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Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

De “cristianos anónimos” a “Fratelli tutti”

PorAldo Maria Valli

Dic 8, 2020
Estaría San Francisco de asís a favor de Fratelli Tutti-MarchandoReligion.es

Queridos amigos de Duc in altum, estoy encantado de proponeros una intervención del padre Serafino Maria Lanzetta que enlaza la noción de “cristianos anónimos”, central en el pensamiento de Karl Rahner, con la última encíclica de Francisco, Fratelli tutti, en la que, escribe Lanzetta, falta Cristo, el Hijo de Dios, que nos hace hijos del Padre y en donde “el hombre se basta para hermanarse de forma natural con los demás hombres, únicamente sobre la base de instancias sociales o de un amor humano que no queda bien precisado”. 

El autor también ha dedicado a este tema una catequesis que puede escucharse en su canal de YouTube. Y, también sobre el asunto de Fratelli tutti, ha escrito un editorial para el último número de Fides Catholica.

A.M.V.

De “cristianos anónimos” a “Fratelli tutti”. Un artículo del blog de Aldo María Valli

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/11/26/da-cristiani-anonimi-a-fratelli-tutti/

Hay una afinidad no poco relevante entre los llamados “cristianos anónimos” de K. Rahner (1904-1984) y la última encíclica del papa Francisco, Fratelli tutti. Aunque también existe una superación considerable de la teoría teológica del jesuita alemán por parte del discurso de Francisco sobre la fraternidad universal. Veamos por qué, partiendo del punto de referencia en ambos casos, que es el hombre. ¿Quién es éste?

«El hombre – dice K. Rahner – es el acontecimiento de la auto-comunicación absoluta de Dios». Ésta constituye una de las expresiones más originales del teólogo alemán en su Curso fundamental sobre la fe (publicado en 1974) y también una de las más problemáticas. Se trata de una síntesis de su visión sobre el hombre en el centro de la Revelación, no sólo como sujeto que recibe, sino sobre todo como momento necesario en el que Dios rinde cuentas con el tiempo y con la historia. Para Rahner, ni cabe un Dios que no se auto-comunique ni tampoco un hombre que no sea receptor, lugar y acontecimiento de la Palabra. En consecuencia, no habría Dios sin hombre y por lo mismo no cabría que el hombre no estuviera en comunión con Dios. Por ello, Dios ya está en todo hombre, sea éste consciente de ello o no lo sea tanto, se plantee el problema o no. Lo importante es que sea él mismo, que se mantenga como acontecimiento de Dios en el mundo.

¿Qué entiende Rahner por “acontecimiento”? Que Dios está presente en el hombre como «finalidad de la trascendencia», entendida esta última como auto-trascendencia del hombre, esto es, como capacidad de ir más allá de sí mismo y de abrirse a la totalidad del ser y, por tanto, a Dios. Esto significa que conocemos a Dios como nos conocemos a nosotros mismos, en la íntima experiencia de la libertad de elección. La finalidad (nuestra trascendencia) y el objeto (el ser divino) coinciden. Por lo tanto, conocimiento, apertura del hombre a Dios y Dios mismo son en el fondo lo mismo.

Rahner trata de superar un falso concepto teológico según el cual el don que Dios hace de sí mismo es un acontecimiento histórico o una experiencia trascendental. No, en su opinión el don se encuentra entre ambas cosas. El Evangelio histórico nos pide que respondamos, mientras que nuestra respuesta nos permite trascender lo que éramos anteriormente. En nuestra experiencia entendida como auto-reflexión, auto-conocimiento y auto-trascendencia, reconocemos a Dios como aquél que nos llama, nos ayuda y viene a nuestro encuentro.

Ya no reconocemos a Dios en la Revelación histórica a través de signa et verba (signos y palabra divina), como se requiere en una sana aproximación teológica al misterio. La Revelación, por el contrario, se convierte en auto-comunicación histórica de Dios a través de la conciencia que el hombre tiene de sí mismo en cuanto abierto a la trascendencia; y ello en virtud de la aproximación trascendental de Kant al conocimiento, con su a-priori de las doce categorías cognoscitivas de la razón pura. El tomismo rahneriano claramente no es el de Santo Tomás, sino el trascendental del jesuita belga J. Marechal (1878-1944), en el que Rahner se inspira para poder unir el apriorismo cognoscitivo de Kant y el existencialismo de Heiddeger. El hombre abierto a todo el ser que, no obstante, se considera como todo lo existente en el mundo, pero acogido de forma a-priori, antes incluso de conocer las cosas concretas. Este ser al que el hombre se abre sería ya Dios, acogido sin embargo de modo trascendental y no aún categórico.

Por ello, el hombre está abierto a la trascendencia de modo trascendental, esto es, de modo necesario y a priori en virtud del primado del sujeto de conocimiento. Tal apertura a Dios se hace posible por estar ínsita en el conocimiento, pero al mismo tiempo es también una gracia, o mejor, más que una gracia, es ya presencia de Dios en el hombre.

Esta relación indisoluble entre presencia de Dios en el hombre y apertura del hombre a Dios procede del llamado “existencial sobrenatural”: una invención genial de Rahner aunque se trate, en realidad, de un tertium quid, un aditamento superfluo. Es existencial en cuanto que ofrecido a todos: toda persona está ordenada a la comunión con Dios. Pero también es sobrenatural, porque la comunión con Dios sería imposible si Dios no nos hubiese dado ya la capacidad de adherirnos a ella. Incluso llega Rahner a definir el existencial sobrenatural como el verdadero ser de la persona humana ordenada a la comunión con Dios. El hombre puede protestar contra esta auto-comunicación divina, pero el ofrecimiento y el don se hace a todos y se da en cuanto que existe.

Surge claramente el concepto de potencia obediencial de la naturaleza, es decir, la capacidad de la naturaleza para obedecer a Dios cuando la libertad del hombre se abre al don de la gracia en virtud de la gracia misma que mueve a la libertad. Y surge también el concepto de gracia como participación en la naturaleza divina. No hay participación sino auto-comunicación. Surge la distinción entre naturaleza y gracia y entre gracia suficiente y gracia eficaz. La gracia, esto es, Dios en el hombre, no puede sino ser eficaz siempre y, por tanto, la salvación ya está en todos. El hombre ya está en comunión con Dios de modo irreflexivo o atemático. Si lo está en modo categórico será mejor y más santo, ciertamente, pero no prejuzga el hecho mismo de estarlo. Por tanto, ello no evita que todo hombre esté ya en comunión con Dios.

Además, la auto-comunicación de Dios no es sólo un don gratuito y una gracia. También es «una condición necesaria que hace posible la aceptación del don». Con el don de Sí mismo, Dios haría partícipe al hombre incluso del don de recibir el don mismo. El don y aquél que dona son la misma persona, dice el teólogo alemán. Por lo cual, el hombre está de alguna manera “obligado” por Dios a aceptar de modo libre el don de Sí mismo. ¿Dónde se encuentra, por consiguiente, la libertad de rechazar la gracia o la libertad de realizar una acción mala? En efecto, para Rahner, el hombre que elige en modo trascendente está siempre dirigido a Dios y, por tanto, realiza el bien; de modo categórico podría, sin embargo, desviarse y elegir algo inferior, que será en todo caso un bien “pre-moral”. El hombre, en virtud de una “libertad fundamental” u “opción fundamental”, de la cual Rahner es fundador, no puede sino elegir a Dios. De facto deja de existir el pecado, que no queda atribuido a las acciones morales individuales. El verdadero pecado es la opción contra Dios, que sin embargo sería imposible en virtud de la apertura trascendental-existencial hacia Él. Si todos son santos anónimos y todos son cristianos, ¿qué pasa con el pecado? Queda calificado como una elección equivocada o como una reminiscencia del pasado y ya está, pero no como una ofensa (aversio) a Dios. ¿Nos sugiere esto algo en la actualidad?

Reflexionemos algo más y observemos este discurso en perspectiva. Si el hombre es en sí mismo el medio necesario para la auto-comunicación de Dios, ¿no podría suceder que mañana se olvidase de Dios y de ser su propia auto-comunicación, para convertirse más bien en simple auto-comunicación de sí mismo? ¿O que, cansado de Dios o de existir sólo en función de la auto-comunicación de Dios, empezase a interesarse sólo por sí mismo o, en el ámbito católico, comenzase a justificarse hasta el ateísmo como una opción posible en cuanto humana? Rahner podría interpretarse seriamente en el sentido de superar igualmente la capacidad del hombre para abrirse a Dios, terminando en una mera apertura del hombre hacia el hombre. En ese caso, el riesgo consiste en que el hombre se contente con ser hermano de todos los demás aún sin saberlo o sin serlo. Y así llegamos a nuestros días.

Sin duda existe continuidad, aunque también discontinuidad, entre Rahner y Fratelli tutti. La continuidad consiste en el hecho de que el hombre está en el centro y Dios es un postulado del conocimiento del hombre; se le considera objetivo de la trascendencia del conocimiento humano. Es decir, Dios en función del hombre y no el hombre en función de Dios. Esto constituye el núcleo del giro antropológico de Rahner y de la Iglesia de nuestros días.

La discontinuidad consiste, a su vez, en el hecho de que a Rahner le preocupa el ateísmo occidental y desea encontrar un modo en el que, de alguna manera, el hombre se oriente a Dios. Para el jesuita alemán, el Cristianismo encabeza a las religiones porque es acceso a Dios, es poder ver a Dios aun siendo invisible. Por el contrario, para Fratelli tutti no hay Dios y parece que no haga falta. Falta, en forma llamativa, Cristo, Hijo de Dios, que nos hace hijos del Padre. Figura sólo el hombre, que se hermana de forma natural con los otros hombres únicamente sobre la base de instancias sociales o de un amor humano no bien precisado. Amor erosfilos, filantrópico o agape: no se aclara. Lo que está claro es que no se trata de un amor-caritas, el amor que Dios ha derramado sobre nosotros en su Hijo y que nos transforma. Todo se dirige, en la encíclica del papa Francisco, a superar las religiones y encontrar un acuerdo duradero entre los hombres, pero a-religioso o si acaso supra-religioso. Todos deberían considerarse hermanos, incluso aunque no sean conscientes de ello.

Fratelli tutti prescinde de Dios y de Cristo; en un pasaje-clave, se explica la parábola del Buen Samaritano:  «En los que se alejan hay un dato que no podemos ignorar: eran personas religiosas. Más aún, se dedicaban a dar culto a Dios: un sacerdote y un levita. Esto merece una atención especial: indica que el hecho de creer en Dios y de adorarle no garantiza vivir como Dios quiere. Una persona de fe puede no ser fiel a todo lo [que] la fe misma exige, y sin embargo puede sentirse cercana a Dios y considerarse más digna que los demás. Por el contrario, existen modos de vivir la fe que favorecen la apertura del corazón a los hermanos, y ésa será la garantía de una auténtica apertura a Dios» (n. 74).

Parece que se dice que adorar a Dios y no adorarle es, en realidad, lo mismo. Además, si la adoración lleva a cerrar el corazón, es mejor prescindir de ello para, en su lugar, socorrer en cuanto podamos a aquel hombre atrapado por los malhechores. En realidad, la verdadera adoración, aquélla que se ofrece al Padre en su Hijo Jesucristo por medio del Espíritu Santo, no lleva jamás a ignorar al prójimo, sino que ello constituye su razón de ser y alimento necesario. El hombre de hoy prescinde de Dios, pero la solución no consiste en dar a Dios a todo el mundo de forma indiferente. De lo contrario, podemos hacerlo superfluo y empezar a pensar con el mundo, que en todo actúa como si Él no existiese.

Padre Serafino Maria Lanzetta


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Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/