• Sáb. Nov 27th, 2021

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Domingo de Quasimodo

PorPadre Ricardo Ruiz

Abr 28, 2019
Meditación del Evangelio. Cuaresma-MarchandoReligion.es

Evangelio del Domingo. Domingo de Quasimodo. Santa Misa Tradicional

Evangelio según San Juan, XX

En aquel tiempo: Aquel mis­mo día, primero después del sábado, siendo ya tarde y estando cerradas las puertas de la casa  en donde se ha­llaban juntos los discípulos por miedo a los judíos, vino Jesús y, puesto en medio de ellos, les dijo: ¡La paz sea con vosotros! Dicho esto, mostróles manos y costado. Llenáronse de gozo los discípulos al ver al Señor.

Díjoles de nuevo: ¡La paz sea con vosotros! Como mi Padre me envió,  así también yo os envío. Dichas estas palabras, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. Se perdonarán los pecados a aquéllos a quienes los perdonéis; y se les retendrán a aquellos a quienes se los retengáis.

Pero Tomás, uno de los doce,  llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Dijéronle pues, los  otros discípulos Hemos visto al Señor. Mas él contestó: Si no veo en su manos la hendidura de lo clavos y meto  el  dedo  en el agujero de sus clavos, y mi mano en su costado, no lo creeré. Y al cabo de ocho días estaban otra vez sus discípulos dentro, y Tomas con ellos.

Vino Jesús estando cerradas las puertas, y, puesto en medio de ellos, les dijo:’ La paz sea con vosotros. Y después, a Tomás: Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; trae tu mano, métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino fiel.  Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dio mío! Respondióle Jesús: Por que me has visto, Tomás, has creído: Bienaventurados los que, sin haber visto, han creído.

Otros muchos milagros hizo Jesús ante sus discípulos, que no están escritos en este libro. Mas éstos se han es­crito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, ten­gáis vida en su nombre.

Domingo de Quasimodo ó in albis. Meditación

En este domingo después de Pascua el Evangelio está lleno de varios mensajes con un significado profundo y varias enseñanzas, como es habitual en las enseñanzas de Nuestro Señor. ¿Somos capaces de verlas y meditarlas? ¿o las escuchamos para olvidarlas rápidamente como si de realidades superfluas se tratase?

No olvidemos que la mayoría de las veces en que lamentamos no poder comprender los Evangelios, es precisamente por qué no los conocemos y nos olvidamos de sus diversas partes, las cuales constituyen siempre un todo con el resto de la Biblia. Es por ello que si no se conoce y se la lee habitualmente, es una de las causas por las que no se puede comprender en ella el mensaje que Dios nos quiere transmitir para nuestra salvación.

Narra hoy el Evangelio de San Juan que estando las puertas cerradas entró Jesucristo donde se encontraban sus Apóstoles. Esto da lugar al profundo comentario que hace el Papa San Gregorio el Grande, sobre el nacimiento de Jesucristo de una manera sobrenatural cuando nos comenta:
*“Si Jesucristo fue capaz de atravesar en varias ocasiones los muros de piedra para visitar a sus discípulos, ¿Cómo no iba a tener el poder de atravesar, sin tocar el vientre de su madre el día de su nacimiento, como la luz que atraviesa el cristal, sin tocarlo ni mancillarlo?”

Aunque ello no sea un dogma de fe es una consideración de gran importancia, y más cuando procede de la parte de un Padre de la Iglesia, Santo y sabio.

Se les apareció, y lo primero que les dice es «que la paz sea con vosotros», mostrándoles las llagas de sus manos pies y costado. Recordemos que Él nos ofrece la paz pero no la paz como la da este mundo, una paz puramente humana, una paz aparente, una paz que no viene de la conciencia tranquila por cumplir sus obligaciones con Dios; Él habla de la paz del cielo, de la paz que del alma que está en estado de gracia, es por ello que en otro pasaje nos ha dicho claramente: «Yo os doy la paz pero no la paz como la da este mundo«. San Juan, XIV, 27.

Esta es la razón por la cual inmediatamente después de ofrecerles a sus discípulas, la paz, les muestra las llagas de su cuerpo, las llagas de la pasión; porque era imposible encontrar la paz para los hombres sin la gracia de la redención obtenida por medio de su pasión, de su martirio, de ahí, que si no queremos unirnos a su pasión ofreciendo nuestros sufrimientos personales, nunca podremos obtener una paz verdadera en nuestras vidas y en nuestros corazones.

Esta es la razón por la cual los santos, a pesar de que sufrían soledad, persecución y calumnias, siempre se les veía con una gran serenidad y paz interior. ¿La razón? porque continuamente estaban ofreciendo sus sufrimientos a Jesucristo y uniéndose a su pasión.

En una de sus visiones Ana Catalina Emmerick pudo ver a Santa Inés en los terribles sufrimientos de su martirio, sangrando y siendo torturada terriblemente. La beata le pregunta a Santa Inés, qué cómo era posible , sufrir con tanta paz y resignación. Santa Inés le respondió: “cuándo sufres y ofreces por Jesucristo, el sufrimiento se vuelve dulce.“

Cuando los discípulos vieron a N. S. Jesucristo, entonces se llenaron todos de gozo. Observemos que el Evangelio utiliza la palabra gozo y no el término alegría. La alegría puede ser algo puramente humano y carnal, la alegría de algo superficial, la alegría de una fiesta; pero no necesariamente hace relación con una realidad espiritual.

Cuándo se habla de gozo, es un término qué refiere a una realidad más alta más noble más elevada, es un gozar espiritual. Es por ello que esta diferencia está muy bien plasmada en los términos latinos Gaudium y Laetitia, que tienen una diferencia y un matiz muy diferente.

Consideremos por ejemplo la oración tradicional en la cual siempre se reza oficial y públicamente por el Papa, en la cual se ruega a Dios por su Pontífice implorándole: «Et beatum faciat eum in terrra», que se traduce : “Que el Señor lo haga bienaventurado en la tierra.” Algunos misales modernos han hecho una traducción incorrecta: “Que el Señor lo haga feliz en la tierra…” ; ya que no es para nada lo mismo decir bienaventurado que decir feliz. ¿De que nos serviría un Papa que es feliz de una manera puramente humana y terrenal, si no es bienaventurado y Santo?

Es importante traducir el Evangelio con gran respeto y precisión ya que la semántica de las palabras nos puede transmitir realidades y conceptos muy diferentes u opuestos, que no tienen nada que ver con el mensaje espiritual que se nos quiere hacer llegar. De esta realidad, nace la advertencia con gran gravedad, que San Juan nos hace en el libro del Apocalipsis: “Quien se atreva a cambiar una sola palabra de estas revelaciones, será borrado del libro de la vida.” Apocalipsis, XXII, 19.

El Evangelista es consciente de que algunos por hacer más dulce, fácil y por modernizar el Evangelio, no les importa tener la osadía y el orgullo de cambiar las mismas palabras de N. S. Jesucristo. Es por ello que debemos que tener tanto cuidado con supuestas “traducciones” modernas de la Biblia, incluso aunque tengan «aprobación eclesiástica». Cada vez es más frecuente ver cómo los obispos ‘modernizados’, confían las traducciones de libros sagrados, de textos litúrgicos a señores que presumen de teólogos pero que ya no tienen la fe católica.

Una vez que les ha ofrecido la paz, les entrega un poder y una misión que ha sido una de las más grandes transformaciones para este mundo y su futura Iglesia: les da el poder de perdonar y retener los pecados en la confesión.

Sopló sobre ellos diciéndoles, recibid el Espíritu Santo, quedan perdonados los pecados a aquellos a quienes los perdonéis; y quedan retenidos a los que se los retengáis.” San Juan, XX, 22.

Con estas palabras literales del evangelio, los luteranos no pueden más defender su opinión de que la Confesión Sacramental «fue una invención de la Iglesia en los siglos posteriores», y ‘que no tenía nada que ver que ver con el relato de los Evangelios’. Esos textos prueban que Lutero ha mentido conscientemente.

Posteriormente llega el relato del discípulo incrédulo, Santo Tomás, el cual se resiste a creer en la resurrección de su maestro; es el típico racionalista que se resiste a creer si no ve, si no se le presentan las pruebas, quiere saberlo todo, cotejarlo todo, quiere explicaciones de todo y con detalles.

Muchos en la vida hemos pasado por este estado de escepticismo e incredulidad, provenientes del orgullo y de la soberbia del hombre ignorante. Y a menudo Dios nos hace cambiar con toda paciencia y humildad, ya que se rebaja hasta nosotros, nos espera y cuando llega el momento, nos muestra sus llagas para qué las toquemos, las veamos y las pruebas sean tan abrumadoras; que ya no nos queda otra opción sino solo decirle ¡Señor mío y Dios mío! Esas llagas son a menudo nuestras propias miserias, enfermedades curadas y los milagros de nuestra conversión o la de algún ser querido o conocido que hemos experimentado muy de cerca, que nos ha conmovido tanto, que nos ha hecho cambiar de vida cayendo ante los pies del Señor, al igual que su apóstol.

Pero en ocasiones la falta de fe se debe sencillamente a la falta de honestidad:

En una ocasión un amigo le confió al famoso Pascal, «Si yo tuviese fe, sería un hombre de conducta ejemplar.» A lo que Pascal respondió: «Pues procurad ahora mismo tener esa conducta ejemplar y un día terminarás por tener Fe

Ver a un crucificado resucitado no tiene explicación alguna, no es ‘lógico’, no es racional para el racionalista, no es creíble para el espíritu orgulloso.

Solo en este sentido se pueden comprender las palabras del Apóstol de los gentiles que nos conminan a creer con más mérito y bendición, precisamente cuando es más difícil creer : “Hay que saber creer, contra toda esperanza.” San Pablo, Romanos, IV, 18.

Es más meritorio creer cuando no hay evidencia física, cuando no parece que vendrá alguna solución y cuando todo es contrariedad.
Es por ello que se le dijo a Santo Tomás: “Porque has visto has creído; pero bienaventurados lo que creen sin haber visto.“ San Juan, XX, 29.

Para los espíritus orgullosos y no creyentes, todo eso les parece como un insulto a la razón. Pero la fe, no consiste en que Dios nos pida lo irracional, sino más humillar nuestra razón bajo su confianza; por ello la Esperanza es una virtud teologal, imprescindible para la salvación, porque es una virtud teologal.

Si la fe puramente humana que nosotros sabemos dar a nuestros padres, amigos o cónyuges, es válida y respetable; ¿por qué la fe divina que Dios se merece, va a ser menos aceptable que la fe humana?

Quien crea en mi, brotaran de lo más profundo de su ser, manantiales de agua viva.” San Juan, VII, 38.

Ave Maria +

P. Ricardo Ruiz Vallejo +

Esperamos que la meditación del Domingo de Quasimodo les reporte innumerables bienes espirituales.

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.