“Decadencia. Las consignas de la Iglesia postconciliar”. O cómo la Iglesia católica ha perdido la brújula

Desde el blog de Aldo María Valli, hoy traemos la presentación de un libro relacionado con la Iglesia postconciliar y su decadencia.

Decadencia. Las consignas de la Iglesia postconciliar”. O cómo la Iglesia católica ha perdido la brújula. Un artículo del Blog de Aldo María Valli

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/08/28/decadenza-le-parole-dordine-della-chiesa-postconciliare-ovvero-come-la-chiesa-cattolica-ha-perso-la-bussola/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

“Dos católicos auténticos, convencidos y practicantes, tejen un denso diálogo, con pocas divergencias y abundantes convergencias, sobre el estado de la fe y de la cristiandad, de la Iglesia y de los católicos en nuestros días”.

Así escribe Marcello Veneziani en la presentación de Decadencia. Las consignas de la Iglesia postconciliar (editorial Chorabooks), el libro que junto con Aurelio Porfiri he dedicado a las diez palabras que la Iglesia católica ha puesto en el centro de su predicación y de su catequesis a partir del Concilio Vaticano II, con una particular atención a algunos vocablos privilegiados por el magisterio de Francisco. Las diez palabras son las siguientes: diálogo, pastoral, sinodalidad, puentes, autoreferencial, fragilidad, misericordia, ecumenismo, discernimiento, periferias.

Agradezco a Veneziani que me haya definido como católico convencido. Ciertamente la etiqueta vale para mi amigo Aurelio. Por lo que se refiere a mí, me considero sólo un pobre cristiano bastante perplejo frente a la rápida deriva de la Iglesia católica en sentido protestante, neopagano y relativista. Precisamente de ello, de esta desorientación, nació el libro escrito con Aurelio, un dúo al modo ya realizado en Desarraigados, aquellos Diálogos sobre la Iglesia líquida que tuvieron cierta resonancia, mereciendo incluso una traducción a lengua inglesa (Uprooted. Dialogue on the Liquid Church).

Escribe Veneziani resumiendo el status quaestionis: “Es como si la Iglesia de la época de Bergoglio estuviese crucificada: clavada en lo alto por la pérdida de la verdad y del olvido de Dios, abajo por su reducción a un auxilio humanitario y centro de acogida; a los lados atravesada, de una parte, por la rendición a la cultura protestante y, de otra, por la apertura unilateral al diálogo con el Islam. En esta encrucijada, la Iglesia pierde su luz, su aura y sus fieles. Se vacían las iglesias, pierde fuerza el mensaje cristiano, se confunde con el espíritu del mundo y con las organizaciones humanitarias”.

He ahí por tanto el sentido de decadencia que para dos católicos como Aurelio y quien suscribe se traduce, en ciertos momentos, en un profundo escoramiento y, en otros, en el deseo de luchar por que el patrimonio de sabiduría, belleza y santidad que constituye la Iglesia no sea totalmente extraviado, malvendido al deseo insensato de gustar al mundo poniendo al hombre en el lugar de Dios.

Veneziani nota con justicia que el libro (insólitamente voluminoso para nuestras costumbres, 318 páginas) está teñido de un gran amor por la tradición, entendida no como inmovilismo, sino como fidelidad a lo que importa y que sencillamente no puede ser alterado, porque el cambio equivaldría a derrumbamiento y traición. En realidad, nosotros dos (creo poder hablar también por Porfiri) no somos tradicionalistas en sentido estricto (en lo que este término pueda tener de descriptivo). Somos simplemente católicos que, aun habiendo crecido en la Iglesia postconciliar, hemos abierto los ojos progresivamente ante determinadas locuras traficadas con la renovación.

Debo confesar que Aurelio y yo nos hemos divertido con el trabajo de desmontaje de algunas palabras-talismán con las que se llenan la boca los diversos paladines del progresismo y del modernismo. Ha sido un poco como jugar con Lego, pero al revés. Empezábamos a partir de la palabra y, pieza a pieza, la reducíamos a polvo. Como se merecía.

Dice Veneziani: hemos pasado de una Iglesia que ponía en el centro el Misterio, la Resurrección y la Inmortalidad a una que no hace más que hablar de solidaridad, de fraternidad (recuerdo que llega la encíclica de Francisco) y de redención en sentido social. Y se da incluso la pretensión de justificar la operación como recuperación de un carácter originario. Una mistificación completamente operada en términos ideológicos.

¿Cómo es posible que no se vea y no se reaccione?

Veneziani observa que “la decadencia no ha provocado todavía la muerte y quizás, con el auxilio de la Providencia, sea reversible, como las estaciones”. Así es ciertamente y, si el Señor nos manda esta prueba, quiere decir que es por nuestro bien, aunque pueda resultar dolorosa. En la decadencia existe también un componente de purificación. Por eso creo poder decir que, aun siendo doloroso, el libro que he escrito con mi amigo Aurelio no padece síntomas de desesperación. Amargura sí, incluso un cierto abatimiento. Pero nunca angustia.

Veneziani observa que “vivimos el otoño de la cristiandad, el invierno de la Iglesia católica”. Pero la primavera llegará y no será la imaginada en los tiempos del Concilio, cuando los gérmenes del humanitarismo y del relativismo (inoculados por algunos con dolo, por otros con ingenuidad) hicieron perder la brújula a tantos pastores y laicos. Sino que será una bonita sorpresa.

Al final del coloquio con Aurelio incluyo dos citas: por una parte, de don Divo Barsotti cuando medita sobre la muerte; por otra, de Celentano en la celebérrima Azzurro, cuando canta: “Ahora me hastío más que antes, sin siquiera un sacerdote con quien charlar”.   He aquí el problema: ni siquiera un sacerdote con quien charlar. ¿Dónde se puede encontrar un sacerdote que quiera hablar de la muerte, del destino eterno del alma, de la resurrección de los cuerpos, del juicio divino, del pecado? Se encuentran por docenas, sin embargo, si te apetece parlotear de ecología, solidaridad, humanitarismo, fraternidad. Y a nosotros esto no nos gusta.

No obstante, ¡sursum corda!  ¡Portae inferi non praevalebunt!

Aldo Maria Valli

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Aldo Maria Valli, Aurelio Porfiri, Decadencia. Las consignas de la Iglesia postconciliar, editorial Chorabooks, 2020.

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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/