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La conversión musical, explicando su deseo-MarchandoReligion.es

La “conversión musical”, explicando su deseo

En esta carta, dirigida a un joven a que ha iniciado su “conversión musical” a partir del acercamiento a la liturgia tradicional, el Profesor Kwasniewski nos habla sobre la importancia de la belleza y de la música bella en particular

La “conversión musical”, explicando su deseo, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

Un hombre joven me escribió una carta explicándome que su atracción hacia el catolicismo tradicional había comenzado también a tener un efecto en la música que estaba escuchando. Comenzó se sentir que debía evitar cierto tipo de música y gravitar hacia otra. Estaba introduciéndose en la música de los tres compositores más populares del Barroco: Vivaldi, Haendel y Bach, y me preguntó si podría ayudarlo a entender porqué él estaba atravesando por esta inesperada “conversión” y si tenía algún consejo que darle. (El nombre ha sido cambiado)

Querido Johnny:

Tengo que decir que es música para mis oídos escuchar de tu conversión a la música hermosa en general y al Barroco en particular. Yo enseñé música por muchos años a estudiantes universitarios y diría que al menos el 50% de los estudiantes realmente se animaron cuando aprendieron sobre la concordancia que existe entre los filósofos y los Padres de la Iglesia acerca de que la música refleja e influye en gran medida nuestro estado moral. Muchos de aquellos estudiantes tomarían la seria decisión de escuchar mejor música, siempre con excelentes resultados y con el agradecimiento meses o años después, de lo cual tengo muchos testimonios en cartas y tarjetas. No he conocido nunca a nadie que no se haya enamorado de los grandes compositores después de haberles dado una justa oportunidad. Su música es superior en la profundidad de los sentimientos, en su sutil expresión, en su lirismo, en su armónica complejidad, y en su íntegra compatibilidad con la vida intelectual y espiritual propia del hombre.

Sin embrago, sigue siendo difícil para las personas apreciar la objetividad de la belleza- que x es más bello en sí que no-x – y esto por dos razones principales:

Primero, la belleza es percibida por un sujeto, un hombre individual, que debe tener una disposición apta para ello.

Una persona con un alma devota y bien ordenada, abierta a Dios y con sabia intención, se sentirá atraída hacia ciertas manifestaciones de orden y belleza en cualquier dominio sensible, y rehuirá de sus contrarias. Y, como con el hábito moral en general, uno puede esforzarse en vivir una vida más hermosa, una vida de virtud, de oración y estudio, para así corresponder más plenamente a la bella liturgia y a las bellas artes. Puesto en simple, la cosa que es bella es reconocida y gozada por un alma que es moralmente bella o que trabaja activamente para llegar a serlo.

Segundo, la belleza, como su hermana la verdad, requiere de una larga y paciente familiaridad, una real voluntad de querer aprender.

El arte de la música es extremadamente profundo y sutil, pero los chicos, enchufados todo el día en el Top Diez de la lista de los éxitos del Pop, nunca serán consciente de eso. Solo un tonto ignorante (o peor, un ideólogo) diría que una canción de rap es equivalente a una fuga de J.S. Bach o a una sinfonía de Beethoven o a un movimiento de Los Planetas de Gustav Holst.  Esto es como comparar una tira de comic a una novela de Jane Austen o de Fiodor Dostoievski; o algo del McDonald con un bistró parisense. Ya que las personas del Occidente moderno son terriblemente incultas en casi todo, no puede sorprendernos que sus juicios sobre la verdad, como también sobre la belleza, no son solamente torcidos, sino ridículos. Ni siquiera saben sobre lo que están hablando.

Me recuerda el fenómeno bastante familiar de católicos que, no habiendo asistido a nada más que al Novus Ordo, aun así, tienen opiniones acerca de la Misa Latina. O de aquellos que quizás asistieron a pocas misas tradicionales, pero que no han (o no todavía) puesto atención a los detalles de las oraciones, de las ceremonias, de todo el espíritu de la cosa. En efecto, me tocó hace un par de décadas darme cuenta del vasto abismo que separa el culto antiguo del nuevo en todos los aspectos y niveles, pero yo quise tomar el culto seriamente y me mantuve firme, creyendo que valdría la pena, lo cual ha hecho sobreabundantemente. Una vez que lo ves, ya no puedes dejar de verlo. De modo similar, una vez que escuchas el Canto Gregoriano lo suficientemente a menudo para sentir, para aprehender cuan perfectamente expresa la letra y el espíritu de la liturgia, posiblemente no podrás volver de vuela a las guitarras y a los teclados. Es más, aquellas cosas rechinan en la conciencia de uno como las uñas en un pizarrón.

Existe un consenso entre los grandes intelectuales de Occidente – Sócrates, Platón, Aristóteles, Agustín, Boecio, San Juan Crisóstomo, Friedrich Nietzsche, Arthur Schopenhauer, Josef Pieper y Roger Scruton, solo por nombrar a unos pocos, que la música es una fuerza formadora de carácter de un inmenso poder e íntima influencia, posiblemente la mayor fuerza a nivel natural. Dado los cambios en el estilo de musical sobre los últimos 1000 años, sería difícil encontrar mucho consenso en la medida en que uno se acerca más y más a los detalles. Quiero decir que la pregunta de cuál es mejor, la música clásica o el rock, es mucho más fácil de responder que la pregunta sobre qué es mejor, la música Barroca o la del periodo Romántico, o quién es el mayor compositor, Bach o Haendel. Así que uno encontrará un montón de argumentos para discutir a favor de los principios más generales, pero se vuelve más difícil argumentar sobre la superioridad de este o de aquel periodo en la historia de la música, y es más difícil todavía razonar sobre la superioridad de este compositor sobre este otro. Sin embargo, la mayoría de la gente no está preocupada sobre la cuestión de Mozart v/s Beethoven, sino de la música clásica v/s el jazz v/s el pop, o, en el ámbito de la Iglesia, el canto y la polifonía v/s el canto de alabanza y adoración, y los himnos en lengua vernácula.

La música sagrada exhibe las características esenciales del arte de la música con una particular luminosidad y de esta manera nos ayuda a entender el rol de la música en la vida más profundamente.

He llegado a pensar que toda la música que escuchamos debiera ser compatible o estar en armonía con la música sagrada.

Esto no significa que tengamos que escuchar música sacra todo el tiempo (eso sería extraño, a veces ¡es apropiado bailar!), sino que más bien nuestra vida secular no debiera ser un compartimiento estanco que no tiene nada que ver con nuestra vida espiritual y litúrgica, o peor, que competiera con ella, la diluyera o la socavara. Debiera haber una suave transición desde fuera de la iglesia hacia dentro de ella; desde dentro de la iglesia al Santísimo Sacramento; desde el Santísimo Sacramento a la contemplación y la visión beatífica. La mirada católica significa que nuestras vidas enteras sean ofrecidas como un sacrificio agradable a Dios, en unión con Cristo, en un peregrinaje al cielo (ver Romanos 12, 1; Filipenses 4, 8; Colosenses 3, 3). A mi modo de ver, la auténtica música folclórica sigue siendo compatible en este sentido; casi todo lo que hay en las estaciones de radio hoy no lo es.

La música folclórica, la música folk de verdad, tal como las personas la han cantado por siglos en todas partes de Occidente, casi nunca es problema, ética y espiritualmente. Es cierto por varias razones. Primero, la música es impulsada por la melodía. El ritmo, desde luego, está presente, pero la melodía es la que reina. Solo la música barbárica enfatiza el ritmo como una cosa central o como igual a los otros elementos. Segundo, la mayoría está destinada para cantarse en grupo, no para el lucimiento del solista. El acompañamiento instrumental puede tener un simple tambor que modestamente va marcando el tiempo, pero usualmente consiste en violines, instrumentos de cuerda pulsada o martilladas, harpas, flautas, y otros instrumentos tradicionales impulsados por la mano o por la respiración. Tercero, el ritmo en sí es natural, esto es, enfatiza los golpes fuertes, en el tiempo común o 4/4, pulso 1 y 3, no a los débiles pulsos pares (backbeat o síncopa). A menudo la música folklórica está escrita en triple tiempo, lo que raramente se desvía del énfasis en el ritmo principal. Desafortunadamente hoy un montón de material de música folklórica se ocupa para “transformarla en rock” con un pulso e instrumentos amplificadores porque ese es el algodón de azúcar que quiere el gusto moderno. Eso pervierte su naturaleza.

Si estás interesado en adquirir más literatura al respecto, permíteme hacerte algunas recomendaciones:

Uno de los mejores filósofos del arte es Roger Scruton. Él explica porqué mucho de lo que la gente dice sobre las bellas artes son majaderías, y porqué hay, debe haber, grados objetivos de belleza. Lo cual significa también que hay grandes, buenos, y malos artistas, y que podemos identificar los rasgos que poseen y las cualidades de su trabajo. Scruton era un conservador social y un no-creyente que simpatizaba con el cristianismo, así que tiene sus límites. Ve sus trabajos: La belleza: Una breve introducción; La Estética De La Música y La música como Arte.

Para una visión católica de las artes y de la belleza, recomendaría a Dietrich von Hildebrand. A pesar de que los tomistas tienen sus desacuerdos con él, su visión sobre la estética es extremadamente valiosa y, a diferencia de la mayoría de los tomistas del siglo veinte, él vio lo que se estaba jugando en las reformas litúrgicas y se resistió a ellas. Ve su Estética, volumen 1 y 2.

Para la música en particular, recomiendo de Josef Pieper, Solo quien ama, canta. El arte y la contemplación. Contiene el mejor pasaje que yo he encontrado sobre lo que es la música, y por lo tanto, siempre se lo asigno a mis estudiantes. También son dignos de nombrar, de Elisabeth-Paule Labat, La canción que yo soy: Sobre el misterio de la música, (The Song That I Am: On the Mystery of Music); de Michael Kurek, EL Sonido de la belleza: un compositor clásico sobre la música en la vida espiritual, (The Sound of Beauty: A Classical Composer on Music in the Spiritual Life); y Basil Cole, Música y Moral: una valoración teológica de los efectos morales y psicológicos de la música, (Music and Morals: A Theological Appraisal of the Moral and Psychological Effects of Music). Encuentro que este último libro es un poco débil en algunos aspectos, pero el autor está tratando de tomar la tradición seriamente, y es uno de los pocos libros que lo hacen. Yo me he comprometido a escribir un libro sobre este asunto y espero tenerlo listo para la Navidad del 2021.

Cordiales saludos en Cristo,

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por LifeSiteNews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/explaining-the-desire-for-musical-conversion

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