• Mié. Dic 1st, 2021

Marchando Religión

Católica, Apostólica y Romana

Entre bastidores. Los obispos italianos y algunos cardenales están detrás de «Traditionis custodes»

PorAldo Maria Valli

Ago 2, 2021
Concilio Vaticano I-MarchandoReligion.es

Los obispos italianos y algunos cardenales han sido origen y fuerza motriz de Traditionis custodes. Así se deduce de la entrevista realizada al padre Claude Barthe (disponible ya en los idiomas francés, italiano *y español).

Entre bastidores. Los obispos italianos y algunos cardenales están detrás de «Traditionis custodes». Un artículo del blog de Aldo María Valli

Traducido al español por Miguel Toledano para Marchando Religión

Publicación original en francés por parte de Présent

Fuente:  rorate-caeli.blogspot.com

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2021/07/31/retroscena-l-vescovi-italiani-e-alcuni-cardinali-dietro-traditionis-custodes/

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El P. Claude Barthe es un veterano de las «guerras litúrgicas» anteriores a Summorum, reavivadas ahora por Francisco con su edicto Traditionis custodes. Residente en París, el padre Barthe también ha sido capellán principal de las peregrinaciones Summorum pontificum que han llevado a miles de católicos tradicionales a rezar y participar en la Santa Misa celebrada conforme al rito romano tradicional en la Basílica de San Pedro a lo largo de los ultimos diez años.

Por consiguiente, el P. Barthe conoce bien la identidad de todos los implicados en la decisión que condujo al edicto papal contra la Misa tradicional. Y ahora revela (corroborado por múltiples fuentes) que los obispos italianos, y un par de cardenales italianos en la Curia, estan en el origen y fuerza motriz de este documento.

Oremos.

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Padre, desde hace tiempo circulaban rumores sobre este motu proprio, que prácticamente anula el de Benedicto XVI de 7 de julio de 2007. ¿Esperaba que fuese publicado tan rápido, el 16 de julio?

Ninguno de nosotros estaba seguro. Había diversos rumores. En Roma se hablaba de una publicación en agosto, mientras que otros advertían de una publicación inminente. Esta última versión resultó ser cierta. La Secretaría de Estado, que dirigió todo, fue extremadamente discreta, hay que reconocerlo.

Los últimos acontecimientos parecían apuntar a la posibilidad de una pacificación, como las palabras del cardenal Gambetti, arcipreste de la basílica de San Pedro, que apeló a Summorum Pontificum en una reciente entrevista para Vatican News. ¿Eran infundadas estas esperanzas?

No sé lo que el cardenal Gambetti hizo o dijo al Papa, pero es seguro que se pidieron aplazamientos de este documento para no iniciar una nueva guerra litúrgica en la Iglesia. En concreto, algunos dicen que el Cardenal Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo suspendió todo lo que pudo, al igual que otros. Al final, la decisión fue tomada por el Papa y por quienes le presionaron para que la tomara, en particular el Secretario de Estado, el cardenal Parolin, su adjunto, el cardenal Peña Parra, el cardenal Versaldi, y otros implicados, es decir, los que participaron en estas reuniones interdicasteriales (reuniones entre los prefectos de las congregaciones implicadas: Culto Divino, Clero, Obispos y Secretaría de Estado) y que llevan tiempo trabajando en este documento.

¿Cómo ganaron los partidarios del motu proprio de Francisco?

¡Bastaba convencer al Papa! Él tiene el poder de oponerse a cualquiera… En este caso, el mayor grupo de presión que se volvió contra Summorum pontificum fue la Conferencia Episcopal Italiana, sobre todo porque en Italia, más recientemente que en Francia, hay jóvenes sacerdotes que empezaban a celebrar la Misa tradicional y a adoptar ideas más tradicionales. Notaron una «tradicionalización» de los seminarios, lo que les preocupó mucho. En la Curia, personas como el Cardenal Parolin y el Cardenal Stella, de la Congregación para el Clero, entre otros, estaban muy preocupados.

¿Cuáles son sus argumentos para cuestionar el documento de Benedicto XVI?

Están claramente indicados en la carta de acompañamiento. También se pueden encontrar en el blog de Andrea Grillo, profesor laico de liturgia en San Anselmo y extremadamente hostil a Summorum pontificum. Su idea, retomada por el Papa y por los autores del reciente motu proprio, es que la Misa tradicional representa un estado de doctrina anterior al Vaticano II, mientras que la nueva Misa representa la doctrina del Vaticano II – como ya sabíamos todos. Por lo tanto, no resultaba necesario que la Misa tradicional siguiera constituyendo un derecho, sino sólo algo tolerado, e incluso con una tolerancia concedida a los fieles y sacerdotes exclusivamente para ayudarles a hacer una transición gradual a la nueva Misa.

¿Por tanto, la motivación principal es doctrinal?

Sí, y es muy importante decirlo y ser conscientes de ello porque, paradójicamente, todo esto es muy providencial. Por supuesto que es muy doloroso: dificultará la difusión de la Misa tradicional y dará lugar a nuevas persecuciones. Pero, por otra parte, pone el dedo en la llaga, esto es, el estatuto doctrinal del Vaticano II, que nunca ha sido definido.

¿Cómo afecta este motu proprio a las comunidades Ecclesia Dei, si es que aún podemos llamarlas así?

Les afectará. Están en el punto de mira, eso es seguro. El documento lo dice claramente, la carta del Papa lo indica de forma cínica. Se trata de destruir la celebración tradicional de la Misa asegurando que no haya más sacerdotes para celebrarla. Estas comunidades están especialmente señaladas porque son «fábricas» de dichos sacerdotes, como lo es la Hermandad de San Pío X, que estaba sola en sus inicios. En adelante, estos institutos ya no están bajo la jurisdicción de Ecclesia Dei, que ya no existe, ni bajo la Congregación de la Fe, que es relativamente protectora, sino bajo la jurisdicción de la Congregación para los Religiosos. Han sido reducidas de su condición de derecho pontificio. La Congregación para los Religiosos, presidida por el cardenal Braz de Aviz, está muy alineada con Francisco y trabajará para poner orden. Por ejemplo, realizarán visitas canónicas a los seminarios para comprobar que la enseñanza allí impartida es acorde con el Vaticano II, y para asegurarse de que en ellos se estudia y se celebra la nueva liturgia. En resumen: el objetivo será desalentar las vocaciones. Cuando nosotros objetamos: «Pero haréis que se agoten las vocaciones a estos institutos», ellos responden: «Pero si no necesitamos a esta gente, no sirven para nada». (¡Ésta fue la respuesta concreta de cierta persona cuyo nombre no mencionaré!).

¿Así que el bien de las almas tiene para ellos poca importancia?

Efectivamente, así es. Para ellos el bien de las almas es el Vaticano II. Prefieren no tener sacerdotes a tener los que creen que son malos. Es aterrador, incluso diabólico. Hay que decirlo: este pontificado ataca todos los lugares donde hay renovación sacerdotal. Los franciscanos de la Inmaculada Concepción fueron un ejemplo, pero hay muchos otros.

En efecto, el motu proprio de Benedicto XVI nunca ha llegado a aplicarse en su totalidad, pero sí ha permitido que se aplicara el motu proprio de Juan Pablo II de 1988. ¿Con Francisco volvemos ahora a la situación de los años 70, el periodo inmediatamente posterior al Concilio?

Hemos olvidado lo terrible que fueron esos tiempos. Es diferente en el sentido de que han pasado cincuenta años y los perseguidores son mucho menos fuertes que entonces. La Iglesia conciliar está muy enferma, en algunos lugares se está muriendo, como en muchas diócesis francesas. No tiene más tropas, sobre todo no tiene más sacerdotes.

Por ejemplo, ¿volvemos a la atroz situación de los años 70, cuando se denegaban sistemáticamente las peticiones de una Misa de funeral tradicional?

En teoría, sí. El último motu proprio no habla de esto, sino que habla de lo que está permitido, y no se incluye en ello. Dentro de unos días celebraré un funeral tradicional en la Provenza. Teóricamente podría recibir una prohibición. Lo mismo para una boda prevista en septiembre.

¿Incluso si se pide permiso?

Pedimos permiso para las Misas públicas. En general, es mejor no pedir aclaraciones, hacerlo y ya está…

¿Y la autorización concedida por el propio Francisco a los sacerdotes de la Hermandad de San Pío X para celebrar bodas y funerales en las parroquias? ¿No hay una contradicción ahí?

¡Eso no ha cambiado! Sí, hay una contradicción… ¿Pero seguirán teniendo derecho a celebrar públicamente en la parroquia? Repito: mejor no profundizar demasiado por el momento. Cada uno debe interpretar personalmente o dejar que lo haga el obispo, más que entrar en detalles.

¿Cuáles cree que serán las reacciones de los obispos? Pienso en el arzobispo de Ferrara, que no es nada conservador, y que erigió una parroquia personal para la forma extraordinaria quince días antes de que el Papa anunciara su documento.

El caso de Ferrara es muy interesante en muchos sentidos.

Muestra la independencia de este obispo ‘de izquierdas’ respecto al Papa Francisco. En Italia, y en la Curia, la gente se está distanciando del pontífice. Sienten que está al final de su carrera y piensan en el futuro. Consideran que el gobierno actual es caótico y quieren algo más serio y un liberalismo más verdadero. Por lo que se refiere al obispo de Ferrara, está claro: conociendo el documento y sabiendo que ya no se podrían erigir parroquias personales, erigió una inmediatamente antes: ¡es fantástico!

¿Cómo cree que reaccionarán los obispos franceses?

Sus reacciones variarán. Algunos utilizarán el texto del Papa para restringir todo lo posible. Otros serán simplemente realistas y no querrán encender el fuego en su propia casa. Pienso en el obispo de Versalles, que acaba de publicar un comunicado un poco difícil de interpretar, pero que parece decir que por el momento no va a pasar nada. Hay otros que sin duda son favorables a esta vida tradicional en sus diócesis, aunque no compartan las mismas ideas. Jugarán a ganar tiempo… Si quisieran resistir, podrían hacerlo, incluso canónicamente: el canon 87 párrafo 1 del Derecho Canónico dice que «El obispo diocesano, cuando juzgue que contribuye a su bien espiritual, puede dispensar a los fieles de la disciplina universal y, en particular, de las leyes dictadas para su territorio o para sus súbditos por la suprema autoridad de la Iglesia». Esto abre muchas posibilidades. El obispo debe querer actuar. Todo esto, contrariamente a cuanto se nos dice sobre la sinodalidad, funciona realmente en un solo sentido, a favor de los obispos que piensan como el Papa. Pero para el que no lo hace… Me acuerdo de las palabras del arzobispo Roche, nuevo prefecto de la Congregación para el Culto Divino, que hace poco dijo expresamente, entre risas: «Vamos a destruir Summorum pontificum. El poder litúrgico se entregará a los obispos».

San Pío V afirma que esta Misa no puede ser derogada, Pablo VI la prohíbe, Benedicto XVI la restablece, Francisco sigue intentando hacerla desaparecer: ¿cómo se pueden tomar en serio las decisiones de la Iglesia en estas condiciones?

Tiene razón. Hay que repasar el texto de la Quo Primum y lo que dice exactamente San Pío V: afirma que nadie puede impedir que un sacerdote celebre esta Misa, se encuentre donde se encuentre en la Iglesia, para obligarle a decirla en uno de los ritos particulares (Lyon, etc.).

¿No hemos llegado a eso, de alguna manera?

En cierto sentido, de hecho, estamos ya ahí. La Misa de San Pío V, cuando fue derogada por Pablo VI (porque fue derogada, hay que decirlo, como bien señaló Jean Madiran), era idéntica, casi en sus detalles, a la que había en el siglo XI. Benedicto XVI, en Summorum pontificum, afirmó que nunca había sido derogada. Luego Francisco lo vuelve a derogar… No parece muy serio.

Volvemos al punto de que todos los experimentos están permitidos, incluidas las bendiciones de parejas homosexuales (prohibidas por la Iglesia), salvo «el experimento de la Tradición», como dijo el arzobispo Lefebvre…

Todo está permitido, cualquier herejía puede ser profesada por los hombres de la Iglesia, que consiguen a pesar de ello mantener su «carnet de identidad» católico, excepto los que celebran o asisten a la Misa tradicional. Éstos son acusados por el Papa en persona de romper la unidad de la Iglesia.

Por consiguiente, en síntesis, ¿este odio a la Misa tradicional tiene una base doctrinal?

Absolutamente. Es el odio hacia la eclesiología tridentina, hacia todo lo que esta Misa representa desde el punto de vista de la doctrina eucarística así como de la doctrina de la Iglesia.

Padre, como capellán de la peregrinación Summorum Pontificum, mencionada a menudo en nuestras páginas, está usted bien situado para respondernos. ¿Tiene esta peregrinación un futuro brillante por delante?

¿Quién sabe? Esperemos y veamos.

Fuente:  rorate-caeli.blogspot.com


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Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/