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La Virgen de Guadalupe

En la celebración de la Virgen de Guadalupe, en Marchando Religión, nos acercamos una vez más a México para hablar de la historia la tilma

La Virgen de Guadalupe. Un artículo de Pedro González

S. Juan Diego nació en 1474, en territorio azteca. Hombre de clase humilde, fue de los innumerables que experimentaron gran alivio cuando se derrumbó la tiranía azteca que tenía sojuzgados a muchos habitantes de la actual Centroamérica y sur de EE.UU, ya que vivían con el temor constante de ser sacrificados a los ídolos demoníacos de la religión azteca. Un día de diciembre de 1531, cuando se dirigía a lo que hoy es Méjico D. F., se le apareció la Virgen en el cerro del Tepeyac, y le pidió que se erigiese un templo en su honor, en ese mismo lugar, para mostrar y dar en él, todo su amor, su compasión, auxilio y piedad. Le indicó que fuera a contárselo al obispo Zumárraga.

El obispo no se lo creyó. En resumen, la señal que dio la Virgen María para convencer al obispo es que hizo florecer flores de Castilla en el cerro, en pleno diciembre. Este es el primer prodigio: botánicos expertos han manifestado que es imposible o casi imposible que florezcan flores en esa época y en ese lugar.

S. Juan Diego las recogió y las envolvió en su tilma para llevárselas al obispo y de ese manera convencerle de la veracidad de la aparición mariana. Una tilma era como una especie de capa, de tejido burdo, usado por las clases pobres. Cuando llegó a la residencia episcopal, algunos de los sirvientes y empleados que allí había, quisieron coger alguna de esas flores pero al intentarlo, desaparecían. Llevado a presencia del obispo Zumárraga, desenrolló la tilma para mostrar las flores y en ella quedó impresa la imagen de la Virgen de Guadalupe. Era el 12 de diciembre de 1531. Esta es muy resumidamente la historia. Por cierto, la palabra Guadalupe sería la adaptación española de la palabra náhuatl Coatlallope, que significa La que aplasta la serpiente. Lo que me interesa destacar son los misterios de la tilma:

1) Como he dicho, la tilma es de un tejido burdo, hecha con hilo de magüey, una especie de cactus. Es una tela que no dura más de 20 años. 30 a lo sumo. El ayate – o tilma- tiene ya casi 500 años, y está en perfecto estado de conservación, a pesar de que durante más de 100 años  estuvo expuesta sobre una pared muy húmeda, sin ningún cristal protector -el primero se le colocó en 1647-, recibiendo humo de velas, manoseada por centenares de miles de personas, y rozada por numerosos objetos, como rosarios, medallas, muletas, bastones, etc. Además, el salitre del cercano lago Texcoco era perjudicial para toda clase de tilmas. Incluso el hierro se desintegraba por el óxido.

Ya en 1756, un pintor mejicano llamado Miguel Cabrera, escribió un libro titulado «Maravilla americana y conjunto de raras maravillas observadas con la dirección de las reglas del arte de la pintura en la prodigiosa imagen de Ntra. Sra. de Guadalupe». En él manifiesta su perplejidad por el hecho de que la tilma no haya sido dañada  por la humedad y el salitre. Su libro es muy interesante. Otro detalle relevante es que no le han afectado los vapores de infinidad de velas y candelas que ardían continuamente a muy poca distancia: al arder, la cera emite unos hidrocarburos y unas radiaciones ultravioletas que deberían haber destruido la imagen. En cambio, la túnica -de color rosa- y el manto -azul- parecen pintados hace muy poco tiempo.

El ayate ha resistido aguafuerte derramado accidentalmente sobre él en 1785, al limpiar el marco de oro de la imagen. Ese producto químico destruye hasta el hierro. No le hizo el menor daño, tan sólo aparecieron unas manchas amarillentas -que todavía se pueden observar, con dificultad, en la esquina superior derecha de la tilma vista frontalmente- pero que misteriosamente están desapareciendo con el paso del tiempo.

También ha resistido la explosión de una bomba oculta en un ramo de flores, colocado ante la imagen, en 1921. La bomba destruyó las gradas de mármol del altar mayor, los candeleros, los vidrios de la mayor parte de las casas cercanas a la basílica e incluso dobló un Cristo de latón -que todavía se conserva en el museo de la basílica-. También rompió el cristal de un cuadro de S. Juan situado detrás de la Virgen de Guadalupe, pero a ésta, misteriosamente, no le sucedió nada. Ni siquiera rompió el cristal que protegía la imagen, un cristal normal y corriente, no blindado.

2) La tela rechaza el polvo: jamás se halla en la tilma pero sí por todos lados. Además, es refractaria a los microorganismos, a los insectos y a la humedad. Y no presenta agrietamientos, algo insólito.

3) En la imagen no hay colorantes de origen animal, vegetal, mineral, y mucho menos sintético, puesto que en aquella época se desconocían. “Los colores son de origen desconocido”, dictaminaron los científicos. Es cierto que en la imagen hay añadidos humanos como los rayos solares, la luna, el ángel, la cruz que la Virgen lleva al cuello…Original es el manto azul, tan brillante que parece haber sido pintado unos días antes, la túnica rosa -igualmente con aspecto de recién pintada-, el rostro, las manos.

4) En la imagen no hay pinceladas -algo que sería increíble de no ser porque está demostrado con sofisticados aparatos científicos-. No hay huellas de pintura. No hay preparación de la tela, cosa que hace todo pintor. No hay bocetos ni imágenes tapadas por la imagen visible, como se ven en todos los cuadros pintados por manos humanas. La técnica pictórica empleada es desconocida. Por otro lado, al carecer de preparación, es un misterio que los colores impregnen en la tela y se conserven en una fibra tan inadecuada.

5) El rostro de la Virgen cambia de color en función del ángulo desde el que se contempla, por el efecto de la difracción de la luz. Es el fenómeno de la iridiscencia, algo que no puede hacer un pintor. La iridiscencia natural de la tilma es algo inexplicable.

6) En el manto de la Virgen aparecen numerosas estrellas. Estudiadas por astrónomos, concluyeron por la posición de las mismas, que la estampación tuvo lugar el 12 de diciembre de 1531 -cosa que se sabía-, a las diez horas y treinta y siete minutos de la mañana. La disposición de las estrellas en el manto coincidía con la que tenían en el firmamento el día en que sucedió el milagro. Además, las constelaciones impresas en el ayate (15 en total) están invertidas: aparecen reflejadas no como se ven desde la Tierra, sino como se ven fuera. 

7) El cuerpo de la Virgen tiene siempre entre 36, 5 y 37º centígrados, como un ser humano. En cambio, inexplicablemente, el resto de la tilma permanece entre 13 y 15º centígrados.

8) En el rostro de la Madre de Dios no hay ni una sola sombra pintada que sea la causa de su luminosidad y de su tridimensionalidad. Todo el rostro está lleno de una misma luz que lo ilumina con la misma intensidad. Esto indica que fue una sola sustancia la que lo iluminó y dio simultáneamente el efecto de tridimensionalidad o volumen. Esto no lo puede hacer un pintor humano, porque no hay color que pueda dar ambos efectos: luminosidad y tridimensionalidad. Y si lo hizo un ser humano, empleó una técnica absolutamente desconocida.

9) Todos los rasgos de su rostro son aberturas de la tela, manchas, hilos gruesos…  es decir, defectos de la tilma aprovechados para configurar dichos rasgos, que no están pintados. Eso no lo puede hacer ningún pintor. Además, un pintor eliminaría esos defectos para preparar la tela a fin de que sea apta para pintar en ella, aunque lo más probable es que hubiera rechazado ese tejido para pintar en otro en buen estado.

La forma en la que han sido aprovechadas las imperfecciones del ayate para obtener unos rasgos finos y sin emplear pintura es inexplicable. P. ej., un hilo un poco más grueso pone de relieve el párpado del ojo derecho. Otro igualmente grueso, perfila el labio superior, etc. De hecho, los ojos, el borde de la nariz, la boca y las cejas son la misma tela carente de todo color sobrepuesto. Quien imprimió la imagen usó las irregularidades del tejido.

10) Los ojos de la Virgen se comportan como los de una persona viva: cuando se proyecta luz sobre ellos, el iris brilla más que el resto mientras que la pupila no, lo que da la sensación de profundidad, pareciendo que el iris se va a contraer.

En sus ojos se da el efecto  Purkinje-Samson, que sólo se da en personas vivas o en fotografías, jamás en pinturas. Los doctores Purkinje y Samson descubrieron en el s. XIX que dentro del ojo humano se forman tres imágenes  del objeto que está contemplando, apareciendo en la córnea y en las dos caras del cristalino. Pero el asombro crece cuando se considera que en los ojos, las figuras representadas -y de las que hablaremos más adelante- no sólo se dan con arreglo a ese efecto citado, sino que además respetan todas las leyes ópticas de los ojos humanos: proporción, distancia, ángulo,perspectiva, etc., cada objeto en el lugar en el que tendría que estar en el ojo derecho y en el izquierdo, y con su proporción, etc.

Una ley óptica dice que si un objeto está más lejos -aunque sean unos pocos centímetros- del ojo izquierdo que del derecho, la imagen reflejada en el izquierdo no tendrá la nitidez que tiene en el derecho. Esto se cumple en los ojos de la Virgen.

Y esas leyes eran desconocidas en el s.XVI.

11) En la pupila de los ojos de la Virgen, aumentados 2.500 veces, aparecen trece personas, una de ellas es un anciano con barba, en actitud reflexiva,  que según afirman los investigadores, sería el obispo Zumárraga, por el parecido que tiene con su imagen pintada en cuadros de la época.  Aumentando los ojos de éste, aparecen más figuras, una de las cuales sería Juan Diego mostrando su tilma al obispo. Y se ve todo con gran detalle, gracias a los aparatos científicos existentes. P. ej., se ve incluso la correa que ata la sandalia de un personaje que está sentado de una forma que era típica entre los indios: con la pierna izquierda extendida sobre el suelo y la derecha doblada encima. Se ve una especie de arcón. También aparece una mujer con rasgos propios de la raza negra, que se supone era sirviente del obispo.

Asimismo, hay una familia, algo apartada del resto de personajes, formada  por un matrimonio y unos niños. La mujer lleva a un niño sobre su espalda. ¿Podría ser un mensaje para la humanidad de los siglos XX y XXI, cuando se dispondrían de aparatos adecuados para descubrir esa familia y el resto de personas que aparecen? El mensaje es obvio: el carácter de la familia como institución natural,  atacada con violencia infernal en esta época, y que sería caricaturizada demoniacamente con sucedáneos. El demonio, el mono que pretende imitar a Dios.

El Doctor José Aste Tönsmann, de la universidad de Cornell (Nueva York) que ha dedicado mucho tiempo libre de su vida a estudiar los ojos de la Virgen, afirma que es imposible explicar por medios humanos la presencia de todos estos personajes en un espacio infinitesimal de los ojos de la Madre de Dios. Y añade: « me atrevo a afirmar que cuando Juan Diego mostró la tilma para que el obispo viera las flores -la señal para demostrar la veracidad de las apariciones-, la Virgen María estaba allí, invisible, y en sus ojos quedó reflejada la escena así como todos los que estaban presentes. Al desplegar la tilma y caer las flores, la imagen de la Virgen quedó impresa, con toda esa escena en sus ojos. Con la tecnología actual es imposible pintar todo eso en un una córnea de siete milímetros».

12) Se ha afirmado que la imagen no está adherida a la tela sino que dista de ella unas centésimas de milímetro, de manera que puede pasar un rayo láser entre la tela y la imagen. Esto no ha sido confirmado, al menos que yo sepa. Algunos lo niegan. Pero con todos los enigmas que tiene el ayate, no sería extraño que la imagen estuviera milagrosamente suspendida.

En mi opinión, no cabe duda del origen sobrenatural de la imagen. Como la Sábana Santa, otra tela repleta de misterios científicamente inexplicables.

Pedro González

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