Los arrogantes reformadores litúrgicos y los sacramentos

Los reformadores litúrgicos de los años de 1960 alteraron a fondo cada sacramento y sacramental, cada oficio de la oración y la penitencia, todo lo conectado con el culto divino. ¿Cómo salió esto?

Cuando los arrogantes reformadores litúrgicos juegan con los sacramentos el desastre cae sobre los fieles, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

El padre Matthew Hood, el sacerdote de Detroit que descubrió a principios de agosto que había sido bautizado inválidamente, esto es, que no había sido bautizado y que por tanto tuvo que recibir todos sus sacramentos nuevamente (con las consecuencias que resultaron para las otras personas que dependieron de su ministerio) escribió un amable y sincero artículo sobre su situación que fue publicado en First Thing el 3 de septiembre.

Varias frases en su artículo me llamaron la atención. Comentaré unas pocas a la vez.

“En todo el mundo, con raras excepciones, los sacramentos son celebrados válidamente. Si tenemos evidencia clara e irrefutable sobre lo contrario, entonces podemos actuar para corregir la situación rápidamente. Sin embargo, los fieles no debieran estar ansiosos.”

“En todo el mundo, con raras excepciones, los sacramentos son celebrados válidamente.” Ser capaz de decir esto en el 2020 es admitir indirectamente el colosal fracaso de la reforma litúrgica para estar a la altura de la visión (algunos dirían utópica) que tenía el Movimiento Litúrgico original: de una Iglesia que, gozosamente y con conocimiento de causa, sacaba agua del manantial sacramental de salvación como nos lo legaba nuestra tradición católica. Los reformadores se sintieron libres de hacer casi cualquier cosa, con raras excepciones, porque ellos ya habían equiparado en sus mentes la “esencia” de los sacramentos con discretas fórmulas que garantizaban la validez y de ahí en adelante todo lo demás estaba en juego. Este reduccionismo neo-escolástico es incapaz de ver la belleza del todo, la vida intangible que anima el cuerpo orgánico.

Este reduccionismo asesina para diseccionar, confiado en que encontrará la gallina de los huevos de oro una vez que la gallina sea sacrificada.

Este es el bajo umbral hacia el cual hemos sido reducidos: la mayoría de los sacramentos son válidos. Me recuerda (de nuevo) una observación de C.S. Lewis: si buscas el bien más elevado encontrarás el bien inferior “incluido en”, pero si buscas el más bajo separado del bien más elevado ni siquiera obtendrás el inferior. En el caso de los ritos sacramentales tradicionales latinos, cada palabra y movimiento está escrita en las rúbricas y el ministro es como una locomotora que avanza inflexiblemente sobre sus carriles mientras se dirige a la estación. Obtenemos no solo el umbral mínimo válido, sino algo más que esto abriéndose como una flor:  la posibilidad de la dignidad, los prerrequisitos de la belleza y la seguridad del orden.

 El padre Hood continúa:

“Si alguien debiera estar ansioso, debieran ser los ministros de la Iglesia. Que ellos renueven sus esfuerzos por celebrar los ritos de la Iglesia fielmente (…) El bello y poderoso don de los sacramentos es obscurecido cuando reemplazamos la voz de Cristo con nuestras propias voces. Como “dispensadores de los misterios de Dios” somos probados “dignos de confianza” cuando administramos fielmente los sacramentos de acuerdo con la ley de Cristo y de Su Iglesia al permitir que Cristo hable a través nuestro (cf. 1 Corintios 4, 2).”

¿Fueron fieles los reformadores litúrgicos de los años de 1960, quienes habían sido ordenados para celebrar los ritos fielmente, al inmenso tesoro que se les confirió y que les fue transmitido por tantas generaciones de creyentes? ¿Fueron dignos de su confianza, dejando a Cristo y a Su Iglesia hablar a través de ellos? ¿O se atrevieron a pensar que eran más sabios que 500, 1000, 1500 o incluso más años de tradición católica que se remontan al culto de los judíos en el templo? ¿O fueron más sabios no solo en uno o dos puntos menores que bien podrían haber sido aceptados, sino que alteraron sistemática y exhaustivamente la forma y la sustancia de los ritos de la Iglesia de arriba a abajo, cada oficio de oración y penitencia, todo conectado con el culto divino?

Luego llegamos a la conmovedora declaración del padre Hood:

“No nos atreveríamos a cambiar las palabras de la Escrituras para adaptarlas a nuestros propios caprichos, entonces ¿por qué cambiaríamos la fórmula sacramental para que así sean escuchadas nuestras propias voces?”

La última vez que comprobé este tipo de “atrevimiento” fue en el desarrollo del curso de la reforma litúrgica. La reforma, podría decirse, se definió por la audacia en cada nivel movida por el impulso de un Concilio ecumaníaco y pagado con los fondos ilícitos de la autoridad papal, acumulada por siglos y destruido en una década.

Los reformadores litúrgicos cambiaron la fórmula sacramental para la consagración del vino quitando el mysterium fidei, no haciendo inválida la consagración, sino interfiriendo en algo que nunca había sido cambiado en toda la historia de la Iglesia Occidental.

Ellos removieron muchos versos de los Salmos del Breviario que había sido siempre cantado por la Iglesia.

Ellos removieron pasajes de la Escritura que eran usadas para ser leídas en la Misa por tantos siglos como registros tenemos, y cuando incluyeron más de la Escritura navegaron alrededor de versículos en particular que ellos no querían tenerlos ahí.

Las fórmulas sacramentales de casi todos los sacramentos fueron modificadas por Pablo VI. ¿Tenían que hacerlo? ¿Alguien cuestionó alguna vez su legitimidad? ¿Estaban las filas del bajo clero y los escuadrones de la Acción Católica clamando por una urgente reforma sacramental? No. Pablo VI las cambió así que (en palabras del padre Hood) “nuestras propias voces son escuchadas”, esto es, las modernas actualizadas voces académicas, no la voz de la Tradición Católica.

Todos estos precedentes establecen el contexto de porqué el Papa Francisco se sintió libre de contradecir las Escrituras en Amoris Laetitia y el cambio sobre la pena de muerte; de porqué él pudo efectivamente disentir del carácter único y de la unicidad de la religión cristiana como camino de salvación querido por Dios.  Ya ni los sacramentos ni la Escritura son vistas como inviolables. Este es el legado de la reforma litúrgica de Pablo VI y hasta que confrontemos de frente la raíz del problema, estaremos peleando una conflagración con pistolas de agua.

La solución no será tan simple como la de “un mejor entrenamiento en el seminario.” Tarde o temprano tiene que haber una restauración masiva de lo que estuvimos haciendo exitosa y orgánicamente desde el comienzo de la Iglesia a través de los siglos. No será, ni puede ser algo improvisado por un comité Vaticano y atomizado en tantas variedades como “comunidades de culto” existan.

El proceso mental detrás de la constitución de rituales supuestamente más  significativos e inculturados para las comunidades locales es idéntico al proceso mental detrás de la creación del Novus Ordo. El paso de Annibale Bugnini al Diácono Mark Springer no es tan grande como podría imaginarse. Uno era inteligente, el otro un tonto; uno tenia pleno entrenamiento, pero no escrúpulos, mientras que el otro estaba lleno de entusiasmo y no tenía entrenamiento. Sin embargo, los dos son como dos gotas de agua.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por LifeSiteNews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo sobre los reformadores litúrgicos en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/when-arrogant-reformers-tinker-with-the-sacraments-disaster-befalls-the-faithful

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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/