La tiranía del relativismo y la ambigüedad

Una reflexión sobre el momento eclesial actual, el relativismo y la ambigüedad que se vive. Presentamos y damos la bienvenida a nuestro equipo de Marchantes a José Gabriel Concepción. ¡Enhorabuena y gracias por este primer artículo en Marchando Religión!

La tiranía del relativismo y la ambigüedad. Un artículo de José Gabriel Concepción Blasco

Por José Gabriel Concepción Blasco

Doctor en Periodismo, DEA en Historia Moderna.

Asistimos con relativa frecuencia a pronunciamientos del Papa, que nos llenan de estupor. Son opiniones que tratan de adecuarse a las modas de nuestro tiempo y que aplauden, por rara paradoja, los enemigos de nuestra fe y deploran los que permanecemos en ella. En nuestro tiempo hay dos líneas de pensamiento que están destruyendo lo poco que queda de la civilización cristiana. Un personalismo llevado al extremo, que nos conduce a esa autodeterminación absoluta de la persona, sin ninguna relación ya con la Ley de Dios o la Ley Natural. Ese “autonomía individualista”, de reafirmación del individuo impregna todo el derecho positivo, con leyes que permiten el llamado “matrimonio homosexual”, el divorcio, el aborto, la eutanasia o esa ideología de género, que socava los principios de la familia, institución anterior al propio Estado, y que, en nuestros días, el nuevo Estado Leviatán trata de regular y organizar, atendiendo a las “nuevas realidades”. La otra tendencia perversa es ese relativismo funesto. No hay ya una verdad en la que creer. No ya la ley divina, sino la ley natural ha quedado dinamitada. Sin darnos cuenta caemos en el abismo. Destruida esa ley natural aniquilamos también el ser humano como tal. Caemos en una dictadura peor sin duda que las tiranías nazis o estalinistas, o la que actualmente impera en China.

Desde el Vaticano II la Iglesia católica ha renunciado a predicar la Verdad. Se limita a dialogar de forma permanente con el mundo como si ya no fuera depositaria de esa misma Verdad, que es Cristo, que nos salva y redime, y que debe impregnar toda la acción política y la propia legislación del Estado. Roma se proclama adalid de la libertad, olvidando que la Iglesia debe evangelizar y extender el reino social de Cristo. Hoy volvemos a escuchar las palabras de Pilato ante Nuestro Señor. ¿Qué es la Verdad? Se nos propone nuevos “avances” y “descubrimientos” en el seno mismo de la propia Iglesia, mediante una continua tensión entre los llamados progresistas y conservadores. Se quiere llegar así a fórmulas de consenso, que permiten dar pasos hacia ese nueva Cristiandad, hacia ese nuevo cristianismo que nos quiere plantear y que debemos asumir sin más. Sin la más mínima crítica. Estamos sin duda ante un grave error democratizador que debemos rechazar. El principio que sustenta la propia acción de la Iglesia es la fidelidad a la Verdad, no ese debate continuo, que puede valer para las sociedades humanas, pero no para la Iglesia de Cristo, fundada por nuestro Señor, donde no rige las democracias al uso. La Iglesia es divina y santa, por su propio Fundador, aunque formada por hombres pecadores. No debe haber tal “diálogo” ni esa búsqueda de nuevas realidades, con el pretexto de adaptarse al mundo. Por ese camino vamos camino de la extinción, como ocurrió con las sectas protestantes. Debemos ser fieles a la Verdad y saber discernir. Ya ocurrió al principio del cristianismo, cuando San Pablo recomendó a los cristianos de su tiempo que no se conformaran con el mundo y su mentalidad. Así se lo recomendó a los Tesalonicenses. “Examinarlo todo y se quedaran sólo con lo bueno”. Omnia autem probate, quod bonum est tenet (1 Tes., 5, 21).

El problema es precisamente ese. No discernir. Los católicos nos aferramos a una obediencia ciega a todos los pronunciamientos de nuestros pastores, y de una forma especial, al Vicario de Cristo. Si no se aceptan las “nuevas verdades” desobedecemos al Papa y por tanto caemos en la herejía. Estás fuera de la Iglesia. De esta forma se acalla cualquier discrepancia y se aceptan así pronunciamientos como poco ambiguos, cuando no claramente heterodoxos. Pongamos un ejemplo suficientemente ilustrativo.

1.- LAS LLAMADAS “UNIONES HOMOSEXUALES”

El día 21 de octubre del pasado año se emitió en el Festival de Cine de Roma un documental en el que el Papa Francisco se pronunciaba sobre el llamado “problema de la homosexualidad. Afirmó literalmente:

Las personas homosexuales tienen derecho a estar en una familia. Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. Nadie debe ser expulsado o sentirse infeliz por ello. Lo que tenemos que crear es una ley de uniones civiles. De esa manera están cubiertos legalmente. Yo lo he defendido”.

Estas provocadoras palabras generaron el aplauso de los enemigos de la fe, y la división en el campo católico, como ya hemos dicho. Roma, triste es decirlo, ha dejado de ser ya el referente que nuestro tiempo necesita en la defensa de la Verdad y del ordenamiento social y político cristiano. Se organizó la consabida escandalera sin más, que la Secretaría de Estado trató de acallar con una nota aclaratoria, que fijara el sentido ortodoxo de las palabras del Papa, y que distribuyó por todas las Nunciaturas.1 Se exponía tímidamente la verdad que siempre ha defendido la Iglesia católica contra la práctica homosexual, por ser contra natura, un pecado nefando, que no puede tener un reconocimiento civil ni ser aceptada en los ordenamientos políticos. Lo podemos leer en el Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado y promulgado por Juan Pablo II.2

A pesar de la nota de la Secretaría de Estado, se toleró en la práctica unas bendiciones de esas uniones homosexuales, con grave escándalo, pues al hacerlo los sacerdotes que las practicaban o los obispos que las toleraban estarían dando carta de naturaleza al homosexualismo. El escándalo sigue y resulta imparable hasta tal punto que ha intervenido recientemente la Congregación para la doctrina de la Fe, prohibiendo esas bendiciones (Responsum de la Congregación para la Doctrina de la Fe a un dubium sobre las bendiciones
de las uniones de personas del mismo sexo (vatican.va).) Demasiado tarde. A pesar de este pronunciamiento, la Conferencia Episcopal alemana se ha declarado en abierta rebeldía, y seguirá promoviendo esas bendiciones de las “uniones civiles” de los homosexuales. Una posición a la que se han unido recientemente el obispo de Aquisgrán, Mons. Helmut Dieser, quien calificó el «no» de Roma a esas bendiciones como «declaración que causa molestia e irritación». (Obispo de Aquisgrán dice que ‘no’ a bendición de parejas homosexuales “causa molestia e irritación” (gaudiumpress.org)

Se están recogiendo firmas bajo las banderas del movimiento LGBT y del llamado ZdK (Comité Central de Católicos Alemanes). Se han reunido, aseguran sus promotores, 2.500 firmas, todas ellas a favor de la bendición de esas uniones homosexuales, contrarias no solo a la Ley de Dios, sino al derecho natural. Es, entendemos, un paso demoledor de lo que poco que queda ya de civilización cristiano y otro más hacia el cisma en la propia Iglesia católica, al que el Papa parece no temer.

Con menos repercusión mediática se está imponiendo la comunión a los calvinistas y luteranos. Una práctica que empezó a tolerarse en el caso de matrimonios mixtos, entre católicos y protestantes. Roma prometió en 2018 un documento para toda la Iglesia ante las exigencias de Alemania, a favor de la comunión entre protestas y católicos (Comunión en los matrimonios interconfesionales: el Papa pide profundización – Vatican News)

Se está extendiendo esa intercomunión no solo en la rebelde iglesia alemana, sino en otros países, en la que se acepta también la comunión abierta a los que viven en adulterio, esgrimiendo precisamente “Amoris Laetitia”, la Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre la Familias. Estas comuniones sacrílegas, que se están fomentando en la práctica, atentan directamente contra lo más sagrado y santo, la Eucaristía, donde está realmente está presente Nuestro Señor, con su Cuerpo, Sangre, Alma, y Divinidad. La comunión en la mano participa de esta tendencia demoniaca de destruir la Eucaristía, fundamento de nuestra fe y de la propia Iglesia. Satanás, y con él todos los herejes, inspirados por él, saben que destruida la Eucarística será destruida la propia Iglesia. Esta es la realidad pavorosa a la que nos enfrentamos, mientras el Papa guarda silencio o fomenta con sus “ambiguas posiciones” la división. Esa es la verdad, aunque nos duela en lo más profundo, pues pedimos que el Papa nos confirme en la Verdad, y deje de crear confusión con sus “opiniones”, que tanto aplauden el mundo.

2.-LOS TIEMPOS EXIGEN DE NOSOTROS MÁS SANTIDAD, ORACIÓN Y PENITENCIA.

Son tiempos de santidad, sí, pero de mantenerse firmes en la Verdad y saber discernir y quedarse con lo bueno, tal como pidió San Pablo en su epístola a los Tesalonicenses. Es tiempo de santidad, sí, y de saber discernir. Con oración y penitencia. Vivimos en una de las crisis más graves a la que se enfrenta la Iglesia, pues no solo afecta a una parte de la Iglesia, sino a toda ella. El error se propaga no solo por todo el orbe católico, sino por todo el Cuerpo de la propia Iglesia, desde obispos a cardenales hasta sacerdotes y seglares. La división incrementa aún más la confusión, que no puede venir de Dios. Tres notas caracterizan, a nuestro modesto entender, esa crisis única y singular.

3.- ANTE LA CRISIS DOCTRINAL

Estamos ante una grave crisis doctrinal. Se dinamitan las fundamentes de la fe y la moral, propagando autores heterodoxos. Lo podemos comprobar en cualquier librería diocesana o religiosa o en la biblioteca de cualquier sacerdote. Con grave escándalo asistimos a la ceremonia de la confusión. Vemos a cardenales enfrentados a otros cardenales, obispos contra obispos. La división ha llegado incluso a los seglares, que asistimos perplejos ante esta situación única, donde todo se cuestiona y se acepta de paso el nuevo orden social y político. La Iglesia abraza al mundo laicista y ateo. Se impone también una nueva Ostpolitik vaticana con los regímenes comunistas o filocomunistas. No solo eso. La Santa Sede se ha convertido en una agencia activa de la ONU, una organización supranacional, abiertamente anticristiana y contraria a la ley natural, que nos quiere imponer un nuevo orden mundialista, de inspiración masónica, que podemos comprobar en la funesta Agencia 2030. Es ese Estado Leviatán, que decidirá quién debe nacer y quién debe morir. La actual pandemia ha activado esta tendencia. Se nos obliga a adherirnos a ese Estado mundialista. Primero, con ese pasaporte Covid, que, en principio, servirá para poder moverse de un Estado a otro, garantizando que uno está vacunado. El pasaporte llevará nuestros datos personales mediante un código de barras. No lo olvidemos. Una vez implantado este pasaporte servirá de poderosísimo mecanismo de control. Nada se podrá hacer sin ese pasaporte. Bill Gates ha señalado el siguiente paso. La creación de una policía global que permitirá aplicar estas medidas de control, acallando a los llamados “negacionistas. La siguiente medida estará ya próxima-. La existencia de “centros de reeducación”, nuevos Gulag, donde los “críticos” serán exterminados. Empezando en primer lugar contra aquellos que se oponen a esa vacuna y a ese pasaporte. Después, entrarán en esos centros todos aquellos que se opongan al nuevo Estado. En la China comunista ya ocurre así, con el silencio cómplice de Occidente y de la Santa Sede.

4.- LA DESTRUCCIÓN DE LA LITURGIA CATÓLICA

Asistimos también a una destrucción de la sagrada liturgia. Es una de las notas de la crisis en la que nos vemos inmersos. Todos los grandes herejes ya lo manifestaron así. “Destruyamos la misa papista, y acabaremos con la Iglesia de Roma”. Lo afirmó Lutero, rehabilitado en la Iglesia actual.

En contra de las enseñanzas del Concilio de Trento en su 22° sesión y en contra de la encíclica Mediator Dei de Pío XII, se ha dado prevalencia al papel de los fieles en la participación de la Misa, y se ha disminuido el del sacerdote, convertido ahora en simple presidente de la asamblea o pueblo de Dios. Como ocurre entre los protestantes. Se ha dado preponderancia a la Liturgia de la Palabra, mientras se ha oscurecido la fe en sacrificio propiciatorio de Cristo que se ofrece de forma incruenta, pero real, a Dios Padre por nuestros pecados. Ocurre en cada Misa. Es la fe definida en Trento. Se ha exaltado la idea del banquete, oscureciéndose cada vez más la fe en la presencia real de Cristo en la Eucarístia que realiza mediante la transubstanciación. Al suprimir la lengua sagrada, se han multiplicado hasta lo infinito los ritos, profanándolos al introducir elementos mundanos y paganos como vimos en la ceremonia demoníaca a la Pachamama en los Jardines del Vaticano

Y frente a esta realidad, los Concilios de Florencia y Trento pronunciaron anatemas contra todos esos cambios, al mismo tiempo que afirmaron que el Canon de la Misa Tradicional, la forma extraordinaria, se remonta hasta los tiempos apostólicos. Los Papas San Pío V y Clemente VIII insistieron en la necesidad de evitar los cambios y transformaciones, manteniendo perpetuamente este rito romano consagrado por la Tradición.

Esta paulatina destrucción de la Liturgia se ha acelerado últimamente. El último paso se ha dado recientemente con una disposición de la Secretaría de Estado, prohibiendo las misas individuales en la Basílica de San Pedro. Así se ha trasladado a la opinión pública. Si uno lee atentamente la medida va mucho más lejos, pues pretende ni más ni menos que terminar, de facto, con la misa tradicional o tridentina, limitando su celebración o estableciendo un régimen de autorización, contrario al Motu Proprio de Benedicto XVI, que liberó esta Misa Tradicional. Solo tres cardenales se han opuesto a esta medida despótica de la Secretaría de Estado, la misma que alentó ese acuerdo funesto con Pekín, del año 2018, y que ha supuesto el aniquilamiento de la Iglesia mártir, llamada del “silencio” por su oposición a la Iglesia Patriótica China, alentada por el Partido Comunista Chino. El Papa guarda silencio. La reacción es mínima. Solo tres Cardenales, Burke, Sarah y Zen, han pedido al Papa que revoque tal medida. En el futuro, mucho nos tenemos, se aplicará esta disposición de la Santa Sede en las catedrales católicas. Solo habrá Misas concelebradas, y la Misa Tradicional será suprimida. Una situación de hecho que llevará a abrogar definitivamente el Motu proprio de Benedicto XVI. (Motu Proprio Summorum Pontificum sobre la «Liturgia romana anterior a la reforma de 1970» (7 de julio de 2007) | Benedicto XVI (vatican.va)

5.CRISIS ECLESIAL: LA IGLESIA SINODAL

Es otra de las notas de esta crisis, que nadie puede negar, por mi obcecado que esté y se aferre a esa obediencia ciega, que se impone especialmente en este Pontificado. Nos referimos a una nueva concepción de la Iglesia, que dimana de una falsa colegialidad. Nos referimos a esa Iglesia sinodal que alienta el Papa, y que va en contra de la propia constitución divina de la Iglesia, que es monárquica y jerárquica. Esa Iglesia sinodal será objeto del próximo Sínodo, que se celebrará en el año 2022 con este lema:Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Durante el pontificado, el Santo Padre ha mencionado repetidamente que la sinodalidad es un camino principal en la vida de la Iglesia. Con motivo del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, el 17 de octubre de 2015, pronunció estas palabras:

“Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está contenido en la palabra Sínodo. Caminar juntos – laicos, pastores, obispo de Roma – es un concepto fácil de expresar, pero no tan fácil de poner en práctica”.

La sinodalidad, subrayó el Papa en 2015, ofrece “el marco interpretativo más adecuado para comprender el propio ministerio jerárquico”. “Si entendemos que, como dice San Juan Crisóstomo, la Iglesia y el Sínodo son sinónimos, también entendemos que en él nadie puede ser elevado por encima de los demás”. “Por el contrario, explicó el Santo Padre, en la Iglesia es necesario que alguien ‘se agache’ para ponerse al servicio de los hermanos en el camino”. Jesús estableció la Iglesia “colocando el Colegio Apostólico en su cima, en el cual el apóstol Pedro es la roca”. Pero en esta Iglesia, “como en una pirámide invertida, la cumbre está debajo de la base”. Francisco observó que los que ejercen autoridad “se llaman ministros porque, según el significado original de la palabra, son los menos importantes”.

Mera palabrería que esconde otra realidad perversa.

La Iglesia Sinodal, que se nos propone, constituye un auténtico “caballo de Troya”. Se nos está planteando una nueva Iglesia, que, bajo la apariencia de ser católica, ya no lo será. En esa nueva Iglesia habrá una nueva fe, una nueva misa y nuevos ministros. Ya se están dando pasos tímidos, pero firmes, en esa dirección. Las mujeres ya pueden ser acólitos y lectores, ordenes menores, sin duda, pero ministros del Altar, un primer paso para el sacerdocio femenino, que se admitirá, como siempre, en la práctica, pese a un pronunciamiento formal en contra. Es esa ambigüedad doctrinal, a la que estamos acostumbrados. El Papa impulsa estas novedades. No está siendo elemento de unión, mientras se agitan las aguas que amenazan la barca de Pedro. Está convencido que esas reformas son buenas y necesarias. Participó en su juventud, cuando el Peronismo estaba en el poder, de ese movimiento de reforma, “el cristianismo auténtico” muy bien descrito por el profesor argentino Antonio Caponneto.3

6.NUESTROS REFERENTES SON LOS MÁRTIRES

Vivimos en esta difícil hora de la Iglesia. No muy distinta de la crisis arriana o en la falsa reforma protestantes. Tenemos que tener la plena confianza y certeza que Cristo sigue actuando de forma poderosa en la Iglesia. Como en el arrianismo, una minoría fiel será perseguida, pero, al final será la semilla poderosa donde surgirá la auténtica renovación de la Iglesia. Como ha pasado siempre en la historia de la Iglesia. Pensemos en el cisma anglicano. La Iglesia misma reconoció al fin a esa minoría que se opuso en el nombre de Dios a ese rey que rompió con el Papa, convirtiéndose en cabeza visible de la Iglesia para lograr el divorcio con Catalina de Aragón y unirse de forma adúltera con Ana Bolena. Solo una minoría se opuso con ese grito de “No te es lícito”, que todavía llega hasta nosotros. Los cartujos de Londres, el mismo cardenal Fisher o Santo Tomás Moro son ahora nuestros modelos y guías en estos tiempos turbulentos, como los nuestros. Es el camino a seguir frente a esta dictadura del relativismo y la ambigüedad, que amenaza con destruir la Iglesia de Cristo. Nuestra respuesta, ya lo hemos dicho, debe ser la misma a la que se aferraron los cristianos en circunstancias parecidas a las nuestras. Oración, penitencia y más santidad. Dios está con nosotros.

Por José Gabriel Concepción Blasco

1 El texto, en español, fue publicado el pasado 31 de octubre, sin ninguna otra indicación de origen o destinatario, en la página de Facebook de Mons. Coppola, lo que indica implícitamente el origen de la carta (Secretaría de Estado) y la voluntad de Francisco de aclarar el contexto de sus observaciones, que fueron mal interpretadas. Véase

2 2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

3 Nos referimos a su libro titulado “De Perón a Bergoglio: El “catolicismo” excomulgable”, del año 2019

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José Gabriel Concepción

José Gabriel Concepción

José Gabriel Concepción Blasco. Nacido en Madrid en 1958. Licenciado en Ciencias de la Información, rama de Periodismo, UCM, en el año 1980. En 1981 aprobó el Curso de Aptitud Pedagógica en Geografía e Historia en la Universidad de Somosaguas. Ingresa como redactor en RTVE en el año 1982, con el número 2 del concurso-oposición celebrado el día 26 de diciembre de 1981. Su primero destino, en Navarra, donde pasará 6 años. Allí pondrá en marcha uno de los primeros programas agrarios en el circuito regional de TVE. Se llamaba “El Campo”. Desde el Centro Territorial de TVE en Pamplona pasará al de Madrid, en el histórico edificio del Paseo de la Habana. Compaginará su labor periodística con otra de guionista de más de un centenar de programas de divulgación histórica, sobre los barrios de Madrid, el Teatro Real, etc, o temas etnográficos o musicales como “La Pastorela”, “Los costaleros de Madrid”, “Hermanados por el vino” o “El agua de carabaña”, que se emitieron en el circuito regional, nacional y en los intercambios de Eurovisión. En el año 2000 pasará al servicio del Teletexto, donde llegará a ser coordinador y editor Adjunto. En el año 2009 será el responsable de un documental de una hora de duración titulado “La guerra que no nos contaron”, emitido en La 2, sobre la participación de España en la II Guerra Mundial, pese a nuestra condición de país no beligerante y neutral. Llegó a ser el segundo programa más visto en el día de su emisión. Otros trabajos no fueron aprobados por los responsables de TVE. Entre otros estaban dos, uno dedicados al Almirante Cervera y otro a Niceto Alcalá Zamora (“Memoria recobrada”). En el año 2007 concluirá sus estudios de doctorado en Historia Moderna, en la Uned, con la defensa de un trabajo de investigación sobre “Las Guardias Reales durante el reinado de Carlos II”, con la calificación por unanimidad de “sobresaliente”. En el año 2012 se incorporará hasta su jubilación en el Canal 24 h de TVE, donde ha sido redactor de Nacional, Deportes y últimamente, de Política Internacional. En el año 2021 ha defendido en la Universidad Complutense su tesis doctoral en Periodismo con la calificación de “sobresaliente”.