En la Misa Tradicional de Requiem la Iglesia reconoce una poderosa verdad sobre la humanidad

Es importante que reconozcamos el peso metafísico de estar rezando en cada Misa Tradicional de Requiem no solo por personas específicamente, sino por almas.

En la Misa Tradicional de Requiem la Iglesia reconoce una poderosa verdad sobre la humanidad, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

El 2 de noviembre, y en cada Misa de “réquiem” (Misa por los muertos, así llamada por su repetida oración “Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis”: Concédele, Señor, el descanso eterno y que brille para él la luz eterna. El introito, el gradual y la antífona de comunión, todos usan estas palabras), la liturgia tradicional de la Iglesia Romana ora por las almas de los fieles fallecidos. Acentúo la palabra porque es importante reconocer el peso metafísico de aquello por lo que específicamente estamos rezando.

El décimo quinto concilio ecuménico de la Iglesia, efectuado en Vienne, Francia entre los años 1311 y 1312, definió dogmáticamente lo siguiente, usando el tipo de lenguaje que cada concilio anterior usaba, a excepción del Concilio Vaticano Segundo:

“Reprobamos como errónea y enemiga de la verdad de la fe católica toda doctrina o proposición que temerariamente afirme o ponga en duda que la sustancia del alma racional o intelectiva no es verdaderamente y por sí forma del cuerpo humano; definiendo, para que a todos sea conocida la verdad de la fe sincera y se cierre la entrada a todos los errores, no sea que se infiltren, que quienquiera en adelante pretendiere afirmar, defender o mantener pertinazmente que el alma racional o intelectiva no es por sí misma y esencialmente forma del cuerpo humano, ha de ser considerado como hereje.”

Los padres conciliares se estaban refiriendo aquí indirectamente a la doctrina de Aristóteles mediada por los Escolásticos, que podemos resumir del siguiente modo. Los seres vivos crecen internamente y sufren metamorfosis; se reparan a sí mismos y encuentran su propia comida. Inician actos propios, se reproducen. Existen por naturaleza, no por convención o tecnología. Poseen unidad de sustancia, origen y realidad. En contraste, las máquinas se ensamblan desde el exterior, en última instancia, por alguien que no es una máquina; no creen espontáneamente, necesitan una reparación externa, no se autoabastecen y deben ser encendidas y apagadas desde el exterior. Requieren control y dirección; no se reproducen a sí mismas y tienen muchas partes, no una sustancia (su unidad es solo la de un orden de partes). De modo similar, los seres inanimados, como las rocas,  son cosas naturales, y tienen propiedades naturales. Sin embargo, no comparten ninguno de los rasgos especiales de los seres vivos. Por lo tanto, según Aristóteles, debe haber un principio en los vivientes que los vivifica, que los hace estar con vida y ser capaces de hacer, y de hecho hacen, todo de manera única. Este principio es el alma (en griego, psyche; en latín, anima). La ciencia moderna no ha alterado esta conclusión ni un poco, ya que todo lo que ha hecho es explicar con gran detalle las partes materiales de las cosas, las cuales se presuponen para la realidad y actualidad de los vivientes, pero ninguna de ellas da cuenta de la vida como tal. (Para aquellos que desean leer una defensa del punto de vista de Aristóteles, recomiendo de Steven Baldner “The  Soul in the Explanation of Life: Aristotle Against Reductionism.”)

 Entonces, volviendo a Vienne, la Iglesia define que el alma racional o intelectiva del hombre, que lo hace ser y estar vivo como el tipo de ser que él es (racional e intelectivo), es la “forma” del cuerpo humano, que le da a la misma carne su realidad, vitalidad, humanidad y funcionalidad. Este intelecto, como lo prueba de nuevo Aristóteles, es esencialmente una facultad inmaterial. Después el Aquinate demostró que tal facultad tiene una existencia independiente, aunque no se tiene la intención de que viva independientemente del cuerpo. Es por esto por lo que él sostiene que la resurrección de la carne es “necesaria” para restaurar la integridad de la naturaleza humana. La persona humana es un compuesto de alma-cuerpo. Al morir, el alma y el cuerpo son cercenados.  Los restos materiales se disuelven y el alma recibe su recompensa eterna, ya sea el infierno para aquellos que mueren sin la gracia santificante o el cielo para aquellos que mueren en estado de gracia, con un tiempo de purificación en el purgatorio para aquellos que lo necesiten, que podemos asumir razonablemente para la mayoría de los fieles. Todas las almas separadas desean tener sus cuerpos de vuelta y esto, en efecto, ocurrirá en el juicio universal al fin de los tiempos.

El Catecismo de la Iglesia Católica, al menos en este punto reflejando la enseñanza tradicional, reitera lo del Concilio de Vienne:

“La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la “forma” del cuerpo (cf. Concilio de Vienne, año 1312, DS 902); es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza.”

Catecismo de la Iglesia Católica, 365.

Volviendo ahora a las Oraciones (Colecta, Secreta, Postcomunión) de la Misa Tradicional en Latín para el 2 de noviembre, ¿qué podemos encontrar?:

“Oh Dios, Hacedor y Redentor de todos los fieles: concede la remisión de todos sus pecados a las almas de tus siervos y siervas, para que, por nuestras piadosas súplicas, consigan el perdón que siempre desearon. Tú que vives y reina…”

“Suplicamoste, Señor, mires propicio estas hostias, que por las almas de tus siervos y siervas te ofrecemos; y pues les diste el mérito de la fe cristiana, dales también el premio. Por nuestro Señor Jesucristo…”

“Aprovechen, Señor, a las almas de tus siervos y siervas nuestras humildes súplicas; para que las libres de las ataduras de todos sus pecados y las hagas participantes del fruto de tu redención. Tú que vives y reinas…”

Las precedentes oraciones son todas las oraciones propias del antiguo misal para la Misa por los fieles difuntos.

En contraste, en el Misal Novus Ordo, estas tres oraciones están redactadas de tal modo que la palabra “alma” no aparece ni una sola vez. Hay muchas otras diferencias también que el lector puede ver por sí solo:

“Escucha, Señor, nuestras súplicas para que, al confesar la resurrección de Jesucristo, tu Hijo, se afiance también nuestra esperanza de que todos tus hijos resucitarán. Por nuestro Señor Jesucristo.”

“Mira Señor, con bondad las ofrendas que te presentamos por tus fieles difuntos y recíbelos en la gloria con tu Hijo Jesucristo, al que nos unimos por la celebración del memorial de su amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

“Te pedimos, Dios todopoderoso, que nuestros hermanos difuntos, por cuya salvación hemos celebrado el misterio pascual, puedan llegar a la mansión de la luz y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.”

Por otra parte, las oraciones de arriba son propias de su género en el nuevo misal, donde vemos muchas lamentables deficiencias:

1. Existe la casi total desaparición de la palabra “alma” (anima). Joseph Ratzinger lo admitió en su libro Escatología: “La idea de que no es bíblico hablar del alma se impuso de tal manera que hasta el nuevo Missale Romanum de 1970 suprimió en la liturgia exequial el término anima, desapareciendo igualmente del ritual de sepultura” (p.156)

2. La precedente Colecta para la primera Misa de Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, tal como lo vimos arriba, no contiene ninguna petición explícita por los muertos. Habla de la profundidad de nuestra fe en la Resurrección de Cristo y de la fortaleza de nuestra esperanza en la resurrección de los muertos. No hay nada falso sobre esto, pero afirma el propósito específico de las Misas del día de Todos los Fieles Difuntos, que se supone que es la función de la Colecta.

3. La gran Colecta Romana citada arriba, Fidelium, Deus, ómnium Conditor et Redemptor, se ha borrado de la liturgia del Novus Ordo del 2 de noviembre. Esta aún puede encontrarse como una opción entre las oraciones de la Misa para los Difuntos, pero le ha sucedido algo extraño: va dirigida al Padre en vez que al Hijo Encarnado (“Per Dominum Nostrum” reemplaza al “Qui vivis”). Y como ya lo adivinan, no hay ninguna mención de las almas de los siervos y siervas de Dios. Ha sido suprimida.

Lo que aquí vemos es otro pequeño ejemplo (de miles) del triunfo del Modernismo, que intenta adaptar la oración de la Iglesia al Zeitgeist, en este caso, a la crítica bíblica liberal que falsamente reclama que del concepto de “alma” no tiene lugar en la Escritura, y que se avergüenza de hablar de una manera que es desaprobaba por la ciencia materialista, la cual fue refutada hace más de dos mil años por los mejores filósofos griegos. Vemos una desviación de la inquebrantable tradición de la lex orandi de la Iglesia, que profundiza las consecuencias en el tiempo de la lex credendi y la lex vivendi. Si cambias la forma de rezar de los católicos, cambiarás lo que creen y cómo actúan. No es de sorprenderse que los modernos funerales católicos se han convertido en un escándalo. Como André Gushurst-Moore dice:

“Si la idea del alma humana como algo sagrado y más allá de la materia al mismo tiempo que existe plenamente dentro del reino físico se desvanece de la conciencia humana, las personas vivirán como si su propia alma y el alma de los demás no tuvieran existencia. En este sentido, se puede estar de acuerdo en que el mundo post-humano ha arribado para muchos en nuestro mundo, ya que lo sagrado y lo trascendente desapareció de vista.”

(Glory in All Things, 159

Para Todos los Santos, tuve el privilegio de cantar con la schola para la Misa Tradicional de Requiem. Fue sublime en todo sentido, especialmente el canto. De estos, la secuencia del Dies Irae – también removido de la Misa del Novus Ordo para los Muertos, pero que todavía es tocado y cantado en la Misa Tradicional en latín a través del mundo – se destaca como una insuperable expresión de la fe sobrenatural, del temor de Dios, de la caridad para las almas de los que partieron, del realismo y, en última instancia, de la esperanza. Porque después de todo la esperanza es la virtud mediante la cual nos esforzamos por las cosas difíciles, y la salvación para nosotros los pecadores es difícil, al menos desde el punto de vista humano. Sí, es difícil, pero todo lo que somos, todo lo que tenemos y todo lo que podemos hacer y sufrir vale la pena.

La foto muestra cómo luce una verdadera Misa de Requiem: de cara a Dios, ornamentos negros, implorando Su misericordia para las almas de los difuntos…almas.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por LifeSiteNews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo sobre la Misa Tradicional de Requiem en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/how-the-church-beautifully-recognizes-a-powerful-truth-about-mankind-on-all-souls-day

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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/