La defensa de este Papa a la infalibilidad de las Escrituras

Hoy frente a los ataques del modernismo se hace más necesario que nunca recordar a todos los católicos la infalibilidad de las Escrituras

La defensa de este Papa a la infalibilidad de las Escrituras es hoy más relevante que hace 100 años atrás, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

Exactamente hace cien años atrás, el 15 de septiembre de 1920, el Papa Benedicto XV promulgó la encíclica Spiritus Paraclitus, dedicada a celebrar la vida y obra de San Jerónimo por el decimoquinto centenario de su muerte. Aunque hoy se le recuerda poco (como sería el caso de la mayoría de las características del pontificado de Benedicto XV) merece una mirada fresca desde nuestra ventajosa posición, especialmente por algunos elementos que podrían sorprendernos.

Benedicto XV nos recuerda que Jerónimo fue inflexible en su adhesión al dogma de la Iglesia sobre la inspiración e infalibilidad de las Escrituras. Por tanto, sin negarlo para nada, sino que más bien afirmando a los autores humanos como verdaderas causas (aunque secundarias), Jerónimo enfatiza que Dios obra con estos autores de una manera única que no puede ser equiparada a ninguna otra actividad de las criaturas.

Y si preguntamos que de qué manera ha de entenderse este influjo y acción de Dios como causa principal en el hagiógrafo, se ve que no hay diferencia entre las palabras de Jerónimo y la común doctrina católica sobre la inspiración, ya que él sostiene que Dios, con su gracia, aporta a la mente del escritor luz para proponer a los hombres la verdad en nombre de Dios; mueve, además, su voluntad y le impele a escribir; finalmente, le asiste de manera especial y continua hasta que acaba el libro. De aquí principalmente deduce el Santo la suma importancia y dignidad de las Escrituras, cuyo conocimiento compara a un tesoro precioso y a una rica margarita, y afirma encontrarse en ellas las riquezas de Cristo y «la plata que adorna la casa de Dios.

Spititus Paraclitus, (§11

Sin embargo, no está dispuesto a tratar con los modernos académicos que alegan identificar toda clases de “errores” en la Escritura:

Ahora bien: San Jerónimo enseña que con la divina inspiración de los libros sagrados y con la suma autoridad de los mismos va necesariamente unida la inmunidad y ausencia de todo error y engaño; lo cual había aprendido en las más célebres escuelas de Occidente y de Oriente, como recibido de los Padres y comúnmente aceptado. Y, en efecto, como, después de comenzada por mandato del pontífice Dámaso la corrección del Nuevo Testamento, algunos «hombrecillos» le echaran en cara que había intentado «enmendar algunas cosas en los Evangelios contra la autoridad de los mayores y la opinión de todo el mundo», respondió en pocas palabras que no era de mente tan obtusa ni de ignorancia tan crasa que pensara habría en las palabras del Señor algo que corregir o no divinamente inspirado. (§14)” “En lo cual coincide plenamente con San Agustín, quien, escribiendo al mismo Jerónimo, dice que sólo a los libros sagrados suele conceder la reverencia y el honor de creer firmemente que ninguno de sus autores haya cometido ningún error al escribir, y que, por lo tanto, si encuentra en las Escrituras algo que parezca contrario a la verdad, no piensa eso, sino que o bien el códice está equivocado, o que está mal traducido, o que él no lo ha entendido.

Spiritus Paraclitus, §16

Benedicto XV, habiendo resumido la extremadamente clara re-afirmación de esta verdad, dice entonces:

Es de lamentar, sin embargo, venerables hermanos, que haya habido, no solamente entre los de fuera, sino incluso entre los hijos de la Iglesia católica, más aún —y esto atormenta especialmente nuestro espíritu—, entre los mismos clérigos y maestros de las sagradas disciplinas, quienes, aferrándose soberbiamente a su propio juicio, hayan abiertamente rechazado u ocultamente impugnado el magisterio de la Iglesia en este punto.

Spiritus Paraclitus, §18

Él describe y castiga los puntos de vista de los Modernistas que separaron de la Escritura la verdad “primaria o religiosa” de sus referencias “secundarias o profanas”, señalando que la verdad infalible se aplica solamente a la primera categoría y no a la segunda. El Papa también rechaza la idea de que es suficiente decir que la Escritura está libre error en sentido de que las intenciones de los autores eran buenas o que describían lo que era creído comúnmente en ese tiempo (pero de hecho era falso). Nada de esto, dice Benedicto XV, es compatible con la verdad de que las Escrituras están absolutamente libres de errores de cualquier tipo cuando se entienden correctamente en concordancia con los principios de la interpretación bíblica practicada por los Padres y Doctores de la Iglesia. Benedicto XV predice que si la Biblia es tomada como un mero libro de consultas para opiniones y sentimientos religiosos, perderá completamente su autoridad. Ha sido abundantemente demostrada cuánta razón tiene en el siglo transcurrido desde Spiritus Paraclitus.

Benedicto XV entonces pregunta: ¿Qué virtudes debiéramos aprender de Jerónimo? Escribe:

De entrada se ofrece en primer lugar a los ojos de nuestra mente aquel su amor ardentísimo a la Sagrada Biblia que con todo el ejemplo de su vida y con palabras llenas del Espíritu de Dios manifestó Jerónimo y procuró siempre más y más excitar en los ánimos de los fieles: «Ama las Escrituras Santas —exhorta a todos en la persona de la virgen Demetríades—, y te amará la sabiduría; ámala, y te guardará; hónrala, y te abrazará. Sean éstos tus collares y pendientes» (§32) “El amor a las cuales resplandece sobre todo en las cartas de San Jerónimo, de tal manera que parecen tejidas con las mismas palabras divinas; y así como a San Bernardo le resultaba todo insípido si no encontraba el nombre dulcísimo de Jesús, de igual manera nuestro santo no encontraba deleite en las cartas que no estuvieran iluminadas por las Escrituras.

Spiritus Paraclitus, §35

El Papa urge a los obispos, a quienes va dirigida la carta, a formar buenos profesores de la Escritura en los seminarios y otras escuelas.

Si alguna vez fue necesario, venerables hermanos, que todos los clérigos y el pueblo fiel se ajusten al espíritu del Doctor Máximo, nunca más necesario que en nuestra época, en que tantos se levantan con orgullosa terquedad contra la soberana autoridad de la revelación divina y del magisterio de la Iglesia. Sabéis, en efecto —y ya León XIII nos lo advertía—, qué clase de enemigos tenemos enfrente y en qué procedimientos o en qué armas tienen puesta su confianza. Es, pues, de todo punto necesario que suscitéis para esta empresa cuantos más y mejor preparados defensores, que no sólo estén dispuestos a luchar contra quienes, negando todo orden sobrenatural, no reconocen ni revelación ni inspiración divina, sino a medirse con quienes, ávidos de novedades profanas, se atreven a interpretar las Sagradas Escrituras como un libro puramente humano…

Spiritus Paraclitus, §39

Varios párrafos de esta encíclica están dedicados a las numerosas amistades con estudiantes a los que él instruyó en la Escritura y en el lenguaje bíblico. Por ejemplo, Jerónimo describe cómo le enseñó hebreo a Paula, quien aprendió tan bien que ella pudo cantar los salmos en hebreo sin un acento latino; lo mismo es cierto de su hija Eustoquio. Si estas matronas y vírgenes pudieron aprender su Biblia, a menudo memorizando secciones enteras de esta, ¿qué excusa tienen los sacerdotes o los maestros de la Ley?

“Los clérigos literatos pecaban de la misma ignorancia de las Escrituras, y en términos severísimos inculca a los sacerdotes el asiduo contacto con los libros santos.” (§48) (…) ¿Y cómo enseñarán los eclesiásticos a los demás el camino de la salvación si, abandonando la meditación de las Escrituras, no se enseñan a sí mismos? ¿Cómo espera ser en la administración de los sacramentos «guía de ciegos, luz de los que viven en tinieblas, preceptor de rudos, maestro de niños y hombre que tiene en la ley la norma de la ciencia y de la verdad», si se niega a escudriñar esta ciencia de la ley y cierra la puerta a la luz de lo alto? ¡Cuántos ministros sagrados, por haber descuidado la lectura de la Biblia, se mueren ellos mismos y dejan perecer a otros muchos de hambre, según lo que está escrito: Los niños pidieron pan, ¡y no había quien se lo partiera (Tim 4,4)! Está desolada la tierra entera porque no hay quien piense en su corazón. (Jer 12, 11)

Spititus Paraclitus, §50

Benedicto XV luego cita muchos pasajes de San Jerónimo en los cuales este digno padre se queja sobre los discursos excesivamente largos, elaborados y ornamentados del clero, vacíos de convicción y de poder porque ellos se han alejado hasta ahora de la Palabra de Dios, o la manipulan superficialmente. Es interesante reflexionar sobre los diferentes problemas que afligen la predicación en nuestros días: ya no es que sean (normalmente) muy extensos o de un estilo muy elegante, sino que con frecuencia carecen del todo de cualquier sustancia doctrinal o contenido moral. ¡Uno se pregunta cómo reaccionaría un talentoso polemista como Jerónimo!

En la conclusión de la encíclica, el Papa dedica su propia elocuencia a cantar las alabanzas de este inmenso erudito y santo:

San Jerónimo habla todavía. Proclama la excelencia, la integridad y la veracidad histórica de las Escrituras, así como los dulces frutos que su lectura y meditación producen. Proclama para todos los hijos de la Iglesia la necesidad de volver a una vida digna del nombre de cristianos y de conservarse inmunes de las costumbres paganas, que en nuestros días parecen haber resucitado (…) El oleaje de este diluvio, ¿acaso no amenaza hoy, si Dios no lo remedia, con destruir todas las instituciones humanas? ¿Y qué no se hundirá, después de haber suprimido a Dios, autor y conservador de todas las cosas? ¿Qué podrá quedar en pie después de haberse apartado de Cristo, que es la vida? Pero el que, de otro tiempo, rogado por sus discípulos, calmó el mar embravecido, puede todavía devolver a la angustiada humanidad el precioso beneficio de la paz.

Spiritus Paraclitus, §65

El documento entero merece ser re-leído. Pueda Nuestra Señora de los Dolores, que permaneció fielmente junto a la Cruz de su divino Hijo, obtenga para nosotros toda la gracia de una inquebrantable fidelidad a Él, y pueda San Jerónimo ser nuestro ejemplo e intercesor al sondear las profundidades de la Palabra de Dios.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por LifeSiteNews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo sobre la infalibilidad de las Escrituras en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/this-popes-defense-of-scriptures-inerrancy-is-more-relevant-today-than-it-was-100-years-ago

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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/