuando hay esfuerzo y nos cuentan la verdad y la asumimos respecto al tortuoso tránsito de La Iglesia Militante, y lo transitamos, es cuando el Espíritu Santo se derrama en bendiciones con vocaciones y con más devotos como lo ha demostrado en las épocas de persecución. Cristo nos manifestó ese camino con su propia muerte en la Cruz y nos dijo “niéguese así mismo, tome su cruz y sígame”.

En esta época de Iglesias cerradas y cero Comunión y Confesión, los demonios hacen fiestas y tienen más libertad de acción. El mundo quedó casi por completo a merced del maligno al retirar a Cristo físicamente de nuestro planeta. Y necesitamos de Cristo porque para eso vino, y nos dijo que estaría con nosotros hasta el fin.

El demonio quiere ejercer su poder sin ningún obstáculo, y trata de pasar lo más desapercibido posible y le molesta que lo nombren.

Durante la producción de El Exorcista, ésta se vio afectada por hechos que no se han dado en otras producciones cinematográficas que se sepa: nueve muertes vinculadas a actores o familiares del equipo de trabajo. Entre ellas, Max von Sydow perdió a su hermano el primer día de trabajo y tuvo que volver a Suecia al día siguiente retrasando el rodaje. Jack MacGowran da vida al personaje de Burke Dennings. Dennings muere en la película rompiéndose el cuello al ser arrojado violentamente por la ventana del cuarto de la poseída, y MacGowran en la realidad muere de gripe dos semanas después de terminar de rodar su parte a los cincuenta y cuatro años. Y así otros siete casos de muerte tocaron la película. También se reportó un incendio sin causas aparentes.

Años más tarde en 2002, mientras se hacía la parte III (Exorcist: the Beginning), el director (John Frankenheimer) muere repentinamente de un derrame cerebral. Su reemplazo (Paul Schrader) abandona por no encontrarse satisfecho con la producción; y un tercero (Renny Harlin) es atropellado por un coche y casi muere también. Por otra parte extraños episodios sucedieron como el de la máquina de fax de la oficina de producción cuando rodaban en Marruecos, que se enciende sola y empieza a imprimir “línea tras línea el número 6”, según narra el productor (Wayne Morris).

Recordemos las palabras de San Pablo, “porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del mal que están en las alturas” (Ef 6, 12). Por eso siempre tratarán de ocultar esta realidad o minimizarla o edulcorarla; y nosotros contribuimos porque no queremos que nos hablen de ella porque tenemos miedo, como si congraciándonos con el enemigo fuera a ser más benévolo a la hora de arrastrarnos a la perdición eterna.

Pero no estamos solos. Contamos con Cristo que YA VENCIÓ al maligno y por ello dejó mandamientos y sacramentos para derramar su Gracia. Con mucha oración y penitencia es como podemos empezar a discernir y fortalecernos, pero hay que aceptar que estamos en guerra y que la mayoría de nuestros generales se han vendido al enemigo, y muchos que todavía no, trabajan inconscientemente para él al quedarse callados.

Miguel Serafín

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