Sombras, errores y ambigüedad de “Fratelli tutti”. Coloquio con Ettore Gotti Tedeschi

Queridos amigos de Duc in altum, he tenido el placer de conversar con Ettore Gotti Tedeschi en relación con la encíclica Fratelli tutti de Francisco. Aquí tenéis el contenido de nuestra conversación. ¡Buena lectura!

Sombras, errores y ambigüedad de “Fratelli tutti”. Coloquio con Ettore Gotti Tedeschi. Un artículo del blog de Aldo María Valli

Articulo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/10/10/ombre-errori-e-ambiguita-di-fratelli-tutti-a-colloquio-con-ettore-gotti-tedeschi/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión


Ettore Gotti Tedeschi – Según estaba leyendo Fratelli tutti, pensaba: pero ¿dónde he leído ya estas cosas? Después me acordé. ¡Exacto! Aquí san Francisco no tiene nada que ver. El verdadero inspirador de todo esto es otro santo: Tomas Moro. Especialmente cuando, en su Utopía, el gran humanista y mártir imagina un mundo en el cual la propiedad privada ha sido abolida, los ciudadanos no disponen ni de bienes ni de dinero, todo se ha puesto en común y resulta superada la idea misma de comercio. En la Utopía de Moro, el sistema económico queda reducido a la mera actividad agrícola y la tierra es un bien en sí mismo, no en relación al uso que se le da por parte de los seres humanos. Además, en la isla-reino imaginada por Moro, la igualdad es un principio fundamental que rige todo. No ha lugar a las diferencias sociales y económicas e incluso el número de hijos está prestablecido, de tal modo que la población, mantenida bajo control, no puede explotar los pocos recursos que existen más allá de los limites planificados y considerados sostenibles. En la isla, por otra parte, están admitidas todas las religiones, aunque el culto más extendido es el tributado a la naturaleza, creadora de todo el universo, y la divinidad identificada con la naturaleza es Mitra, perteneciente a los gnósticos. Los sacerdotes no juegan un papel propiamente religioso, sino que se ocupan sobre todo de cuestiones sociales, incluidas las buenas maneras, con el fin de garantizar el bienestar de la república. Al sacerdocio se le permite tener mujeres, pero sólo si son ancianas o viudas. Ni que decir tiene que en Utopía el pacifismo es dominante y la pena de muerte ha sido abolida.

Aldo Maria Valli – Magnifica intuición. Por mi parte, debo decir que desde el punto de vista formal la encíclica me resulta francamente prolija y pesada. Quiere ser una especie de suma de todo lo que Francisco ha dicho y repetido varias veces durante su pontificado, en materia social, económica y política, pero precisamente por esto carece de frescura. Es una repetición cansina, por momentos inútilmente pedante.

Por lo que se refiere al contenido, yo veo dos distorsiones inaceptables. La primera se refiere a san Francisco, utilizado una vez más en su versión pacifista y ecologista, que no responde a la verdad. En la encíclica parece que san Francisco acudió al sultán por amor al diálogo, movido por un sentido genérico de fraternidad. Sin embargo, fue con el fin de convertir al sultán y a todos sus súbditos, lo que asevera con expresiones fuertes, que hoy, en tiempos de lo políticamente correcto, se considerarían un signo de intransigencia cuando no de fanatismo.

Que un papa llamado Francisco traicione así el verdadero mensaje de san Francisco es más bien grave.

La segunda distorsión se refiere a la figura del buen samaritano, presentado como el prototipo del hombre que se comporta con arreglo al principio de la fraternidad cristiana. En realidad, el buen samaritano ve en el pobre caminante a su prójimo, al que debe amar, y por eso le ayuda. En sentido cristiano el hermano es otra cosa. En sentido cristiano, hermano es el bautizado, el hermano en la fe, aquél que puede dirigirse a Dios llamándole Padre. Distinguir entre el prójimo y el hermano puede parecer una operación de minuciosidad legalista y, sin embargo, tiene una importancia sustancial. Porque la hermandad cristiana se basa en el hecho de que seamos hijos de Dios. Si proclamamos una fraternidad genérica, únicamente humana, sin Dios, estamos proclamando la fraternidad del iluminismo, de la Revolución francesa y de los masones, no la cristiana.

Joseph Ratzinger, en su obra fundamental Introducción al cristianismo, advierte contra esta distorsión, en virtud de la cual seriamos hermanos sólo por el hecho de ser hombres. Esta fraternidad, dice, es meramente humana, completamente horizontal, no necesita a Dios. Y, en cuanto tal, aun habiendo en sí algo de nobleza, está privada de fundamento.

A lo largo de la historia, a menudo se ha dado el paso de una fraternidad puramente humana y horizontal, que no necesita a Dios, al fratricidio. Si no hay Padre, los hombres pueden considerarse hermanos de palabra, pero en los hechos no hay unidad.

E.G.T. – Fratelli tutti confirma que la Iglesia en la actualidad ya no se ocupa de las almas y las conciencias, sino sólo de política, economía, ecología. Sin embargo, sobre estos aspectos la Iglesia ya dispone de una doctrina articulada y cierta, que llamamos Doctrina social de la Iglesia y que enlaza toda valoración con la Palabra de Dios. Obviamente el papa es libérrimo a la hora de revisitar estos argumentos, pero el problema, con Francisco, es que el papa lo hace de modo ideológico. La perspectiva trascendente ha desaparecido y disponemos únicamente de una dimensión horizontal, sin la parte vertical. Tanto es así que si uno leyese a Francisco sin saber quién es el autor, al final podría deducir que ha sido escrito por cualquier think tank de la ONU. Los “testimonials” elegidos por el papa son personajes que han combatido por los derechos civiles contra la opresión (Desmond Tutu, Gandhi, Martin Luther King) y son, que quede claro, respetabilísimos, pero pertenecen al Panteón del mundo, no son expresión de una visión católica. Me hubiese esperado otra elección: por ejemplo, el san Juan Pablo II de la Sollecitudo rei socialis (que profetiza que los medios puedan ser sustraídos a los que los utilizan) o el Benedicto XVI de la Caritas in Veritate (que pone de manifiesto el riesgo de que los medios adquieran autonomía moral). En su lugar, como de costumbre, tenemos los nombres que gustan a la gente que gusta.

Benedicto XVI, para curar las alucinaciones de los que están convencidos de poder mejorar el mundo cambiando sus medios de producción cuando no funcionan, nos invita a reflexionar sobre el pecado original, a pensar en cambiar no tanto la economía, sino el corazón del hombre, mediante la conversión. Sin embargo, aquí estamos comentando una encíclica que es, en realidad, un manifiesto ideológico.

A.M.V. – Estoy de acuerdo. En general en la encíclica, conceptos como apertura, integración, solidaridad y la misma fraternidad se repiten continuamente, produciendo incluso un efecto de redundancia, pero el problema es que no hay referencia alguna a Cristo. Se podría considerar a este documento como un texto (verdaderamente confuso) de ciencias sociales, no del magisterio.

Algunas tesis, además, son sencillamente falsas. Es insensato sostener que la “llegada de personas diversas, que provienen de un contexto vital y cultural diferente, se transforma en un don”. A veces la llegada de estas personas, en ciertas condiciones, puede transformarse en un don; pero a menudo, por el contrario, es un problema que puede transformarse en tragedia.

Inquietante resulta la referencia constante a la necesidad de un orden mundial. Leemos lo siguiente: “Necesitamos un ordenamiento mundial jurídico, político y económico”; se requiere “el desarrollo de instituciones internacionales más fuertes y eficazmente organizadas, con una dirección elegida de modo imparcial mediante acuerdos entre gobiernos nacionales y dotada de competencia sancionadora”; es preciso “dar vida a las organizaciones mundiales más eficaces, dotadas de autoridad para asegurar el bien común mundial”. Pregunta que procede a continuación: ¿se ha puesto el papa al servicio del Nuevo Orden Mundial?

La retórica y la confusión se siembran a manos llenas. Decir que debemos “superar lo que nos divide sin perder la identidad de cada uno“ suena bien, pero ¿que significa exactamente? Sostener que “si pudiésemos lograr ver al adversario político o al vecino de nuestra casa con los mismos ojos con los que vemos a los ninos, a las mujeres, a los maridos, a los padres y a las madres”, y añadir “qué bonito seria!”, no tiene ningún sentido. Es solo melaza buenista de la peor especie.

E.G.T. – Tratando de la encíclica, Andrea Riccardi, en el Corriere della sera, habla de “tercera vía del Papa, entre liberalismo y populismo”. En realidad, esta tercera vía ya existe, y es precisamente la Doctrina social de la Iglesia. Una tercera vía que ejerció una cierta fascinación en un liberal como Luigi Einaudi, quien vio en la propuesta de la Iglesia la vía para garantizar la libertad de mercado, la iniciativa empresarial y la propiedad privada sin renunciar al indispensable principio de solidaridad. Pero debe decirse con claridad que para nuestra Madre la Iglesia lo decisivo es la conversión del corazón y la adhesión a la ley divina. Sólo así tanto la política como la economía pueden cambiar. Sin embargo, Fratelli tutti se limita al nivel terrenal sin elevar la mirada hacia lo Absoluto. Para el católico los verdaderos enemigos del bien común no son el liberalismo, el socialismo o el populismo, sino el relativismo y el nihilismo, que nacen del pecado. Me pregunto lo siguiente: ¿acaso quieren que dejemos de creer en el infierno para creer en un nuevo partido católico fundado en la utopía bergogliana? Es importante recordar que para san Francisco (quien, como justamente decías, no fue un pacifista, sino que buscaba la pax Christi) la pobreza no era un fin, sino el medio mejor para cumplir la voluntad de Dios. De hecho, la suya fue una elección de naturaleza mística, no económica o política. San Francisco no fue un igualitarista, sino que predico la igualdad de los hombres ante Dios. No fue un animalista, sino que cantaba alabanzas a Aquél que quiso crear todo lo creado. No fue un pauperista, sino que renunció a lo superfluo para acercarse a Dios. San Francisco, en una palabra, fue realista, mientras que el papa que lleva su nombre habla como un utopista ideológico.

A.M.V. – Compruebo que la encíclica está animando un cierto debate sobre temas específicos, tales como la guerra o la pena de muerte, al igual que sobre el populismo. Dejo con placer a los expertos la tarea de analizar estos aspectos individuales. Me interesa sin embargo subrayar, una vez más con inquietud, el relativismo disperso a manos llenas en materia de religión. Decir que para nosotros la fuente de la dignidad humana es el Evangelio de Jesucristo pero que “otros beben en otras fuentes” es, por lo menos, ambiguo. Las fuentes no son todas iguales. La única fuente que proporciona el agua de la salvación es la de Jesús.

Una encíclica debería ser, para el católico, una especie de brújula que en un momento histórico determinado le ayuda a vivir su tiempo con perspectiva precisamente católica. Pero en Fratelli tutti – lo digo con dolor – poco o nada hay de católico. Este texto no confirma a los hermanos en la fe, no les ayuda a distinguir causas y efectos, sino que los expone a la confusión ya dominante en el mundo.

Aldo Maria Valli


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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/