A Luis Rosales

Poeta español de la generación del 36, Luis Rosales, sobre su poesía nos habla hoy, nuevamente, nuestro literato, Gilmar.

A Luis Rosales. Un artículo de Gilmar Siqueira

«Contar la vida, ¿no es acaso un modo, y tal vez el más profundo, de vivirla?». Miguel de Unamuno. Cómo se hace una novela.

Era el 2018. Por entonces me había pasado quizás tres o cuatro años alejado del sacramento de la confesión. A instancias de un buen cura decidí volver y así lo hice. El Padre me la oiría un viernes por la tarde; mientras tanto, en la mañana de ese mismo día, recibí un paquete del correo: contenía una Antología Poética de Luis Rosales.

Fue una grata sorpresa y, pensé, muy feliz coincidencia. Rompí el paquete y miré con gusto al librito ya amarillo por el tiempo. Salté el prólogo – que después volví a leer – de Pedro Laín Entralgo y curioseé en los primeros poemas; el segundo me detuvo la atención por el título: Misericordia. Seguí pasando las páginas, pero tuve que volver a él; su epígrafe también demandaba la lectura: Misericordia quiero y no sacrificio, del capítulo XII de San Mateo.

El poema es largo para citarlo entero en este artículo. Aquí pondré la estrofa que, desde ese día, aprendí de memoria:

AÚN ME BRINDASTE EL DON DEL LLANTO,

fue impotencia de ser como tú deseabas,

cristiana certidumbre de sentirme incompleto;

fue vanidad de perfección, decía:

Yo no burlaré el dolor;

y era el llanto, Señor, la oración de la carne,

tú tan sólo comprendes esta impureza mía

porque nada me ha engañado tanto como mi sinceridad;

no lloro lo perdido, Señor, nada se pierde.

La estrofa me cautivó por su belleza y por un halo de misterio que no alcanzaba a descifrar. Tenía que volver a ella, pensaba, sin saber que lo haría muy pronto. Algunas horas más tarde, después de confesarme, el Padre dijo que debía quedarme a fin de oír misa y comulgar. Yo, a modo jansenista, estaba aterrado; nada de bien confesadico y bien comulgadico para mí. Felizmente la lectura del Evangelio me sacó de toda cavilación: era el mismo del epígrafe de Luis Rosales.

Dejé de pensar en coincidencias. Había algo en el poema, en aquella estrofa: «porque nada me ha engañado tanto como mi sinceridad». Al recibir los sacramentos me di cuenta del engaño de mis ideas, falsas opiniones y de la sinceridad con que me las repetía desde hacía mucho tiempo; también dije que no «burlaré el dolor», que lo aceptaría resignadamente como Dios me lo mandase. Claro que no fue así. Por lo menos quedó «la oración de la carne».

«Tú tan sólo comprendes esta impureza mía». Ella entera y especialmente bajo la máscara del orgullo, que me impulsa a decir que «Yo no burlaré el dolor» para burlarlo enseguida. Tras la caída, nueva confesión con la «cristiana certidumbre de sentirme incompleto». No, no puede haber entereza en esta vida y, rezará Luis Rosales en la estrofa siguiente, «el dolor es la llama de tu visitación». Poco más de diez años después dijo el poeta, en La Casa Encendida, que «Las personas que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir». Sí, hay que esperar sin «vanidad de perfección» la visitación que bendice. ¿Cómo hacerlo sin desaliento? Menuda tarea, aunque «yo no he de hablar con amargura de mi alma».

Queda todavía el recuerdo de lo que se perdió, de lo que podía ser diferente. «No lloro lo perdido, Señor, nada se pierde» – Luis Rosales lo repite cuatro veces en el poema. No sé si él mismo intentaba convencerse de ello; yo sí. Por eso me apropié de sus versos.

Versos convertidos en plegaria y repetidos «sin saber nada, sin desear nada». Mientras los pensamientos en torbellino me enturbian la vista de las cosas, puedo oír un eco lejano de esa inolvidable estrofa. «La palabra del alma es la memoria», dijo el poeta en la Casa Encendida. Y por lo visto mi alma suele recitar los versos de Luis Rosales.

Gilmar Siqueira

***

Nota: a excepción de los dos versos de La Casa Encendida, los demás fueron tomados del poema Misericordia. Se puede encontrarlo en esta página: https://www.equipoagora.es/Luis-Rosales-A214.html.

En el siguiente enlace tienen el libro de Gilmar Siqueira disponible para su descarga, por gentileza del escritor: Diario de un dandy

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Gilmar Siqueira

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Feo, católico y sentimental