Respuesta doctrinal deslucida por el contemporizar. Bendición a uniones de personas del mismo sexo.

Nuestro colaborador comenta la respuesta doctrinal sobre las bendiciones a uniones de personas del mismo sexo, ¿Lo pueden hacer los sacerdotes, la Iglesia lo permite?

Respuesta doctrinal deslucida por el contemporizar. Bendición a uniones de personas del mismo sexo. Un artículo de Juan Manuel Rubio

La Congregación para la Doctrina de la Fe ha contestado, «Responsum ad dubium», una pregunta sobre bendición de parejas del mismo sexo. No sé si esta pregunta llegó antes o después de las cinco que formularon cuatro cardenales, pero es bueno que haya sido respondida, como lo demuestran las reacciones en ciertos sectores. «Del enemigo el consejo.»

El «Responsum» empieza muy bien:

«A LA PREGUNTA PROPUESTA: ¿La Iglesia dispone del poder para impartir la bendición a uniones de personas del mismo sexo?

– SE RESPONDE: Negativamente.»

Luego el documento se desluce con un continuo querer quedar bien con los sectores homosexualistas. ¡Ay, que no se ofendan! ¡Ay, que no se sientan discriminados! ¡Ay…! No he visto a nadie en las altas esferas de la Iglesia con tantos melindres a la hora de condenar a los que explotan a los pobres, pero cuando se colisiona con el lobby gay las cosas cambian. Las fauces del Infierno están abiertas para tragarlos, pero falta caridad para advertírselo claramente. Se dice parte de la verdad pero dando vueltas, buscando algún lado bueno a lo que es malísimo, rellenando el discurso con vaciedades que parecen algo si no se las examina críticamente o añadiendo alguna cosa que no tiene nada que ver con el asunto pero suena bien.

Tras la respuesta escueta, el documento contiene una «Nota explicativa» que forma parte del mismo, aunque la cosa no acaba aquí; la misma Congregación ha publicado un documento aparte titulado «Comentario del Resposum ad dubium»: nos explican la explicación. Recemos para que la explicación de la explicación no necesite una nueva explicación y para que en el futuro se acierte a concentrar todas las explicaciones en una sola bien hecha. El «Responsum» tiene fecha de 22 de febrero de 2021, el «Comentario» no lleva fecha, debe pertenecer al orden de lo eterno.

La nota explicativa del «Responsum» ya empieza pasteleando en su primer párrafo afirmando que quienes proponen bendecir uniones de personas del mismo sexo lo hacen por sincera voluntad de acogida y para ayudar a los homosexuales a realizar la voluntad de Dios. ¡Tonterías! En el mejor de los casos lo hacen porque se dejan llevar por el Mundo y su Príncipe, en otros casos para modificar con toda malicia la doctrina de la Iglesia sobre sexualidad y matrimonio.

En el segundo párrafo vuelve con la cantinela del rechazo de toda discriminación injusta respecto a los homosexuales (copia del Catecismo de la Iglesia Católica) que tanto se usa para hacer medio aceptables las relaciones homosexuales y su propaganda. Esta insistencia en el caso de la homosexualidad es sospechosa por partida doble: ¿porqué no se extiende a los demás? ¿Qué necesidad hay de decir que algo injusto no se debe hacer?

Puestos a introducir un rechazo a las discriminaciones injustas en un «Responsum» o en el Catecismo ¿porqué no se rechazan las discriminaciones injustas que puedan sufrir los pecadores de cualquier otro género? Sabemos que hay sociedades en que las adúlteras sufren discriminaciones injustas (y cosas mucho peores); seguro que muchos expresidiarios sufren discriminaciones injustas; ¿jamás ocurre que los drogadictos sufran discriminaciones injustas? ¿Porqué esta sospechosa preferencia hacia la homosexualidad en documentos eclesiales a la hora de condenar discriminaciones injustas?

Estas condenas son perogrulladas, aunque se presenten como fruto de un pensamiento profundo, por la simple lógica de que cualquier cosa a la que se añada el calificativo de injusta debe ser rechazada por principio: un reparto de herencia injusto, una injusticia en la selección para un cargo, una agresión injusta… Lo que tiene mérito es deslindar lo justo de lo injusto, tener los conocimientos o aportar los criterios para poder decir si el reparto de la herencia se hizo justamente o no, si se dio el cargo a la persona que cumplía los requisitos y más lo merecía, si se trata de una agresión injustificada o de la respuesta oportuna y proporcionada a una agresión previa, si en determinada circunstancia debe darse diferente trato a quien vive en unión homosexual y al que vive en santo matrimonio. Lo demás es vaciedad intelectual, palabras para cubrir la nada, huir de la responsabilidad de enseñar a los fieles lo que es conforme a Dios y lo que le ofende.

Tras hablar de los sacramentales y las bendiciones la Nota explicativa llega a una afirmación importante: lo que se bendice debe estar objetivamente ordenado de acuerdo con los designios de Dios, seguida de la conclusión obvia: no se pueden bendecir relaciones ordenadas a uniones sexuales fuera del matrimonio. ¡Muy bien dicho! Pero, punto y seguido, la Nota vuelve al «llevémonos lo mejor posible con el lobby gay» afirmando que en las relaciones que no se pueden bendecir hay elementos positivos dignos de aprecio. ¡Otra nada con ínfulas!

Tras crear al hombre «Vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno.» (Gn 1,31) Cierto que el pecado nos ha dejado por los suelos, pero la gracia no cesa de actuar y de continuo sale a flote algo bueno en nuestra vida y relaciones. Así las cosas, se podrían emitir una riada de documentos hablando de los elementos positivos en los grupos de sicarios, en el trato entre compañeros de trabajo de clínicas abortistas o en los genocidios del siglo XX. Buscarles el lado bueno a cualquiera de estas cosas perversas, enormemente ofensivas para Dios, solamente puede causar confusión o, como mínimo, distracción buenista. Por otro lado ¿al que vaya al Infierno por participar en alguna de esas cosas, de qué le servirá que hubiese elementos positivos? ¿En que ayuda a esas personas a evitar tan terrible fin el decirles que hay «presencia en tales relaciones de elementos positivos, que en sí mismos son de apreciar y de valorar»?

Después de tanta nada llega una afirmación que dice algo: no es discriminación injusta el negar la bendición a las uniones homosexuales. ¡Bendito sea Dios! Tras tanto marearnos con el evitar las discriminaciones injustas se nos da un ejemplo, solamente uno, de discriminación justa, o más bien de justicia en el trato a unos y otros según su obrar.

La Nota explicativa aclara que se puede bendecir, a título individual, a las personas con inclinaciones homosexuales que deseen vivir en conformidad con la revelación divina. ¡Toma, claro! A esos y a todos los demás que quieran vivir conforme a la Ley de Dios se les puede y debe bendecir. El que quiere vivir conforme a la Ley de Dios no es un pecador, es un santo, o por lo menos apunta maneras ¿si no se bendice a esos a quién?

Lo anterior es un ejemplo de distracción que pretende congraciarse con los homosexualistas. ¿Qué tiene que ver el caso de una persona que quiere vivir conforme a la Ley de Dios con el de una pareja del mismo sexo que quiere hacer tragar a la Iglesia de Dios con su modo de vida, bendición mediante? Si el objeto del documento es ilustrarnos sobre las bendiciones a ciertas parejas, la mención a esos otros individuos está fuera de lugar.

El «Comentario del Resposum ad dubium», es decir, la explicación de la explicación, se limita a justificar la existencia de ese sistema de consultas a los máximos órganos de la Iglesia y luego repite monótonamente lo ya dicho en la Nota explicativa. Me parece que este segundo documento era prescindible. No creo que lo incluyan en futuras ediciones del Denzinger.

Me quedo, y así lo recomiendo a todos, con la claridad de la respuesta propiamente dicha y con la clara doctrina de que solamente se puede bendecir lo que sea objetivamente conforme al designio divino. Eso agradezco a los que formularon la pregunta, a los que prepararon la respuesta, al cardenal Ladaria que dirige Doctrina de la Fe y al Santo Padre que aprobó la publicación. Dios les bendiga.

Juan Manuel Rubio

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