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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Luces en la noche. Al hilo de los recuerdos. Entrevista con Aldo María Valli

PorAldo Maria Valli

Abr 29, 2020
Entrevista con Aldo María Valli-MarchandoReligion.es

Luces en la noche. Al hilo de los recuerdos

Artículo original en https://www.aldomariavalli.it/2020/04/10/luci-nella-notte-sul-filo-dei-ricordi/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Queridos amigos de Duc in altum, he sido entrevistado por el profesor Giovanni Covino para el blog bricioledifilosofia. En el centro del coloquio se encontraban sobre todo los pontificados de san Juan Pablo II y Benedicto XVI, con algunas incursiones en el terreno filosófico. Os propongo aquí la entrevista.

A.M.V.


¡Duc in altum! ¡Navega hacia lo profundo!

Entrevista con Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli (Rho, 3 de febrero de 1958) es un periodista y ensayista italiano. Doctorado en Ciencias políticas por la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán con una tesis sobre Teoría y técnica de la información (dirigida por el profesor Angelo Narducci), en 1978 trabaja como publicista y en 1986 como profesional del periodismo. De 1980 a 1984 es redactor de la editorial Ares y de la publicación mensual “Estudios Católicos” [Studi cattolici], dirigida por Cesare Cavalleri. De 1984 a 1988 trabaja en la redacción de Avvenire, donde es nombrado director. De 1988 a 1995 trabaja en la sede de la RAI en Milán, primero como reportero, después como director, presentador del telediario radiofónico y del telediario regional, redactor experto en religión (especialmente sigue la actividad del cardenal Carlo Maria Martini) y sub-redactor jefe de la edición milanesa del telediario Tg3 nacional. Desde 1995 reside en Roma, participando en el telediario Tg3 nacional (primero como reportero, desde 1996 como experto vaticanista) y desde 2007 en el telediario Tg1, como vaticanista. Siguió al papa Juan Pablo II en unos cuarenta viajes internacionales y relató su agonía (abril de 2005) en largas crónicas especiales. Siguió todo el pontificado de Benedicto XVI y los primeros años del de Francisco. Desde enero de 2020 está jubilado. Dirige el blog Duc in altum.

Ha escrito libros sobre temas de religión, familia y medios de comunicación. Entre sus publicaciones se encuentran: Mi Karol (Ediciones Paulinas), Historia de un hombre. Retrato de Carlo Maria Martini (Ed. Àncora), Pequeño mundo vaticano. La vida cotidiana en la ciudad del Papa (Laterza), 266. Jorge Mario Bergoglio. Franciscus P.P. (Liberilibri), Cómo terminó la Chiesa (Liberilibri), El caso Viganò (Fede & Cultura), La última batalla (Fede & Cultura).

Dr. Valli, ante todo le agradezco esta entrevista. Querría comenzar nuestro encuentro partiendo de sus publicaciones. ¿A cuál de los numerosísimos libros que ha escrito se siente Ud. especialmente unido y por qué?

Los libros son un poco como los hijos: cada uno de ellos es único y especial. Aquéllos en los que me reflejo más son los últimos: 266, Cómo terminó la Iglesia, El caso Viganò, Una mirada en la noche, Claustrofobia, Desarraigados, ¿No nos dejes caer en la tentación? y Las dos Iglesias, además de la novela La última batalla. En mi vida religiosa e intelectual hay una línea divisoria: surge en 2016, con Amoris laetitia, y no es casual que los libros que acabo de citar fueran escritos después de dicha fecha. Son libros en los cuales, de un modo u otro, expreso mi perplejidad sobre la dirección tomada por la Iglesia católica bajo el pontificado de Francisco. Muchos dicen que del papa o se habla bien o no se habla en absoluto. No lo sé. Yo ciertamente no encuentro mucha satisfacción en subrayar todo lo que no va bien en esta Iglesia, todo lo que me hace sufrir y encuentro aberrante, pero, en cuanto bautizado, también advierto con fuerza la exigencia de testimoniar la Verdad y defender la verdadera fe. Sé que soy un pobre pecador y que tengo muchas limitaciones, pero trato de cumplir con mi cometido. Me estoy acercando a la vejez y querría poder decirle a Dios, cuando me llame ante sí, que he hecho cuanto podía para no dejar vencer al Enemigo.

Ud. siguió mucho al papa san Juan Pablo II. Seguro que pudo advertir aspectos, palabras, gestos particulares de Karol Wojtyła. ¿Nos puede decir algo sobre esta figura tan importante para la historia de la Iglesia y no sólo de ella?

San Juan Pablo II fue decisivo para mí desde que fue elegido. En 1978 tenía veinte años y estaba comenzando mi vida como profesional de la información y como joven adulto. Su invitación a no tener miedo y a ir contra corriente respecto a la mentalidad del mundo me tocó profundamente. La fidelidad en la unión matrimonial, la apertura a la vida, la coherencia cristiana, el diálogo entre fe y razón, el rechazo del pensamiento débil, el gusto por la búsqueda de la verdad: ésos fueron, en síntesis, algunos de los aspectos del magisterio de Juan Pablo II que dieron una impronta indeleble a mi vida. La Providencia después quiso que desde 1996 yo comenzara a ocuparme de aquel gran papa también com periodista, un don grandísimo y un honor por el cual nunca dejaré de dar gracias. Creo que para muchos de nosotros, me refiero a los de mi generación, Karol Wojtyła fue un maestro muy exigente, a veces hasta duro, pero importantísimo porque además nos impidió ser devorados por las modas culturales, por el espíritu del tiempo, por la droga, por el terrorismo. Habría sido muy fácil caer en la desviación y en la confusión, pero él nos tomó de la mano y nos condujo por el buen camino, por el del Evangelio. Indicó la ruta y lo hizo con credibilidad. Mi amigo Joaquin Navarro-Valls, que fue tantos años portavoz de Juan Pablo II, decía siempre en su italiano españolizante: “Este papa consigue hacer bella la virtud”. Y era así. Consiguió mostrarnos la belleza de las virtudes cristianas y con su propuesta nos conquistó.

Del magisterio de Juan Pablo II considero de particular importancia la encíclica Fides et ratio. Para un filósofo es, a mi juicio, un documento fundamental que enseña a conjugar el gusto por la investigación con la sabiduría que viene de la verdad de la fe. A dicho propósito, querría preguntarle: ¿cómo vive un periodista la fe en su ambiente de trabajo? ¿Qué dificultades encontró o encuentra?

Como he dicho, desde hace algunos meses estoy jubilado, pero puedo decir que en los largos años transcurridos en numerosas redacciones periodísticas no he tenido dificultad alguna. Siempre he manifestado mi fe de modo abierto, ciertamente sin ser agresivo o invasivo, mas sin ninguna autocensura. En cambio siempre he recibido respeto y consideración, incluso de parte de los que no tenían la misma visión de la vida que yo. Creo que es muy importante el comportamiento de cada día y las relaciones que se establecen con quien trabaja a nuestro lado. El periodismo no es un mundo fácil, caracterizado por fuertes tensiones. Hay también mucha competencia y en la televisión, en particular, todo se multiplica por mil. Esto no significa, sin embargo, que sea obligatorio ser un tiburón. Siempre hay espacio para la amabilidad, el altruismo, la corrección, una sonrisa. En cuanto a las ideas, cuando comprendí que las mías ya no estaban en sintonía con la línea editorial de la dirección de la que formaba parte (sucedió en el curso de 2016, en el telediario Tg1), me eché a un lado. No había alternativa. Pagué un precio elevado, desde muchos puntos de vista, pero la verdad importa más que todo lo demás: más que la carrera, más que las satisfacciones profesionales, más que la popularidad. Cuando llegó el momento de dar un paso atrás, pensé en mis casi cuarenta años de profesión y me dije: “Ok, Aldo, vete tranquilo, es la elección correcta”. La oración me ayudó muchísimo. Ahora me encuentro con una gran serenidad y no tengo remordimientos. El blog me tiene ocupado y por lo tanto continúo trabajando, aunque de forma bastante diferente respecto a cuando era el vaticanista del principal telediario italiano.

En uno de sus últimos libros afirma que el «papa Ratzinger continúa siendo, hoy más que nunca, una luz en la noche». ¿Por qué?

Nuestra noche es la noche de la razón y de la fe. Vivimos en un mundo vuelto del revés, en el cual quieren convencernos de que el mal es bueno, que lo feo es bello e incluso que ya no hay y no debe haber distinciones, ni siquiera entre macho y hembra, porque todo es líquido y aparente, porque el mundo de la sustancia está superado para siempre y lo único que cuenta es la maximización del placer a través de la autodeterminación. Joseph Ratzinger es quizás el último gran representante de una cultura de matriz cristiana y tomista que reconocía la objetividad del bien y del mal, invitaba a elegir, poniendo la razón al servicio de las virtudes, y recomendaba la búsqueda de la verdad objetiva como la única búsqueda que nos hace verdaderamente humanos. Fueron innumerables sus lecciones a este respecto. Recuerdo, en particular, la conferencia Europa en la crisis de las culturas (pronunciada en Subiaco el 1 de abril de 2005, pocos días antes de ser elegido papa); recuerdo la homilía de la Missa pro eligendo romano pontifice de 18 de abril de 2005 en la basílica de San Pedro, en la vigilia del cónclave del que saldría como pontífice; recuerdo el discurso Fe, razón y universidad pronunciado el 12 septiembre de 2006 en Ratisbona (y después vilmente instrumentalizado por los enemigos del papa y de la Iglesia para desencadenar un conflicto con el mundo musulmán); recuerdo también el discurso pronunciado en el Collège des Bernardins de París en 2008 con ocasión del encuentro con el mundo de la cultura. Son textos que serían releídos y meditados, junto con muchos otros. Pero temo que, día tras día, estemos perdiendo la capacidad de comprender y apreciar tales enseñanzas.

Mi blog se ocupa principalmente de filosofía. ¿Tiene un filósofo al que se encuentre particularmente unido? ¿Si es así, puede decirnos por qué?

Yo estudié Ciencias políticas, no Filosofía. Sin embargo, comprendo que la batalla por la verdad se juega principalmente en el terreno filosófico, y en este sentido estoy muy agradecido a pensadores como Josef Pieper, Cornelio Fabro, Augusto Del Noce, Robert Spaemann y Antonio Livi, sin olvidar al propio Karol Wojtyła. Hubo una relación intelectual fuerte con monseñor Livi, desaparecido hace poco, continuo defensor de la apología católica, de la metafísica tomista y de la racionalidad cristiana, contra el relativismo que se propaga ya incluso en el interior de la Iglesia. Sé bien que Livi fue severo con Joseph Ratzinger. Sobre este punto se puede discutir, pero ciertamente su contribución fue muy importante, un sólido punto de referencia católica en una época de desviación y de locura.

Entrevista a cargo de Giovanni Covino

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Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/