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Salvando a nuestros hijos y a nuestra Iglesia Lo que tienen en común el educar en casa y el tradicionalismo-MarchandoReligion.es

Salvando a nuestros hijos y a nuestra Iglesia: Lo que tienen en común el educar en casa y el tradicionalismo

Cómo los católicos que buscan practicar su religión se asemejan a los padres que buscan guiar la formación intelectual de sus chicos a través de educar en casa

Salvando a nuestros hijos y a nuestra Iglesia: Lo que tienen en común el educar en casa y el tradicionalismo, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

Nota de la imagen: Shane McGregor, 12, izquierda, and Bruce, 17, trabajan en el estar de su casa de campo mientras su madre y profesora, Deanna, revisa más curriculum para educar en casa a sus hijos. Ken Harper/Creative Commons

¿Por qué rechazarían los padres católicos enviar a sus hijos a escuelas estatales, o incluso a colegios parroquiales? ¿Por qué algunas familias católicas evitarían su parroquia local e irían más lejos, a menudo a grandes distancias, para llegar a una iglesia donde se ofrece la Misa Tradicional en latín? Las respuestas a estas preguntas son bastante similares y mutuamente iluminadoras.

Los padres que eligen educar en casa son frecuentemente presionados, por bien intencionados amigos y conocidos, a poner a sus chicos en escuelas públicas o en colegios católicos donde (como dicen) ellos pueden ser una “buena influencia” y “ser parte de la comunidad.”

“¿No se supone que todos debemos ser levadura?, diría el mejor catequizado, enfatizando el punto. La decisión de educar en casa tiende a parecer como una opción extraña, antisocial y centrada en sí misma.

Pero entonces algo ocurre. Parece como si de repente la locura certificada se hizo cargo del sistema escolar. En un momento mucha gente vio que los colegios estaban simplemente comiéndose a sus hijos vivos y despertaron sus instintos de padres protectores. Se separaron sin preocuparse del estigma social, convencidos de que no solo estaban salvando a sus hijos, sino que en realidad estaban haciendo lo mejor que podían hacer por el país y por la Iglesia a largo plazo.

De un modo paralelo, La Opción Benedictina de Rod Dreher ha sido puesta en la mira como separatista, ensimismada y apolítica, como rindiéndose en la plaza pública al enemigo. Pero Dreher solo es uno de los muchos que han visto que esta sociedad secular (que como ellos dicen quiere comerse nuestro almuerzo) se mueve para comernos a nosotros y a nuestros chicos. Él hace una crónica de varias comunidades que juntaron ánimos y formaron una comunidad centrada en una fe, convencidos de que lo estaban haciendo para salvarse y salvar a sus hijos, plantando semillas para la única posible futura renovación de la plaza pública.

Vamos a considerar, a modo de comparación, la difícil situación de los católicos que buscan practicar su religión. Dentro la Iglesia muchos católicos preocupados han sido presionados a comprometerse con la parroquia local, a enviar a sus chicos a las clases de la CCD o incluso a la escuela; a asistir a la Misa principal de la parroquia y, en general, a ser “parte de la comunidad.” Todo lo que no sea sino ser un fiel comprometido es rechazado como una falta a ser verdadero católico, un orgulloso y como alguien que no siembra en su parroquia cosas buenas.

Sin embargo, muchos se han encontrado en situaciones donde su fe y la fe de sus hijos, lejos de recibir sustento, se está desvaneciendo a causa de la monotonía de un catolicismo con falta de brillo o de un pseudo-relevante culto pop; por las superficiales o positivamente erróneas homilías, y por el continuo mal ejemplo de la irreverencia frente a la Eucaristía. Ellos han debido reunir valor para unirse a una comunidad centrada alrededor de un culto reverente y una fe ortodoxa. Esto es no una traición. No es algo inherentemente orgulloso. Es un intento de salvar sus propias almas, las almas de sus hijos y a la larga plantar semillas para una renovación de la Iglesia.

Dicho esto, no es algo desleal al movimiento tradicionalista sugerir que necesitamos, de hecho, una amplia variedad de comunidades MTL para reflejar la riqueza de esta liturgia, de modo similar a como solíamos tener parroquias de italianos, alemanes, polacos e irlandeses. Todas ellas eran comunidades MTL en el pasado, pero con un sabor marcadamente distinto. Cuantas más variedades de enfoques podamos tener dentro de un compromiso general con el culto tradicional y la doctrina ortodoxa, mayor será el número de clérigos y personas que gravitarán con el tiempo hacia la MTL. Uno de los principales obstáculos para la MTL es que las personas pueden pensar que deben tener un modo particular de vida para ser parte de la comunidad; un modo para el cual se creen inadecuados, o que incluso uno de cuyos representantes de alguna manera los han ofendido.

Muchos que ven que esta tradición debiera ser, de alguna u otra manera, el centro, sienten repulsión debido a las malas experiencias con los “tradis”, y terminan fuera del tradicionalismo que realmente quieren. Así como los que se educan en casa, que se han adoptado y ramificado en muchas formas con el fin de preservar la cosa más esencial: permanecer a cargo de la formación intelectual y moral de sus hijos; los tradicionalistas deben aprender también a ser creativos y a adaptarse con el fin de ganar aún más almas para el poder de las doctrinas y del culto que tienen la bendición de disfrutar. Las cosas buenas nunca son solo para nosotros mismos, sino que están destinadas a ser compartidas.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por LifeSiteNews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/saving-our-children-and-our-church-what-homeschooling-and-traditionalism-have-in-common

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