Tras la primera noche en la hacienda de mi padre

¿De qué nos habla nuestro articulista cuando menciona “la hacienda de mi padre”? ¿Se referirá a nuestra amada Iglesia?

Tras la primera noche en la hacienda de mi padre. Un artículo de Nico Nuarbe

También, como el hijo pródigo yo he vuelto a la Hacienda de mi Padre. Y la primera noche fue muy emotiva. Las lágrimas se mezclaban con la risa, como a veces sucede a los niños pequeños. Pero ya han transcurrido unas jornadas. Y lo que yo recordaba (tal vez ingenuamente) como un hogar muy unido y a la vez abierto a recibir extranjeros, me está causando una sensación desconcertante.

Encuentro a mis hermanos divididos. Unos discuten la autoridad del actual gestor. Otros la defienden a ultranza. Los hay que sostienen que todos los males derivan de aquella junta que se celebró hace años.

Y yo, que vengo de las tinieblas del exterior me quedo perplejo ante la ceguera general. Y recuerdo la discusión acerca del sexo de los Ángeles en la sitiada Constantinopla. Y me digo a mí mismo que es lógico. Porque mis amados hermanos nunca se han movido ahí afuera. Y no saben lo que se está cocinando realmente. No es la gestión de la Hacienda lo que está en juego, sino SU EXISTENCIA MISMA.

El enemigo, no está a las puertas. Las ha derribado ya. He tenido durante estos años, la suerte o desdicha de tener muy buenos “amigos” entre los que hoy son asaltantes. Sé cómo piensan. Sé que ARRASAR LA HACIENDA es uno de sus objetivos prioritarios.

Y sé también que hay siervos de la propia Hacienda que de forma bienintencionada o no, contribuyen a la confusión general. Y lo sé muy bien, porque yo mismo encontré hace años a uno de ellos, y confesándole mis errores arrepentido, y manifestándole mi intención de volver…me indicó mal el camino. Probablemente con su mejor intención, pero cuando necesitaba una severa amonestación y una INDICACIÓN CLARA del sendero de vuelta, sólo le faltó decirme que siguiera todo recto hacia el abismo. Que si te caes, la misericordia del Amo no conoce límites.

Y cada mañana, al comenzar mi pequeña tarea en la Hacienda, sigo intentando despertar a mis hermanos y hacerles ver que el peligro es inminente.
Me dicen que ya lo saben, pero yo NO LO CREO. Son demasiado buenos y confiados. E insisto en la necesidad de marcar dos líneas de defensa.
Una CERRANDO FILAS ante el enemigo, asumiendo que se sufrirá mucho. Y la otra organizando desde ya pequeños grupos de RESISTENCIA, en previsión de que la primera batalla se perderá, como así lo creo.

Pero yo soy sólo el hermano menor y además he estado fuera mucho tiempo. Obedeceré a los mayores hasta el final. Ellos saben mucho más acerca de la Hacienda y del Amo. Yo sólo soy una campana, que les intenta recordar la urgente necesidad de que se pongan manos a la obra en el ÚLTIMO COMBATE en defensa de nuestra MUY AMADA Hacienda.

Si no lo hiciéramos, ÉL nos lo demande.

Nico Nuarbe 

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