Cuentas sagradas. Así reduce sus gastos el Vaticano

En lafedequotidiana.it se ha publicado una entrevista al padre Juan Antonio Guerrero Alves, prefecto de la Secretaría para la economía, el jesuita a quien Francisco ha encargado la tarea de ocuparse del control del dinero en la Santa Sede.

Cuentas sagradas. Así reduce sus gastos el Vaticano. Un artículo del blog de Aldo María Valli

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2021/03/15/sacri-conti-cosi-il-vaticano-riduce-le-spese/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Por Massimo Notaristefani

El pasado 16 de febrero, el papa Francisco otorgó su nihil obstat al presupuesto de la Santa Sede para 2021 propuesto por la Secretaría para la economía y aprobado por el Consejo para la economía. La previsión es de un déficit de casi cincuenta millones de euros, pero serían ochenta si no fuera por el Óbolo de San Pedro. ¿Cuánto y cómo ha influido la crisis provocada por la pandemia?

La crisis provocada por la pandemia es la causa de este presupuesto restrictivo, en el que los ingresos previstos son muy inferiores a los de 2019, el último año sin pandemia. En ese momento, los ingresos fueron de 307 millones de euros, mientras que para este año prevemos un 30% menos, 213 millones. Por otra parte, aunque los gastos presupuestados sean los más bajos de la historia reciente de la Santa Sede – al menos desde que existe la Secretaría para la economía – no es posible reducirlos en la misma medida que los ingresos, manteniendo intacta la misión de la Santa Sede. La reducción total de gastos prevista es del 8%. Si excluimos los gastos de personal, que no hemos reducido para proteger los puestos de trabajo y salarios como prioridad, la reducción sería del 15%.

¿Por qué los costes de la Santa Sede resultan tan poco flexibles?

Aproximadamente el 50% del presupuesto está constituido por gastos de personal, que son muy poco flexibles, y que crecen de modo automático a través de los bienios y del índice de precios al consumo. En 2020, los costes de personal crecieron un 2% respecto a 2019. La protección de los puestos de trabajo y de los salarios ha sido para nosotros una prioridad hasta la fecha. El papa Francisco insiste sobre el hecho de que ahorrar dinaro no debe significar despedir a empleados, él es muy sensible a la situación de las familias. Los momentos de dificultad financiera no son momentos de rendirse, de tirar la toalla, de ser “pragmáticos” olvidando nuestros valores. Ello comporta que, al menos a corto plazo, el 50% de los gastos no es flexible. Por otra parte, muchos dicasterios desarrollan su misión contando prácticamente sólo con sus recursos humanos, cuyos gastos representan el 70 u 80% del coste de personal.

¿Cómo ha obrado la Secretaría para la economía con los dicasterios y entidades de la Santa Sede en el último año? ¿Cuántos y cuáles han sido los ahorros? ¿Puede darnos algunas cifras más detalladas, por ejemplo, en lo relativo al ahorro en gastos operativos, reducidos en un 14 por ciento respecto a 2019?

El dato al que Ud. hace referencia compara el presupuesto de 2021 con los gastos reales de 2019. En efecto, aún no tenemos las cifras finales de 2020, por lo que hemos preparado el presupuesto de 2021 sobre la base de nuestras previsiones para 2020. Las medidas adoptadas en 2020 fueron las siguientes: reducción drástica de costes de asesoramiento (por importe de 1,5 millones); anulación de todos los actos previstos en 2020, incluso las visitas ad limina, asambleas plenarias, conferencias, congresos y actos similares (reducción de 1,3 millones); limitación radical de todos los viajes (reducción de 3 millones); suspensión de adquisiciones de bienes muebles (reducción de 0,9 millones); interrupción y replanificación de trabajos no urgentes o aplazables para restructuración de inmuebles (4,8 millones), nunciaturas… Insisto siempre sobre el hecho de que no somos una empresa, no buscamos un beneficio. Tampoco somos un estado como los demás ni una ONG. La Santa Sede tiene una misión irrenunciable por la cual presta un servicio que inevitablemente genera costes, cubiertos principalmente por donaciones. Además, tiene un patrimonio que cubre sus gastos estructurales y contribuye en alguna medida a su misión. Este año, los ingresos han disminuido. Si fuésemos una empresa o una ONG habríamos reducido nuestros servicios y restructurado nuestro personal. Si fuésemos un estado como los demás, habríamos aumentado nuestra deuda y adoptado medidas fiscales. En nuestro caso, si no llegan las donaciones, además de ahorrar lo máximo posible sólo nos queda utilizar las reservas.

Cuando Ud. dice que, en su caso, si no llegan las donaciones, sólo les queda usar las reservas, ¿no cree que existe un límite a la reducción del capital de la Santa Sede?

No debemos ser alarmistas. Las reservas están para eso: pueden y deben ser utilizadas en tiempos de dificultad económica. Basta pensar cómo se están endeudando muchos países a causa de la pandemia. Las rentas generadas por el arrendamiento de inmuebles, actividades económicas y servicios se volverán a alcanzar gradualmente cuando se estabilice la situación económica, los museos podrán reabrir sin restricciones y se generará de nuevo un flujo normal de turistas. No obstante, debemos ser prudentes con relación al nivel de gastos y es muy importante continuar proporcionando información clara y transparente, que dé tranquilidad a los fieles respecto al uso de sus donativos. Pero por responder de forma directa a su pregunta, no es la primera vez en la historia que la Iglesia, en diversos países, se ve con un capital casi nulo, en función de las vicisitudes políticas. La experiencia demuestra que incluso una Iglesia sin reservas continuaría desarrollando su misión de evangelización con la creatividad que el Espíritu inspiró en las ocasiones históricas en las que esto sucedió. Sin embargo, esperemos que esto no ocurra. Lo que debemos evitar es una descapitalización dolosa o debida a una mala gestión.

A la crisis sanitaria global se ha superpuesto y seguido en el tiempo una crisis económica muy grave, así como una crisis social catastrófica. En esta situación global, ¿qué estrategia pondrá en marcha la Secretaría para la economía?

Algunas actividades – como ya he indicado – han sido reducidas, incluyendo congresos, viajes, reuniones, algunos trabajos necesarios han sido reportados a fechas futuras, pero al mismo tiempo otras actividades nuevas resultan necesarias para responder a la situación sobrevenida. A causa de la situación generada por el Covid, hemos destinado cinco millones de euros para socorrer, a través de la red internacional de Caritas, las necesidades de las Iglesias con mayores dificultades, que resultaron especialmente acuciantes. Para la gestión del día a día, en ciertos casos hubo ayudas que aumentaron y otras que disminuyeron. La Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA) hace similares esfuerzos en estos tiempos de crisis. Por una parte, trata de solidarizarse con personas y empresas que no pueden pagar las rentas. Por otra, se reorganiza para ser más eficiente en sus servicios y poder mejorar el rendimiento de sus inversiones tanto inmobiliarias como mobiliarias. También tratamos de racionalizar nuestros procesos internos para ser más eficientes, evitando una burocracia inútil o la duplicación de procesos de actuación, que nos permita a medio plazo hacer mucho más sin necesidad de aumentar los gastos.

En el comunicado de su Dicasterio que anunciaba el nihil obstat al presupuesto 2021 por primera vez se publicó también el desglose de fondos del Óbolo de San Pedro: ingresos de 47,3 millones de euros y gastos de 17 millones. ¿Quiere esto decir que los 30 millones resultantes se utilizarán para reducir el déficit de 2021?

No creo que sea correcto decir que el Óbolo cubre el déficit de la Curia. No es exacto. La Curia siempre tendrá déficit. El Óbolo sirve para cubrir los gastos de la misión del Santo Padre, la unidad en la caridad, que él ejerce mediante los distintos dicasterios. La mayor parte de los dicasterios que ejercitan su misión son centros de coste sin ingresos. Si excluyésemos el Óbolo, el déficit sería de 47 millones de euros más. Pero si excluyésemos las donaciones del Instituto para las Obras de Religión (Banco Vaticano) y del Estado de la Ciudad del Vaticano, sería de 37 millones más. Si también excluyésemos las contribuciones de las diócesis, sería de 23 millones más, y si excluyésemos además los ingresos de la APSA sería de 100 millones más. Así se entiende que prácticamente toda la actividad y misión de la Santa Sede es gasto: nunciaturas, dicasterios, auxilio a las Iglesias en dificultad, etc.

¿El uso de fondos del Óbolo para reducir el déficit es novedad de este año o se ha hecho antes y en qué medida?

Es más apropiado decir que el Óbolo contribuye a la misión del Santo Padre, la cual, obviamente, tiene un coste. Esto no es ninguna novedad. La novedad es que hemos tenido una serie de años en los que las donaciones recibidas – incluido el Óbolo – no cubrían los costes de esta misión y, en consecuencia, se utilizaron las reservas del Óbolo acumuladas en los años anteriores. Por ejemplo, en 2019 el Fondo Óbolo contribuyó con 81 millones a la misión completa del Santo Padre, mientras que las entradas netas fueron de 53,8 millones, es decir, que las reservas del Óbolo disminuyeron en 27,2 millones de euros.  En 2020, a causa de la disminución de ingresos, y no sólo los del Óbolo, podemos estimar – puesto que el balance no está concluido aún – una reducción de reservas en más de 40 millones. Cabe esperar que lo mismo se repita otra vez en 2021. Este recurso a las reservas del Óbolo en los últimos años comporta que la liquidez del fondo del Óbolo se va agotando y dada la crisis actual es muy probable que en 2022 tengamos que recurrir de alguna manera al patrimonio de la APSA. Al mismo tiempo, esperamos que muchos de los flujos de ingresos que disminuyeron con la pandemia puedan volver cuando mejore la situación general.

Se prevén 47 millones de ingresos para el Óbolo: 17 van a cubrir gastos de carácter benéfico; 30 para sufragar la actividad de la Santa Sede. ¿Cómo explicaría a un fiel que sigue siendo importante realizar donaciones al Óbolo?

Los 47 millones de euros presupuestados serán utilizados para sostener la misión del Santo Padre, ya sea en forma de ayudas a personas o comunidades, o bien como contribución a los dicasterios que colaboran con la misión del Papa. La Santa Sede, déjame que insista sobre esto, contribuye a la misión del Santo Padre y se sostiene fundamentalmente gracias a las aportaciones de los fieles. Por una parte, no podemos sino estar agradecidos a los fieles por su generosidad en este año tan difícil: en medio de las dificultades de esta época de pandemia han seguido colaborando porque creen en la misión de la Iglesia y quieren apoyar al Santo Padre. Me recuerda al pasaje de la viuda del Evangelio que donaba una pequeña cantidad… todo lo que tenía. Para mí no se trata sólo de dinero. Por otra parte, debemos reconocer que, dada la situación de pandemia, si ésta se prolongase mucho, o, como dicen algunos, se quedase para seguir, los recursos no serían suficientes para la sostenibilidad económica de la Santa Sede a largo plazo. En este caso se debería prever también la reducción de gastos y la selección de actividades afectadas: ¿Deberíamos analizar la posibilidad de comunicar los mensajes del Papa en menos lenguas? ¿Deberíamos quizás reducir la presencia pública de la Iglesia y del Papa? ¿Reducir la presencia del mensaje evangélico y la capacidad de mediación de la Iglesia en el contexto internacional? ¿Reducir las ayudas a las Iglesias en dificultad? ¿Menor mantenimiento de la herencia histórica recibida? ¿Reducir la atención a la unidad y a la comunión mediante la doctrina, la liturgia, etc.? Es una ecuación difícil de resolver. Pero creo que en todo caso debemos más bien concentrarnos en optimizar gastos y contar con la generosidad del santo pueblo de Dios.

Padre Juan Antonio, la pandemia no termina de desaparecer y se prevé que sus consecuencias para nuestras vidas y para la economía de nuestras sociedades se hagan sentir a largo plazo. ¿Cómo piensa la Santa Sede afrontar esta situación en el futuro?

Por una parte, explorando las oportunidades que comporta la nueva situación. Por ejemplo, el año pasado se ha ahorrado mucho mediante abundantes reuniones por videoconferencia. La nueva situación ha desarrollado la creatividad y nos ha permitido aprender. Por otra parte, progresando en la eficiencia, haciendo más con menos, ahorrando. Hay que mejorar la transparencia para que los fieles sepan lo que se hace con sus donativos. Si esta situación sigue durante mucho tiempo no podremos contener el déficit salvo con el apoyo de los fieles.

Fuente: lafedequotidiana.it

15 de marzo de 2021

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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/