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Caso Becciu . Cuando un cardenal pierde su “puesto de trabajo”-MarchandoReligion.es

Caso Becciu. Cuando un cardenal pierde su “puesto de trabajo”. Y una pregunta aún sin responder

Caso Becciu / Cuando un cardenal pierde su “puesto de trabajo”. Y una pregunta aún sin responder

Queridos amigos de Duc in altum, he recibido de un lector, Vincenzo Rizza, la carta que, con su conformidad, os adjunto.

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/11/20/caso-becciu-se-un-cardinale-perde-il-posto-di-lavoro-e-una-domanda-ancora-senza-risposta/


Querido Aldo María,

He leído extractos de la declaración de los abogados de Becciu en la entrevista de L’Espresso y confieso que estoy bastante perplejo.

No entro en la cuestión legal e indemnizatoria: naturalmente que Becciu tiene derecho a defender su imagen y decoro y que sus letrados pueden considerarse facultados para iniciar una acción civil.

Sin embargo, lo que me sorprende es que Becciu parece olvidar que, antes que (ex) representante de las más altas instancias vaticanas, es sacerdote y, como tal, debe servir a Dios antes que a sus ambiciones de carrera.

De los extractos parece, de hecho, desprenderse no tanto un deseo de defender la verdad, sino más bien el desagrado de haber recibido del Papa reinante una “petición de dimisión” a resultas de la lectura de un polémico artículo. Ello ha privado al demandante del desempeño “de su actividad laboral”, con la consiguiente pérdida del derecho a participar en consistorios, presidir liturgias de beatificación, participar en el cónclave y elegir al papa.

Parece como si estuviéramos leyendo las reivindicaciones del consejero delegado de una multinacional, despedido de forma improcedente, ¡que se lamenta por el daño hecho a su currículum! Francamente, no es digno de un príncipe de la Iglesia reducir el servicio a Dios a una cuestión “laboral”; aunque esto, posiblemente, es lo que hoy en día piensan demasiados sacerdotes.

Por otra parte, al fondo se vislumbra la imagen desenfocada de quien, sobre la base de un simple artículo y en un acto sin precedentes, invita a un cardenal a renunciar a sus prerrogativas, liquidándolo como si fuera una empleada de hogar cualquiera, sin siquiera quince días de preaviso. Siempre según los extractos de la declaración, la lectura apresurada del artículo habría bastado, una tarde, para que empeorase su relación con el papa, “óptima” hasta ese instante. En definitiva, se refleja del papa una imagen no precisamente edificante: un ingenuo que está condicionado por simples rumores periodísticos y que, privado de todo criterio o equilibrio, echa sin razón a un muy directo colaborador, haciéndolo además de un día para otro.

En efecto, si se mira bien, las acusaciones contenidas en la cita parecen más dirigidas a la cátedra de Pedro que al semanario. Y no se le escaparán tampoco al lector las referencias maliciosas al posible riesgo “de validez de la elección del Santo Padre”; referencias ciertamente no dirigidas a L’Espresso.

Querido Aldo Maria, concluyendo, lo que me preocupa más no es tanto que un cardenal haya sido despojado de sus derechos cardenalicios sino que haya llegado a cardenal alguien que antepone sus propias ambiciones de carrera.

Un saludo cordial,

Vincenzo Rizza

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Gracias al lector Sr. Rizza. Sólo quiero hacer notar que, según la reconstrucción de los abogados de Becciu, el artículo titulado Por qué dimitió el cardenal Becciu. Dinero de los pobres para su hermano y offshore: las cartas del escándalo. Y el Papa quiere limpieza, publicado en L’Espresso online el 25 de septiembre de 2020, fue escrito el día antes, el 24 de septiembre, a las 10 y 12 minutos, por tanto siete horas y 48 minutos antes del encuentro entre Becciu y el papa, que tuvo lugar a las 18:02. Esto quiere decir que o los autores del artículo tienen capacidad de adivinación y leen el futuro, o bien Becciu cayó en una trampa preparada contra él.

En su respuesta a los abogados de Becciu, el director de L’Espresso Marco Damilano menciona que Becciu habla del papa llamándole “ese hombre” y que sus abogados, cuantificando el daño (no poder entrar en cónclave y no poder ser potencialmente papa) en diez  millones de euros, por vez primera cuantifican en metálico lo que vale ser papable. De acuerdo. Sin embargo, el director no desmiente que el papa tuviese sobre su mesa el artículo de L’Espresso, y ello antes de la salida del semanario. ¿Cómo podía Bergoglio tener ese artículo?

A.M.V.


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