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Breve catecismo de las madres: Los castigos a los hijos

Breve catecismo de las madres. Los castigos a los hijos. Por el presbítero Gabino Chávez

(Preparación de los textos: Augusto Pozuelos)

—¿Qué debe temer la madre, especialmente de sus hijos varones?

—El orgullo y el encaprichamiento que muestran desde niños: es preciso reprimirlos con mano fuerte, hacerse obedecer a toda costa, y no dejar que el hijo se salga con sus necios caprichos.

—¿Qué madres faltan en esto?

—Aquéllas, numerosísimas por cierto, que no tienen más que caricias perpetuas para los niños, regalos y ternuras; pero nunca correcciones ni castigos. Este es el gran defecto de las madres hoy día: sobra de mimos y cariños y una falta completa de rigor razonable y de castigos para con sus hijos.

—Pero, el espíritu del siglo mira hoy don horror a los padres que emplean con sus hijos el rigor y los castigos, ¿acaso no sería mejor no pasar por anticuado y estar en esto con las nuevas ideas?

—Es la verdad; pero la prudencia del siglo, es necedad delante de Dios y es mejor creer a la Santa Escritura que a todas las sabidurías humanas y a las vanas ideas de los mundanos.

—¿Pues qué dice la Sagrada Escritura a ese respecto?

—Bueno, es que las madres pesen sus palabras: “El que perdona la vara, aborrece a su hijo.” (Prov. XIII. 24.) “No quieras quitar al niño el castigo, y si le azotas con la vara, no ha de morir por ello” (Id. XXIII, 13.) “Si tú le azotas con la vara, librarás su alma del Infierno.” (Id. 14.) “La vara y la corrección dan sabiduría, mas el niño que se deja a su voluntad, avergonzará a su madre.” (id. XXIX. 15.)

—Pero ¿qué, el Espíritu Santo realmente mandará azotar con vara?

—La vara significa el castigo corporal y sensible, aunque al pie de la letra no se aplique con vara; mas hay que notar las expresiones enfáticas de la Santa Escritura; porque, lo primero, asegura que una madre que no castiga físicamente al niño, lo aborrece; de suerte que lo que parece amor y cariño, ante Dios, es verdadero odio; y da la razón en el otro texto: porque el castigarlo es librarlo del infierno, luego el no hacerlo es dejarlo caer en él, no puede haber mayor odio que ese. Dice además, que el niño sin corrección, causará confusión a su madre, es decir, la avergonzará un día con sus hechos y su torpe conducta; y burla la delicadeza exagerada de la mayoría de las madres, diciendo que no morirá el hijo del castigo, como algunas parecen temer, pero que no temen echarlos al abismo.

—¿Qué otra cosa dicen los Libros Santos acerca de esto?

—En el capítulo treinta del Eclesiástico, habla mucho sobre el particular, y de él entresacamos estos consejos: “El que ama a su hijo le frecuenta los azotes, para que en sus novísimos se alegre, y no ande tocando las puertas de sus próximos. Quién enseña a su hijo será en él alabado, y se gloriará entre los de su casa. Quien enseña a su hijo, pone en celo al enemigo, y entro sus amigos en él se gloria.” … “Así como el caballo indómito se hace duro, así el hijo remiso se hace precipitado. El que mima a su hijo, vendará sus heridas, a cada grito se le conmoverán sus entrañas.  Caballo no domado, sale indócil, hijo consentido, sale libertino.  Lacta a tu hijo, y te dará sorpresas juega con él, y te traerá pesares.  No rías con él, para no llorar y acabar rechinando de dientes.  No le des libertad en su juventud, y no pases por alto sus errores.  Doblega su cerviz mientras es joven, tunde sus costillas cuando es niño, no sea que, volviéndose indócil, te desobedezca, y sufras por él amargura de alma.  Enseña a tu hijo y trabaja en él, para que no tropieces por su desvergüenza.”

—¿Qué hay que notar en estas palabras?

—Lo primero, que insiste el Espíritu Santo en que el hijo se castigue cuando niño, y con frecuencia; lo segundo, que promete a los padres alegría y regocijo si educan bien a los hijos, y a ambos felicidad en sus novísimos; lo tercero, que amenaza con lo contrario, es decir con pavor, tristeza, confusión y vergüenza, a los que no lo hacen; lo cuarto, que a los mismos hijos anuncia la mendicidad y varios males si no son corregidos.

—¿Mas por qué dirá que quien mima al hijo tendrá pavor, puesto que el lactarios es obligación de las madres?

—Habla de los hijos en mayor edad, y es una figura, pues es como si dijera: regala al hijo, mímalo, consiéntelo, trátalo, con blandura y muellemente, y después te llenará de sustos, de aflicción y de pavor.

—Y ¿porqué añadirá, trabaja en él?

—Para significar que la educación es obra importante, laboriosa, y que necesita diligencia, estudio y cuidado. Muchos no quieren tomarse este trabajo.

—¿Y el no darle potestad, y doblegar su cerviz, qué significa?

—No darles libertad, licencia y facultad para ir y venir, y manejarse por sí mismos, sino doblegarlos con el trabajo, que es un peso y carga que encorva, evitándoles el ocio y holganza, fuentes de mil males.

—¿Y el tropezar en su torpeza, que indica?

—Indica que los padres algún día tendrán que sufrir confusión y vergüenza, con la ignominia, los escándalos y la mala fama de sus hijos.

Francisco Chávez, Pbro. 1892, con licencia del ordinario

(Preparación de los textos: Augusto Pozuelos)

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