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Católica, Apostólica y Romana

La Liturgia y su poder de transformación espiritual- sobre la Sacratísima EucaristíaMarchandoReligion.es

La Liturgia Eucarística en la Iglesia primitiva (I)

D. Vicente inicia una serie de artículos centrados en la Liturgia Eucarística, haciendo un recorrido por la Iglesia primitiva, haciendo un estudio de la historia a lo largo del tiempo.

La Liturgia Eucarística en la Iglesia primitiva (I). Rev. D. Vicente Ramón Escandell

INTRODUCCION

La celebración de la Eucaristía es el centro y culmen de la vida cristiana, de ahí, el interés continuo que ha suscitado el estudio de su historia, ritos y desarrollo a lo largo de los siglos.

A ningún católico puede pasar inadvertida la importancia que en su vida tiene esta celebración porque, en mayor o menor medida, acompaña a cada uno de los sacramentos de la Iglesia. La celebración de los sacramentos en el marco de la Santa Misa, inserta a estos en el núcleo del misterio salvador del cual mana su eficacia y de donde procede la gracia que en ellos se derrama. De ahí, que esta no es un mero añadido a su celebración, sino un recuerdo constante de que, del Calvario, mana la gracia santificante que en ellos se dispensa.

Sin embargo, poco o nada saben los fieles acerca de los origines del rito eucarístico en el cual participan diariamente. Y, como no se puede amar aquello que no se conoce, se hace necesaria un conocimiento, aunque sea superficial de la historia del mismo, aún en sus más sintéticos detalles.

Intentar suplir esta laguna es la tarea que me he propuesto en el presente trabajo, aborda los origines y las primeras expresiones de la celebración eucaristía, acudiendo a las fuentes de los primeros tiempos, pero también a todas aquellas que, probada su autoridad, pueden iluminar acerca de cómo fue surgiendo, como se vivía y como se celebraba la Eucaristía en los primeros tiempos del cristianismo.

1. Testimonios de la celebración eucarística en la Iglesia primitiva

Los testimonios en torno a la celebración de la Eucaristía en la Iglesia primitiva son bastante abundantes, muchos de ellos nos los proporcionan los propios apóstoles y sus discípulos, los Padres de la Iglesia, e incluso algún observador pagano. He aquí algunos ejemplos:

  • San Lucas (S. I): <<Perseveraban en oír la enseñanza de los apóstoles, y en la unión, en la fracción del pan y en la oración>> (Hch. 2, 42-47)
  • San Justino (S. II): <<El día que se llama del sol se celebra una reunión de todos los que allí moran en las ciudades o en los campos, y allí se leen, en cuanto el tiempo lo permite, los Recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas. Luego, cuando el lector termina, el presidente, de palabra hace una exhortación e invitación a que imitemos estos bellos ejemplos. Seguidamente nos levantamos todos a una y elevamos nuestras preces, y, estas terminadas, como ya dijimos, se ofrecen el pan y vino y agua, y el presidente, según sus fuerzas, hace igualmente subir a Dios sus preces y acciones de gracias, y todo el pueblo exclama diciendo <<amén>>. Ahora bien, la distribución y participación, que se hace a cada uno, de los alimentos consagrados por la acción de gracias y su envió por medio de los diáconos a los ausentes.>>1
  • Plinio el Joven (s. II): <<Ahora bien, afirmaban estos que, en suma, su crimen o, si se quiere, su error se había reducido a haber tenido por costumbre, en días señalados, reunirse antes de rayar el sol y cantar, alternando entre sí a coro, un himno a Cristo como a Dios y obligarse por solemne juramente no a crimen alguno, sino a no cometer hurtos ni latrocinios ni adulterios, a no faltar a la palabra dad, a no negar, al reclamárseles el deposito confiado. Terminado todo eso, se decían que la costumbre era retirarse cada uno a su casa y reunirse nuevamente para tomar una comida, ordinaria, empero, e inofensiva; y aun eso mismo, lo habían dejado de hacer después de mi edicto por el que, conforme a tu mandato, había prohibido las asociaciones secretas.>>2

Otros testimonios sobre la practica eucarística nos lo proporcionan algunos textos procedentes de fuentes apócrifas, en este caso se nos informa sobre la practica eucaristía en el seno de las herejías gnósticas autoras de dichos documentos, y en algunas actas martiriales como las de Perpetua y Felicidad recogidas por Tertuliano.

Por lo que se refiere a los textos apócrifos podemos destacar las descripciones que hacen de la Eucaristía los autores de los Hechos de Juan, Pedro y Tomás, que dejan traslucir su carácter herético, evidente en las referencias de los dos primeros, vinculados a la secta de los encratitas3, que en las Etimologías de San Isidoro de Sevilla aparecen bajo el nombre de acuarios, <<llamados así porque solo ofrecen agua en el cáliz del sacramento>>4, lo cual queda atestiguado por los siguientes textos apócrifos salidos de la pluma de algún autor gnóstico:

  • Hechos apócrifos de Juan: <<Tras decir estas palabras, Juan pronuncio una plegaria, tomo pan y lo llevo a la tumba para partirlo allí. Dijo:

– Glorificado tu nombre, que nos aparta del error y del cruel engaño. Te glorificamos a Ti, que nos ha mostrado ante nuestros ojos lo que hemos visto. Damos testimonio de tu bondad que se muestra de múltiples maneras. Alabamos tu buen nombre, Señor, <que> ha convencido del error a los por ti refutados. Te damos gracias, Señor Jesucristo, porque estamos convencido de que <tu gracia> no cambia. Te damos gracias a ti, que tienes necesidad de una naturaleza salvada. Te damos gracias, porque nos has dado la <creencia> inquebrantable de que Tú eres el <Dios> único ahora y por siempre. Tus siervos reunidos y congregados con (buen) motivo te damos gracias a ti, oh Santo! >>5

  • Hechos apócrifos de Pedro: <<Llevaron a Pablo pan y agua como sacrificio para que, tras la oración, los distribuyesen a cada uno. Había allí cierta mujer de nombre Rufina, que deseaba también recibir la eucaristía de manos de Pablo.

Mas este lleno de espíritu de Dios, le dijo cuándo se acercaba:

– Rufina, no accedes dignamente al altar de Dios. ¡Te has levantado no de la vera de tu marido, sino de la de un adultero, e intentas recibir la eucaristía de Dios!>>6

En cuanto a las actas martiriales de Perpetua y Felicidad, que parece fueron redactadas en parte por la mártir Perpetua y por algún testigo de los hechos allí narrados, creyéndose que fue el gran teólogo africano Tertuliano, encontramos un dato curioso que ha llevado a algunos autores a poner en duda la ortodoxia de la redactora de las actas: en una de las visiones que narra Perpetua menciona la aparición de un pastor (imagen de Cristo) que le entregaba el queso ordeñado de una oveja para que lo comiera; el problema de este pasaje reside en el hecho de que era común entre los montanistas, herejes rigoristas, el impartir la eucaristía bajo pan y queso, sin embargo la solución a este problema parece estar en que el texto tuvo un sentido original ortodoxo, pero que fue más tarde transformado por un redactor montanista, pues hay que tener en cuenta que el Montanismo se difundió especialmente en el Norte de África, patria de las mártires Perpetua y Felicidad. El texto es el siguiente:

<<Y me llamó, y del queso que ordeñaba me dio como un bocado, y yo lo recibí con las manos juntas, y me lo comí. Todos los circunstantes dijeron: “Amen”. >>7

En sus Etimologías, San Isidoro de Sevilla llama a estos herejes <<Ariotiritas>>, <<llamados así por la oblación. Pues ofrecen pan y queso diciendo que la oblación había sido celebrada por los primeros hombres con los frutos de la tierra y de las ovejas>>8.

Finalmente es interesante señalar el testimonio de Tertuliano sobre la celebración eucarística en su obra Sobre la Corona, donde nos habla entre otras cosas sobre la frecuencia de la celebración eucarística, la preparación para la comunión, la celebración de la memoria de los mártires y de los difuntos, etc.:

<<El sacramento de la eucaristía, confiado por el Señor en el tiempo de la cena, y a todos, lo tomamos también en las reuniones de antes del amanecer, y no de la mano de otros sino de las de los que presiden; hacemos oblaciones por los difuntos, y anualmente por los natalicios [de los mártires]; juzgamos ilícito el ayuno el día del Señor u orar de rodillas. Gozamos de la misma inmunidad desde el día de Pascua hasta Pentecostés. Sufrimos ansiedad sí cae al suelo algo de nuestro cáliz o también de nuestro pan. >>9

Como en los casos anteriores, San Isidoro de nuevo nos habla en sus Etimologías de la existencia de una secta herética, los aerianos, que recibían su nombre de Aerio, y que <<despreciaban el ofrecer sacrificio por los difuntos>>10.

2. El día y lugar de la celebración

Como punto de partida para este apartado tomemos el texto de San Lucas de Hechos 2, 42-47 en el que se nos esboza la imagen de la primera comunidad cristiana constituida por los Apóstoles en Jerusalén:

<<Perseveraban en oír la enseñanza de los apóstoles, y en la unión, en la fracción del pan y en la oración. Se apodero de todos el temor a la vista de los muchos prodigios y señales que hacían los apóstoles: y todos lo que creían vivían unidos, teniendo sus bienes en común; pues vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos, según la necesidad de cada uno. Día por día, todos acordes acudían con asiduidad al templo, partían el pan en las casas y tomaban su alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios en medio del general favor del pueblo. Cada día el Señor iba incorporando a los que había de ser salvos. >>

Siguiendo a San Lucas parece ser que las primeras celebraciones eucarísticas tuvieron lugar en casas particulares, que bien puede recibir el nombre de <<iglesias domesticas>>, en las que los fieles se reunían exclusivamente para la celebración eucarística, pues otras prácticas piadosas como la lectura de las Escrituras, las predicaciones, la recitación de los Salmos podían tener lugar en las sinagogas o en oratorios públicos o domésticos11, reservándose la celebración eucarística para la intimidad de los hogares cristianos, que por su espaciosidad eran perfectos para la celebración litúrgica y eran puestos a disposición de los Apóstoles por los cristianos más acomodados, como era el caso de María (Hch. 12,12)12, la madre de Juan Marcos, el evangelista y discípulo de Pedro, de quien se cree que era propiedad el Cenáculo en el que tuvo lugar la Ultima Cena y que fue la sede de los Apóstoles durante su estancia en Jerusalén. Con el tiempo fueron apareciendo otros lugares de reunión como los palacios de los cristianos acomodados, los cementerios subterráneos o catacumbas, etc., hasta que la paz constantiniana permitió a los cristianos tener un culto público, para el que se erigieron las grandes Basílicas constantinianas13 muchas de las cuales se construyeron encima de aquellos lugares que habían servido como locales de culto en los años anteriores, así, por ejemplo la sinagoga de Dura Europos (Siria) se nos presenta como la adaptación de una vivienda a las necesidades cultuales de la comunidad cristiana allí existente en el siglo III14.

A este respecto es interesante citar el testimonio de San Dionisio Alejandrino (m. 265), citado por Eusebio de Cesárea en su Historia Eclesiástica, y el de Lactancio (S. III-IV): el primero nos realiza una descripción de cómo las comunidades cristianas del siglo del siglo III celebraban la eucaristía en cualquier lugar donde podían hacerlo, mientras que el segundo nos habla de la destrucción de la Basílica cristiana de Nicomedia en tiempos de los Tetrarcas Diocleciano y Galerio, testimonio que indica la existencia ya hacia el siglo III de lugares de reunión públicos ajenos ya a los espacios privados de los primeros tiempos:

  • <<Ya antes de esta calamidad (una peste que asolo Alejandría) sufrimos otras, y terribles. Primero, nos expulsaron de la ciudad (en la persecución de Felipe el Árabe). Y siendo nosotros los únicos que fuimos perseguidos y oprimidos, no dejamos de celebrar nuestros días festivos. Y cualquier lugar, el campo, el desierto, un navío, un establo, una cárcel, servía como templo para celebrar.>>15
  • <<Diocleciano y Galerio se preguntaban cuál sería el día más apto y de mejor augurio, y acabaron eligiendo el día de las fiestas Terminales – el día séptimo de las calendas de marzo – como si realmente se tratase de imponer termino a la nueva religión.

<<Aquel fue el día en que comenzó la muerte, el primer día de todos los males…>> que sucedieron luego al orbe entero. Aquel día… cuando apenas alboreaba, el Prefecto de la ciudad, acompañado de jefes militares, de tribunos y de notarios, se presenta ante la iglesia, quebranta las puertas y busca la imagen del dios. Se prende fuego a los libros sagrados; todo se entrega a la rapiña. Entretanto, los Emperadores desde su mirador (pues, como la iglesia estaba en un altozano, se la podía ver muy bien desde el palacio) discutieron largo tiempo si convenía pegar fuego al edificio. Se impuso la opinión de Diocleciano que temió que, si se producía un gran incendio, perecería parte de la ciudad, pues había muchas y grandes casas que rodeaban estrechamente a la iglesia. Vinieron por tanto los pretorianos en escuadrón formado, con hachas y otros instrumentos de hierro, y puestos a la obra, en pocas horas derribaron hasta el suelo aquel elevado templo… Al día siguiente se publica el edicto que disponía que cuantos pertenecieran a aquella Religión fueran despojados de todo honor y dignidad… >>16

En cuanto al día en que se realizaba la reunión en estas iglesias <<domesticas>>, el mismo San Lucas nos señala con motivo del viaje de Pablo a Tróade que esta tenía lugar el <<primer día de la semana>> (Hch. 20, 7):

<<El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para partir el pan, platicando con ellos Pablo, que debía partir al día siguiente, prolongo su discurso hasta la medianoche.>>

El hecho de que los cristianos eligieran el día siguiente al Sabat judío como día para la celebración eucarística, se explica por el hecho de que fue el día en que resucito Jesús como lo atestiguan los evangelistas:

  • <<El primer día de la semana, al rayar el alba, volvieron al sepulcro llevando los aromas preparados. Y se encontraron con que la piedra había sido rodada del sepulcro. Entraron y no encontraron el cuerpo de Jesús, el Señor.>> (Lc. 23, 1)
  • <<El primer día de la semana, al rayar el alba, antes de salir el sol, María Magdalena fue al sepulcro y vio la piedra quitada>> (Jn. 20, 1)
  • <<Como era víspera de la pascua, para que no quedaran los cuerpos en la cruz el sábado – pues era un día muy solemne -, los judíos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran>> (Jn. 19, 31)

A partir de la resurrección de Jesús, el domingo paso a convertirse en el dies dominica, domingo o señorial, es decir, en el <<día del Señor>>, y en él los fieles se reunían para la <<fracción del pan>> tal y como nos lo atestigua el propia San Lucas y San Justino en los textos anteriormente citados. Sin embargo, a pesar de que en un principio la celebración eucarística tenía lugar exclusivamente los domingos, con el tiempo fue ampliándose y ya Tertuliano en el siglo III nos habla de la celebración eucarística en determinados días como el viernes y el miércoles17, siendo importante el testimonio de Tertuliano porque es el primer testimonio cristiano que habla sobre la existencia de una recepción habitual de la comunión, que se no solamente se circunscribe a la práctica dominical, sino también a su recepción en caso de enfermedad. Un siglo después, San Basilio, comente el hecho de que los fieles comulgaban cuatro veces a la semana (domingo, miércoles, viernes y sábado), a los que se podía añadir la celebración de algún santo18:

<< Nosotros ciertamente comulgamos cuatro veces a la semana: el domingo, el miércoles [la feria cuarta], el viernes [la paresceve] y el sábado, y otros días si es la conmemoración de algún santo.>>19

Con el tiempo la celebración eucarística fue ampliándose a lo largo de la semana hasta poder celebrarse todos los días, aunque qué domingo ha quedado como el día de celebración por excelencia por su vinculación al acontecimiento de la resurrección de Cristo, en este sentido el Vaticano II señala lo siguiente en su Constitución Sacrosantum Concilium sobre la reforma litúrgica:

<<La Iglesia, por una tradición apostólica que trae su origen del mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón <<día del Señor>> o domingo. En este día, los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la Palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recuerden la pasión, la resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los hizo renacer a la viva esperanza por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos (1 Petr 1, 3) >>20

Conclusión

Hemos visto, a través de las fuentes, como existe ya en los inicios de la Iglesia una profunda conciencia de la centralidad de la Eucaristía en su vida y espiritualidad. A través de los textos de la Escritura, los Santos Padres, Apologetas y autores apócrifos, vemos cómo se va perfilando la celebración eucarística hasta alcanzar una forma más o menos canónica, sobre la que se edificaría la estructura por todos conocida.

LAUS DEO VIRGNIQUE MATRI

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

1 JUSTINO, San: Apología en QUASTEN, J.: Patrología Vol. I, Hasta el Concilio de Nicea, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1995 (5ª edición) p. 216

2 PLINIO EL JOVEN: Carta a Trajano (Epistolarium, l. X, 96) en RUIZ BUENO: Actas de los Mártires. Edición bilingüe completa. Versión, introducción y notas de…, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1996 p. 245

3 Secta herética (S. II) marcada por un profundo rigorismo que les llevaba al extremo de prohibir el uso de la carne y del vino y se oponían al matrimonio, doctrinalmente cercana al maniqueísmo, a cuyos miembros se adjudica la autoría de los Hechos apócrifos de San Pablo, San Juan y San Pedro (N. del A.)

4 ISIDORO DE SEVILLA, San: Etimologías, L. VIII, c. 5, n. 23, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1982 p.697

5 Hechos de Juan, cap. 85 en Hechos apócrifos de los Apóstoles Vol. 1 Hechos de Andrés, Juan y Pedro, Edición crítica bilingüe preparada por Antonio Piñero y Gonzalo del Cerro, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2004 pp. 433-434

6 Hechos de Pedro en Op. cit. p. 549

7 Martirio de Santa Perpetua y Felicidad en RUIZ BUENO Op. cit. p. 424

8 ISIDORO DE SEVILLA, San L. VIII, cap. 5 n. 22 en Op. cit. p.696

9 TERTULIANO: Sobre la Corona C. III en SOLANO, Jesús S. I. Op. cit. p. 100-101

10 ISIDORO DE SEVILLA, San L. VIII, cap. 5 n. 38 en Op. cit. p. 698

11 AZCARATE, P. Andrés (OSB): La Flor de la Liturgia o curso ilustrado de liturgia, Editorial Pax, San Sebastián 1932 p. 37

12 PROFESORES DE SALAMANCA: Biblia comentada, T. VI Hechos de los Apóstoles y Epístolas Paulinas, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1965 p. 43

13 AZCARATE, P. Andrés (OSB) Op. cit. p. 37

14 PLAZAOLA, Juan S. I.: Historia y sentido del arte cristiano, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1996 p. 12

15 DIONISIO ALEJANDRINO, San en CESAREA, Eusebio de, Historia Eclesiástica VIII, 12; PG 20, 688 en PLAZAOLA, Juan S. I. Op. cit. p. 20

16 LACTANCIO: De mortibus persecutorum XII; PL 7, 213 en PLAZAOLA, Juan S. I. Op. cit. p. 40

17 DUBLANCHY, E. : Communion Eucharistique (Fréquente) en <<Dicc. Theo. Cath>>, col. 517

18 DUBLANCHY, E.: Communion Eucharistique (Fréquente) en <<Dicc. Theo. Cath>>, col. 519

19 BASILIO, San: Carta XCIII a Cesárea, patricia, acerca de la comunión en SOLANO, Jesús S. I.: Textos Eucarísticos primitivos T. I. Hasta fines del siglo IV, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1966 p.405

20 CONCILIO VATICANO II: Sacrosantum Concilium Constitución sobre la Sagrada liturgia en Concilio Vaticano II. Constituciones. Decretos. Declaraciones Legislación posconciliar, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1965 p. 230

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