Principios aprendidos a través de la práctica del piano

La práctica del piano, así como la cualquier otro instrumento musical, pueden equipararse a la práctica de la vida cristiana en la adquisición y el ejercicio de los principios y virtudes

Principios aprendidos a través de la práctica del piano, un artículo de Mandi Atweh para The Imaginative Conservative

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

La mayoría de nosotros ha leído o escuchado sobre estudios que muestran los beneficios mentales que vienen de la práctica de un instrumento musical. Tales beneficios incluyen el desarrollo de las habilidades de motricidad fina, la oportunidad para una estimulación cerebral frecuente, el mejoramiento de la cognición y de la destreza, el acrecentamiento de la concentración y el incremento de la neuro plasticidad por nombrar unos pocos.

Por sí solo todos estos beneficios son increíbles y una excelente razón para todos para estudiar un instrumento. Sin embargo, me gustaría explorar un ángulo completamente diferente que, en mi opinión, presenta una razón más valiosa para estudiar música. Como pianista he encontrado que practicar un instrumento es un profesor fenomenal de los principios de la vida, y que, como un gran arte, refleja una imagen de la realidad mucho más amplia y más bella.

La Práctica enseña la Paciencia:

“En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia…” Gálatas 5, 22

Nadie toma un instrumento por primera vez y es inmediatamente un experto. Convertirse en un músico consumado requiere años de dedicada práctica, la cual no sucede sin adquirir algún grado de paciencia. Se necesita paciencia para tocar un compás una y otra vez o para repetir continuamente una frase hasta que sale sola. Se requiere paciencia para estudiar la misma pieza durante meses hasta dominarla (si es que tal cosa existe, pero me estoy adelantando). ¿No es esta una imagen de la vida cristiana? No nos levantamos un día completamente santificados, sino que más bien debemos trabajar pacientemente la santificación día tras día, momento tras momento, a medida que gradualmente nos volvemos más como Cristo.

La Práctica enseña la Perseverancia:

“Si esperamos lo que no vemos, esperamos con perseverancia” Romanos 8, 25

No se practica un instrumento por mucho tiempo antes de alcanzar un punto donde el progreso parece completamente detenido. Me es imposible contar las veces que he llorado con frustración mientras practico, pensando en que nunca seré capaz de conseguir las notas correctas, ritmo, tono o de superar cualquier desafío en particular que haya podido haber en un momento.  Estar siendo enfrentados con regularidad a tales obstáculos rápidamente les enseña a los músicos acerca de la perseverancia y al mismo tiempo también les proporciona frecuentes oportunidades para practicar esta virtud.

La perseverancia también es necesaria para el caminar cristiano. Cuando nos sentimos superados en medio de un desafío es entonces que nuestra perseverancia es puesta a prueba. Sin embargo, es esta perseverancia la que provoca el crecimiento y a través de este encontramos el aliento. Así como el músico se motiva cuando se da cuenta de que una técnica en particular que antes solo podía lograrse mediante una gran dificultad y deliberación ahora es un habito natural, así nosotros como cristianos también nos animamos cuando nos damos cuenta de que algo que una vez hubo causado en nosotros duda ahora fortalece nuestra fe.

La Práctica enseña Perfección…o más bien, la falta de esta.

“No es que lo haya conseguido ya, o que ya esté yo perfecto, antes bien sigo por si logro…” Filipenses 3, 12

Cuando se habla con cualquier músico, es difícil encontrar a alguno que diga que ha hecho una interpretación impecable. Incluso si han tenido solo la más mínima crítica acerca de su actuación, prácticamente todos los músicos te dirán que no existe tal cosa como una interpretación perfecta. ¿Por qué entonces continuamos practicando si sabemos que nunca lograremos la perfección? Lo hacemos porque creemos que la belleza de la música que intentamos crear es valiosa de compartir. Sabemos que cuanto más practicamos, nuestra interpretación reflejará más la verdadera belleza de la música misma.

Se puede hacer la misma pregunta a los cristianos: ¿por qué continuamos intentando llegar a ser más como Cristo si sabemos que nunca lograremos tal perfección en esta vida? La respuesta sería simular a la del músico: mientras más nos parezcamos a la persona de Cristo, nuestras vidas reflejarán más Su belleza y verdad. Practicar un instrumento enseña la realidad de la imperfección en este mundo y nos hace anhelar la belleza del mundo perfecto que está por venir.

Estoy agradecida por el maravilloso don de la música que Dios nos ha dado y que podemos aprender más sobre Él a través de esta hermosa forma de arte. Paciencia, perseverancia y perfección son solo tres de una larga lista de las virtudes que la práctica de un instrumento puede enseñarnos. Así que sigamos adelante y tomemos ese viejo instrumento (o quizás uno nuevo) y démosle una oportunidad. Por último le darás a tu cerebro una rutina de entrenamiento saludable y ¡quién sabe! ¡ En el proceso puedes aprender una o dos lecciones sobre la vida!

Mandi Atweh para The Imaginative Conservative

Re-publicado en The Imaginative Conservative con el gentil permiso de The Saint Constantine School (diciembre 2019)

La imagen que acompaña este artículo se titula “The piano lesson” de George Goodwin Kilburne (1839-1924), cortesía de Wikimedia commons

Puedes leer este artículo sobre la práctica del piano en su sitio original en inglés: https://theimaginativeconservative.org/2020/08/principles-learned-through-piano-practice-mandi-atweh.html

Nuestra sugerencia de lectura para acompañar este artículo


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