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Organistas, los nuevos mendigos de la cuarentena. Parte II

Nuestra joven organista triunfó con su primer artículo en nuestra página, dedicado a los mendigos de la cuarentena, los organistas. Hoy, profundiza un poco más en esa situación y finaliza con esta segunda parte.

Organistas, los nuevos mendigos de la cuarentena. Parte II. Un artículo de Paula Garita

Debido a la cantidad de preguntas sin responder que surgieron a raíz del primer artículo, tanto mías como suyas, queridos lectores, he decidido hacer una segunda parte, respondiendo nuevas interrogantes y contando nuevas anécdotas.

Y antes de iniciar este artículo, quiero dar la bienvenida a Marchando Religión a Francisco Montero, organista costarricense que también se ha animado a mostrar la realidad de la liturgia y la “organería” costarricense. Esperamos leer más artículos suyos, siempre es bueno otra perspectiva de la realidad como organistas. Ah, y gracias por el Agnus Dei, ya está al 100 para la siguiente oportunidad…

“Si algo nos ha enseñado esta pandemia, es a estar unidos, a resolver entre colegas algunas diferencias (…) a sonreír bajo nuestras mascarillas a pesar de la nube negra que amenazan nuestros coros, a tener esperanza y que ésta se refleje en nuestras miradas”. Esto lo escribí en el último párrafo de mi primer artículo en esta revista. Justo hoy, una página de Facebook compartió el primer artículo, y lo releí con buen gusto, como un buen café en estos días de frío (los primeros días de diciembre son algo intensos en mi pueblo). Pero al llegar a este párrafo, casi escupo mi café mental. ¿Por qué? En los últimos dos meses, he tenido bloqueos, amenazas, críticas destructivas (porque constructivas sólo entre profesores y alumnos, para ellos), trompazos virtuales y otras tantas cosas, todo por los fuelles… Y quizás algún articulillo… publicado en cierta página española… (cof, cof) donde los pongo al desnudo y sin filtros… Y bueno, a nadie le gustan las fotos a quemarropa, menos sin filtros. En cuanto a las sonrisas, pues nadie las nota (porque andamos con mascarilla). Pero las risas nunca faltan, entre “pseudo-hackeos”, “payasadas”, agradecimientos genuinos, y algunos rayitos de sol en la nube negra, todos con nombre y apellido. Gracias Andrés y Pedro (que a diferencia del dulce sacristán de la parroquia de Sonia, no regalan ni unos calcetines), a Alejandro, por amar nuestro pulguero tanto como yo, a Dennis por aguantarme, a mi querido Hugo (por ser el que recibe las estocadas y espinazos con tal de que yo siga adelante en la organería, y esto me conmueve profundamente), a Anthony y Roberto, a Fran Quirós por sus cursos cero motivación, José Esteban (¡se tenía que decir y se dijo!), al Büchting, Soto, a Beto y a Óscar… Tantos cariños de ustedes y el querer alzar la voz para un mismo sentir, es hermoso.

Y bueno, pues después de tanto tiempo, las reaperturas de los templos se han hecho gradualmente, con estrictos protocolos, con alcohol en gel y cloro donde se mire. Con canto transmitido, pero en vivo, o cantos en vivo pero grabado, o cantos en vivo a más de cinco metros, como sea (el documento que inicialmente dio el ministerio de salud a la mayoría de coros nos causó algo parecido a una embolia, debido a su ambigüedad en algunos puntos). En las parroquias donde las condiciones y párrocos permiten cantos, algunos colegas hemos descubierto y/o rescatado la maravillosa ventana empolvada del gregoriano, o al menos, algunos cantos postconciliares que tengan algún verso en latín. Además, el confinamiento ha sido un interesante refugio en donde nos hemos adentrado en nuestro organístico (y en el de cada uno de nuestros oficios, los que tenemos oficio aparte del mundo musical, pero éste no viene al caso), donde hemos descubierto las maravillas del latín, el gregoriano, y hemos tenido suficiente tiempo para meditar sobre nuestro oficio, nuestros puntos fuertes y hemos reforzado los débiles, en especial los benditos nervios de principiante, y resolviendo algunos contratiempos con mi querido órgano de estudio, que el frío decembrino lo tiene algo sensible.

Volviendo al primer artículo, después de su publicación, a algunos los volvieron a llamar. A mi querido Hugo, empezaron a llamarlo sábados (dos misas) y luego domingos (dos o tres misas de seis en total), y todo parecía un cuento de hadas. Luego de meses sin recibir ni un cinco de la parroquia, cualquier ayuda es bienvenida. Pero no todo fue cuento de hadas, gracias a los coros de pistas que suelen ir cuando él no puede, pues ahora está únicamente jueves y sábados. Parece que ser organista en algunas parroquias es una falta de respeto a los otros que prestan servicio en canto. Y bueno, una discusión después, tenemos en misa episcopal coros que de latín han invocado a Belcebú y otros demonios… Ya me cansé de repetirle a una señora que el Agnus Dei es “qui tollis péccata mundi” y no “cuitoyi cacamori”, pero bueno, he de mantener la compostura y no explotar a reír. “Si los obispos no lo han hecho, ¿por qué he de reírme yo?” (Frase de mi buen amigo Bernardo).

En otras parroquias, las condiciones mejoran. Un aumentito de sueldo, una llamadita de más porque el obispo llega, algún mimo porque ha aumentado el monto de la colecta. A muchos, Dios les sonríe, y claro que ha de hacerlo, pues mantenemos firme la esperanza de un futuro mejor. Los que han leído mis otros artículos, saben que yo trabajo ad honorem, pues mi fuerte, aunque amo la liturgia y quisiera ser organista en misas con algún ingreso pequeño, es la piedad popular. Además, la situación no está para llegar yo con una lista de precios y decir “le cobro cincuenta euros por el rosario”. Y la más importante, no tengo idea de cuánto cobrar, entre inexperiencia y demás… Así que estoy tranquila, tratando de ayudar a colegas en lo que se pueda, desde partituras hasta almuerzo (sí, almuerzo), ensayando el “Adeste Fideles” como si de verdad fuera a tocar la famosa “Misa de Gallo” o alguna misa en Navidad (uno nunca sabe, y si algo me han enseñado mis queridos profesores es a estar siempre listo, que uno no sabe que el titular se desmaye en el coro).

En lo personal, mantengo firme la esperanza. Como muchos comentaron, de manera muy atinada, los organistas siempre hemos sido mendigos, pero la pandemia nos desenmascaró fuertemente como los menos afortunados a nivel financiero y litúrgico. Y aunque aquí en Costa Rica la mayoría somos multifacéticos (desde optómetras, programadores, profesores de español, cafetaleros, administradores con énfasis en finanzas, algún loco matemático y otro físico, mecánicos, profesores de música en secundarias) hay otros que han barrido aceras y desagües buscando cincos, dieces y pesetas, pues es la música lo que les mantiene. He topado algunos músicos de tiempo completo, y me han contado que, aunque tengan contrato suspendido, siguen con un ingreso (menor a lo acostumbrado, por supuesto), pues tampoco las parroquias son unas ingratas. Los ingratos somos nosotros, queriendo salario igual al de los sacristanes de la Basílica de San Pedro o la Catedral Metropolitana de México, o al organista petrino, cuando nuestra formación en la mayoría no nos da ni para quince euros, o somos ingratos, en el sentido que esperamos mucho, cuando realmente no damos lo mejor de nosotros en cada liturgia y celebración, y ahora que muchos sacerdotes han descubierto gracias a la mayoría la maravilla del latín y el gregoriano, se han dedicado a desbancar a quienes se niegan aún a tocar estos tesoros. Que el latín, símbolo de unión en la Iglesia, no llegue a ser signo de discordia en las parroquias, señores…

¿Y qué nos depara el futuro? No tenemos idea. Los que dormimos en la esperanza de la resurrección y parecemos sacados de un cuento infantil, quisiéramos estar mejor, pero el único que sabe eso es Cristo mismo, así como su Santa Venida. Mientras tanto, seguiré viendo los toros desde la barra (ja ja), tomando cafés mentales y ensayando los villancicos españoles, tan lindos para los rezos al Niñito Dios, que ni ha nacido y ya le quiero rezar. Y también la pasaré esperando escupir menos cafés mentales, siendo más autodidacta en vocación y pasión, y dejar de preguntar tonterías y escribir pendejadas. Sigamos marchando, y que María Santísima les bendiga e ilumine.

Esta vez, no tengo idea de qué irá el siguiente artículo, así que no tendremos el acostumbrado adelanto. Que nuestras desventuras y el Espíritu Santo me inspiren.

¡Un abrazo!

Paula Garita

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