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¿Permitiría Dios un mal Papa?

¿Podría llegar Dios a permitir un mal Papa? Ni la Iglesia, ni el Papado fallarán, pero sí es posible que los católicos y la jerarquía lo hagan

¿Permitiría Dios un mal Papa?, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

La “indefectibilidad” de la Iglesia significa que la jerarquía y los fieles, y por tanto, la vida sacramental y social de la Iglesia, siempre permanecerá intacta en alguna parte. Sabemos que esto no puede significar en todas partes pues, de lo contrario, nunca habrían sido posibles la caída del norte de África en manos de los musulmanes o el cisma de la mitad de Europa durante la revuelta protestante. Sabemos que no puede estar en ninguna parte, como si la Iglesia desapareciera en un ideal invisible a ser redescubierto después, como a menudo los protestantes creen que le ocurrió a la Iglesia desde el año 300 al 1500 a.c.

 La razón por la que mucha gente está reanudando sus estudios sobre la crisis arriana es que, de hecho, hubo durante esa terrible prueba muy pocos obispos y sacerdotes que fueron realmente católicos comparados con el vasto número del lado herético. Atanasio dijo esa famosa sabia sentencia: “Vosotros tenéis los templos, pero nosotros tenemos la fe,” porque la mayoría de los edificios de las iglesias estaba en manos de arrianos o de semi-arrianos.

Hace unas semanas atrás la Iglesia celebró la fiesta de la Cátedra de San Pedro, cuando recordamos el otorgamiento de nuestro Señor de las llaves del reino al Príncipe de los Apóstoles y el establecimiento del posterior asiento Episcopal en la ciudad de Roma. Es para nosotros un saludable recordatorio anual tanto de que la Iglesia está fundada sobre la roca de San Pedro, una cabeza visible, como de que la esencia de esta roca es la fe de Pedro en el Divino Redentor, cuya pasión por el amor a la verdad debe hacer suya, para ser digno del gran oficio conferido a él y para ejecutar bien sus responsabilidades.

Mateo 16, 18: “Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.”

Esto tiene una extensa historia exegética. San Agustín toma “roca” para significar la fe de Pedro y, por tanto, la fe de la Iglesia. Santo Tomás de Aquino sostiene que se refiere tanto el acto de fe de Pedro, el cual cada cristiano puede emular, como a la posición de autoridad de Pedro, la cual solo él recibe.

En el periodo de la Contrarreforma, la aplicación de Mateo 16, 18 al papado fue obviamente lo principal en la mentalidad católica, pero el contexto completo de Mateo 16 muestra que lo que Jesús está alabando es la confesión de fe de Pedro en Su divinidad y en su misión mesiánica. Este es el cimiento de la Iglesia, no un hombre o incluso de un oficio considerado abstractamente. El deber fundamental del Papa es continuar confesando a Cristo, el Hijo de Dios, sosteniendo la verdadera Fe en todas sus enseñanzas dogmáticas y morales; en otras palabras, asegurar que el Evangelio permanezca intacto, indisoluble, incorrupto, visible. Esto ya comienza a decirnos mucho sobre cual es la problemática con el actual sucesor de San Pedro.

Cuando alguien recientemente me desafió diciendo: “Tú necesitas ajustar tu crítica basada en una visión más amplia de la historia de la Iglesia. ¡Echa un vistazo a Alejandro VI!”, yo respondí: “Habiendo estudiado la historia del papado, me quedaría con Alejandro VI sin dudarlo. Cualquiera que sean sus fallas morales, en su capacidad oficial él sostuvo la enseñanza de la Iglesia y se sometió humildemente a los venerables ritos litúrgicos de Roma. Hizo lo mínimo que a un Papa se le pide hacer: salvaguardar la doctrina y el culto tradicional.”

Sí, Mateo 16, 18 y lo circundante está definitivamente hablando sobre una persona y su fe, la cual es la base para el don de un rol especial de Cristo. Sin embargo, la clave para que este rol se ejecute apropiadamente es la posesión y el ejercicio de una misma fe. Un Papa hereje o apóstata sería una contradicción en los términos; de hecho, se cancelaría a sí mismo, como lo es en algebra +2 y -2. Desde luego, sabemos que esta herejía o apostasía tendría que ser manifiesta, llamada como tal y mantenida obstinadamente frente al desafío. Nos estamos acercando a ese punto.

Teniendo en cuenta las penurias del momento, no me sorprendió que un lector me escribiera:

“¿Por qué Dios nos “ayuda” hasta cierto punto y no más? Por ejemplo, ¿por qué Dios no permitiría a su Iglesia caer para luego dejar que se acerque de todos modos? ¿Por qué no trazar la línea antes? O en el Génesis, ¿por qué le deja a Adán la libertad de elegir del árbol del conocimiento del bien y del mal, para luego impedirle la opción de comer del árbol de la vida? ¿Por qué no protegerlo más del primer árbol? Desde luego que sin la ayuda de Dios estaríamos desesperanzadamente perdidos, pero ¿cómo podemos comprender “cuánto” Él elige ayudarnos? De cierto modo esto puede casi parecerle a Dios como un “juego”, pero tengo que asumir que existe algún orden divino en ello.”

Esta es la pregunta del millón. ¿Por qué Dios permite el mal? ¿Por qué Él permite esto, y no más ni menos?

Yo veo la respuesta en términos de la “severa misericordia” de la que Sheldon Vanauken hablaba. Dios no está tratando de hacérnosla fácil. Él tiene por objeto santificarnos, librarnos del pecado y hacer héroes de nosotros. Cada cristiano está llamado a ser un mártir, ya sea cruenta o incruentamente. Su misericordia es demandante y nos llevará hasta el mismo borde, al límite. Cuando aceptamos esto, hacemos nuestro purgatorio en la tierra, por así decirlo. Esta es la enseñanza de los místicos también, como San Juan de la Cruz: la vía purgativa, la iluminativa y la unitiva. Si queremos la unión con nuestro Señor, debemos dejar que Él nos enseñe, y si queremos ser enseñables, listos para recibir lo que Él desea darnos, debemos sufrir. El sufrimiento amplía la aptitud de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestra caridad.

Dios que es infinito tiene tanto que dar que debe cavar para Él mismo un espacio en nuestras almas a través de poderosas pruebas y tribulaciones. No es un juego, sino la esencia misma del amor que no se compromete ni puede comprometerse, que se niega a compartir espacio con cualquier amor indigno.

Digo esto respecto a la vida interior de cada católico y la vocación de cada creyente a ser testigo de la verdad, que es la esencia del martirio. Sin embargo, también hay un beneficio a la Iglesia en general cuando Dios permite pruebas de esta magnitud, esto es, que la verdad de su enseñanza tradicional brillará aún más cuando sus enemigos hayan sido confundidos. Se profundizará nuestra comprensión del papado, su inseparable enlace con la tradición y los límites externos de su desviación; nuestra fe será purificada de los extremos de hiperpapismo y de sedevacantismo.

Aquellos que deseen leer más sobre porqué el oficio del Papa debe ser visto medido por la tradición y regulado por la fe constante de la Iglesia, les puede servir de ayuda el artículo que publiqué Happy Catholics Don’t Make the Pope More than He Is. (Los católicos felices no hacen más al Papa de lo que es.)

Peter Kwaskiewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por LifeSiteNews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/would-god-permit-a-bad-pope

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