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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

¿Estaría San Francisco de asís a favor de Fratelli Tutti?

PorMiguel Serafín

Oct 26, 2020
Estaría San Francisco de asís a favor de Fratelli Tutti-MarchandoReligion.es

Como suele ser habitual en él, Miguel Serafín no deja indiferente con este artículo en el que nos da su opinión sobre Fratelli Tutti y nos preguntamos si el de Asís estaría de acuerdo con esta encíclica.

¿Estaría San Francisco de asís a favor de Fratelli Tutti?. Un artículo de Miguel Serafín

En 1219 “el pobre de Asís” fue a visitar al sultán musulmán Malik-al-Kamil en Egipto, en medio de una tregua que hubo en la guerra entre los cristianos y los musulmanes durante una de las cruzadas cristianas; cruzadas que intentaron recuperar los territorios perdidos durante las invasiones musulmanas. El papa Inocencio III firmó la bula para convocar a los cristianos a la V cruzada. En aquel entonces los únicos cristianos eran los católicos.

Las cruzadas, no fueron una estrategia para convertir a nadie por medio de la fuerza. Éstas nacen como un intento de defender a los católicos y recuperar lo que se ha llamado Tierra Santa o Santos Lugares, que se habían perdido bajo agresión cruenta musulmana y también como respuesta a una súplica desesperada de la Iglesia Ortodoxa que se veía mortalmente amenazada.

Es cierto; San Francisco de Asís fue a visitar al jefe militar el sultán Malik-al-Kamil, quien finalmente derrotó a los cruzados, visita que es tomada como introducción de la última encíclica del obispo de Roma Francisco, Fratelli Tutti,

Ahora bien, imaginemos cuál fue el motivo de la visita de San Francisco: El santo se prepara espiritualmente porque estaba dispuesto a sufrir el martirio al presentarse ante el sultán de Babilonia y se va con doce de sus discípulos. En el libro Las Pequeñas Flores de San Francisco, relata que el sultán lo escucha atentamente y le pide que por favor continúe visitándolo, dándole permiso de predicar donde quisiera, ya que él lo protegería de cualquier agresión y molestia.

San Francisco fue a dialogar, pero el objetivo de un diálogo religioso es justamente tratar de convencer al interlocutor de las bondades de convertirse a la religión que uno profesa. Eso se llama proselitismo, tratar de salvar almas empezando por la conversión y el bautismo en el caso del proselitismo católico. San Francisco no fue sencillamente a fumar la pipa de la paz con el sultán o a hablar del clima ni a decirle que las dos religiones buscan al mismo dios.

Y eso es confirmado por un pasaje del mismo libro que los discípulos del santo escribieron redactado por el propio santo antes de morir:

Hablando el sultán dice:

Hermano Francisco, muy dispuesto me convertiría a la fe de Cristo; pero tengo temor de hacerlo ahora, porque si la gente se enterara, nos matarían a mí, a ti y a tus acompañantes. Todavía tienes mucho bien por hacer y yo tengo que concluir asuntos de gran importancia. En el momento no quiero causar tu muerte ni la mía; pero enséñame como puedo ser salvado pues estoy listo a hacer lo que tú ordenes. (Pequeñas Flores de San Francisco).

Queda claro, que San Francisco fue a convertir al sultán. Queda claro que San Francisco no fue a perder el tiempo con diálogo estéril y estaba dispuesto a dar su vida desde el momento en que decide visitar a al-Kamil. Queda claro que el sultán estaba dispuesto a convertirse; y queda claro que no lo hizo porque el islamismo es una religión que castiga a los infieles, entendiendo como infieles a todo el que no practica el islam.

Pero la introducción de la historia en la más reciente encíclica del obispo de Roma, Francisco, distorsiona la visita del santo y hace ver que San Francisco fue sencillamente allí para hacerse amigo del sultán sin tratar de convertirlo. Por supuesto que San Francisco no se iba a enzarzar en una “guerra dialéctica imponiendo doctrinas” (FT No. 4), encontrándose en territorio hostil. Pero lo que no aclara Francisco, es que San Francisco fue con la misión de salvar al sultán y de paso a todos los que le seguían.

Muy sutilmente la encíclica hace ver como si los católicos no tuviéramos la responsabilidad y el mandato de Cristo de “llevar el evangelio a todos los pueblos y bautizarlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, induciéndonos a una observación pasiva, de las bondades de otras religiones pretendiendo que todos seguimos al mismo y verdadero Dios, cuando eso es una flagrante falsedad.

El amor se define por el ofrecimiento de la verdad, y la encíclica presenta una unidad a expensas de la verdad. Por eso el mismo Dios se define como El Amor y se define a la vez como la Verdad. No hay amor sin la verdad. No se puede ofrecer amor a expensas de la verdad, Jesús es término absoluto de El Amor y La Verdad. Si se suprime la verdad. Lo que queda es solamente sentimentalismos. Un diálogo es estéril si no se ofrece o se intenta por lo menos ofrecer la verdad del Evangelio. Todo se vuelve válido: robo, aborto, homosexualismo, eutanasia, ideología de género, pedofilia y un gran etc; donde todo queda reducido a los sentimientos y opiniones.

Si bien la encíclica habla sobre la verdad en los numerales 185, 206 y 208, no habla sobre decir la verdad a aquellos que necesitan escucharla, especialmente cuando hay que decir que somos una especie caída. La encíclica deja por fuera a Dios y la necesidad de entender que somos una raza que tiende al pecado desde el pecado original y por el cual tendemos al mal, y que sin la ayuda de Dios no podemos hacer nada por nuestros medios. La encíclica es una nueva versión de Pelagianismo, Humanismo y Voluntarismo donde el pecado original no se menciona para nada y la solución dependería de nuestros esfuerzos humanos de fraternidad y unidad universal.

La unidad no es posible sin un verdadero arrepentimiento hacia Dios y hacer las cosas de Dios, para lo cual se requiere una enseñanza conocida como catequesis. La encíclica no habla de esa catequesis ni de ese arrepentimiento.

A propósito de palabras, entre treinta y ocho mil quinientas palabras, catequesis aparece una vez, omitiendo por completo confesión, penitencia, absolución. Jesús aparece veintiséis veces, Cristo, cinco veces. Espíritu Santo tres veces.

La Sagrada Escritura es ignorada casi por completo. De hecho, la mayoría de las referencias que hace Francisco, son de sus escritos anteriores, buen ejemplo para alguien quien predica que “no hay que ser auto referenciales” y que “mirarse el ombligo nos impide levantar la cabeza.”

La encíclica se concentra en temas como inmigración, fraternidad humana, liberalismo y población. No parece escrita por un líder católico guiando a su grey, sino por un líder político que aboga por las iniciativas globalistas. De hecho, nombra al imán Ahmad Al-Tayyeb, cuyo estímulo fue importante para escribir la encíclica según las palabras de Francisco. Parece ser que toda inspiración del Espíritu Santo, La Sagrada Escritura, otros papas y santos no eran lo suficientemente buenos para referenciarlos y tenía que recurrir a un imán musulmán a quien menciona cinco veces como inspirador.

Es muy posible que un gran grupo de inmigrantes vaya a vivir muy pronto cerca de Francisco, porque imagino quitará todas las fronteras que rodean al Vaticano, de acuerdo con su insistencia de derribar fronteras y aceptar inmigrantes, aunque estos “no aporten nada al comienzo”. Yo empezaré a alistar maletas. Imagino que el Vaticano será el primer ejemplo de un país sin fronteras. Para ejemplarizar ello, se refiere a la Parábola del Buen Samaritano.

Todo por los pobres a quienes defiende como casi actividad única a la que debe dedicarse la Iglesia, contrastando con los escándalos de la mala utilización de los fondos del Óbolo de San Pedro, utilizados para comprar lujosos apartamentos en Londres cuya investigación no termina y ha hecho rodar varias cabezas.

Francisco sigue siendo político y no duda en señalar las economías de libre mercado como casi un demonio con el que hay que acabar. El esfuerzo personal, la autosuperación, la libre empresa son enemigos a vencer. Mientras que no dice absolutamente nada con respecto al socialismo y comunismo que tanto daño ha hecho al mundo y que ha cobrado millones y millones de vidas humanas. No en vano muchos lo consideran un marxista comunista. Para Francisco el comunista, todo es de todos, menos su cuenta bancaria de 20 millones de libras esterlinas.

O tal vez Francisco el igualitario, el sin fronteras y ecologista, está ahorrando todo ese dinero de tal manera que cuando lleguen los inmigrantes empiecen a habitar cada piso libre de los edificios vaticanos, y dar dinero para que empiecen a construir viviendas en la plaza de San Pedro cuando derribe las murallas del Vaticano.

En el numeral 136, muy sutilmente nos invita a la idolatría. La religión cristiana para Francisco es imperfecta. Considera que Occidente (cristiano por excelencia) “podría encontrar en las civilización del Oriente los remedios para algunas de sus enfermedades espirituales y religiosas”.

Francisco no aclara que las imperfecciones son humanas justamente por el pecado original, mientras que la religión católica es perfecta en virtud de su fundador, Nuestro Señor Jesucristo, el mismo Dios. Por lo tanto, no es necesario salir a buscar soluciones espirituales y religiosas en otra parte, porque otras religiones adoran a falsos dioses y todas ellas fueron fundadas por hombres.

Las palabras de Francisco son dulces, pero peligrosas porque muchos caerán en esa falacia y terminarán por creer lo que ha venido promulgando falsamente de que todas las religiones buscan al mismo dios. Y nos quiere hacer creer en la unión de las religiones porque él y su amigo el Imán Ahmad Al-Tyyeb llegaron a la conclusión de que “las religiones no incitan nunca a la guerra y no instan a los sentimientos de odio” (FT num. 285) ignorando por completo toda una historia de persecuciones violentas e invasiones musulmanas, que justamente motivaron a San Francisco a arriesgar su vida por tratar de salvar el alma del sultán musulmán y de paso si lo lograba, salvar muchas otras vidas y millones de almas.

Estamos cansados de sus escritos edulcorados para llevarnos a una religión mundial. O Francisco es muy ignorante o es mal intencionado con una encíclica que deja mucho que desear, y que no está a la altura de la cabeza del pueblo católico a quien debe dirigirse para su orientación y su salvación ; y sí refleja su filiación a la agenda globalista que promueve un gobierno mundial, una religión mundial, basado en el cambio climático y en la protección del ambiente y dar libertad a todo tipo de ideologías, que si bien las menciona en general, no habla explícitamente cuales son esas nocivas para los principios cristianos.

No en vano fueron los masones los primeros en alabar su encíclica anotando la gran distancia entre la nueva iglesia católica y la Iglesia tradicional. Recordemos que los masones fueron condenados durante siglos por varios papas y que juraron destruir la Iglesia Católica y colocar en la silla de San Pedro un papa confeccionado a su gusto.

A propósito de San Francisco, sus discípulos contaron que después de su muerte, se les apareció para darles la orden de ir a bautizar al sultán.

Miguel Serafín

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