Catolicismo y Política. El hombre nuevo y la fraternidad cósmica. 1ª parte

En este artículo llevaremos a cabo una reflexión sobre un marco filosófico e ideológico que se está imponiendo en la actualidad. Se vuelve a presentar el concepto de hombre nuevo como principio moral y religioso que fundamenta una nueva manera de vivir. Expondremos en esta serie sus principales conceptos y las diferencias con respecto al tradicionalismo católico.

Catolicismo y Política. El hombre nuevo y la fraternidad cósmica. 1ª Parte. Un artículo de Leonardo Olivieri

En la actualidad, existe una visión filosófica e incluso religiosa que interpreta a la crisis provocada por el Covid19 como una oportunidad para la transformación del hombre. Persigue como objetivo un cambio radical del ser humano, “que nos volamos mejores de lo que fuimos”, y para ello es una condición necesaria y fundamental re-significar y transformar la vida del hombre tal cual es. Se plantea un conjunto de cambios significativos en las relaciones sociales, de los valores, la cultura y también de la relación entre el hombre y la naturaleza.

Se habla desde una perspectiva humanista integral y universal que busca destacar todo lo bueno que tiene el ser humano, sin distinciones de credos religiosos. En realidad, la religión es considerada un elemento más que conforma el conjunto de principios de este humanismo universal y fraterno. Independientemente del “dios” que cada se crea, la condición humana es universal y común a todos, y es en esta misma condición donde se alojan los principios espirituales y morales que van a guiar a cambio profundo que necesita el mundo.

Ya hemos mencionado en otros artículos, que lo religioso queda reservado a la esfera de la conciencia individual y es también considerado como patrimonio de los aspectos culturales de una sociedad determinada. Como tal, es de naturaleza inmanente y cambiante a lo largo del tiempo. Así es que “dios”, es una incógnita que puede ser pensado pero no conocido de manera objetiva. Por lo tanto, los valores que deben guiar el camino del ser humano no pueden estar por fuera del mismo hombre, de su inmanencia.

Así es que, el conflicto entre lo bueno y lo malo obtiene su solución en las capacidades propias del hombre y en un cambio o despertar de su conciencia. Siguiendo a lo planteado por la teoría ética de Kant, el bien es todo lo que se corresponde con los mandamientos de la ley moral, intrínseca a todo ser pensante, y que no depende de las condiciones de vida del hombre (imperativo categórico).

Pero es ahí en el centro mismo del hombre, donde radica la posibilidad de su propia transformación tanto a nivel individual como así también en los aspectos sociales, económicos y políticos. La idea de un hombre nuevo implica entonces el terminar por reconocer que no hay nada que sea superior a la condición humana. Buscar lo bueno que se encuentra dentro de él mismo y a partir de ahí, transformar los males sociales. Es una especie de religión secular antropocéntrica.

Afloran los conceptos de fraternidad, igualdad, autonomía, empatía, conciencia social, opresión y liberación, entre otras. Todos ellos referidos a una idea antropocéntrica de los universales de sentido y la búsqueda de una sociedad justa. En síntesis, establecer el paraíso en la tierra regido por principios morales emanados de la propia naturaleza humana.

Esta postura posee un concepto antropológico similar a lo planteado por Rousseau en el siglo XVIII. El hombre es bueno por naturaleza, diríamos que es inocentemente bueno. Sin embargo, cuando la sociedad se origina, el hombre comienza a establecer una distinción entre “lo mío” y “lo de otros”, apareciendo de este modo la propiedad privada. Con ella aparece el mal al perder el individuo la real conciencia de la humanidad universal, de la cual es miembro esencial el hombre natural que habita en su mismo “Yo interior”, o en las profundidades de su subjetividad. De ahí que este humanismo busque transformar y revolucionar las relaciones sociales, que son opresivas en injustas.

Para Rousseau el mal surge con la sociedad y nunca puede ser interpretado como una perspectiva metafísica que tenga como causa o raíz última el individuo. Básicamente todas las acciones malas del hombre se originan al momento cuando la sociedad emerge históricamente. El hombre natural puede ser imperfecto, pero es inocentemente bueno.

De esta manera, el origen de todo mal radica en el ser social del hombre, el único camino que podemos tomar para reformarnos es entrar dentro de nosotros mismos a fin de recobrar nuestro estado natural perdido; Es este camino o viaje interior que nos iluminaría y capacitaría para conocer, sentir y obrar bien. O sea, regresar a la primera condición de hombre natural.

Obviamente que para el catolicismo existe el pecado original y que está presente en cada ser humano, pero el modernismo teológico se encargó que de esos temas ya casi no se hablen en las catequesis y en las homilías. Es por ello, según nuestro entender, que la impronta de la ideología roussoniana del hombre natural se manifiesta en el corpus de las novedades teológicas-doctrinales.

La idea de un Dios que abarca a todas las concepciones religiosas, nos pone en evidencia que ya Jesucristo es una figura cultural, una modalidad de entender a lo divino, por lo tanto siendo relegado a un fenómeno cultural y de creencia individual. Lo objetivo ya no es el Dios verdadero, sino pasan a ocupar la centralidad los principios “morales” que emanan del propio hombre: fraternidad, igualdad, empatía, justicia humana, amor mundano, libertad, lucha contra la opresión, etc.

Entonces, podemos decir que la concepción ontológica del hombre natural como inocentemente bueno e igual a otros es el concepto central que, apareciendo recurrentemente a lo largo de todos los trabajos de Rousseau, sirve como premisa fundamental para las novedades doctrinales y teológicas actuales. Es a partir de esta ontología del hombre natural, de la cual se derivan las propuestas religiosas y morales, como respuesta al problema de la corrupción social, manifestación sensible del mal en el mundo.

Importante para esta perspectiva es la idea del conflicto social latente. Ya dijimos que lo bueno está en el ser humano y que el mal y todas las injusticias pertenecen al ámbito de lo social. Buscar lo bueno implica entonces revolucionar lo social, transformar el ordenamiento socio-político, ya que éste representa y garantiza el domino de una clase social sobre las otras. Esta idea de hombre nuevo lleva implícita al revolucionario, al combatiente.

Un punto ligado a lo anterior, es que se suplanta al Dios verdadero por formas de organización social, como ser el Estado. Siguiendo a Dalmcio Negro Pavón en el Mito del Hombre Nuevo, es posible argumentar que: “Las religiones seculares son en cambio el resultado de la decadencia de la fe en lo sobrenatural entendido con la óptica cristiana. Ahora bien, como la fe se centra en la certeza de que el bien es uno, estas religiones, dando por supuesta la autosuficiencia del ser humano, concentran su fe en cosas no naturales como el Estado o el hombre mismo como un hombre del futuro. No es extraño encontrar un primer atisbo poderoso del mito del hombre nuevo en el pelagianismo, herejía cristiana contagiada del eterno gnosticismo. Cabría pensar que el hombre nuevo es el producto lógico del gnosticismo”.

En resumen, este hombre nuevo tiene por características 1) El inmanentismo y el antropocentrismo. 2) La abstracción del concepto de Dios y su relativización. Hay muchas representaciones de Dios. 3) El hombre es inocentemente bueno por naturaleza. 4) El origen del mal está radicado en el ordenamiento social. 4) Principio de conflictividad social y luchas de clases. 5) Se cree poder instaurar “el paraíso en la tierra” 5) El Estado como nuevo dios terrenal y garantes de una sociedad justa, libertaria e igualitaria.

Leonardo Olivieri

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Leonardo Olivieri

Leonardo Olivieri

Tradicionalista Catolico, Licenciado en Ciencia Potitica por la Universidad de Buenos Aires, posgrados en ecomonia e integracion regional. Además músico.