Ser católico y científico. Entrevista con el Dr. Tulio Rubio Rodríguez

Nuestra compañera Cecilia nos trae una entrevista con el Dr. Tulio Rubio Rodríguez, el cual nos comentará , como católico y científico, los distintos temas de actualidad que bombardean las redes sociales

Ser católico y científico. Entrevista con el Dr. Tulio Rubio Rodríguez de la mano de Cecilia González

Ser Católico y científico

Hace algún tiempo atrás, tuve el gusto de conocer un católico con una formación académica que llamó mi curiosidad. Yo me encontraba en algún momento de tumbar algún bulo contra la biotecnología y recibí un comentario de apoyo.

La verdad, parece que los católicos rehuyeron a las áreas de las ciencias puras y mayor parte de los que conozco, son de disciplinas socioeconómicas. Por ello fue como muy alentador conocer al Dr. Tulio Rubio Rodríguez, un mexicano con mucho estudio, como paso a describir: ingeniero en Mecatrónica, licenciado en Derecho, licenciado en Filosofía, Doctor en Derecho. Además ha sido parte de Programas de Verano en Ciencia y Religión (Harvard y Oxford), Derecho Natural (Princeton), Bioética (Yale, NCBC), entre otros.

Hace días vengo reflexionando sobre este tema, donde parece que el católico perdió el interés en un área, en la que alguna vez, tuvimos el mando y la ciencia se hacía con conciencia, no por un mero afán humanista o de endiosamiento. Por ello, realicé una breve entrevista al Dr. Tulio Rubio Rodríguez y que se las presento.

Ser Católico en el ámbito profesional en el que se desenvuelve ¿es un reto o un obstáculo con el entorno de profesionales con los que se relaciona?

Creo que ni lo uno ni lo otro. Mi vida profesional la he dedicado más al ámbito del Derecho, como asesor de empresas, abogado corporativo, traductor y profesor universitario. Quizás en este último punto ha sido más bien un reto, pues he sido profesor de materias como Ética, Derecho Natural, Derecho Familiar, etc; donde debo explicar la legislación vigente, las resoluciones de los tribunales, o los conceptos de ley natural en diferentes pensadores y épocas, que no siempre son compatibles con una perspectiva católica, además que muchas veces tengo una audiencia que no es creyente siquiera. Sin embargo, es mi deber tratar de explicar y conceptualizar los puntos y principios, respetando la madurez intelectual y libertad de elección del oyente para que él tenga las herramientas y conocimientos mínimos que le permitan decidir y formar su propio criterio.

La razón por la que llegamos a contactarnos fue el interés por la ciencia. Sin embargo, en la actualidad hemos podido percibir un rechazo al sustento científico en distintos aspectos. ¿Cuál cree que es la principal razón para este rechazo y uso de muchas falacias entre Católicos?

Bueno, cabe apuntar que el fenómeno no aparece sólo entre católicos, y además considero que no es una sola la causa de este fenómeno, sino varias que confluyen en una misma circunstancia, aunque me centraré en tres:

Primeramente hay que señalar un dato que un filósofo recientemente fallecido (Zygmunt Bauman) ha denominado como el fenómeno de la “modernidad líquida”. Este concepto me parece clave para entender el fenómeno que estamos viviendo, y se refiere al hecho de vivir en una continuación caótica de la modernidad, donde ahora nada es estable (incertidumbre) y casi todo es cambiante o ambivalente, al grado de que todo se vuelve reiteradamente fluído (líquido).

En segundo lugar el proceso vertiginoso de saturación de información que vivimos, que terminó volviéndose al final en un proceso de desinformación por exceso de información, algo así como una “intoxicación” por exceso de información. Ya la información no fluye sólo por canales que podríamos llamar “tradicionales” ni a una velocidad que más o menos permita verificar la autenticidad o las circunstancias de los hechos, o bien la veracidad o legitimidad de la fuente. Ahora es todo lo contrario, la información se genera básicamente desde cualquier punto del planeta, y al instante es transmitida con una resonancia que puede llegar a miles. Un tweet, un meme, un comentario, una foto, un artículo, etcétera, todo se está generando a una velocidad inaudita y desde cualquier lugar, y con un alcance de millones de receptores.

Y en tercer lugar, la degradación cultural y académica que se viene arrastrando desde hace algunas décadas y de la que los sistemas educativos son cómplices. Como le comenté en la pregunta anterior, he sido profesor universitario por varios años ya, y he constatado con gran tristeza la carencia de formación cultural y el bajo nivel académico con el que las personas más jóvenes llegan a la Universidad hoy. Si bien es un problema de años que no se puede arreglar de un día a otro, las Universidades y centros de enseñanza tienen un deber de presionar para que se genere una corriente en contrario, y en lugar de que baje el nivel, buscar subirlo. Pero ésto no pasa, al menos no en muchas universidades, donde la otrora casi venerada institución universitaria que se asumía como un “templo del saber”, hoy se asume simplemente como una “empresa de servicios educativos” y el estudiante es visto como un cliente, al que no se le puede reprobar o poner nota baja, porque eso podría de alguna forma influir en su salida de la institución, es decir en la pérdida de un cliente. A ninguna empresa le gusta perder clientes.

Si mezclamos estos tres elementos tenemos el cóctel perfecto para ver lo que esta pandemia ha destapado: miles de personas mal formadas académica e intelectualmente, informándose por las redes sociales que los saturan de memes, notas falsas (fake news), desinformación, donde cualquiera que tenga un micrófono habla con mucha seguridad de lo que no conoce, etcétera, todo ésto en un mundo cambiante y fluido, donde la filosofía que priva es la de que “lo que hoy es, mañana puede no ser”. Esto da como resultado que la ciencia se haga a un lado, pues la voz del científico pasa a ser sólo apenas “una voz más” dentro del mar de opiniones, y al que se le puede creer o no sin consecuencia, pues al final no importa, porque mañana se estará hablando de otra cosa, y donde la opinión la generan ya no las voces más acreditadas, sino cualquier persona con miles de seguidores (youtubers, influencers). Como podrá ver tenemos una circunstancia preocupante.

Varios que rechazan la evidencia científica, se justifican citando a personajes católicos, como la Dra. Chinda Brandolino, e incluso citan a alguno que otro personaje similar. ¿Por qué es más fácil repetir lo que indica esta señora, que utilizar el pensamiento crítico y revisar evidencia científica?

El caso de la Dra. Brandolino me parece todo un caso de estudio. Yo mismo he visto sus vídeos y entrevistas y realmente me pregunto cómo alguien con un mínimo de sentido común puede confiar en lo que ella dice, es lamentable. Hay una mezcla de conspiracionismo, verborrea de tecnicismos científicos mal utilizados (pues se evidencia un notorio desconocimiento de los procedimientos y protocolos médicos y científicos), y lo más preocupante es que le da un cariz religioso, pues se presenta en otros videos con rosario en mano, una estatuilla de la Virgen a un lado, y hablando de que es católica y férrea defensora provida, como si eso fuera garantía de que lo que ella habla es cierto y no locuras propias de una mente confundida.

Y como ella varios otros personajes, por ejemplo me vienen a la mente algunos: Pablo Muñoz Iturrieta, un joven argentino que se presenta como escritor anti-ideología de género, pero del que puede uno ver en sus comentarios y en sus redes sociales un sinfín de elementos conspiranoicos, comentarios absurdos sin sustento científico, juicios muy temerarios sobre política propios de quien no conoce el Derecho ni el marco judicial y político, etcétera. Lo mismo ocurre con el mexicano Juan Bosco Abascal, quien se presenta en redes sociales hablando a diestra y siniestra del “plan masónico del gobierno oculto” o de las “doce familias illuminati masónicas” que dominan el mundo y los medios, o de cómo la masonería quiere apoderarse de México, etcétera y etcétera. Detrás de él en sus vídeos se aprecia un cuadro de la Virgen de Guadalupe. O Javer Villamor, un español que me parece es otro caso de estudio, hablando del “estado profundo” y del “nuevo orden mundial”, y donde no pueden faltar Soros, el movimiento antivacunas, y alguna que otra conspiración más. Y ni mencionar a la religiosa “Sor” Teresa Forcades, quien portando su hábito ha promovido públicamente al movimiento antivacunas, mezclando hechos con especulaciones, conspiraciones y demás. ¿¿Cómo una monja, que se supone es provida puede promover el no vacunarse, cuando la vacunación ha salvado millones de vidas desde su implementación?? Y es que según ella supuestamente hay élites que quieren diezmar a la población. Lamentables personajes todos quienes pensando quizás que hacen un bien, terminan haciendo mucho mal al desinformar, al fomentar actitudes negacionistas, anti-científicas, promoviendo teorías conspiracionistas descabelladas y sin sustento, y a fin de cuentas, plantando la semilla de la rebeldía diabólica en sus oyentes.

Como Usted bien señala es más fácil repetir lo que un personaje de éstos dice, que utilizar el pensamiento crítico y revisar la evidencia científica. Yo le diría que es más fácil repetir porque ahorra el pensar. Me parece que –de alguna forma– el que cree en ellos lo hace porque piensa que son una “voz autorizada” que supuestamente ya pensó e investigó y por eso habla “con conocimiento”, de cierta manera esto ahorra el proceso mental que implica el investigar por cuenta propia y preguntar sobre lo que no se conoce o no se domina, buscando fuentes, inquirir, hacer uso del criterio propio. Además de que ellos se presentan muchas veces como “conocedores del tema”, o que “hicieron investigación del asunto”, cuando lo más probable es que hayan utilizado simplemente el buscador de google y no hayan realizado una investigación científica o académica seria.

Cabe también decir que es más fácil dar un “retweet” o un “compartir” a alguno de los videos o publicaciones de estas personas, que investigar por cuenta propia si lo que dicen es cierto. Y es que las redes funcionan como “caja de resonancia”, de modo que se magnifica la voz de estas personas, extendiendo su alcance, lo que hace que la repetición de estas voces sea una constante.

Además, creo yo que aparece aquí, lo que en política y sociología se conoce como el fenómeno del caudillismo, tan propio de nuestra cultura latinoamericana pero que no es lejano a otras, y que no es otra cosa que la aparición de un “líder” carismático al que las multitudes le depositan los intereses del conjunto y lo creen con capacidad para resolver los problemas comunes.

Lo peligroso de todo ésto es que se presentan a sí mismos ya sea como católicos provida, o bien como “defensores la cultura occidental” en la “batalla cultural contra las élites oscuras”. Y eso les hace ganar muchos adeptos sobre todo entre las personas creyentes que supongo ven en ellos alguna especie de figura quijotesca que lucha contra maléficos molinos de viento. Por un lado, esta asunción de catolicidad pareciera que les da una garante de ser “buenos” o al menos de no actuar “por mala fe”, lo que genera un pensamiento bipolar bastante simplista: “éstos son de los nuestros”, y como rezan o se presentan en hábito o con imágenes religiosas y hablan de Dios en sus discursos, pues han de ser “los buenos” mientras que “los otros” (todos aquellos que no son de “los nuestros” o que no piensan igual), pues han de ser “los malos”. Y así tenemos un reduccionismo que lleva a juzgar sólo con dos categorías: “buenos contra malos”, “conservadores contra liberales”, “provida contra proaborto”, “Trump contra Biden”, “masones y élites iluminatis contra la humanidad”, etcétera.

Así por ejemplo, hace poco comentaba con una conocida mía muy seguidora de estos personajes, sobre lo preocupante que me resultaba el grupo “People of Praise” que tomó notoriedad a raíz de la nominación de la magistrada Barrett en Estados Unidos, en razón de las creencias y prácticas tan “peculiares” de este grupo ecuménico (profecía, don de lenguas, etc.) al que la magistrada pertenece, a lo que esta conocida mía inmediatamente respondió con la campaña de Trump, lo “malo” que era Biden, el movimiento provida, los abortistas, etcétera y etcétera, y aunque yo insití en que ese no era el tema que yo resaltaba ella seguía hablando de eso. De alguna manera su cerebro actuó como por “reflejo condicionado” creyendo que una crítica sobre un tema puntual era estar del lado del que para ella son “los malos”. Y como lo pasado con esta conocida así leo a cientos y cientos de comentarios en las redes provenientes de seguidores de estos personajes. Es como si tuvieran un “chip” de repetición instalado en sus mentes que no les hiciera pensar ni ver la problemática desde una óptica más centrada y equilibrada.

Y creo todavía más peligroso aún el hecho de este halo de “misticismo religioso” donde se mezclan discursos políticos con conspiraciones e imágenes religiosas, pues es el caldo de cultivo perfecto para una división eclesial o el nacimiento de una secta. He visto algunos de los perfiles de los seguidores de estos personajes y muchos corresponden a “católicos”, pero llenos de expresiones serias contra el papado, contra la jerarquía católica, contra el obispo de sus diócesis, contra tal y cual cosa, etcétera. Esta actitud de crítica deja de ser una crítica sana, constructiva y coherente, para pasar a ser una crítica ejercida casi de forma patológica, irreverente y muy irresponsable. El paso previo a una secta.

Muchos católicos, incluso caen en la tentación de repetir y usar como bandera temas como “aceites esenciales” e incluso citar a personas sin preparación científica como el pseudo Dr. Kalker ¿Qué les recomendaría a estos católicos? ¿Es compatible para un católico hacer caso de personas que se preparan en centros donde la parapsicología es aceptada?

De entrada yo respondería tajantemente que NO es compatible la parapsicología con las enseñanzas del catolicismo. Eso es un hecho claro. Para el católico no es posible “creer” en estas cuestiones. Pero yo diría que no sólo debería ser un asunto del católico, debería ser un asunto universal.

Por ejemplo, ya que cita al pseudo-doctor Kalcker, el famoso promotor del Dióxido de Cloro como cura para el Sars-Cov-2, realmente no es posible creer que un personaje de esta calaña haya recibido tanta publicidad y aceptación. Y lo peor es que aparece en entrevistas con personajes como la Dra. Brandolino, quien se supone debiera conocer de temas médicos y señalar la farsa de este tratamiento ¡¡¡increíble!!! Ahí es donde se constata la degeneración formativa de todos estos personajes que hablan de todo, pero en realidad no conocen de nada. Y, volvemos al tema anterior, tienen una resonancia terrible con miles de seguidores que propagan en la red sus mentiras y desinformaciones.

Mi recomendación sería una muy simple: evitar a este tipo de personajes. Cuestionarse lo que uno ve o se entera es algo completamente válido, pero no así dejar la respuesta en manos de estos personajes, hay que formarse un criterio propio, consultar con fuentes SERIAS (que no son pocas), analizar, utilizar el sentido común y como católicos ciertamente pedir luces de lo alto.

¡Ah!, y otra muy simple: cuando alguien te hable de un tratamiento “milagroso” (como el supuesto Dióxido de Cloro del pseudo-doctor Kalcker) pues recordar que milagros sólo los hace Dios.

A tiempo de agradecer el tiempo y disposición del Dr. Rubio, le pedí si pudiera dejarnos una reflexión final.

Me gustaría citar a modo de cierre a quien es a mi parecer la mente más lúcida del catolicismo del siglo XX, Mons. Ronald A. Knox: “Si Dios nos dió inteligencia, es para usarla correctamente”. Creo que esta frase resume lo que he comentado. Debemos usar nuestra inteligencia, que se manifiesta en la construcción que por siglos ha hecho la ciencia del conocimiento humano, para ponerla al servicio de Dios y de la creación.

Desafortunadamente hoy muchos se “trepan” o se “cuelgan” de la Iglesia, se creen portadores o defensores de la verdad (cuando en realidad es “su verdad” y no la de la Iglesia), lanzan al aire cualquier idea que se les cruce, sin reflexionar siquiera en las consecuencias, luchan contra enemigos invisibles creyendo que luchan en nombre de una santa cruzada, cuando lo único que hacen es ir dejando una serie de estropicios a su paso. Y más triste aún es que miles de personas les siguen, quizás por falsa comodidad o por un natural sentimiento de solución rápida a sus problemas se van guiando por estos charlatanes. También hay que decir que no ha habido una condena de parte de autoridades eclesiales con relación a estas personas y sus declaraciones, lo que me parece espero algún día suceda.

Queda entonces hacer uso de la recta razón, del sentido común, y de la oración. ¿Se puede ser creyente y científico a la vez? sin lugar a dudas. ¿Se puede creer en Dios y hacer ciencia a la vez? También, y hay muchos ejemplos: Mendel, Pasteur, Agnesi, Newton, Lamaitre, Giberne, y hasta el mismo Galileo del que hay toda una falsa leyenda negra, son hombres y mujeres que vivieron su vida entre la la ciencia y la religión sin ninguna discrepancia. Ya lo mencionó muy bien el Papa Juan Pablo II en la encíclica Fides et Ratio: “La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”.

Cecilia González

*Pueden contactar con el Dr. por instagram: @doctortulio

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Cecilia Gonzalez

Cecilia Gonzalez

Cecilia González Paredes. Biotecnóloga ambiental, boliviana que viaja cada que pueda a donde haya Santa Misa, ya que no cuenta con ella en su país. Madrina de 7 niños y jóvenes, viviendo felizmente en castidad y celibato. Trabaja en divulgación de la ciencia, capacitación a productores y combatiendo mitos y mentiras que la gente sin educación científica divulga.