• Lun. May 23rd, 2022

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Meditación séptima palabra: «Señor, en tus manos encomiendo mi Espíritu»

PorMarchando Religion

Abr 13, 2022
Meditación séptima palabra Señor, en tus manos encomiendo mi Espíritu-MarchandoReligion.es

Les recordamos que en MR tienen las meditaciones de todos los viernes de Cuaresma. Hoy, finalizamos estas meditaciones con la séptima palabra: “Señor, en tus manos encomiendo mi Espíritu«

Viernes Santo. Meditación séptima palabra: «Señor, en tus manos encomiendo mi Espíritu»

Todos los años caemos de rodillas ante Ti, Divino Crucificado.

Pequeño extracto Meditación de Fr. A. Royo Marín sobre la séptima Palabra.1

«Señor, en tus manos encomiendo mi Espíritu »

(Lc. 23, 46)

Se acerca el desenlace supremo. Cristo ha pronunciado su consummatum est…

La Santísima Virgen María lo está presenciando todo y en aquellos instantes su corazón virginal experimenta una indecible angustia. Pero de pronto, nuestro Señor Jesucristo, levantando sus ojos al cielo clamó con una grande voz: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».

Y nos recuerda el teólogo que pronuncia ¡Padre!, ya no dice «Dios mío» como en la cuarta Palabra. Ahora es el Hijo otra vez. El mismo que en su primera palabra quiso conmover el corazón del Padre cuando pedía perdón por sus verdugos: «Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen». Ahora vuelve a pronunciar esta dulcísima palabra: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» Es decir, en tus manos entrego voluntariamente mi alma.

Y nos recuerda Royo Marín que la voluntad del Hijo estaba totalmente identificada con la voluntad del Padre. Eran dos personas, pero una sola esencia: «El Padre y Yo somos una misma cosa». Tú me mandaste morir en la cruz, y yo la acepté voluntariamente, con mi plena libertad identificada con la tuya. En tus manos encomiendo mi espíritu: te voy a entregar el alma. Dice el Evangelio que inclinó la cabeza y después murió.

Y al instante un terrible terremoto sacude la roca del Calvario. La cruz de Cristo se balancea violentamente por la tremenda sacudida. La gente huye alocadamente. El Centurión se golpea el pecho: «Verdaderamente éste era el Hijo de Dios»…Murió Jesucristo como Dios que era. Con una majestad imponente. La naturaleza entera se conmovió ante la muerte de Cristo…

Jesucristo murió. Y murió porque quiso. Voluntariamente, ya que tenía pleno dominio sobre la muerte…

La Virgen Santísima, modelo de dolor al pie de la cruz. Jesucristo, ya cadáver, acababa de consumar la redención del mundo. A María le faltaba todavía el tormento de su amarguísima soledad.

Y prosigue el teólogo:

Jesucristo: ¡qué Buen Pastor! ¡Qué Buen Pastor has sido! ¡Has sabido dar la vida por tus pobres ovejitas! Hace un rato te estaban provocando e insultando: «¿No eres tú el Hijo de Dios? ¡Baja de la cruz y entonces creeremos en ti!». Jesucristo; ¡qué bien hiciste en no bajar de la cruz!¡Pobrecitos de nosotros si llegas a bajar! Porque estaba predestinado por Dios que la redención del género humano no se consumase sino en lo alto de la cruz. ¡Tenías que morir en la cruz! Y en vez de mandar a la tierra que se abriese para hundir en el infierno a aquellos infames, pediste perdón por ellos, aceptaste en silencio aquel espantoso fracaso humano y no quisiste bajar de la cruz. Precisamente porque querías salvarnos a nosotros. ¡Muchas gracias, Señor, porque no bajaste de la cruz! Porque quisiste morir en ella, ¡muchas gracias. Señor! Y por ello cada año te recordamos con amor, y cada año te queremos más.

Señores, prosigue el teólogo, ¿quién de vosotros, los cultos, los eruditos, se acuerda de las últimas palabras que pronunciaron en este mundo Sócrates, Aristóteles, Platón… los genios de la humanidad?…Y sin embargo las Siete Palabras de Jesucristo en la cruz todos los años las recordamos con amor. Y todos los años caemos de rodillas ante Ti, divino Crucificado. Y cada vez te amamos más. Lo más grande, lo más limpio, lo más puro, lo más inmaculado del mundo ha caído siempre de rodillas ante Cristo.

Lo más grande que ha habido en la humanidad ha caído siempre de rodillas ante Ti, Jesucristo crucificado. Eres el más grande de los hijos de los hombres precisamente porque eres el Hijo de Dios.¡Si hasta en el odio satánico de tus enemigos se advierte tu divina y definitiva grandeza! Te odian tanto, Señor, porque eres tan grande, porque eres la figura cumbre de la humanidad. Por eso ellos te persiguen y por eso nosotros te adoramos y caemos de rodillas a tus pies. Pero nosotros, Señor, te adoramos porque eres el Hijo de Dios, porque eres la segunda Persona de la Santísima Trinidad hecha hombre, porque estás sentado a la diestra de Dios Padre y vendrás con gran poder y majestad a juzgar a los vivos y a los muertos. Jesucristo, ¡gracias por haber muerto por nosotros en la cruz!

También nosotros moriremos. Moriremos todos. Sin falta. Moriremos. Pero moriremos confiados, Señor, porque Tú has muerto antes por nosotros. Yo quiero morir como Tú, Jesucristo. Tú eres inocente, yo soy pecador. Pero Tú has muerto por mí y por lo mismo ya puedo levantar mis miradas al cielo y con el corazón confiado decir:«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y quiero morir, no solamente como Tú, Señor. Quiero morir contigo, quiero morir sintiendo tu Corazón palpitar junto a mi corazón. ¡Señor!, te lo pido en esta tarde del Viernes Santo, que a la hora de mi muerte me concedas la dicha inenarrable de recibir el Viático. Que pueda recibirte en mi alma, que pueda estrecharte junto a mi corazón, como Buen Pastor, momentos antes de comparecer delante de Ti como Juez Supremo de vivos y muertos.¡Ven a mi corazón. Señor! que reciba el Viático, que sienta palpitar tu Corazón lleno de amor junto a mi corazón moribundo. ¡Señor! quiero morir no solamente como Tú, sino contigo, presente en mi corazón.

Y Tú, Virgencita de los Dolores, Reina y Soberana de los mártires; Tú que eres mi Madrecita querida, Tú que tienes la obligación de tratarme como hijo. Aunque yo sea malo, Tú eres buena, Tú eres la Abogada y Refugio de los pecadores.

Madre mía querida, Mientras mi vida alentare, todo mi amor para ti.

Mas si mi amor te olvidare…

¡Madre mía. Madre mía!

Aunque mi amor te olvidare ¡tú no te olvides de mí!, que si Tú, Virgencita de los Dolores, Reina y Soberana de los mártires, si Tú no te olvidas de nosotros y vienes a la hora de nuestra muerte a recoger nuestro último suspiro, ya tenemos asegurada para siempre nuestra dicha y felicidad eternas.

Porque con tus manos virginales de Madre y de Corredentora nos llevarás hasta el trono de tu divino Hijo, y Tú le arrancarás aquella sentencia de vida eterna: «Bien, siervo bueno y fiel, porque fuiste fiel en lo poco, te voy a constituir sobre lo mucho: ¡entra para siempre, para siempre, en el gozo de tu Señor!»… Que así sea.

¡Todos de rodillas a los pies de Cristo crucificado!

Preparación de los textos: Grupo hijos de María.

1 La Pasión del señor o las Siete Palabras de Nuestro Señor Jesucristo en la
Cruz de Fr, A, Royo Marín O.P.

Les animamos a consultar nuestra sección de Teología y Espiritualidad

Nuestra recomendación externa: El Salvador de Toledo


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor

Marchando Religion

Marchando Religion. Redacción