• Dom. Dic 5th, 2021

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Disputa con rabinos y herejía de un cardenal

PorAldo Maria Valli

Sep 22, 2021
Concilio Vaticano I-MarchandoReligion.es

La actualidad de la Iglesia de la mano de nuestro vaticanista

Bergoglio, disputa con rabinos y herejía de un cardenal.  Un artículo del blog de Aldo María Valli

Artículo original: https://www.aldomariavalli.it/2021/09/17/bergoglio-la-disputa-con-i-rabbini-e-uneresia-del-cardinale/

Traducido al español por Miguel Toledano para Marchando Religión

Tras una catequesis del Papa Francisco, el rabino Rasson Arousi, presidente de la Comisión del Gran Rabinato de Israel para el diálogo con la Santa Sede, escribió una carta de queja al cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, encargado de las relaciones con el judaísmo.

El cardenal Koch le respondió el 3 de septiembre de 2021 para explicarle las palabras del Papa. En particular, señaló que «la perenne convicción cristiana es que Jesucristo es la nueva vía de salvación. Sin embargo, esto no significa que la Torá se vea disminuida o deje de ser reconocida como ‘camino de salvación para los judíos’».

Sin embargo, este pasaje contiene una herejía, porque es dogma de la fe católica que la Ley mosaica ha sido abrogada. Esto exige una explicación precisa.

La ley mosaica, destinada a desaparecer ante la ley cristiana, fue abrogada sólo parcialmente; y esta abrogación se realizó sólo gradualmente. Entonces, ¿cuándo dejó de estar en vigor la ley de Moisés? ¿Y cuándo se hizo innecesario o incluso se prohibió su cumplimiento?

¿Cómo fue abrogada la Ley mosaica?

La Ley se compone de tres partes: la ley civil de Israel, la ley litúrgica y la ley moral.

La ley civil de los judíos

Esta ley constituía al pueblo elegido a fin de preparar la venida del Mesías, preservando la revelación de que Jesucristo vendría a dar cumplimiento a las profecías que encontrarían su cumplimiento en él.

A partir de entonces, tras la venida de Jesucristo, el pueblo de Israel ya no tenía razón de ser: no tenía más remedio que fundirse en aquel nuevo pueblo prometido a Abraham, que todas las naciones estaban llamadas a constituir: la Iglesia de Cristo, único pastor de este rebaño universal.

Esta sociedad católica ya no está formada por los circuncisos, sino por los bautizados, y su ley es la de Cristo, heredera de la asistencia divina antes reservada sólo al pueblo de Israel (Mt 28: 19-20).

La ley litúrgica o ceremonial

El culto de los judíos comprendía como elementos esenciales los siguientes: la tribu de Leví; el templo de Jerusalén; las víctimas que allí se ofrecían; finalmente, el sentido figurado y profético inherente a estos sacrificios como a todos los demás ritos o ceremonias de este culto.

Ahora bien, conforme a Ml 1: 11, el sacerdocio levítico fue transmitido a los gentiles. Y de acuerdo con Dn 9: 24-27, el templo de Jerusalén había de ser destruido y así sucedió. En lugar de las víctimas asesinadas en Jerusalén, debía hacerse una oblación pura a Dios en todos los lugares del mundo (Ml 1: 11).

Finalmente, las figuras de la antigua alianza anunciaban el día en que, obradas en Jesucristo y su Iglesia, las realidades presentes ya no podían seguir significando realidades futuras. Por lo tanto, toda esta legislación ceremonial tenía que dar paso necesariamente al nuevo culto instituido por Jesucristo.

La ley moral

Bajo el nombre de ley moral mosaica se comprenden todas las prescripciones de derecho natural contenidas en ella y especialmente el Decálogo, salvo el precepto relativo a la observancia del sábado, que es de derecho positivo, es decir, decretado por una especial voluntad divina.

El objeto de esta ley moral era evidentemente obligatorio antes de Moisés y no ha dejado de serlo hoy, a pesar de la nueva promulgación a cargo de Jesucristo.

Además, Jesús no sólo guardó el Decálogo; sino que lo confirmó y perfeccionó tanto al explicarlo (Mt 5) como por medio de los consejos evangélicos; y le añadió el peso de su autoridad divina, las razones por las que lo propone a nuestra obediencia, así como la gracia para llevarlo a cabo.

¿Cuándo se abolió la Ley de Moisés?

La nueva ley es el nuevo testamento instituido por Jesucristo y destinado a sustituir el de la ley antigua. Para derogar la ley anterior, el Nuevo Testamento tenía que ser establecido a la muerte de Jesucristo (Heb 9: 16-17) y posteriormente promulgado. Dicha promulgación tuvo lugar el día de Pentecostés: sólo en esa fecha la antigua ley llegó a su fin, perdiendo toda fuerza vinculante.

Después de Pentecostés, la observancia de ciertos ritos mosaicos siguió siendo lícita durante algún tiempo, pero ya no podían considerarse necesarios para la salvación. Así, san Pedro y san Pablo realizaron ocasionalmente algunos de estos ritos.

Pero ambos apóstoles estaban de acuerdo en que dichos ritos no eran necesarios. En el Concilio de Jerusalén, reunido para tratar esta cuestión, san Pedro demostró que los gentiles se salvaban sin la Ley mosaica, por la gracia de Jesucristo (Hch 15: 7-21). San Pablo (Gál 2: 16) dice lo mismo.

San Agustín explicó que esta tolerancia provisional fue una última honra fúnebre otorgada a la sinagoga que desaparecía. Sin embargo, esta tolerancia debía finalizar: cuando la difusión del Evangelio había realizado plenamente el nuevo orden de cosas previsto y representado por la antigua ley, ésta ya no podía ser observada sin error.

Por lo tanto, se prohíbe: 1. realizar las ceremonias judías para honrar a Dios, excepto las que no son estrictamente judías tales como el incienso, pero se prohíbe la observancia del sábado o la circuncisión; 2. observar los preceptos mosaicos de orden civil, dándoles el especial significado religioso que tenían en la ley de Moisés.

En ambos casos, observar la ley mosaica sería afirmar que Jesucristo aún no ha venido. Hay una diferencia entre los preceptos civiles y los ceremoniales. Los primeros tenían como objetivo, sobre todo, el bien social de los judíos; las figuras añadidas eran separables; éstas últimas, por el contrario, no tenían otra razón de ser que significar la futura venida del Mesías.

La Sinagoga está representada a la derecha de la Gran Puerta de Notre-Dame de París. Obsérvese su corona en el suelo, su lanza rota, el yugo, las Tablas de la Ley que deja caer y la serpiente que actúa como venda.

La abrogación de la ley mosaica es dogma

Este dogma no tardó en surgir cuando los gentiles se adhirieron a la religión cristiana. El capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles revela que en Antioquía se produjo una acalorada discusión acerca de los gentiles: ¿Debían someterse a la ley de la circuncisión o no? Pablo y Bernabé no lo creían y el Concilio de Jerusalén les dio la razón.

Ya en el siglo I, la Iglesia eliminó de su comunión a los cerintianos y ebionitas, partidarios acérrimos de la ley de Moisés, que afirmaban que los mismos gentiles no podían salvarse sin la observancia de esta ley.

Los judeocristianos, que observaban la antigua ley sin obligar a los paganos a cumplirla, eran tolerados; a mediados del siglo II, san Justino no se atrevió a condenar a los que convivían con otros cristianos. Pero, ya en el siglo III, eran considerados herejes. En este punto se aceptó que los mismos judíos ya no podían practicar legalmente las observancias de Moisés.

En la Suma Teológica santo Tomás elaboró una síntesis de la cuestión: ¿Dejó de estar en vigor la ley ceremonial con el advenimiento de nuestro Señor? Sí, respondió, porque los ritos son símbolos de adoración interior, es decir, de cosas en las que creemos y esperamos.

Ahora bien, en la religión de Jesucristo, si los bienes celestiales son siempre futuros, disponemos no obstante de los medios para obtenerlos, mientras que la antigua religión sólo prometía estos medios para el futuro. Por lo tanto, la abrogación de los antiguos ritos debía tener lugar; iniciada con el advenimiento de Jesucristo, fue llevada a cabo por su pasión, según la palabra de Cristo moribundo.

Tras su abrogación, ¿pasaron a ser ilegales estos ritos? No, dice Santo Tomás; podían observarse, sin considerarse obligatorios, hasta que el Evangelio se hubiera difundido suficientemente. Luego se volvieron totalmente ilícitos y mortales.

Juicio infalible de la Iglesia

En 1441, la bula Cantate Domino del papa Eugenio IV determina lo siguiente: “La santa Iglesia romana cree firmemente, confiesa y enseña que las prescripciones legales del Antiguo Testamento o de la ley de Moisés, que se dividen en ceremonias, cosas sagradas, sacrificios y sacramentos, habiendo sido instituidas para significar una cosa futura, enteramente adecuadas para el culto que debía rendirse a Dios en aquel tiempo, dejaron de serlo cuando la venida de nuestro Señor Jesucristo cumplió lo que significaban; entonces comenzaron a estar en vigor los sacramentos del Nuevo Testamento.”

“Quien, después de la Pasión, haya puesto su esperanza en las prescripciones mencionadas y se haya sometido a ellas en cuanto que necesarias para la salvación, como si la fe en Jesucristo no fuera suficiente para salvarle, ha pecado mortalmente.”

“La Iglesia no niega, sin embargo, que, desde la Pasión hasta la promulgación del Evangelio, estas prescripciones podían ser observadas a condición de que no fueran consideradas necesarias para la salvación, pero afirma que después de la promulgación del Evangelio ya no se pueden observar sin perder la salvación eterna» (Símbolos y definiciones de la fe católica, Denzinger, n. 1348, Ed. Du Cerf).

Por tanto, contrariamente a cuanto ha escrito el cardenal Koch, afirmar que “la perenne convicción cristiana es que Jesucristo es el nuevo camino de salvación. Sin embargo, esto no significa que la Torá sea menospreciada o que deje de ser reconocida como ‘camino de salvación para los judíos’” está severamente condenado por la Sagrada Escritura, por la teología y por el Magisterio infalible.

Fuentes:

christianunity.va/DTC/Denzinger

fsspx.news


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/