• Lun. May 23rd, 2022

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Domingo III de Pascua. Misa N.O

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Pasce oves meas

Domingo III de Pascua (Año C). Misa Novus Ordo. D. Vicente Ramón Escandell

1. Relato Evangélico (Jn 21, 1-19)

Después de esto se apareció Jesus a los discípulos junto al mar de Tiberíades, y se apareció así: Estaban juntos Simón Pedro y Tomás, llamado Dídimo; Natanael, el de Cana de Galilea, y los de Zebedeo, y otros dos discípulos. Díjoles Simón Pedro: Voy a pescar. Los otros le dijeron: Vamos también nosotros contigo. Salieron y entraron en la barca, y en aquella noche no cogieron nada. 4 Llegada la mañana, se hallaba Jesús en la playa; pero los discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús.

Díjoles Jesús: Muchachos, ¿no tenéis en la mano nada que comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis. La echaron, pues, y ya no podían arrastrar la red por la muchedumbre de los peces. Dijo entonces a Pedro aquel discípulo a quien amaba Jesús: ¡Es el Señor! Así que oyó Simón Pedro que era el Señor, se ciñó la zamarra—pues estaba desnudo— y se arrojó al mar. Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino como unos doscientos codos, tirando de la red con los peces. Así que bajaron a tierra, vieron unas brasas encendidas y un pez puesto sobre ellas y pan. Díjoles Jesús: Traed de los peces que habéis cogido ahora. u Subió Simón Pedro y arrastró la red a tierra, llena de ciento cincuenta y tres peces grandes; y con ser tantos, no se rompió la red. Jesús les dijo: Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Tú quién eres?, sabiendo que era el Señor. Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio, e igualmente el pez. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitado de entre los muertos.

Cuando hubieron comido, dijo Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Él le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Díjole: Apacienta mis corderos. Por segunda vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Por tercera vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntase: ¿Me amas? Y le dijo: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Díjole Jesús: Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: Cuando eras joven, tú te ceñías e ibas a donde querías; cuando envejezcas, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras. Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Después añadió: Sígueme.

3. Comentario espiritual: Dom Columba Marmion, OSB (1858-1923)

LA IGLESIA LLAMA “SANTA” LA RESURRECCION DE JESÚS

¿Por qué (…) se llamará santa la resurrección con preferencia a cualquier otro misterio de Jesús? Porque en este misterio es donde Cristo parece poner de manifiesto las condiciones y elementos constitutivos y formales de la santidad humana, la cual halla en Cristo su fuente y su modelo; porque si por su vida es el camino (Jn 14, 6) y la luz (Jn 8, 12), y nos dé ejemplo de todas las virtudes compatibles con su divinidad, lo es más todavía en su resurrección, donde se muestra el ejemplar acabado de santidad.

¿Cuáles son los elementos constitutivos de la santidad? Pueden reducirse a dos: alejamiento de todo pecado, desapego de toda criatura y adhesión total y estable a Dios.

Ahora bien, esos dos caracteres se dan en la resurrección de Cristo en un grado eminente y nunca visto antes de aquella; pues, aunque el Verbo encarnado fue durante toda su vida el “santo” por excelencia, se revela sobre todo bajo este aspecto con deslumbradora claridad en su resurrección.

Jesucristo en sus misterios, XV.

3. Reflexión

Toda la tierra está llena de la misericordia del Señor, aleluya; la palabra del Señor ha hecho los cielos, aleluya, aleluya. Regocijaos, juntos, en el Señor; a los rectos de corazón conviene alabarle1.

El aprisco de Cristo es la Iglesia. En su seno nos prodiga su vida por medio de los sacramentos; su palabra, por las enseñanzas que ella nos da, y todas las riquezas de su gracia para iluminar nuestro camino y sostener nuestros pasos en nuestra marcha hacia el cielo; por medio de ella ejerce cerca de nosotros el papel de único pastor.

Volvamos nuestra mirada al Lago de Tiberíades, a Jesús y a Pedro perdonado. Él invita al apóstol perdonado al trabajo apostólico. ¿Cómo vas a demostrarme que me amas más que los demás? Yo creo en tú amor, más este me da derecho a disponer de ti según mi beneplácito, a exigirte más que a los demás. ¿Estás dispuesto? Y el corazón de Pedro sigue respondiendo: ¡Oh sí, Señor! Tú lo sabes perfectamente.

¿Qué responde Jesús? Habría podido decir: Ya que me amas más que los demás, practicaras penitencias más duras; ayunaras todos los días a pan y agua; dormirás sobre duro suelo. Hay, no obstante, algo mejor que esto: ¡Apacienta mis corderos, exclama el Salvador del mundo; apacienta mis ovejas!

Ya que me amas más que los demás, yo te recomiendo a mis escogidos. Pongo en tus manos la dirección de todo mi rebaño. Trabaja denodadamente por mis intereses; te los confío como premio de tu amor. Ya que me amas, puedo volver tranquilo al cielo. Mi obra está completa, puesto que me has dado tu corazón. No tendré que temer por mi grey, puesto que no faltara quien guarde el aprisco. Mi Iglesia ira en aumento, puesto que para guardarla cuento contigo.

He aquí lo que significan las palabras de Jesús a Pedro. Y Pedro las interpreta en este sentido; y no se cansa de responder: ¡Oh, sí, Señor! Si, Señor, yo os amo; y porque os amo me consagrare totalmente a los que deseáis salvar. Por amor vuestro renunciare a mí mismo para trabajar por ellos; seré del todo suyo porque soy del todo vuestro. El amor que os profeso constituirá toda mi fuerza, como constituye toda mi vida.

Así se expansiona el corazón del discípulo ante el Corazón del Maestro. Hagamos nuestros sus sentimientos, excitando en nosotros el deseo de ser útiles a Jesucristo y a su Iglesia.

4. Oración

Señor Jesucristo, que perdonaste a Pedro su culpa y le encomendaste el cuidado de tu Iglesia; sigue velando por ella y ayuda en su misión a quienes nombraste pastores de tu Iglesia. Que vives y reinas. Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

Rev. D. Vicente Ramón Escandell

Domingo III de Pascua (Año C)

1 Sal 32, 5-6,1

Pueden consultar el Evangelio en nuestra sección: Evangelio del Domingo

Nuestra sección destacada: A la luz de la Palabra

Nuestra recomendación externa: El Salvador de Toledo


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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna