Orden vs caos

¿Cuál debe ser es el orden de prioridades? ¿Orden vs caos? “Nadie puede servir a dos señores; porque odiará al uno y amará al otro“, ¿Están de acuerdo? Deberíamos estarlo

Orden vs caos. Un artículo de Alberto Mensi

En varios artículos anteriores hemos visto la oposición que hay entre el espíritu y criterio cristiano y el espíritu mundano manifestado en la civilización medieval una y en la “civilización” moderna la otra.

Pero vemos que muchas veces, muchas personas, de buena voluntad, de una cierta formación católica, confunden temas cuando los debe concretar en la realidad cotidiana de hoy día. Como decía el P. Castellani: es fácil retrucar a herejes de siglos pasados ya muertos, lo difícil es retrucar a los herejes con los cuales convivimos, más aún cuando tienen una cierta aureola de bondad, autoridad o popularidad.

Por eso vamos a seguir precisando algunas cuestiones relativas a la Cristiandad que nos irán dando pistas acerca del camino a recorrer para reconstruir el Orden social y político, y por lo tanto qué es lo que no podemos apoyar de ninguna manera aunque se lo presente como el necesario mal menor.

En primer lugar debemos tener en claro que Dios es uno, no hay multiplicidad de dioses, sino un solo Dios creador y por lo tanto trascendente y diferente a lo creado.

Ese Dios creador se refleja en la Creación ya que es obra de Él, y por eso el mundo creado tanto en el macrocosmos como en el microcosmos tiene una determinada unidad y no sólo ello, sino que va hacia la unidad, por eso lo denominamos universo que viene del latín: versus unum.

La unidad del universo a su vez es una unidad ordenada en donde cada cosa está al servicio de otra más alta. Así los objetos inanimados, las plantas y los animales, están al servicio del hombre. Dentro del hombre lo inferior está al servicio de lo superior, por ello la sensibilidad está al servicio del entendimiento, los instintos al servicio de la razón.

Como consecuencia inmediata de todo esto tenemos que la razón de ser de toda la creación, incluidos hombres y animales es la gloria de Dios.

Por eso en el Principio y Fundamento de los Ejercicios Espirituales dice magníficamente San Ignacio de Loyola: “El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima, y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden.1

De esto que acabamos de decir surge la necesidad de tener en claro cada uno de nosotros, en cada momento cuál es el orden de prioridades, qué es lo más importante, para qué, de qué manera se subordina a qué cosa, qué sucede si lo dejamos de lado o si nos apegamos a ellos. Es un ejercicio del arte de la prudencia, compuesto de ciencia y experiencia.

¿Por qué tanto problema? Porque glorificamos a Dios por ser Dios, porque Él nos ha creado, nos conserva y nos guía. Esto que parece tan sencillo y lógico, deja de serlo en la vida cotidiana cuando me obliga a dejar muchas cosas que, o son malas y perjudiciales para la vida eterna, o me distraen o hacen perder tiempo, entonces como no las quiero dejar, me las apropio, trato de darme una explicación y a la larga voy cambiando ese pensamiento tan claro que planteaba San Ignacio.

La diferencia sustancial entre el pensamiento moderno y el pensamiento cristiano es que, el pensamiento moderno es meramente histórico e inmanente, inmerso y ahogado en el ahora, mientras que el pensamiento cristiano es metafísico y trascendente, con los pies puesto en el aquí y el ahora, pero con la mirada puesta adelante y principalmente en la vida eterna.

Nuestro Señor lo ha dicho con claridad meridiana: “Nadie puede servir a dos señores; porque odiará al uno y amará al otro; o se adherirá al uno y despreciará al otro. Vosotros no podéis servir a Dios y a las riquezas”2

Algunos desafortunados líderes supuestamente católicos han hablado del río de la historia, como algo que no podemos evitar, con esa mirada inmanente que nos apega a lo perecedero como lo determinante. Podemos darles mil argumentos pero a veces un ejemplo es más que suficiente: a los lados del río que fluye quedan los grandes monumentos y clavadas las espadas de los guerreros, mientras que flotando por el río son arrastrados las heces y desechos humanos.

San Pablo nos exhorta a poner las cosas en su lugar y no dejarnos atrapar por esos cantos de sirena que son los bienes perecederos: “sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo porvenir, todo es vuestro, mas vosotros sois de Cristo, y Cristo es de Dios”3

Ese orden que tan maravillosamente ha tratado de plasmar la Cristiandad en los siglos de la mal llamada edad media, es el que desde el Renacimiento y con las etapas revolucionarias del protestantismo, francesa y comunista vienen tratando de destruir sistemáticamente y así han dejado inerme a esta sociedad que se encuentra sin defensas, no contra el COVID19, sino contra el reseteo de los poderosos, el Nuevo Orden Mundial, la globalización total, la regulación y control de hasta cómo me lavo los dientes.

Para ello es necesario el caos, el desorden, el temor, olvidar para qué estoy en la vida y aferrarme desesperadamente a estos años pasajeros, pero:

“¿De qué sirve al hombre, si gana el mundo entero, mas pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma? Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras.”4

El pensamiento moderno, el cual tambien se ha infiltrado en la Iglesia, es netamente evolucionista, es el pensamiento de un hombre colocado en la parte alta de una escalera, escalera que se pierde por abajo en las profundidades de la oscuridad, da por fruto el caos

Mientras que el pensamiento cristiano es netamente arquitectónico, es el pensamiento de un hombre puesto por Dios en la tierra, con una misión a cumplir aquí en la tierra pero que ha de culminar en los cielos, da por fruto el orden.

Por ello pidamos a María Santísima, Reina y Señora de la Cristiandad “a Ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea pues Señora Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos Tus ojos misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús fruto bendito de Tu vientre, oh Clementísima, oh Piadosa, oh Dulce Virgen María”

Alberto Mensi

1 San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales 23

2 San mateo 6, 24

3 1 Corintios 3, 22-23

4 Mateo 16, 26-27

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Alberto Mensi

Alberto Mensi

Alberto Antonio Mensi (13 julio 1955) Egresado del Liceo Militar Gral. San Martín Profesor de Filosofía Profesor de Ciencias Sagradas Diplomado Universitario en Pensamiento Tomista (Universidad FASTA) Recibió el espaldarazo caballeresco como Caballero de María Reina el 15 de agosto de 1975 Maestro Scout y Formador Scout Católico Casado con María Pía Sernani Padre de cuatro hijos Abuelo de cuatro nietos (por ahora)