Meditaciones con barbijo

Barbijo, mascarilla, cubre boca, como prefieran llamarlo, hoy, nuestra compañera nos habla de esta tela que cubra parte de nuestro rostro

Meditaciones con barbijo. Un artículo de Cecilia González

La cantaleta casi diaria de la queja sobre usar barbijo cuando uno va a la calle, ya se ha vuelto parte de la colección de pocos argumentos que usan muchos, para mostrar su impotencia, rabia ante una situación de prueba, que no es bien aceptada.

Que es el NOM, que si Bill Gates, que si nos quieren controlar, el chip… Y nunca se dan cuenta que llevan chip en cada celular y el rato menos pensado activan el rastreo con cada compañía de teléfono, con o sin su consentimiento.

Por distintas razones de trabajo extra que me apunté, no salí de casa por 2 semanas. Esta semana, me tocó salir y usar el barbijo. Si, el molesto retacito que muchos arman semanas completas de queja. Como crecí con médico en casa, nunca lo vi como el símbolo de “acallar” que algunos manejan.

Así que luego de un encierro por decisión propia, salí con el barbijo. Y como tengo que cuidar extra a los míos, con protector facial más. Desde luego, me conseguí uno muy divertido. Durante la mañana, temprano, no hubo problema, pues estos elementos extra, incluso ayudan con el viento que soplaba.

Sin embargo, hacia el mediodía, el sol ya asomaba y las nubes habían desaparecido. La caminata por el centro, se volvió un desafío, ya que el protector, me quita un poco de visibilidad y con las maravillosas aceras que tenemos, el reto era doble. Al momento también inició la transpiración, las gotitas de sudor a caer y ¡Vaya que empezó a ser un fastidio!

Estaba subiendo una calle y de pronto se hizo un silencio. Breve y a la vez largo. No pasaban automóviles, ni gente. Podía escuchar mi respiración y sentir hasta el latido de mi corazón. Vivo a 3400 metros sobre el nivel del mar, y como ya no salgo seguido, las subidas me agitan un poco.

En ese breve momento, iba a quitarme la máscara, el barbijo, la chamarra, que hace las veces de barrera entre mi ropa y lo exterior. Y de pronto me invadió una figura mucho más intensa.

Cuando nuestro Señor Jesucristo, se hallaba cargando la Cruz ¿podía ver? Tengo entendido, por distintos relatos de la Pasión, que tenía los ojos hinchados por los golpes que le dieron cuando lo iban a coronar con las espinas. Sumado a eso, tenía la sangre que no paraba de caer, por la sien, por las cejas, chorreando en hilitos por todo el Santo Rostro.

La respiración, jadeante, por el peso del madero, pero también, porque ya había inflamación en los pulmones, de los golpes recibidos. El dolor por todo su Santo Cuerpo, el peso, los insultos de la gente alrededor. Y Él, obediente a la Voluntad del Padre, cargando en silencio esa Cruz.

Fue un instante muy intenso. Verlo, sentir esa respiración entrecortada. Tanto soportó por amor a nosotros. ¿Y yo no puedo ofrecer una pequeña penitencia? Aún más, saber que estoy cuidando a los míos al soportar ese equipo de seguridad personal, hace la diferencia.

Inmediatamente, puse la intención de poner mueca de queja, sonreí, y di gracias a Dios por enseñar tanto aún en Su Sufrimiento. Aceptar las pequeñas cargas de este mundo. Más aún, no puedo evitar agradecer a todos los que han escrito, grabado y buscado maneras de compartir las reflexiones sobre la Pasión de Jesús. El último audio libro que estuve escuchando a inicios de año fue el del padre Luis de la Palma, Historia de la Sagrada Pasión sacada de los cuatro evangelios.

En estas meditaciones, que parecen ser algo que agrada a Dios, me he venido a encontrar con más elementos para no dejarla pasar por alto. El sacerdote Shane Pezzutti de la FSSPX, dejó grabada una breve homilía (en inglés) sobre las oraciones de Fátima y el Corazón Inmaculado. En la misma, hacía énfasis en el hecho, que muchas veces dejamos de lado una tercera oración que dice: “Oh Jesús mío, es por tu amor, en reparación de las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María y por la conversión de los pecadores que yo hago esto”.

En el libro, La Inmaculada, nuestro ideal, del padre Karl Stehlin, se indica que san Maximiliano Kolbe estaba tan convencido de la efectividad de los sufrimientos ofrecidos, que en una conferencia de 1936, indicaba: “Las mejores mortificaciones son las que surgen de los deberes cotidianos y, por tanto, independientes de nuestra voluntad, porque las que nos imponemos adulan nuestro amor propio. Si sucede algo que nos incita a la impaciencia, debemos soportarlo en paz. Esa es la mejor mortificación, porque nadie puede observarla, y en el transcurso del día hay muchas, muchas oportunidades de este tipo”. Por ello el sacrificio, se convierte en un arma muy poderosa y esto lo entendió el santo, que hacía del sacrificio

“Oren y ofrezcan sacrificios, porque tantos hombres van a su ruina eterna porque no hay nadie que ore y haga sacrificios por ellos”. Estas palabras de la Madre de Dios, pronunciadas el 19 de agosto de 1917 en Fátima, confirman e ilustran el misterio de la comunión de los santos, es decir, el hecho de que la salvación de muchas almas depende de nuestras pequeñas oraciones, sacrificios y sufrimientos.

No será, que diario vamos dejando escapar las muchas oportunidades de ofrecer pequeños sacrificios y que en vez de aceptar esos momentos molestos, por amor a Nuestro Señor y ofrecerlos por la conversión de muchos, ¿nos hemos enfocado más en quejarnos que en aceptar todas las oportunidades que tenemos para aceptar los pequeños sacrificios por una causa mayor? Y toda esta meditación inició, al usar un barbijo.

Llevarás tu cruz con alegría, con paz, con serenidad. Que triste es pensar que los hombres no comprenden el precio del sufrimiento”. Mons. Marcel Lefebvre.

Cecilia González

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Cecilia Gonzalez

Cecilia Gonzalez

Cecilia González Paredes. Biotecnóloga ambiental, boliviana que viaja cada que pueda a donde haya Santa Misa, ya que no cuenta con ella en su país. Madrina de 7 niños y jóvenes, viviendo felizmente en castidad y celibato. Trabaja en divulgación de la ciencia, capacitación a productores y combatiendo mitos y mentiras que la gente sin educación científica divulga.