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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Éxodo 14: El Faraón vs Dios; tu voluntad vs la de Él

PorMario Guzmán

Feb 28, 2022
Éxodo 14-MarchandoReligion.es

En nuestra sección A la luz de la Palabra ofrecemos distintas meditaciones a cargo de nuestros colaboradores laicos. Hoy, el Doctor Guzmán, nos acerca al pasaje del Éxodo 14

Meditación Éxodo 14: El Faraón vs Dios; tu voluntad vs la de Él. Un artículo del Dr. Mario Guzmán Sescosse

Quiero invitarlos a meditar en el siguiente pasaje de libro del Exodus:

El Señor habló a Moisés en estos términos: ‘Ordena a los israelitas que vuelvan atrás y acampen delante de Pihajirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal Sefón. Acampen a orillas del mar, frente al lugar indicado. Así el Faraón creerá que ustedes vagan sin rumbo por el país y que el desierto les cierra el paso. Yo, por mi parte, endureceré su corazón para que salga a perseguirlos, y me cubriré de gloria a expensas de él y de todo su ejército. Así los egipcios sabrán que yo soy el Señor”. Los israelitas cumplieron esta orden. Cuando informaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el Faraón y sus servidores cambiaron de idea con respecto al pueblo, y exclamaron: “¿Qué hemos hecho? Dejando partir a Israel, nos veremos privados de sus servicios”. Entonces el Faraón hizo enganchar su carro de guerra y alistó sus tropas. Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, con tres hombres en cada uno. El Señor endureció el corazón del Faraón, el rey de Egipto, y este se lanzó en persecución de los israelitas, mientras ellos salían triunfalmente. Los egipcios los persiguieron los caballos y los carros de guerra del Faraón, los conductores de los carros y todo su ejército; y los alcanzaron cuando estaban acampados junto al mar, cerca de Pihajirot, frente a Baal Sefón. (Exódo 14, 1-9)

Exódo 14

Imagina por un momento que eres un simple israelita, no Moisés, ni Aaron, sino un israelita que nació y vivió esclavo en el país más poderoso de la tierra y ahora tú sigues a tu gente que se han revelado contra el Faraón, en búsqueda de la libertad y de la tierra prometida. Y de pronto, el Faraón con todo su ejército se acerca para acabar contigo y con toda tu gente. ¿Cómo te sentirías? ¿Tendrías miedo? ¿No sabrías que hacer? ¿Te preguntarías si fue la idea correcta hacer enojar al Faraón y seguir a estos dos tipos que dicen hablar con Dios y que supuestamente les prometió una tierra maravillosa?

Pero hay algo más, el texto explica que Dios dijo «Yo, por mi parte, endureceré su corazón (el del Faraón) para que salga a perseguirlos, y me cubriré de gloria a expensas de él y de todo su ejército»… ¿Qué es esto? ¿Una broma? ¡Pobres israelitas! ¿Acaso son títeres de Dios? ¿Todo esto es para engrandecer el ego de Dios?

Cuando uno lee estas cosas, uno entiende porqué muchos no quieren ser amigos de Dios. Sin embargo, no es como podríamos creer, es algo extraordinario y profundamente amoroso.

Los israelitas, al igual que nosotros, tienen que aprender una profunda lección. No es el Faraón su señor, no es en él en quien deben de poner sus esperanzas, sino en Dios. Por cientos de años el Faraón ha sido quien los gobierna, quien los dirige y ellos han aprendido a someterse a él. Temor y seguridad han encontrado siendo esclavos del Faraón. Temor, porque saben de lo que es capaz y seguridad, porque saben lo que pueden obtener si siguen sus deseos. Y es justo ahí el peligro, pues mientras más siguen al Faraón más se alejen de Dios. Y lo mismo es para nosotros, mientras más seguimos nuestra voluntad, más nos alejamos de Dios.

La confianza que depositamos en nuestra inteligencia, en nuestras capacidades, en las relaciones que tenemos, en los títulos universitarios, en la cuenta de banco, y en que alcanzaremos nuestros sueños u objetivos en la vida son en realidad nuestra esclavitud faraónica, es creer que tenemos que seguir nuestra voluntad y no la de Dios. Que nosotros somos los que merecemos la gloria y no Dios.

Es por eso por lo que Dios decide endurecer, una vez más, el corazón del Faraón, para que los israelitas vean el problema en el que están metidos. Para ponerlo en perspectiva, es como si Estados Unidos decidiera ir con todo su ejército detrás de un grupo de itinerantes, o detrás de los menonitas. ¿Se imaginan el terror y la confusión?

Dios endureció el corazón del Faraón no para alimentar su ego, sino para darles una hermosa lección a los israelitas y esa es «cuando las cosas te parezcan imposibles necesitas ser humilde y decirme «yo no puedo, pero tú si puedes. ¡Señor, sálvame! (Mateo 14,30)»

Dios permite situaciones difíciles en nuestras vidas con un propósito, el de unirnos más y más a Él. Para que nosotros abandonemos nuestra voluntad en su voluntad. Para que nuestro ego se vea derrotado y podamos decir, “gracias, Dios mío, porque yo no hubiera podido con esto. La gloria es toda tuya”.

Hace 8 años mi familia y yo estuvimos en una situación así, estábamos como los israelitas. La situación era tan difícil que resultaba imposible para nosotros. Nuestras fuerzas, nuestra capacidad y nuestros recursos no eran suficientes, ni remotamente suficientes para hacer frente a las dificultades y los retos que se nos presentaban con la llegada de nuestro hijo con necesidades especiales en un país extranjero y sin nadie que supiera cómo tratar a mi hijo. Pero hoy, en retrospectiva, veo que Dios permitió todo eso para que mi esposa, mis hijos y yo nos volviéramos hacia él y le dijéramos «nosotros no podemos, pero tú si puedes ¡Sálvanos!». Y así lo hizo, no solo sacó adelante a mi hijo de su situación médica y nos proveyó de un techo, comida y un trabajo, lo más importante es que nos trajo cerca de Él, nos hizo ver que no es nuestra voluntad, sino la de Él la que importa. Que tenemos un Padre que cuida de nosotros, pero que nosotros hemos de actuar como sus hijos. Y si bien, somos más tercos (al menos yo lo soy) que los Israelitas y a veces queremos regresar con el Faraón o bailar con el becerro de oro, Él en su infinita paciencia y misericordia pone en nuestras vidas experiencias dolorosas y también maravillosas para que volvamos a Él.

Y lo mismo hace contigo, con todos nosotros. La historia del Éxodo, la salida de Egipto, la victoria contra el Faraón y la tierra prometida no son sólo hechos del pasado que nos hablan de por qué los israelitas fueron el pueblo elegido, sino que también son hechos del presente que nos hablan por qué tú y yo y todos somos los hijos elegidos de Dios aquí y ahora, pero falta que nosotros digamos «yo no puedo, pero tú sí. ¡Señor, sálvame!» Falta que decidamos ser hijos de Él.

Les envío un fuerte abrazo y si aún no adquieren mi libro sobre el evangelio de Lucas los invito a hacerlo en www.librolucas24.com y mi libro de la adolescencia en www.latransformaciondeladolescente.com

Por Mario Guzmán Sescosse

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Mario Guzmán

Dr. Mario Guzmán Sescosse es profesor e investigador de tiempo completo en Trinity Christian College en la ciudad de Chicago en EUA. Es doctor en psicología y cuenta con dos maestrías en psicología y psicoterapia, además de la licenciatura en psicología y estudios en filosofía. Es autor del libro "La Transformación del adolescente", de diversas obras científicas y capítulos de libro. Tiene más de 17 años de experiencia como terapeuta. Sus intereses académicos son psicología y religión, psicoterapia, psicopatología y desarrollo humano. Además, está casado y tiene 3 hijos junto con su esposa. https://www.drmarioguzman.com/