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Alegría o acedia

Hay dos ciudades que se contraponen, la civilización de la alegría y la civilización de la acedia.

Alegría o acedia. Un artículo de Alberto Mensi

Dice San Agustín: dos ciudades han sido construidas por dos amores: la ciudad terrenal por el amor de sí mismo hasta la exclusión de Dios; la ciudad celestial por el amor de Dios hasta la exclusión del ego. Una se vanagloria en sí mismo, la otra se gloría en el Señor. Una busca la gloria del hombre, la otra encuentra su mayor gloria en el testimonio de Dios”.1

En los términos de este artículo podemos decir que hay dos ciudades que se contraponen, una construida en tensión de Esperanza y la otra buscando el éxito inmediato.

Una la civilización de la alegría, la otra: civilización de la acedia.

Por eso es importante tener claro lo que es la Acedia espiritual, y para ello nos valemos del Catecismo de la Iglesia Católica: “La acedia o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino. El odio a Dios tiene su origen en el orgullo; se opone al amor de Dios cuya bondad niega y lo maldice porque condena el pecado e inflige penas. ”2

A diferencia de todo esto la Cristiandad es la Civilización de la Esperanza y por ello es civilización de la alegría.

La alegría que se logra al final del esfuerzo, del trabajo.

Cuando vamos subiendo una bella montaña en un hermoso paisaje, por bella que sea, llega un momento en que las piernas empiezan a doler, los pies queman, a veces cuesta un poco respirar, hay que hacer descansos para recuperar el aliento, los ojos fijos en el suelo para ir viendo donde ponemos nuestros pies nos muestran piedrecillas, algunos arbustos, a veces dan ganas de parar.

Pero recuperado el aliento, seguimos y llegados a la cima, nuestro corazón se llena de una alegría tremenda al ver allí abajo las otras montañas, las nubes, el paisaje entero diríamos a vuelo de pájaro.

Con el esfuerzo se ha llegado a ese momento único que si parábamos en el camino de subida nos lo hubiéramos perdido, nos hubiéramos sentido frustrados.

Las catedrales medievales no fueron hechas de un día para otro, llevaron generaciones y todas participaban en distintas actividades de su construcción pero unidos todos en la común seguridad de que eran partes de hacer algo trascendente.

La modernidad y la postmodernidad en la que estamos sumergidos son civilizaciones modeladas en la inmediatez: comidas rápidas, resultados inmediatos, viajes rápidos, relaciones fugaces, todo es ya y ahora y si no, lo desecho.

Por eso cada vez más la gente está triste, angustiada, nerviosa, deprimida, porque no hay nada que nos venga bien, nada nos colma. Por eso la necesidad de reuniones ruidosas, estímulos estridentes, música a todo volumen, sensaciones con adrenalina a pleno. Es necesario tapar con ruido el vacío interior, ese hastío que no se calma con nada.

Es un eco del Edén.

“De ninguna manera moriréis; pues bien sabe Dios que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”3 es lo que les dijo a nuestros primeros padres la serpiente antigua, mentirosa y homicida desde el principio.

Por eso debemos afirmarnos en la Esperanza y cuidarnos como de un veneno terrible de la Acedia espiritual que como niebla nauseabunda se va metiendo por todos lados, esa Acedia que nos hace tener horror, hastío de todo lo que sea Dios o nos haga referencia directa o indirecta de Dios.

Dice el Cardenal Schornborn: “La crisis más profunda que hay en la Iglesia consiste en que no nos atrevemos ya a creer en las cosas buenas que Dios obra por medio de quienes le aman”.

El querido P. Leonardo Castellani, en sus varias obras de interpretación, comentario y explicación del Apocalipsis nos muestra, sí los hechos duros, difíciles que deberán acontecer según la enseñanza divina, sin embargo esto dice él explícitamente, y he aquí la clave,: “El Apocalipsis es un libro de esperanza, incluso la predicación de cosas tremendas (junta a la seguridad de esquivarlas para los fieles) es para dar ánimo, y deyección no; dado que esas cosas ya están entre nosotros, o en su ser propio o en su posibilidad y aprensión”.4

Por ello la importancia de mostrar que LA ESPERANZA ES la clave de bóveda de la Cristiandad y en función de ella se puede construir a pesar de las tormentas que la rodean o las hordas de bárbaros que asaltan sus murallas. La esperanza y no el éxito es la clave de bóveda, tensionar hacia lo más alto nos desprende de la trampa rastrera.

Esto es seguir el ejemplo de Alejandro magno y su espada con el nudo tramposo gordiano que dará origen al lema: “tanto monta cortar como desatar”. En esto de la Cristiandad la cuestión es cortar el nudo tramposo del éxito y elevarse en las alas de la Esperanza.

Alberto Mensi

1 Ciudad de Dios, libro 14

2 Catecismo de la Iglesia Católica 2094

3 Génesis 3, 5

4 Castellani, RP Leonardo SJ, El Apokalipsis, pag.71

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