Eugenio Corti, escritor al servicio de la gloria de Dios

El 21 de enero hace cien años nacía Eugenio Corti, autor de la obra maestra El caballo rojo, novela histórica que ha alcanzado treinta y cuatro ediciones sin necesidad de bombo publicitario ni guiños a la cultura dominante. Milagrosamente vivo tras la retirada del frente ruso, Corti testimonió una fe límpida. Su talento narrativo, unido a una gran lucidez de criterio, fueron al unísono en la búsqueda de la verdad sobre el hombre y la historia. En donde Corti sabía reconocer la actuación de la Providencia.

Todos los libros de Eugenio Corti, incluido Cavallo rosso, pueden adquirirse en la página [en lengua italiana] de Ediciones Ares.

A las 21 horas de esta tarde, en directo a través de la página Facebook de Ediciones Ares, Cesare Cavalleri y Paola Scaglione ofrecerán un recuerdo de Eugenio Corti (1921-2014), presentado por Alessandro Rivali.

Aldo Maria Valli

Eugenio Corti, escritor al servicio de la gloria de Dios. Un artículo del blog de Aldo María Valli

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2021/01/21/eugenio-corti-lo-scrittore-al-servizio-della-gloria-di-dio/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión


21 de enero de 1921, localidad de Besana in Brianza, vía Santa Caterina número 14. En la casona de color ocre, en la que se encuentra la vieja fábrica textil propiedad del matrimonio Corti, nace Eugenio, primogénito de la familia. La habitación del primer piso al fondo del pasillo de la cara norte, provista de una ventana que ofrece una vista de las estribaciones de los Alpes lombardos y de una segunda que da a un amplio jardín, se convertiría más adelante en el estudio del escritor. Allí surgiría la novela “El caballo rojo”, así como otros escritos de madurez de Corti; allí verían la luz millares de palabras cuya narración marcaría el corazón y la vida de tantas personas.

Desde niño, Eugenio escrutaba los minutos de cada día para responder a su propia vocación: «Mi intención es escribir y realizar una obra que sirva poderosamente a la gloria de Dios en la tierra. Creo que, en realidad, yo he sido creado para esto», anotaba en su diario a los dieciocho años.

No es objetivo que goce de buena prensa, pero las treinta y cuatro ediciones de su novela cumbre El caballo rojo, publicada una vez tras otra desde 1983, así como su traducción a ocho idiomas, son las señas de identidad de una aventura que sigue cabalgando al galope. Todo ello – conviene recordar – sin esas campañas publicitarias perfectamente orquestadas que a menudo decretan el éxito de la narrativa de consumo. Pero, sobre todo, sin guiño alguno a la cultura dominante.

Testigo de una fe límpida y firme, alejado del consenso con lo política (y culturalmente) correcto, Corti sabía por qué había venido al mundo: «Todo ser humano, hasta el más humilde, está llamado por el Señor a realizar una tarea determinada: yo siempre me he sentido llamado a narrar». De su talento narrativo florecieron páginas de auténtica poesía, con expresión de una realidad emocionante y verdadera. Se definía como un trovador clásico, hechizado por la belleza, dirigido al bien y a la verdad. Y también era un soldado, superviviente de la Segunda Guerra Mundial con el fin de que, empuñando la pluma, pudiera continuar batallando por la buena causa.

Se salvó milagrosamente del fuego enemigo y de las marchas interminables a través del hielo en la retirada del frente ruso; participó en la liberación de Italia junto a los aliados angloamericanos. En su diario se ve que la mayoría no pudo regresar y en la novela se muestra a los últimos soldados del rey reviviendo esta experiencia dramática, iluminados por la tenaz voluntad de descubrir el significado profundo de su experiencia.

Su narrativa posee el sello de la literatura auténtica: una implacable lucidez de juicio se une a la búsqueda de la verdad sobre el hombre y la historia, analizada a través de una mirada realista y, a la vez, provista de serena misericordia. No hay desconcierto ni complacencia en la representación del mal, sino una valentía impresionante al reconocer la presencia del bien incluso en las circunstancias más dramáticas. Un estilo libre y veraz, dirigido a la mente y al corazón de los hombres, que provoca un sentimiento de encontrarse en el ambiente narrado, especialmente en la Brianza del Caballo rojo. Es la tierra natal de cuya pasta está hecha la identidad de Corti y el secreto de la perspectiva abierta y universal de sus obras. El modelo cultural y social confiado por Corti al lector es el que anima la Brianza de sus años de juventud: un espacio humano ciertamente imperfecto, pero que vive en un reconocimiento concreto y cotidiano de Dios. En esta dimensión nacen la solidaridad, conocida como caridad en el dialecto de Brianza, la ayuda mutua; darse los unos a otros, no con una generosidad genérica, sino a través de una fe cristiana vivida con la concreción típica de dicha tierra.

El mismo origen poseen el gusto y la responsabilidad por el trabajo bien hecho, incluso de lo más humilde o escondido: ésa es la responsabilidad de todas las familias y de su comunidad rural. Porque para Corti, el bien común – al igual que el sentido del deber – no es sólo un ideal.

En sus páginas se percibe el heroísmo de lo cotidiano: hombres y mujeres con los pies bien firmes en la tierra y una mirada que abraza la realidad con perspectiva de eternidad. Un ejemplo de ello, en Caballo rojo, es el industrial Gerardo Riva. Como la persona real en la que se inspira (el padre del escritor), construyó su propia fortuna trabajando de día y yendo al colegio por la noche. También él sabe que todos tenemos una tarea en este mundo: la suya es crear puestos de trabajo.

Nada de razonamientos abstractos, sino los nombres, apellidos y rostros de los agricultores que dependen de él, como ocurre cuando, en la posguerra, Gerardo analiza la urgencia de ampliar la hacienda familiar. Es domingo y, viendo los centenares de niños que salen de la iglesia al terminar la Misa, piensa: «¡Cuántos hay! Y todos ellos deberán trabajar para poder vivir. Pero los puestos de trabajo son los que son: ¿Cómo solucionar el problema?». Sabe que sus padres confían «en la Providencia, de acuerdo, pero también en los hombres, o sea, en aquéllos de nosotros a los que nos corresponde actuar». De inmediato, se siente llamado a un plano práctico: «Y yo, ¿cómo respondo en lo que a mí me toca?». Porque, ciertamente, como diría Manzoni, que tango gusta a Gerardo y al padre de Eugenio Corti, «¡Ahí está la Providencia!»; pero en la tierra de Corti ya se sabe que la Providencia requiere brazos y mentes humanas para poder actuar. Y se trata también de sacar provecho del trabajo para la eternidad.

Corti sabía bien que esta dimensión no es exclusiva de la tierra a la que él dedicó sus días; sin embargo, su radicación en un tiempo y un lugar precisos es prenda de un bien alcanzable a todo el mundo.

Celebrar el centenario del nacimiento de Corti – al igual que narrar su tierra – no constituye por tanto una operación de nostalgia: el trovador lo habría negado con la cabeza, fulminándonos con la mirada de sus ojos azules. Es la memoria viva de la esperanza que no desfallece, fundada en la presencia de Dios en la historia. Dar voz a dicha esperanza es tarea de todos y de cada uno de nosotros. Porque, como es sabido, la Providencia precisa de los hombres.

Paola Scaglione

Fuente: La Nuova Bussola Quotidiana

*La fotografía pertenece al artículo original publicado en el blog de Aldo María


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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/