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Pueblo Sacerdotal

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO. Pueblo Sacerdotal. Rev. D. Vicente Ramón Escandell

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO

PUEBLO SACERDOTAL

1. Relato Evangélico (Jn 15, 9-17)

Como el Padre me amó, así también yo os he amado: perseverad en mi amor: si guardareis mis mandamientos, perseveraréis en mi amor, así como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre y estoy en su amor. Estas cosas os he dicho para que mi gozo esté en vosotros, y para que vuestro gozo sea cumplido.

Este es mi mandamiento, que os améis los unos a los otros como yo os amé. Ninguno tiene mayor amor que éste, que es poner su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hiciereis las cosas que yo os mando. No os llamaré ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; mas a vosotros he llamado amigos, porque os he hecho conocer todas las cosas que he oído de mi Padre. No me elegisteis vosotros a mí, más yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y que permanezca vuestro fruto, para que os dé el Padre todo lo que le pidiereis en mi nombre.

Esto os mando, que os améis los unos a los otros.

2. Comentario exegético

El amor mutuo que han de tenerse los discípulos no es filantropía, ha de estar calcado en el ejemplo de Él: que se amen como Él los ha amado. Precisamente por este modo es por lo que antes llamó también a este precepto <<mandato nuevo>>.

Como ejemplo que clarifique este amor suyo, pone lo que es prueba humana: dar la vida por los amigos. Los siervos no saben lo que hacen sus señores. El Antiguo Testamento tenía más aspecto de servidumbre. Los amigos conocen sus intimidades. Y Él les <<revelo>> el gran secreto y <<mensaje>> del Padre: el Evangelio, las intimidades de Dios. Pero la verdadera amistad exige obras. Así aquí, <<sois mis amigos si hacéis lo que os mando.>> (v. 14)

3. Reflexión

Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido en propiedad, para que pregonéis las maravillas de Aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.1

Con estas palabras, el apóstol san Pedro recuerda a los destinatarios de su primera carta, la grandeza de la vocación a la que han sido llamados: en ellos, miembros de la Iglesia de Cristo, se ha cumplido la promesa que Dios hiciera al pueblo de Israel de hacer de él luz de las naciones y portador de su promesa universal de salvación.

San Pedro se dirige, en lo que parece ser más una homilía que una carta pastoral, a los cristianos dispersos por todo el mundo conocido, a fin de fortalecer su fe en medio de las dificultades por las que atraviesan. Son extranjeros en medio de la sociedad en la que se han instalado, distintos por su fe y sus costumbres, y rechazados por los gentiles y los judíos.

El Príncipe de los Apóstoles quiere, en medio de estas circunstancias, alentarles y hacerles descubrir el sentido salvífico del sufrimiento. A través de sus padecimientos, les exhorta el apóstol, imitan a su Señor que por ellos sufrió y se entregó a la muerte. Por el único sacrificio de Cristo, del que él fue testigo, han recibido la salvación y el perdón de los pecados, participando por Él, con Él y en Él en el único sacerdocio de la Nueva Alianza.

Esta participación en el sacerdocio de Cristo tiene su fundamento en la unción bautismal: por el Bautismo quedaron, no sólo unidos a Cristo Cabeza, sino también fueron consagrados como sacerdotes, profetas y reyes2. Así nos lo recuerda la Iglesia en el rito posterior al Bautismo cuando, por manos de su ministro, confiere al bautizado la unción del Crisma: Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que os ha dado nueva vida por el agua y el Espíritu Santo, y os ha concedido el perdón de todos los pecados, os consagre con el crisma de la salvación para que entréis a formar parte de su pueblo y seáis para siempre miembros de Cristo, sacerdote, profeta y rey. Todo ellos, recuerda el apóstol, ya sean pastores o fieles, son capacitados, por esta unción, para ofrecer a Dios espiritual, mística, personal y privadamente sus propios sacrificios y también el sacrificio de Cristo para alabar a Dios, darle gracias, impetrar su auxilio y aplacar su ira.

Ahora bien, tanto los pastores como los fieles realizan de distinto modo su ofrenda sacerdotal, especialmente, en la Eucaristia: si los fieles lo hacen mediante un sacerdocio espiritual, los pastores lo hacen a través de su sacerdocio ministerial, oficial y público. En la celebración eucarística los fieles ofrecen juntamente con el sacerdote la victima de propiciación, no del mismo modo que este, sino uniendo espiritualmente sus votos de alabanza, de impetración, de expiación y acción de gracias a la intención del sacerdote celebrante. De esta manera el seglar justo se une a Cristo con unión espiritual mediante la fe y la caridad, y no mediante el poder sacramental. Por lo tanto, posee un sacerdocio espiritual para ofrecer hostias espirituales, de las que dice el Salmo: <<Sacrificio es para Dios el espíritu atribulado>> y el Apóstol: <<Ofreced vuestros cuerpos cual hostia viva.>>3

Así, cada vez que se celebra la Eucaristia, el fiel deposita espiritualmente en las manos del sacerdote celebrante, su ofrenda interior, representada materialmente por el pan y el vino eucarísticos, pues a los cristianos los hizo Dios sacerdotes en el espíritu… así todo cristiano tiene poder para en el altar de su corazón sacrificar a Dios 4. A lo cual, exhortaba el mismo san Pedro a sus atribulados oyentes: también vosotros – como piedras vivas – sois edificados como edificio espiritual para un sacerdocio santo, con el fin de ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por medio de Jesucristo5.

De esta manera, se establece un vínculo entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial, estando ordenados el uno al otro6. El sacerdocio ministerial está al servicio de la santificación de los fieles, “en orden al desarrollo de la gracia bautismal de todos los cristianos.”7 Así, mientras que los fieles están llamados a ofrecerse como hostias vivas, santas y agradables, constituyendo un culto espiritual agradable a Dios8; el ministro ordenado escogido entre los hombres, constituido en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios lo es para ofrecer dones y sacrificios9 (…) renovar en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparar (…) el banquete pascual, preceder al pueblo santo en el amor, alimentarlo con su palabra y fortalecerlo con los sacramentos.10

Así, mediante el ejercicio de su sacerdocio, nacido en la fuente bautismal, san Pedro invita a sus oyentes a ofrecer, unidos a Cristo Sacerdote y Victima, todas sus presentes penalidades, que consideradas a la luz de las de Cristo, habrán de ser motivo de eterno gozo.

También a nosotros, sacerdotes y fieles del siglo XXI, se dirige en este día el Príncipe de los Apóstoles, a fin de que renovemos nuestra vocación sacerdotal, tanto espiritual como ministerial, y la ejerzamos con la santidad y justicia que de nosotros se espera. También a nosotros, nos dice, como a sus destinatarios del siglo I estas consoladoras palabras que cierran su homilía: Descargad sobre Cristo todas vuestras preocupaciones, porque Él cuida de vosotros.

4. Testimonio de los Doctores de la Iglesia

SAN GREGORIO MAGNO, Papa (590-604)

<<El amigo es como el guardián del alma, y por tal razón se llama amigo de Dios el que cumple su voluntad guardando los preceptos.>>

Moralium 27, 12

5. Oración

Señor y Dios nuestro, que por la unción bautismal nos has hecho participes de tu Sacerdocio eterno, para ofrecernos contigo en el ara de la Cruz; ayúdanos a ser, en este mundo, sacerdotes y víctimas propiciatorias por los pecados propios, de la Iglesia y del mundo. Que vives y reinas Amén.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

1 1 Pe 2, 9

2 CEC 1546

3 ST III, 82, 1 ad 2

4 Cf. JUAN DE AVILA, San (Juan I; 16º, 4756ss.)

5 1 Pe 2,5

6 LG 10

7 CEC 1547.

8 Cf. Rom 12, 1

9 Cf. Heb 5, 1

10 Prefacio I de las Ordenaciones.

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