• Dom. Dic 5th, 2021

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SED IN ILLIS DIEBUS POST TRIBULATIONEM

Evangelio del día. Domingo XXXIII T.O. Santa Misa Novus Ordo

1. Relato Evangélico (Mc 13, 24-32)

Pasados aquellos días de tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no alumbrará. Y las estrellas del cielo caerán, o amenazarán ruina, y las potestades que hay en los cielos, bambolearán. Entonces se verá venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria. El cual enviará luego sus ángeles, y congregará a sus escogidos de las cuatro partes del mundo, desde el último cabo de la tierra hasta la extremidad del cielo.

Aprended ahora sobre esto, una comparación tomada de la higuera: cuando ya sus ramas retoñecen, y brotan las hojas, conocéis que está cerca el verano. Pues así también cuando vosotros veáis que acontecen estas cosas, sabed que el Hijo del hombre está cerca, está ya a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación, que no se hayan cumplido estas cosas. El cielo y la tierra faltarán: pero no faltarán mis palabras.

Mas en cuanto al día o la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo para revelároslo, sino el Padre.

2. Glosa de los Santos Padres: San Gregorio Magno (540-604) y Teofilacto de Ohrid (1055-1107)

Entonces si alguno os dijere: Ve aquí el Cristo, o vele allí, no le creáis; porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, los cuales harán alarde de milagros y prodigios para seducir, si se pudiese, a los mismos escogidos… << ¿Cómo, pues, se dice si ser pudiese en sentido de duda, siendo así que sabe el Señor todo lo que ha de suceder? Porque una de dos: o son elegidos, y entonces no puede ser; o no son elegidos, y entonces sí puede ser. Por tanto, esta duda reflejada en la palabra del Señor expresa el temor de los elegidos, a los que llama así porque ve que persisten en las buenas obras. Porque los que son elegidos para que persistan, verán los prodigios con que los predicadores del Anticristo los tentarán para hacerlos caer.>> (Homilía sobre el Profeta Ezequiel, 9)

Mas en cuanto al día o la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo para revelároslo, sino el Padre. Queriendo impedir el Señor que le preguntasen sus discípulos sobre el día y la hora, dijo: «En cuanto al día o a la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre». Si hubiere dicho que lo sabía, pero que no quería revelárselo, los hubiese entristecido en extremo. Pero obró más sabiamente añadiendo, para que no le importunasen insistiendo sobre la misma pregunta: Ni lo saben los ángeles del cielo, ni yo. (Catena Aurea)

3. Reflexión

En este discurso que hemos escuchado, se describe, con expresiones del genero apocalíptico, la situación en que queda la comunidad cristiana después de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Es una comunidad de elegidos, de salvados. La vida de estos consagrados de todas partes del mundo se caracteriza por una tensión de esperanza en la vuelta del Señor.

Pero, elevemos ahora nuestros pensamientos hacia el porvenir de que nos habla Jesús. Él mismo nos transporta anticipadamente al final de los tiempos.

Acaba de dar la hora del último triunfo; somos llamados al tribunal del Hijo de Dios. Saludemos la Cruz; ella es, más que nunca nuestra única esperanza.

Nuestro lugar está señalado a los pies del Juez, bajo los resplandores de su gloria. Dejemos que esta luz divina penetre hasta lo más recóndito de nuestros pensamientos, de nuestros afectos, de nuestras obras, de nuestra vida entera. He aquí la luz a cuya claridad seremos juzgados.

¿Cuál es la sentencia que merecemos? El Juez que va a fallar sobre nuestra suerte eterna es un Juez severo. Sus sentencias son inapelables. En este ultimo día no puede dejar de ser inexorable.

Acostumbrémonos a temer a un Dios que entonces será también severo en juzgar cuanto más dispuesto se muestra actualmente a perdonar. Ya que estamos aún a tiempo, pidámosle un supremo aplazamiento, a fin de sustraernos a la irremediable confusión que amenaza al pecador. La consumación o vuelta del Señor se da para cada uno a la hora de la muerte: consumación de nuestra temporalidad.

Congreguémonos a la gloria de Aquel Salvador tan misericordioso, gracias a cuyos méritos podemos esperar que aquel día de ira se convierta para nosotros en la más hermosa de nuestras fiestas.

4. Oración

Señor y Dios nuestro, que viniste al mundo para traer el perdón y que volverás a él para traer la justicia, ten misericordia de nosotros y del mundo entero; borra con tu poder nuestros pecados y concédenos, llegado el día de tu Venida gloriosa, poder participar del gozo eterno de tu Gloria. Que vives y reinas. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

Rev. D. Vicente Ramón Escandell

Evangelio del domingo: Domingo XXXIII T.O

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna