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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Lamentable, ¿En qué han transformado la Santa Misa?

PorFirma invitada

Oct 28, 2019
En qué han transformado la Santa Misa-MarchandoReligion.es

Nuestro muy querido Juan Manuel nos permite publicar la carta que ha remitido a un responsable parroquial y con ella damos visibilidad a lo que está sucediendo en muchas parroquias, ¿En qué han transformado la Santa Misa? ¿Nuestros Obispos no se enteran o es que no quieren enterarse?

«Lamentable, ¿En qué han transformado la Santa Misa?», Juan Manuel Rubio

Estimado párroco:

En los últimos años acudo muy raramente a su parroquia, que también es la mía. Hoy, en la primera misa de la mañana, comprobé que no me pierdo nada.

Apareció el sacerdote sin casulla, nos saludó con un buenos días, dijo algo de los signos de los tiempos, omitió que Dios es todopoderoso, nos informó de que el pan y el vino habían sido elaborados con el trabajo de los hombres y las mujeres y tuvo a bien consagrar afirmando que Cristo derramó su sangre por toda la humanidad.

La omisión de la casulla es una falta de respeto a las normas litúrgicas, al sacrificio que iba a celebrar y a los fieles. Es una forma de minimizar la importancia de la misa, de convertirla en una cosa meramente humana de cierta campechanía en vez del acto supremo de culto a Dios. Yo también podría omitir parte de mi vestuario y acudir a misa en camiseta y calzoncillos, pero soy algo más respetuoso que ese celebrante.

Empezar con un “buenos días” es una forma de banalización, convertir la misa en un encuentro como otro cualquiera.

De mi parte puede decirle al celebrante que yo me considero suficientemente saludado, además de introducido en la celebración, si empieza por “En el nombre del Padre…” y continúa con un “El Señor esté con vosotros”.

La manía de muchos sacerdotes de sustituir lo de “Dios todopoderoso tenga misericordia de vosotros…” por fórmulas que cambian el “todopoderoso” por “misericordioso”, “bueno” y otros buenismos varios es una forma de omitir deliberadamente, y en cierto modo de negar por omisión, que Dios es, efectivamente, todopoderoso y de suscitar con ese reconocimiento una saludable humildad en nosotros.

Es lamentable el sometimiento de buena parte de la Iglesia, de la peor parte, claro, a la ideología de género.

Sustituir la fórmula litúrgica habitual: “… fruto de la tierra y del trabajo del hombre”, así, con el hombre como genérico para cualquier ser humano, por “… fruto del trabajo de los hombres y las mujeres” no es más que doblegarse a la imposición ideológica en este terreno. Cuando yo era niño las fórmulas como “Dios creó al hombre” o “… por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del Cielo…” se entendían y yo las entendía, siendo un simple niño medianamente bien catequizado, como referidas a todos los seres humanos sin distinción de sexo, edad y otras circunstancias. Veo que el nivel intelectual ha bajado tanto, al menos en el sacerdote celebrante de esta mañana, que lo que estaba al alcance de un niño ya no está al alcance de un adulto con estudios eclesiásticos.

Peor fue, porque en el peor de los casos hasta podría afectar a la validez, el cambiar la fórmula de la consagración del vino metiendo un “… que será derramada por toda la humanidad”. Como mínimo este cambio revela una soberbia notable en quien se cree facultado para consagrar como él quiera –aunque también podría ser que no crea en el Presencia Real y piense que no está consagrando nada- y una mala voluntad para no utilizar el “por muchos” que ha sido prescrito hace unos años en sustitución del “por todos” para ser más fieles al texto evangélico.

Una última consideración para ese celebrante y para usted como párroco responsable de la mala marcha de la parroquia. El sacerdote empezó diciendo que tenemos que estar atentos a los signos de los tiempos, pues ahí va uno: los fieles éramos ocho, más otro que llegó muy tarde. ¿No es eso un signo de los tiempos? Le aseguro que, en otros tiempos, los asistentes a la primera misa del día éramos bastantes más. Quizás crea ese celebrante, o crea usted, que lo están haciendo muy bien, que el hacer mangas y capirotes de las normas litúrgicas es el camino del futuro; pueden pensar que rendir pleitesía a los que imponen la ideología de género traerá el éxito y mandar a paseo a los que piensan como yo redondeará ese éxito.

Los resultados están a la vista, los signos de los tiempos los ven hasta los ciegos, no los ciegos voluntarios, claro.

En España la Iglesia ya es algo socialmente irrelevante, políticamente todavía más irrelevantes los católicos, que acelera hacía la extinción y ustedes parecen muy satisfechos. Yo no.

Juan Manuel Rubio

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