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¿Paraíso o paraíso terrenal?

Lo pasamos bien mientras esperamos la segunda venida del Señor porque esto, al fin y al cabo, ¿no es un paraíso terrenal?

¿Paraíso o paraíso terrenal? Un artículo de Alberto Mensi

La piedra de toque que diferencia a un católico de uno que no lo es, es la Creencia firme en la Segunda Venida de Cristo en gloria y majestad.

Pero… usted es muy exagerado, yo conozco buenos católicos, buenos sacerdotes, buenos obispos, que no les preocupa principalmente esa Segunda Venida, que algún día será, pero mientras, es urgente juntar comida, y las reuniones de la junta pastoral, y la librería y la santería de la parroquia, y los encuentros motivadores de los grupos de jóvenes y…

De base, no vamos a juzgar intenciones de nadie, pues del interior sólo juzga Dios, pero y siguiendo al gran P. Castellani y con él siguiendo a los exegetas católicos que enriquecen el cuerpo doctrinal de la Iglesia Católica, debo decir que pensar que la Segunda Venida de Cristo en gloria y majestad será dentro de cientos de años, es lo mismo a pensar que no viene nunca.

En el Padre nuestro decimos taxativamente: “venga a nosotros tu reino” no decimos: “venga a nosotros tu reino dentro de cientos de años, pero mientras vamos a pasarla bien”.

Vamos a considerar estos elementos.

Los israelitas piadosos mantenían su fe esperando la llegada del Mesías y la gran imagen del anciano Simeón teniendo en sus brazos al Niño Dios, al Mesías esperado y cantando Nunc dimittis Domine, ahora Señor deja partir en paz a tu siervo pues mis ojos han visto al Salvador.

¿Quiénes no lo esperaban?

Un grupo de judíos de las clases dirigentes, algunos de ellos paganizados por los lujos y placeres. Otros corrompidos por la contaminación cabalista recibida principalmente en Babilonia, para entenderlo en códigos de hoy día, eran los modernistas de aquella época.

Y tenían una característica muy particular: se vestían con ropajes que demostraban su puesto de autoridad, exigían lo que ellos no hacían, analizaban las Escrituras conforme a su herejía en lugar de corregir sus pensamientos torcidos en base a la meditación de la Sagrada Escritura. Llegaron al punto de confrontar con Jesús, no lo soportaban, lo rechazan y finalmente deciden matarlo, porque marca a los ojos de todos lo corrompido que está el camino de estos ciegos guías de ciegos, yéndose todos al mismo precipicio.

Hoy volvemos a encontrarnos en una situación similar, desgraciadamente.

Gran parte del clero, incluidos Obispos y Cardenales, paganizados por el dinero, los lujos y placeres. Otros corrompidos por la herejía modernista, hija de aquella cábala cainista demoníaca, empeñados en vaciar de contenido la Fe Católica.

Pero ¿acaso no quedan buenos sacerdotes, buenos religiosos, buenos obispos, buenos cardenales?

Nadie pone en duda eso, pero se va dando cada vez una generalidad de clero corrompido, como hemos dicho por el dinero, la carne o la soberbia modernista, y una parte del clero desorientado, quizás por haber recibido una formación pobre, no sólo en teología, sino tambien en filosofía, en lógica y en educación humana.

Pero decíamos más arriba que nos encontramos en una situación similar a la de Israel en la llegada del Mesías.

En muchos ámbitos clericales se analiza la realidad y se dan pautas doctrinales, de formación y de pastoral según los criterios de la herejía modernista.

La desacralización está a la orden del día y operada con gran sutilidad. Allá por los años 70 hablando con un viejo sacerdote dominico sobre la situación de descomposición que se vivía me dijo: tal cosa que se pone ahora es entendible, tal otra: también, y tal: también. Si te pones a discutir con cualquiera de estos modernistas de una cosa en particular le van a encontrar el argumento por lo que no está mal ese paso. El problema, y allí es donde se debe encarar, que la sumatoria de ellas dan por resultado la desacralización, el vaciamiento de la Iglesia. Queda una cáscara parecida a lo que fue, pero adentro vacía de contenido.

Y no nos olvidemos que es ley de la física que el vacío que deja un cuerpo lo llena otro cuerpo.

Esto se da también en lo doctrinal, el vacío de doctrina verdaderamente católica es llenado por otras doctrinas. “Porque vendrá el tiempo en que no soportarán más la sana doctrina, antes bien con prurito de oír se amontonarán maestros con arreglo a sus concupiscencias. Apartarán de la verdad el oído, pero se volverán a las fábulas.”1

Y es tal el afán de esas fábulas porque quieren silenciar por todos los modos posibles la advertencia del Señor: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo2

Pobres, confundidos, engañados por el diablo que abusa de sus debilidades ese clero quiere patear la Segunda Venida del Señor a un futuro incierto, pero que ahora no moleste.

La tarea actual es que la humanidad esté toda junta, feliz, como un rebaño pastando en una pradera verde adonde la mandan sus dueños, que todo sea sonrisas y alegría y happy end.

Y también algunas misas, y ceremonias religiosas y procesiones, al fin y al cabo tienen un cierto valor cultural que se debe conservar como se conserva en el museo las momias de los faraones.

Pero todo ello vaciado de contenido, nada de culto a Dios, nada de arrepentirse de los pecados y confesarse, nada de orar compungido pidiendo la conversión del corazón.

No más vueltos al Señor que salva, ahora vueltos a la comunidad que me integra.

Falacia total con la que los engaña el maligno preparando la llegada del anticristo a través del cual pretenderá dominar a la humanidad aborregada. Se presentará como el gran humanista, el gran benefactor, aquel a quien deben obedecer para que les de migajas de su mesa.

Se cumple en todos nosotros las palabras lapidarias que Jesús les dijo a los judíos de su tiempo: “Yo he venido en el nombre de mi Padre y no me recibís; otro vendrá en su propio nombre y a ese lo recibiréis3

Roguemos con fervor a la Mujer vestida del sol, coronada de doce estrellas que aplastó la cabeza de la serpiente infernal, y una buena oración para eso es la que Ella misma nos enseñó a rezar para pedir Su ayuda y la de los Santos Ángeles:

Santísima Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles, pues habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de Satanás, Os suplicamos humildemente: enviadnos las legiones angélicas para que bajo Vuestro mando persigan a los demonios, combatan contra ellos en todas partes, repriman su audacia y los sepulten en el infierno.

¿Quién como Dios? Santos Ángeles defendednos, guardadnos. Oh buena y tierna Madre Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza. Oh Divina Madre enviad los santos Ángeles para defendernos y rechazar lejos al demonio nuestro cruel enemigo. Amén

Nos cum prole pía, bendicat Virgo María

Alberto Mensi

1 2 Timoteo 4, 3-4

2 Apocalipsis 3, 20

3 Juan 5, 43

Nuestra recomendación: Unidos en la misma Fe

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