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Jóvenes y Covid. Asunto: “Tengo dieciocho años y ésta es mi anti-vida”

Desde el blog de nuestro querido Valli, traemos un tema de plena actualidad, jóvenes y covid, ¿Qué está sucediendo con nuestros adolescentes y el temido virus?

Jóvenes y Covid. Asunto: “Tengo dieciocho años y ésta es mi anti-vida”. Un artículo del blog de Aldo María Valli

Artículo original: https://www.aldomariavalli.it/2021/04/11/giovani-e-covid-tema-ho-diciotto-anni-e-questa-e-la-mia-non-vita/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

“Tengo dieciocho años y no puedo ir al colegio… Tengo dieciocho años y no puedo hacer deporte… Tengo dieciocho años y no puedo ir a almorzar el domingo con mis abuelos… Tengo dieciocho años y no puedo viajar, descubrir, conocer”.

Son extractos de un texto escrito por una chica de nuestra época, nuestra época de lockdown y distanciación social. Un testimonio sobre el que podemos meditar, acompañado de algunos comentarios, igualmente significativos, de su madre.

“Mis hijos – escribe la señora – tienen catorce y dieciocho años y ya ni siquiera se quejan, su apatía es total. El chico pasa de la silla que utiliza para la educación a distancia al sillón con play station y luego a la cama con TikTok, como si fuese una larva. Al menos cuando existía el código naranja había deporte, fútbol (ni un solo positivo en el equipo). ¡Estamos bien de salud! Pero nos están matando por dentro. En cuanto a mi hija, está sufriendo muchísimo, la sigue un psicoterapeuta porque los problemas sociales causan daños irreparables, como obsesión por las dietas y un físico perfecto. Es verdad que ella siempre tuvo bulimia y anorexia, pero antes estaba concentrada en sus estudios, su deporte, sus aspiraciones de cada día. Es difícil, saldremos de esto, se lo he prometido a mis hijos. Nos cuesta llegar a fin de mes, pero somos afortunados.  Es increíble que la clase política no se dé cuenta de que sin ayuda no resistiremos. Una y otra vez, se producen discusiones diarias entre nosotros”.

Pero volvamos a la chica de dieciocho.

Los jóvenes de hoy se debaten entre miedos y expectativas de futuro

Me llamo *** y tengo dieciocho años, cumplidos hace algo más de un mes, justo en medio de la pandemia global, lo que me ha impedido festejar el día que hubiera sido el más bonito e inolvidable de toda mi vida.

Tengo dieciocho años y no puedo ir al colegio. He pasado mis últimos años de instituto en mi habitación, delante de un ordenador, sin relación con nadie, con la cabeza gacha y los ojos cansados. Sin el menor deseo ni interés por aprender. Sin tener la posibilidad de relacionarme con mis compañeros, de compartir los momentos de alegría y los de sufrimiento, de tomar un café de máquina, de reírnos mirando a los chicos de quinto, de ir de compras. De crecer.

Tengo dieciocho años y no puedo hacer deporte. Ni siquiera me permiten ir al gimnasio una hora tres veces por semana, lo que antes me servía para despejarme de todo y recuperar la energía que necesitaba para encarar la semana.

Tengo dieciocho años y no puedo ir a almorzar el domingo con mis abuelos. No sé cuánto tiempo podré tenerles conmigo, por lo que he perdido irremediablemente la oportunidad de disfrutar de ellos durante todo este tiempo.

Tengo dieciocho años y no puedo viajar, descubrir, conocer. Tengo dieciocho años y no puedo ver a mis amigos. Tengo dieciocho años y ya no puedo divertirme, reír, soñar, tener aspiraciones. No puedo disfrutar de la despreocupación que normalmente haría de estos años de adolescencia los más bonitos de la vida de todo el mundo. Tengo dieciocho años y me han quitado todo. Me levanto, como, duermo.

Una parte de mí sigue teniendo la esperanza de que llegue pronto la solución y trata de no dejarse dominar por la situación general, escapando de una realidad diaria monótona y gris. Sin embargo, mi otra parte razona de vez en cuando y entonces se hace imposible intentar olvidarse de todo. En esos momentos, el mundo se me echa literalmente encima y siento que en mi pecho se abre un abismo terrible. No puedo evitar pensar en lo que he perdido y que nadie me podrá devolver jamás.

Quizás sea mejor no pensar en ello. La pandemia me ha quitado tanto, pero sobre todo me ha quitado el hambre. Hambre de vida. He perdido el interés por casi todo. Al final, casi me encuentro mejor sola, en casa. No tengo fuerzas para salir, no me apetece. No consigo levantarme de la cama ni vestirme. Y si lo hago, me hundo, al ver mi imagen tan horrible en el espejo.

Esta etapa vacía, sin nada que hacer, en qué pensar, en qué dedicarme, me ha llevado a concentrarme en la comida. Convivo con una voz que se limita a recordarme que no tengo razón, que estoy gorda y que soy inferior. Todo esto no es victimismo y mucho menos egoísmo, como defiende la inmensa mayoría de adultos que parecen haber olvidado su juventud (pero es que es fácil hablar cuando ellos sí la tuvieron, ¿o no?). Todo esto es simplemente nuestra (anti) vida.

Tengo dieciocho años y tengo miedo. Tengo miedo del futuro, de lo que me sucederá, si siempre llevaré estas lesiones dentro de mí o si volveré a ser la chica que era antes. Tengo miedo de que no termine nunca y de que no haya futuro para mí. Para nosotros.

Fuente: nicolaporro.it

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