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Catolicismo y Política. El Posmodernismo y su influencia en la sociedad actual

Una de las tantas características que definen nuestro tiempo, consiste en el emergencia de un tipo de pensamiento que promueve el subjetivismo, el relativismo, la ausencia de una Verdad , el conflicto social como base de la sociedad, etc. Es a partir de esta manera de pensar que la humanidad se encamina a la constitución de un nuevo tipo de orden social. Lo que pretendemos es identificar algunos puntos que son lo esencial de este tipo de pensamiento para reflexionar sobre el catolicismo en esta nueva época.

Catolicismo y Política. El Posmodernismo y su influencia en la sociedad actual. Un artículo de Leonardo Olivieri

Para algunos intelectuales y hasta líderes religiosos el siglo XXI constituye un cambio de época. Ellos afirman que la realidad ya no es lo que era y que ya no puede ser explicada de la manera como lo hacíamos. Se habla de que se está al inicio de un proceso de cambios significativos y que al fin y al cabo, la vida del hombre es cambio permanente. No existe por lo tanto una naturaleza humana con una esencia objetiva, ni mucho menos de carácter trascendente. Por el contrario, no existe tal cosa, sino lo que se percibe es una naturaleza en constante movimiento, en una revolución permanente. El ser humano no es Ser objetivo, ni determinado, sino que se re-construye constantemente en el movimiento de su mismo ser y como se dice habitualmente: “se re-inventa asimismo”.

Por otro lado, se habla de cambios en los valores y principios morales. Las sociedades cambian, lo que era considerado malo o negativo en otra época, ya no lo es. Se nos dice que en realidad, lo de antes eran prejuicios y no alcanzaban a percibir la naturaleza cambiante de las cosa. Desde la opinión pública y desde el Estado, se promueven esos cambios como genuinas revoluciones, asegurando que vamos a una sociedad más libre e igualitaria. Lo importante es abrir la mente y dejar de lado creencias antiguas.

Desde la ideología de género se impulsa una concepción del hombre y de la sociedad más relacionada con el nominalismo, abandonando por completo la búsqueda de principios y fundamentos objetivos tanto en lo social, como en la vida de cada ser humano. Ahora todo pasa por la subjetividad, por cómo se auto-percibe cada persona y por una necesidad de ser libre de todo condicionante ético y moral que implique límites y a los propios deseos.

Buscar los fundamentos de tales apreciaciones nos hará entender a qué tipo de humanidad nos vamos acercando y cuáles serán los desafíos y complejidades a las que deberemos hacer frente. Si bien no existe una corriente filosófica concreta, ni mucho menos que sea homogénea, podemos decir que muchos de estos postulados se encuadran dentro del pensamiento denominado posmoderno. Sin embargo, hay quienes ya refieren a una post-posmodernidad. Pero para ir aclarando y simplificando, no entraremos en ese tema, sino que nos centraremos algunos de sus principios que nos van a servir para reflexionar sobre los tiempos que corren.

Para esta corriente filosófica la realidad no es exterior ni objetiva, sino que es un relato socio-lingüístico, o sea una construcción simbólico-social. Por lo tanto, al negar la existencia de una realidad exterior, también rechaza el principio de que la razón se la forma de adquirir un verdadero conocimiento objetivo de la realidad. No existe realidad exterior y objetiva que sea independiente del sujeto, es por ello que se enfatiza en el subjetivismo. Lo que interesa es seguir las emociones y los deseos en lugar de la razón, que son más útiles para moverse en el mundo.

Por otra parte, se hace énfasis en la naturaleza colectivista del ser humano, sosteniendo que las identidades individuales son construidas por los grupos sociolingüísticos de los que los individuos que forman parte. Cabe mencionar que estos grupos son muy diversos y variables, diferenciándose por sexo, raza, lenguaje, situación económica, etc.

Todo esto lleva a que no exista un relato único y objetivo sobre la realidad, sino que tal relato estará influenciado por estos colectivos sociales, que al ser diversos, tienen entre sí una relación de conflicto. Recordemos que se niega la posibilidad de que la razón puede alcanzar una realidad única y objetiva común a todos los seres humanos. De esta manera, los conflictos se resuelven por la fuerza, sea manifiesta o simbólica y la unidad es producto de la hegemonía-dominio de un grupo sobre otro (opresores-oprimidos). Finalmente, los temas postmodernistas en ética y política se caracterizan por una identificación con los grupos percibidos como oprimidos en los conflictos, y una voluntad de entrar en la refriega de su lado. Lo ético se vuelve por lo tanto, puro convencionalismo y en relación a la lógica opresor-oprimido.

En el Posmodernismo encontramos el anti-realismo metafísico, la subjetividad epistemológica, el posicionamiento de los sentimientos en la raíz de todas las cuestiones de valores, el consecuente relativismo, tanto del conocimiento como de los valores, y la consiguiente devaluación o desprecio del emprendimiento científico.

De manera sencilla podemos decir que el posmodernismo tiene los siguientes principios:

  • La realidad es por completo una creación subjetiva.
  • Las contradicciones están construidas dentro de la razón y de la realidad.
  • Dado que la realidad evoluciona contradictoriamente, la verdad es relativa al tiempo y el espacio.
  • El colectivo, no el individuo, es el sujeto social.

La cuestión es ¿cómo será posible vivir en sociedad?, la respuesta es que la sociedad es un conjunto de tensiones reales y latentes y es el poder político con la estructura del Estado quien auspiciará de mediador por un lado, pero también ejercerá todo su poder para imponerse, y lograr así un vida común.

La sociedad pasa a ser un compuesto de grupos o colectivos que, como mencionamos más arriba, generan identidad y pertenencia de sus miembros, pero que seguramente entrarán en conflicto con otros grupos sociales. Se produce una especie de “balcanización” social y es el poder quien deberá generar la unidad, siendo siempre de carácter arbitrario.

Si existe una naturaleza de la sociedad humana no es la unidad de la esencia, sino la multiplicidad conflictiva. Lo que moviliza al cambio es el conflicto y no la búsqueda y el acercamiento a la unidad esencial y objetiva. La unidad es siempre un resultado de las relaciones de fuerza e impuesta por medio del poder.


Es por ello que el Estado no es una organización neutral. Cada colectivo social buscará ejercer una influencia directa en las políticas y decisiones de Estado y es así como se ve el alto grado de movilización que tienen los grupos de activistas sociales.

El Estado debe ser secular, laico y sin un sentido de pertenencia hacia ideales, valores o principios trascendentes. Son los colectivos sociales quienes desde sus intereses e ideologías los que impondrán sus valores en el aparato público.

En lo que se refiere a la religión, este tipo de pensamiento rechaza toda doctrina de un Dios verdadero. Se fomenta una espiritualidad subjetivista que sólo es útil para la vida individual de cada persona, no se cree en la existencia de un solo Dios verdadero sino que se promueve la diversidad de deidades. Obviamente que el cristianismo es rechazado sin miramientos.

La espiritualidad, nos dice Leonardo Boff, tiene que ver con valores como el amor incondicional, la compasión, la solidaridad, la trasparencia en las acciones, con un sentido de pertenencia a un todo y un encuentro vivo con Dios como razón última de nuestra existencia.

Pero ese Dios vivo a que se refiere es producto de la subjetividad del hombre. Cada persona percibe a Dios como más le vale, no siendo por lo tanto, un Dios independiente y objetivo en sí mismo. También el antes citado, menciona valores y sentimiento como el amor, solidaridad, compasión, sin embargo cada persona conceptualiza esos sentimientos a su manera. Lo que nos lleva a pensar que tales valores son abstractos, sin contenido concreto, sino simples enunciados que sirven para regular éticamente las conductas de los individuos en sociedad. Pero nada más que eso. Este tipo de espiritualidad no busca la salvación, la vida eterna, sino que se plantea desde un subjetivismo materialista y busca establecer el paraíso en la tierra, un nuevo edén humano.

Lo espiritual no implica la existencia de la Verdad, ya que rechaza los dogmas y las doctrinas. Sólo le interesa su utilidad para que cada individuo tenga una buena vida. Una especie de auto-ayuda para que cada uno de nosotros lleve la vida lo mejor posible. Lo importante es el aquí y el ahora, el disfrute, la felicidad material y corporal, el placer, el goce y el vivir como cada uno quiera, sólo teniendo como limite principios de solidaridad, que como mencionamos, es en realidad de carácter abstracto. Cada grupo social o colectivo tiene diversas formas y mecanismos de solidaridad que le es común.

Para la posmodernidad resulta imposible una sociedad católica, en realidad la combate y busca su aniquilación. Por lo expuesta hasta aquí, se puede afirmar que esta espiritualidad es, por lo tanto, anti-cristiana.

Como católicos que vivimos en estos tiempos debemos ser conscientes de la hostilidad que proviene de este tipo de pensamiento. La resistencia y el apego a la Verdadera doctrina serán fundamentales para permanecer en el camino trazado por Jesucristo. Sólo hay una Verdad y sólo hay un camino.

Leonardo Olivieri

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Les invitamos a seguir nuestros debates, en los que participa Leonardo, en nuestro canal de Youtube: MR

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