Consideraciones a vuela pluma sobre la legalización del crimen del aborto en Argentina

Un artículo sobre lo que acaba de suceder con el aborto en Argentina, la legalización del asesinato de bebés, llamemos a las cosas por su nombre

Consideraciones a vuela pluma sobre la legalización del crimen del aborto en Argentina. Un artículo de Pedro González

1ª. Era previsible que tarde o temprano en las Cámaras de los “representantes del pueblo” ( jajaja…), hubiera una mayoría holgada que aprobase el asesinato de los inocentes.

Y no hace falta ser un Nostradamus para vaticinar que serán legalizados la eutanasia, la pederastia, el incesto, la comercialización libre de las drogas, la adopción de niños por uniones antinaturales, incluso lo que ahora nos resulta inimaginable. Es más, en algunas naciones está impuesta por ley una versión oficial -y mendaz- de la Historia, de modo que el que discrepe de ella, por muchos argumentos y datos que aporte, será sancionado penalmente.

No me extrañaría que algún día en Méjico, p. ej., se impusiera legalmente (y con pena para el discrepante) una versión de la Guerra Cristera de 1926 a 1929 (hecho histórico que siento como propio, como si fuera mejicano), según la cual, los cristeros habrían sido ladrones, asesinos y fascistas, y los gobiernos masónicos de allá, unos dechados de virtud que sólo buscaban el bien y la modernización de aquella noble tierra. Esa ley existe en España, gracias a socialistas y liberales conservadores (PP), en todo lo que respecta a la 2ª. República, la heroica Guerra de 1936 (¡la última Cruzada de Occidente!, así fue declarada por ), y el Régimen del 18 de Julio.

2ª. Coincide la legalización del exterminio de los niños con la Navidad. La muerte con el nacimiento de quien dijo de sí mismo que era el Camino, la Verdad y la Vida. Y hace muy poco se legalizó en España la eutanasia. Satanás es la muerte y odia la vida, y ultraja la Navidad.

3ª. Todo lo antinatural, todo lo anticristiano, será legalizado porque esa es la tendencia de la Historia desde el s. XVIII, especialmente desde 1789. Una tendencia no natural o espontánea sino forzada y dirigida por quienes tienen el incalculable poder financiero, con el cual, tienen en sus manos a la inmensa mayoría de los medios de comunicación ( o de desinformación y manipulación de masas), a los partidos del sistema, a la industria del cine y del entretenimiento, además de la enseñanza estatal cuyo control ha sido siempre el objetivo del poder oculto, a la vez que ataca a la enseñanza de iniciativa privada o social. Con todas esas herramientas cambian la mentalidad de la población, erosionando y eliminando sus creencias, sus valores, etc. asumiendo los criterios de la “modernidad”, de la “tolerancia”, etc. De manera que al cabo de unos cuantos años, una población inicialmente antiabortista en su totalidad, p. ej., ya no lo será, sino que tendrá amplios sectores partidarios del aborto que terminarán imponiendo su criterio. La Historia de Occidente avala mis palabras.

Esa tendencia no nos debe llevar al pesimismo y a la inacción.

«Y no se diga que, si el vencimiento es seguro, la lucha es excusada; porque en primer lugar, la lucha puede aplazar la catástrofe, y en segundo lugar, la lucha es un deber y no una especulación para lo que nos preciamos de católicos. Demos gracias a Dios por habernos otorgado el combate, y no pidamos sobre la gracia del combate la gracia del triunfo a Aquél que en su bondad infinita reserva a los que combaten bien por su causa una recompensa mayor que la victoria». (Juan Donoso Cortés, 1849. Uno de los más grandes pensadores tradicionalistas y antiliberales que ha habido.

4ª. Esa evolución histórica es la que preparará la sociedad que acogerá con entusiasmo al Anticristo. Una sociedad que padecerá la mayor degradación moral de la Historia. En ella será bien recibido el Anticristo. No digo que sea ésta sociedad concreta la que va a recibirlo.

5ª. Esos males enunciados -y legalizados- los ha hecho posibles la “democracia” liberal, la mayor mentira de la Historia política de la Humanidad, sólo superada por el marxismo. Mentiras sus fundamentos: soberanía popular, división de poderes, la igualdad de todos ante la Ley, sufragio universal (“sufragio universal, mentira universal”. Beato Pío IX), su relativismo, su positivismo jurídico, su aconfesionalidad estatal, contrato social, su organización partitocrática, los diputados como representantes de la sociedad, etc.

6ª. El liberalismo es inmanentista, y por tanto, rechaza la presencia actuante de un orden moral objetivo en la vida pública, basado en la Ley Natural y en la Ley Divina revelada. Separa la moral de la política, y además, es relativista: niega que haya verdades objetivas. Existen únicamente opiniones, y prevalece la opinión que consiga más votos. Es la Ley del número, el sufragio universal, la soberanía popular: será legal todo lo que la mayoría disponga aunque sea absurdo, inmoral o dañino para la nación y el bien común. Uno de los pensadores del liberalismo, Bentham, escribió en el s. XIX lo siguiente: «en ningún caso se puede resistir a la mayoría, aun cuando llegue a legislar contra la religión y contra la ley natural, aun cuando mandase a los hijos que sacrifiquen a los padres».

El problema no es el partido X o el partido Y. El problema es el sistema que ampara y legaliza todas las aberraciones.

crimen del aborto en Argentina

«Si los derechos se fundaran en la voluntad de los pueblos, en las decisiones de los príncipes y las sentencias de los jueces, sería jurídico el robo, jurídica la falsificación o la suplantación de testamentos, siempre que tuviesen a su favor los votos de la masa popular; es absurdo pensar que es justo todo lo que establezcan las leyes» (Cicerón, De legibus).

Es contraria a la revelación divina que «la voluntad del pueblo, manifestada por lo que ellos llaman la opinión pública, constituya la ley suprema, independiente de todo derecho divino» (Pío IX, en Quanta cura. 1864).

«Como se afirma que el pueblo es en sí mismo fuente de todo derecho y de toda autoridad, se sigue lógicamente que el Estado no se juzgará obligado ante Dios por ningún deber» (León XIII, en Inmortale Dei. 1885).

«… corrupción que atribuye a la legislación del Estado un poder sin freno ni límites, y que hace del régimen democrático, a pesar de las contrarias y vanas apariencias contrarias, un puro sistema de absolutismo». (Pío XII, en Benignitas et Humanitas. 1944).

Pedro González

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