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La parábola de los viñadores homicidas

Continuamos con las parábolas que nos relatan los Evangelios, hoy, la de los viñadores homicidas, ¿Qué hará el dueño de la viña con los malos labradores?

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO. Rev. D. Vicente Ramón Escandell

La parábola de los viñadores homicidas

1. Relato Evangélico (Mt 21, 33-43)

“Escuchad otra parábola: Había un padre de familias, que plantó una viña y la cercó de vallado, y cavando hizo en ella un lagar, y edificó una torre, y la dio a renta a unos labradores, y se partió lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que percibiesen los frutos de ella. Mas los labradores, echando mano de los siervos, hirieron al uno, mataron al otro y al otro le apedrearon.

De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último, les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero, venid, matémosle, y tendremos su herencia. Y trabando de él le echaron fuera de la viña, y le mataron.

Pues cuando viniere el Señor de la viña, ¿Qué hará a aquellos labradores?” Ellos dijeron: “A los malos destruirá malamente, y arrendará su viña a otros labradores que le paguen el fruto a sus tiempos”. Jesús les dice: “¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, ésta fue puesta por cabeza de esquina? Por el Señor fue esto hecho, y es cosa maravillosa en nuestros ojos: Por tanto, os digo que quitado os será el reino de Dios, y será dado a un pueblo que haga los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, lo desmenuzará”.

2. Comentario al Evangelio

Finaliza Jesús, con la parábola de los viñadores homicidas, su trilogía sobre la viña, su trilogía sobre el destino de Israel por su dureza de corazón. Ya el profeta Isaías había usado la imagen de la viña para hacer referencia a Israel, a la condescendencia de Dios para con su pueblo y el destino del mismo por la ingratitud mostrada a su Señor, a pesar de los esfuerzos de este por hacerles dar fruto. En esta ocasión, Jesús retoma la imagen para explicar el porvenir del pueblo judío a sus líderes: ellos son los viñadores homicidas, los arrendatarios ingratos, que piensan en apoderarse de la herencia del hijo del propietario de la viña, y para ello maquinan y ejecutan su muerte, después de haber maltratado a los servidores del dueño a ellos enviados.

Para Mateo, Marcos y Lucas esta parábola fue la sentencia de muerte para Jesús, porque en ella se encontraba manifestado el destino que le tenían reservado sus enemigos, pero también el destino que Dios mismo tenía reservado al Israel oficial: ser desposeído de la herencia divina y entregada está a los gentiles, que habrían de dar los frutos de gracia y santidad que Israel, a pesar de los cuidados y atención con que Dios lo había bendecido, no fue capaz de reconocer y acoger a aquel que vino en nombre del Señor.

3. Reflexión

La viña nos ha sido arrendada a nosotros, pero nos ha sido arrendada con una condición, que entreguemos al Señor los frutos a su tiempo y sepamos en cada momento qué es lo que debemos decir o hacer1, expone san Jerónimo sobre el evangelio de este Domingo.

La Iglesia, que es la “viña del Señor”, como antaño lo fuera el pueblo de Israel, ha sido, desde su fundación colmada de inmensos bienes espirituales y temporales. Su santidad, su riqueza cultural, su influencia social, su caridad…, han sido fruto de la gracia divina para el bien de todos aquellos hombres que, en cualquier época y lugar, han deseado alcanzar su fin último, que es Dios. Nada de cuanto le ha sido dado, de cuanto ha recibido, ha sido para su propio beneficio, sino para el servicio de Dios y de las almas.

La Historia de la Iglesia, que es el desarrollo en el tiempo del plan salvífico de Dios en Cristo, nos revela que está siempre ha sido consciente de su papel de administradora de estos bienes que le han sido dados. Sin embargo, a lo largo de esa misma historia de gracia y salvación, se han dado momentos de oscuridad, de pecado y de infidelidad. Momentos en los que los arrendatarios de la viña, aprovechando la ausencia de su Señor, se creyeron con el derecho de usar en su propio beneficio de los bienes y frutos de la viña, es decir, de la Iglesia. Unos lo hicieron apropiándose de sus bienes temporales, encaminados al servicio de Dios y de los pobres, viviendo como príncipes y señores de este mundo, olvidando su condición de servidores de Dios y de sus hermanos; y otros, llegando más allá del mero uso y abuso de los bienes temporales, pretendieron hacerse con su doctrina, sacramentos y Liturgia, pensando que les pertenecían, que eran suyas y que podían hacer con ellas lo que su voluntad les dictaba. Ello, más que lo primero, condujo a los cismas, las divisiones, las luchas doctrinales…, que desgarraron, y siguen desgarrando, la unidad de la Iglesia.

Esta realidad, visible y palpable desgraciadamente aún en nuestros días, pone de manifiesto que la gran tentación en la Iglesia es la de que sus miembros, pero especialmente los pastores, consideren como <<suyo>>, todo cuanto ella contiene; que piensen que más que administradores son dueños de sus tesoros y que pueden disponer libremente de ellos, sin contar con Dios, el verdadero dueño de la viña, quien se los ha confiado para su administración, de la que deberán rendir cuentas en su presencia.

La parábola de los viñadores homicidas, sigue siendo, casi dos mil años después, una seria advertencia para el nuevo Pueblo de Dios, para sus fieles y dirigentes. De no ser fieles al mandato del Señor, de no ser conscientes de que la Iglesia no es nuestra sino suya, de no rendir los frutos exigidos por el arrendador…, podríamos ser despojados de la viña, y ello supondría perder el bien más preciado de la Iglesia, que no son sus bienes temporales o su influencia social, sino la salvación que en ella Dios nos ofrece y que, despreciada por Israel, fue ofrecida a los gentiles, germen de la Iglesia de Cristo.

4. Testimonio de la Tradición

El Pastor de Hermas (s. II)

Escuchad porque la torre esta edificada sobre las aguas. La razón es porque vuestra vida se salvó por el agua y por el agua se salvará; más el fundamento sobre el que se asienta la torre es la palabra de nombre glorioso y omnipotente, y se sostiene por la virtud invisible del Dueño.

Visión III, 3,3-5

5. Oración

Señor y Dios nuestro, que entregaste tu viña a la gentilidad, por la incredulidad de Israel; guárdala y protégela de todo mal, y ayúdanos con tu gracia a que en ella sigan dándose frutos de santidad y de gracia. Te lo pedimos, por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

1 Comentario al Evangelio de Mateo, III, 40

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